thumbnail|Hacha de piedra verde pulida. thumb|La zona denominada Media Luna Fértil, origen de la Revolución Neolítica inicial, y posteriormente de las primeras civilizaciones históricas. thumb|La zona más estrecha del Creciente Fértil donde se sitúan los yacimientos neolíticos más tempranos, en torno al VIII milenio a. C.. Se denomina revolución neolítica a la primera transformación radical de la forma de vida de la humanidad, que pasó de nómada a sedentaria, al concretarse una economía productora basada en la agricultura y la ganadería. Esta expresión se debe a Vere Gordon Childe (1941).

Este proceso tuvo lugar hace aproximadamente más de 9000 años (VIII milenio a. C.) como respuesta a la crisis climática que se produce en el comienzo del Holoceno, tras la última glaciación, y que, en términos relacionados con la historia de la cultura, corresponde al paso del período Paleolítico (piedra antigua) al Neolítico (piedra nueva), y de ahí su nombre. En primer lugar, los cambios que vienen de señalarse afectaron a una amplia zona que, debido a su apariencia en el mapa, ha recibido el nombre de creciente fértil o media luna fértil,Samuel Noah Kramer. History Begins at Sumer: Thirty-Nine "Firsts" in Recorded History (1956) incluyendo desde la parte egipcia del valle del Nilo hasta Mesopotamia (el territorio entre los ríos Tigris y Éufrates), y también pasando por la franja costera del Levante mediterráneo y la región montañosa del sureste de Anatolia la actual Turquía. Dentro de esta zona, los lugares donde se han encontrado las pruebas arqueológicas más antiguas de neolitización, es decir, de la sustitución de la piedra tallada por la piedra pulida para la confección de armas y herramientas, no proceden precisamente de las llanuras aluviales de los grandes ríos, sino de yacimientos situados en una zona más estrecha en torno a ellos (Jericó o Chatal Huyuk). Ello no tiene nada de extraño, ya que en las llanuras aluviales del Nilo, del Tigris, y del Éufrates, la piedra es más escasa.

Años más tarde se produjeron cambios similares en la India (ríos Indo y Ganges) y en el Extremo Oriente (ríos Huang He y Yangtze en China). La expansión por el resto del Viejo Mundo (Europa, Asia y África) se produjo por difusión de estos primeros focos, aunque en algunas zonas se descubrió localmente la domesticación de animales o plantas autóctonas. De forma autónoma se produce la revolución neolítica en América, con los focos mesoamericano y andino. La difusión de la agricultura y la ganadería por Oceanía en algunos casos es simultánea a la ocupación humana (las migraciones de las islas del Pacífico eran tanto de los grupos humanos como de sus cultivos y ganado) y en otros los usos del suelo continuaron siendo muy arcaicos hasta la llegada de los europeos (aborígenes australianos, en su mayoría cazadores-recolectores, cuya ocupación del continente es muy antigua, quizá desde hace 40 000 años).

La transición de sociedades cazadoras-recolectoras a sistemas agrícolas durante la revolución neolítica supuso un cambio significativo en el perfil de salud de las poblaciones humanas. La evidencia arqueológica y bioantropológica sugiere que la creciente dependencia de los cereales y el sedentarismo se asociaron con un aumento inicial de ciertas patologías, tales como las caries dentales, la anemia ferropénica y signos de estrés nutricional (como la hipoplasia del esmalte), documentándose en muchos casos una reducción de la estatura media en comparación con los grupos precedentes.

Si bien este cambio en el patrón alimentario sentó las bases para el desarrollo de diversas condiciones de salud, la alta prevalencia de enfermedades crónicas contemporáneas —como la obesidad, la diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares— se atribuye a una combinación más compleja de factores modernos, que incluyen el procesamiento industrial de alimentos, el sedentarismo y el aumento de la esperanza de vida. De manera similar, los animales domésticos que evolucionaron junto al ser humano han experimentado cambios adaptativos; por ejemplo, el perro ha desarrollado una mayor capacidad genética para digerir el almidón en comparación con el lobo, aunque también se ve afectado por los hábitos de vida y alimentación de las sociedades modernas.

Teoría de los cambios ambientales para la introducción a la agricultura

thumb|right|upright=2.0|Principales centros de desarrollo primario de la agricultura: este de Estados Unidos (4000–3000 AP), Mesoamérica (5000–4000 AP), Andes septentrionales (5000–4000 AP), África subsahariana (5000–4000 AP, ubicación exacta desconocida), Creciente Fértil (11000 AP), cuencas del Yangtsé y del río Amarillo (9000 AP) y tierras altas de Nueva Guinea (9000–6000 AP).

Hipótesis del oasis según Gordon Childe Luego de muchos estudios, planteó una de las hipótesis más convincentes sobre el origen de la agricultura. Como se menciona en el texto de Redman, Los orígenes de la civilización desde los primeros agricultores hasta la sociedad urbana en el Próximo Oriente, "...Consideraba que el cultivo intencionado de plantas y la domesticación de animales constituyeron la mayor revolución económica posterior al control del fuego".

Gordon Childe propone la hipótesis del oasis, la cual hace referencia a una crisis climática que afectó negativamente a la agricultura naciente. La misma plantea que, a partir de esos cambios climáticos, más precisamente, en Próximo Oriente, y a finales de la última glaciación, se pasó de un clima húmedo y frío, a otro seco y caluroso. Esto produjo que los ríos se secaran, o disminuyeran su caudal, y por su parte, las praderas y los bosques comenzaran a convertirse en desiertos donde predominaban los suelos áridos. Por esto mismo, los seres vivos —como plantas, animales y seres humanos (cazadores-recolectores)— que habitaban en esas zonas, se vieron obligados a buscar un lugar más apto para la supervivencia. Por esa razón, en el caso de las plantas, sólo sobrevivían aquellas que se encontraban cerca de los ríos y los oasis. Lo mismo ocurrió con los animales, que tuvieron que permanecer cerca de los ambientes acuáticos. Aquellas áreas que aún contenían caudal de agua, sin duda eran los valles del Nilo, del Tigris, y del Éufrates, entre otros oasis que no se habían secado.

Como el desierto fue avanzando, los hombres y los animales tuvieron que comenzar a convivir en zonas cada vez más reducidas. Los seres humanos, que también se vieron obligados a permanecer en las cercanías de los ríos y los oasis, observaron pues a los animales y las plantas de una manera más cercana, es decir, empezaron a convivir con ellos y analizar la forma en que se comportaban. De esta manera, se fueron dando cuenta de que tal vez podían domesticarlos o servirse de ellos de alguna forma. En los hechos, esto significó una relación simbiótica cada vez más estrecha, en la dependencia entre sí de los animales y las plantas por un lado, y los seres humanos por otro lado.

Terminología

Sobre el término revolución El término revolución es una de las categorías más utilizadas para describir procesos importantes, y no solo en las ciencias sociales, que no necesariamente tiene que ser un proceso brusco y violento: la Revolución francesa fue una revolución violenta, pero su trascendencia no fue por este hecho, sino por el desarrollo de una nueva forma de gobierno republicano (aunque ya había surgido en la Edad Antigua con características distintas) que dio origen al establecimiento de Constituciones que acabaron a mediano plazo con los regímenes absolutistas, al menos en Europa y parte de América. La identificación de una revolución industrial casi simultánea a la Revolución francesa es el precedente que permitió al historiador australiano extender el uso del término a un proceso ya no secular, sino milenario. Se suele considerar que Revolución Neolítica y Revolución Industrial han sido los dos cambios más trascendentales de la historia de la humanidad, y a pesar de no ser acontecimientos de cambio en el tiempo histórico de corto plazo, merecen el uso del término. Y en la actualidad, después de la segunda revolución industrial (La tercera ola de Alvin Toffler), una enorme revolución tecnológica y científica, no violenta en sí misma, ha venido a dotar a los seres humanos de una capacidad nunca vista para crecer y mejorar en el campo de la ciencia y la tecnología, que está cambiando aceleradamente nuestra percepción del mundo y de la historia. Así, para evitar la palabra «revolución» y sus implicaciones, tanto en lo temporal como en su carácter violento, o incluso para evitar comparaciones con el término evolución, algunos autores prefieren utilizar otros términos.

Sin embargo, el empleo de nombres distintos no le quita ningún grado de validez al empleo del término revolución, al menos en este caso.

Sobre el término neolítico «Neolítico» se utiliza como denominación de un periodo de la prehistoria definido en términos de cultura material. Académicamente se definía como el periodo en el que se encuentran útiles de piedra pulimentada, frente al paleolítico, en que los útiles eran de piedra tallada. Lógicamente, la integración de esta perspectiva de la tecnología lítica con el proceso descrito por Gordon Childe, y la comparación de lo que a partir de entonces se denomina modo de vida paleolítico (depredador) y el modo de vida neolítico (productor) pasó a ser un tema cultural y una de las tareas más importantes de la prehistoria y la arqueología como ciencias.

Consecuencias Las variaciones ligadas a la Revolución Neolítica significan un enorme salto en el desarrollo de la humanidad, la cual comenzó a crecer con mayor rapidez al comenzar a cosechar alimentos que podían conservarse durante bastante tiempo. La necesidad de conservar los alimentos generó el desarrollo de nuevas técnicas y artesanías como la cerámica, la cestería y muchas otras. La aparición de excedentes permitió la especialización y división del trabajo, la aparición del comercio, la acentuación de las diferencias sociales, y con el tiempo, el origen de la historia. Pero eso sería un proceso posterior denominado revolución urbana, también según la expresión de Gordon Childe.

Como revolución, la difusión de la agricultura también supuso consecuencias negativas: Alteración de los ecosistemas, que progresivamente se convierten en paisaje humanizado de tipo agrícola, ganadero y forestal (paisaje agrario). Esa pérdida de diversidad biológica y simplificación de las cadenas tróficas, sometidas al gusto humano, tuvo a su vez una consecuencia muy interesante: para cada uno de los cultivos, la actividad de distintos grupos humanos a lo largo de todo el mundo durante milenios permitió una prolongada selección artificial de especies, que ha dado lugar a una enorme variabilidad genética en las semillas que en la actualidad se está perdiendo como consecuencia de la globalización, que impone procesos agrícolas y semillas estandarizadas, reducidas en número a las más demandadas por el mercado. El peligro de desaparición de este patrimonio de la humanidad acumulado y conservado en las comunidades rurales dispersas por todo el mundo es objeto actualmente de la atención de programas internacionales de protección.