thumb|PIB real per cápita histórico en Perú La historia económica del Perú tiene sus raíces tradicionales en los recursos naturales, como la minería, la pesca y la agricultura. En la época prehispánica, durante el dominio del imperio Inca, la economía era fundamentalmente agrícola, a pesar de que alcanzó cierto desarrollo la ganadería y la minería. El objetivo primario de la economía inca era de subsistencia, con un sistema basado en la reciprocidad, la venta y el trueque de productos. En los últimos años del , ha habido un incremento notable en las industrias ligeras, servicios y tecnologías de alto. En 2016, la economía peruana creció un 3.7%.
Periodo prehispánico thumb|right|280px|Andenerías incaicas en Písac. Este periodo recoge el lapso que va desde la ocupación del territorio peruano por el género humano, hace unos veinte mil años, hasta los inicios del . El elemento común de todo este tiempo fue el aislamiento de la población respecto del resto del mundo, que aunque no fue total, porque existen algunas hipótesis sobre contactos con pueblos mesoamericanos o de la Polinesia; pero no existieron intercambios comerciales ni de otro tipo con otros pueblos.
En el momento de la conquista o invasión española, el territorio del actual Perú tenía entre cinco y nueve millones de habitantes, lo que suponía en un territorio con poca tierra cultivable y sin comercio una organización económica compleja y eficaz.. El imperio inca (el Tahuantinsuyu) que ocupa la menor extensión temporal del periodo prehispánico, entre los años 1470 y 1532, es el mejor conocido, ya que se cuenta para su conocimiento con restos arqueológicos y el testimonio escrito de los primeros testigos europeos que llegaron a conocerlo personalmente. El desarrollo político alcanzó su mayor grado de complejidad que tuvo un correlato en el ámbito económico.
La economía inca se basó en la agricultura que desarrollaron mediante técnicas avanzadas, como las terrazas de cultivo llamados andenes para aprovechar las laderas de los cerros, así como sistemas de riego heredados de las culturas preincas. Los incas cultivaron maíz, yuca, papa, frijoles, algodón, tabaco, coca, etc. Las tierras eran propiedad comunal y se trabajaban en forma colectiva. Desarrollaron también una ganadería de camélidos sudamericanos (llama y alpaca).
La actividad comercial era muy reducida, provocado por la ausencia de ríos navegables y la dificultad del uso de la rueda en esos territorios, además de que no existían animales de gran carga en Europa y Asia. Se contaba únicamente con la llama, cuya capacidad porteadora era similar a la de un hombre, por lo que la organización económica era de autoconsumo, porque debían consumirse básicamente en el lugar donde eran producidas.
Periodo virreinal temprano
Este periodo comienza en 1532, cuando los españoles capturan al Inca Atahualpa, se produce el derrocamiento del Inca y su sustitución por el gobierno del rey de España.
Los españoles introdujeron nuevos cultivos, animales y tecnología, pero también instauraron nuevas instituciones y organizaciones económicas, como la moneda, el trabajo asalariado, las ciudades y la hacienda o latifundio agropecuario. Dieron inicio a un nuevo sector productivo, destinado a cumplir un rol muy destacado en Perú, como la minería, y vincularon a la economía peruana con el resto del mundo, de la mano de este nuevo sector.
El inmenso territorio del virreinato del Perú abarcó gran parte del territorio de Sudamérica, incluida Panamá. Quedó fuera de él, también como bien realengo, Venezuela y Brasil, que sobre el océano Atlántico, pertenecía a Portugal. Durante 60 años, del 1580 al 1640, Portugal compartió el mismo monarca con España en una unión dinástica aeque principaliter bajo la Casa de Habsburgo siendo, por lo tanto durante ese tiempo, parte del inmenso Imperio español. Brasil, entonces, integró este imperio.
Hasta antes de las reformas borbonicas, el Perú (como región desde Panamá hasta Chile y el Río de la Plata), fue el virreinato más productivo del Imperio español, al representar casi el 50.8% de la producción en 1500, 64.3% en 1600 y 50.1% en 1700.
Sin embargo, durante el transcurso del su superficie sufrió tres importantes mermas al crearse -con parte de su territorio- dos nuevos virreinatos de la corona española: el Virreinato de Nueva Granada y posteriormente el Virreinato del Río de la Plata. Al mismo tiempo el Brasil lusitano extendía sus fronteras hacia la Amazonia.
El período virreinal presenta tanto signos negativos como positivos para la evolución económica del actual Perú. Como signos negativos destaca la caída demográfica producida tras la conquista, la especialización del país como una economía exportadora de materias primas, que no requería de una mano de obra muy abundante y también la pérdida de eficiencia provocada por el desmoronamiento del Estado inca y la crisis demográfica. Como elementos positivos deben destacarse la llegada de nueva tecnología y nuevas instituciones económicas, que permitieron la mejora de la productividad. No queda claro cual fue el balance final entre lo que se perdió y lo que se ganó con la conquista española, pero la impresión actual es que hubo un primer largo periodo de ajuste en el que pesaron más los efectos adversos de la conquista y una segunda en el que la productividad del trabajo aumentó y los recursos naturales fueron mejor aprovechados.
Minería
Fue la actividad preferente en el virreinato durante el y gran parte del , para empezar a decaer en el . Dentro de la actividad minera se distinguieron un primer periodo, previo al establecimiento de la organización virreinal, caracterizado por un sistema de extracción intensiva del metal basado en una febril actividad de la superficie, desmantelamiento, apropiación, y reparto de las riquezas del antiguo Perú. El segundo correspondería a la existencia del virreinato con el ordenamiento económico que empieza con las Ordenanzas de 1542.
Las mejores minas, por su calidad y rendimiento fueron de propiedad de la corona española. Las minas más pequeñas, en cambio, fueron explotadas por particulares con la obligación de pagar como impuesto el denominado Quinto Real, o sea, la quinta parte de la riqueza obtenida. Los principales yacimientos mineros fueron: Castrovirreyna, Huancavelica, Cerro de Pasco, Cajabamba, Contumazá, Carabaya, Caylloma, Hualgayoc, todas ubicadas en el actual Perú. Pero el más grande a nivel minero fue el yacimiento de Potosí, cuya producción se sustentó en la mita minera. El Cerro Rico de Potosí proporcionó las dos terceras partes de la plata que hubo en el Perú hasta que en 1776 pasó a formar parte del Virreinato del Río de la Plata.
Los centros mineros fueron ciudades que rápidamente se convirtieron en emporios comerciales que engranaron todo un circuito comercial en el que se encontraban la Ciudad de México (para Zacatecas y Guanajuato) y Lima (para Potosí, Cerro de Pasco y Huancavelica). Para la extracción de la plata las técnicas andinas incluían el método de la huaira, que consistía en el empleo de un horno al cual se le sometía el plomo, extrayéndose finalmente la plata. Pero esta plata era de una impureza notoria.
En la Nueva España (actual México) se llegó a descubrir una técnica que se aplicó en las minas de Potosí que consistía en mezclar la plata con mercurio (llamado azogue). Luego, la plata se separaba, manteniéndose en un estado de pureza. La producción minera tuvo su auge entre 1572 a 1580 que fluctuó de 216 000 a 1 400 000 pesos anuales; pero disminuyó su ritmo extractivo al promediar el y ya en el , su decadencia fue notoria debido, en gran parte, al sistema y forma empírica como se trabajaba en los centros mineros, también a la carencia de caminos para agilizar el transporte y la despoblación indígena.
Régimen comercial del virreinato El comercio virreinal estuvo basado en el monopolio debido al carácter exclusivista y mercantilista que prevaleció en la economía. Hasta el debilitamiento, y luego la derogación del monopolio universal, solo los territorios españoles de Europa podían comerciar con la América española. Con el tal propósito y el de recaudar impuestos, se creó en Sevilla la llamada Casa de Contratación de Indias en 1503, organismo encargado de velar por el cumplimiento del monopolio. Además, en cada virreinato funcionaba un Tribunal del Consulado, que controlaba el movimiento comercial e intervenía en todo lo relacionado con él.
250px|thumb|right|Monopolio comercial del Virreinato del Perú En 1561, Felipe II estableció que los únicos puertos para el tráfico comercial fueran Sevilla en España, Veracruz, en Nueva España (hoy México) y Callao en el Perú, en tanto que Cartagena de Indias y Panamá eran tenidos como puertos de tránsito.
En cumplimiento de esta disposición, anualmente salían de Sevilla dos grupos de barcos cargados de mercaderías y escoltados por otros barcos de la marina de guerra española. El grupo de barcos que iba a México tomaba el nombre de flota y arribaba a Veracruz. Los que venían al Perú tomaban el nombre de galeones y llegaban, primero, al puerto de Cartagena de Indias y, de allí, pasaban al puerto de Portobelo. Allí en Portobelo, se realizaba una gran feria, a la que asistían los comerciantes limeños que hacían su arribo a este lugar, mediante la llamada Armada del Mar del Sur, hasta Panamá, y, luego, por tierra, atravesaban el istmo para llegar a Portobelo. Efectuadas las compras y ventas en Portobelo, los comerciantes de Lima se embarcaban, nuevamente, en la Armada del Mar del Sur y arribaban al Callao, desde donde enviaban las mercaderías por tierra a los pueblos y ciudades del interior del virreinato como Arequipa, Cuzco, Charcas, Buenos Aires, Santiago y Montevideo. De esta manera, el Virreinato del Perú era el eje del movimiento comercial en América del Sur. El Callao, como único puerto autorizado, mantuvo su preeminencia sobre puertos menores, tanto de la costa del Pacífico, como del Atlántico.
El monopolio no dio resultado para el Imperio español; en cambio, fomentó el comercio ilícito, de contrabando, a cargo de ingleses, franceses y holandeses. Los barcos de los países contrabandistas arribaban a puertos menores, así como también a caletas y embarcaderos, desde donde se introducía la mercadería a los poblados aledaños y ciudades del interior del Virreinato, lugares estos en los que se daba el caso de mayor aceptación de estos productos que se expandían a un precio sumamente bajo en relación con los mismos artículos traídos por los mercaderes españoles. La mayor intensidad de este comercio ilícito se manifestó en los puertos del Atlántico, llámese Montevideo y Buenos Aires; ello debido a la lejanía en que se encontraban con respecto a la capital virreinal, Lima, y al puerto de entrada autorizado que era el Callao. Se ha llegado a estimar que por cada dos mil toneladas de comercio lícito entraban al Virreinato del Perú trece mil toneladas ilícitas, es decir, de contrabando.
Rompieron también el monopolio comercial los corsarios (que robaban para beneficiar a sus propios países o determinada nación europea) y los feroces piratas (que lo hacían para su propio provecho). El más famoso de los corsarios fue Francis Drake que, bajo la insignia de la Corona inglesa en tiempos de Isabel I, atacó los puertos de América meridional, saqueó el Callao y Paita, luego se dirigió a Panamá donde logró acumular un gran botín, regresando a Inglaterra por la vía de Oceanía, en la época del virrey Francisco Álvarez de Toledo.
Todo ello determinó, que precisamente, Lima, fuera circundada de murallas y que, asimismo, se construyese la Fortaleza del Real Felipe, o los Reales Castillos, del Callao. Impuestos del Virreinato