miniaturadeimagen|Ilustración que representa el otro mundo en la mitología celta, de Stephen Reid, en Las hazañas de Finn (1910), de T. W. Rolleston. Con el nombre de Otro Mundo (orbis alia) o Tír nAill se hace referencia en la mitología celta al ámbito feérico que coexiste con el de los seres humanos. Es el reino de las deidades y posiblemente también de los muertos. En la mitología gaélica y britónica, suele ser un reino sobrenatural de eterna juventud, belleza, salud, abundancia y alegría.Koch, John T. Celtic Culture: A Historical Encyclopedia. ABC-CLIO, 2006. p. 1671 Se describe como un mundo paralelo que existe junto al nuestro, o como una tierra celestial más allá del mar o bajo la tierra. El Otro Mundo suele ser esquivo, pero varios héroes míticos lo visitan por casualidad o tras ser invitados por alguno de sus habitantes. A menudo llegan a él adentrándose en antiguos túmulos o cuevas, o sumergiéndose o cruzando el mar occidental. A veces, se encuentran repentinamente en el Otro Mundo con la aparición de una niebla mágica (Féth fíada), seres sobrenaturales o animales inusuales.MacKillop, James. Dictionary of Celtic Mythology. Oxford University Press, 1998. pp.21, 205, 270, 322–3, 346, 359–60. . Una mujer del Otro mundo puede invitar a un héroe al Otro Mundo ofreciéndole una manzana, una rama de manzano plateada o un ovillo de hilo para que lo siga mientras se desenrolla.Cf. Eleanor Hull, The Silver Bough in Irish Legend, in Folk-Lore, xii.
El Otro Mundo suele llamarse Annwn en la mitología galesa y Ávalon en la leyenda artúrica. En la mitología irlandesa, es Tír na nÓg. También están Mag Mell y Emain Ablach, Tech Duinn, este último donde se reúnen las almas de los muertos.
Descripción Unas veces se sitúa más allá del Mar de Occidente y en otras ocasiones se extiende bajo los túmulos, los dólmenes y otros monumentos megalíticos. Aunque carecemos casi por completo de información relativa a los antiguos celtas continentales, los ciclos mitológicos de los celtas insulares, así como el folclore de los países del arco atlántico nos proporcionan información muy detallada y valiosa al respecto.
De este modo, si bien las variaciones son grandes dependiendo de la región o del mito, podemos clasificar a los Paraísos celtas en las siguientes categorías:
Los sídhe, esto es, aquellos montículos, ruinas, fuentes o lagos que sirven de refugio a las hadas. Las Islas paradisíacas situadas más allá del Océano. Annwn, el inframundo galés.
Los sídhe: las guaridas de las hadas
Tal y como nos relatan las tradiciones irlandesas, las hadas son descendientes de los Tuatha Dé Danann, antiguo pueblo irlandés que fue arrojado al inframundo tras la invasión de la isla por sus actuales habitantes, los gaélicos, que procedentes de España conquistaron Irlanda capitaneados por su caudillo Míl Espáine.
A los Tuatha no les quedó más remedio que refugiarse en los sídhe, nombre céltico que hace referencia a los montículos sobre los cuales se asientan los monumentos megalíticos, y del que deriva una de las denominaciones que reciben las hadas en Irlanda y las Tierras Altas de Escocia, daoine sídhe. De este modo, por toda Irlanda circulan historias sobre Knocks (del irlandés Cnoc, colina hueca) en cuyo interior viven extensas comunidades feéricas gobernadas por un rey o una reina. Entre los sídhe más conocidos de Irlanda se encuentran Knockma, donde se sitúa el trono de Fínvara, mítico rey de las hadas de Connaught, y Newgrange, vinculado al mito de Angus Óg.
Los sídhe se manifiestan a los mortales en determinadas fechas, sobre todo en la noche del Solsticio Estival, que es cuando se los suele ver bailando en coro a la luz de la luna.
En Bretaña en Galicia y en Asturias se conservan tradiciones similares. Así, en la mitología asturiana, son frecuentes los relatos acerca de mozos que vieron a grupos de xanas bailar en corro en torno a una de ellas, la reina de las xanas, también llamada Xana Mega. En torno al castro de Altamira, ubicado en la zona asturparlante de El Bierzo, circulan mitos que refieren la existencia de un gran reino subterráneo gobernado por una pareja de reyes y cuya entrada se encuentra en algún punto del castro. En el caso de Galicia los "mouros" (cuyo nombre no proviene como a veces se piensa de la forma latina para referirse a los "moros", mauris, sino que proviene del céltico "mour", que hace referencia al mundo de ultratumba, al mundo oscuro), residen bajo tierra, en los dólmenes, castros y montículos, con sus tesoros, y las "mouras" aparecen en ambientes acuáticos, típico de la cultura celta, que asimila las aguas al mundo de los muertos, a la vida y a las divinidades locales. Así, podemos identificar a las mouras con hadas encantadoras en ocasiones benignas y en ocasiones malignas, y a los mouros con los ancestros muertos que guardan sus tesoros, a veces buenos y a veces malos como las mouras, pues pese a que rara vez salen a la superficie en ocasiones ayudan a los humanos o los maldicen o secuestran. El paralelismo con las leyendas irlandesas es evidente.
Las islas del Mar de Occidente
Según las tradiciones de los pueblos del extremo occidental de Europa, más allá del Océano se encuentran las Islas del Paraíso, que son tierras habitadas por seres sobrenaturales donde están ausentes las penurias y las desgracias. En la tradición irlandesa la novena ola es la frontera que separa el ámbito mortal del Otro Mundo, coincidiendo de este modo con los rituales practicados en la playa de La Lanzada (Galicia), en la que las mujeres que deseaban concebir un hijo hacían golpear su cuerpo contra nueve olas sucesivas.
Las antiguas creencias célticas de Ultratumba
Muchos geógrafos de la Antigüedad clásica nos narran la existencia entre los celtas insulares de islas consagradas a dioses y héroes: Entre ellas se encontraba Anglesey (Mon), en la costa septentrional galesa, que era la isla sagrada de los druidas de Britania, las islas Scilly, donde se han encontrado restos arqueológicos de templos protohistóricos o algunas de las islas Hébridas, que según la tradición gaélica eran hogar de demonios y fantasmas y en una de ellas, Skye, fue educado el héroe Cúchulainn por la guerrera Scáthach.
Las antiguas creencias de los galos al respecto aparecen recogidas por el historiador bizantino Procopio de Cesarea, que en el narraba cómo en aquellos tiempos aún se creía que la tierra de la muerte se situaba al oeste de la isla de Gran Bretaña. Según los mitos galos, las almas una vez que habían abandonado su cuerpo se dirigían a la costa noroccidental de la Galia y allí embarcaban hacia la antigua Britania. Cuando querían cruzar el mar ánimas se dirigían a las casas de los marineros, en cuyas puertas picaban insistente y desesperadamente. Los marinos abandonaban entonces sus casas y llevaban a los muertos a su destino en unas naves fantasmagóricas.
Todavía hoy existen residuos de tales creencias en las tradiciones bretona e irlandesa. En la mitología de Bretaña, se da el nombre Bag An Noz (barca de noche) a las embarcaciones que se encargan de llevar las almas de los difuntos a su destino, y Anatole le Braz, en su libro La legènde de la mort, narra la existencia de procesiones de ánimas que se dirigen a puntos costeros de Bretaña como Landernau para desde allí iniciar su último tránsito. miniaturadeimagen|264x264px|Cabo Ortegal, donde Tácito situaba el fín del mundo. En la costa septentrional de Galicia se sitúa el municipio de San Andrés de Teixido, donde existe una pequeña ermita consagrada a San Andrés y en la cual se conservan, según la leyenda, parte de sus huesos. Este santo estaba muy apesadumbrado por el hecho de que su tumba se encontrase en los confines de la tierra. Jesús le consoló entonces diciéndole: "No te preocupes, que tendrá que ir a visitarte todo el mundo, ya en vida, ya en muerte". Y efectivamente, aún hoy se dice "A San Andrés de Teixido vai de morto o que non foi de vivo", pues se piensa que los que no peregrinaron en vida lo tendrán que hacer tras la muerte en forma de serpiente o de lagartija, y por ello los peregrinos que se aproximan a la ermita tienen mucho cuidado en no pisar a ninguno de estos animales. Curiosamente, San Andrés de Teixido se sitúa en el Cabo Ortegal, un cabo donde según Tácito "cielos, mares y tierra se acaban", es decir, se trataba del fin del mundo. Esto ha hecho suponer a autores como Constantino Cabal que para los habitantes prerromanos del NO de la Península este lugar fuese junto con el Pico Sacro uno de los dos puntos de partida de las almas hacia las islas del Paraíso, y en este sentido la tradición maragata nos habla de la existencia una Peña de las Ánimas (identificada con San Andrés de Teixido) situada en el Mar de la Muerte, que es aquel que baña la costa septentrional de Galicia.
En definitiva, se trata de tradiciones que aún hoy testimonian de las antiguas creencias célticas en un Más Allá situado al otro lado de la Mar.
Tír na nÓg, la tierra de los bienaventurados
Dos denominaciones del Otro Mundo celta muy comunes en los ciclos mitológicos irlandeses son Tír na nÓg, la tierra de los bienaventurados, un lugar eternamente verde que fue visitada por el caudillo pagano Oisín junto con sus compañeros y que con posterioridad aparecería como lugar común en multitud de cuentos de hadas, y Mag Mell, la planicia del deleite, que según la leyenda está regida por el rey fomoriano Tethra, si bien en otras versiones su gobernante es el dios del mar Manannán mac Lir.
Tír na mBan, la tierra de las mujeres
Las islas del Paraíso asumen diversas formas y nombres dependiendo del relato y del país en cuestión. Entre ellas se encuentra Tír na mBan, la tierra de las mujeres, a donde partieron Bran mac Febal y sus compañeros y donde permanecieron junto con las hadas que la habitaban y su reina trescientos años que les parecieron uno solo. Existen rastros, cristianizados eso sí, de este mito pagano en el periplo gallego de San Amaro, en cuyo relato del Paraíso Terrenal se describe la existencia de doncellas que bailaban y cantaban a través de los prados, siempre en torno a la más bella de ellas, la Virgen María.
El Paradisus Avium right|thumb|200px|Imagen de Tarvos Trigaranos. Sobre la cabeza y el lomo del toro se puede discernir la presencia de tres grullas.
El Paradisus Avium, el paraíso de los pájaros, constituye otro arquetipo mitológico del que existen versiones tanto cristianas como paganas. Según las antiguas creencias célticas, los pájaros pueden ser mensajeros del Otro Mundo: En un texto mitológico irlandés, la Enfermedad de Cuchuláinn (Serglige Con Culáinn), se narra el encuentro que dicho guerrero tuvo con varias de estas criaturas, y que inspiró la obra de Chaikovski El Lago de los Cisnes. Habiéndose reunido Cu Chuláinn con sus compañeros para celebrar la festividad de Samhain, aparecieron repentinamente sobre un lago dos cisnes, uno de los cuales fue alcanzado por las flechas del héroe, a pesar de lo cual logró huir. Pero para desgracia del héroe, los pájaros resultaron ser sídhe, mujeres del Otro Mundo, que poco tiempo después regresaron al lugar y golpearon a Cu Chuláinn hasta dejarlo en estado catatónico durante un año.
El mito de los pájaros del inframundo se documenta entre los galos, donde era frecuente la advocación de Tarvos Trigaranos, que venía representado por la figura de un toro acompañado de tres grullas, y también entre los galeses, pues el Mabinogion nos habla de los pájaros de Rhiannon (diosa galesa de los caballos), que asentados en la bahía de Cardigan, son capaces de matar a los vivos y resucitar a los muertos con su canto.