La Biblioteca del Centenario, oficialmente Biblioteca Patrimonial Pública Municipal del Centenario, es una biblioteca pública perteneciente a la Red de Bibliotecas Públicas de Cali. Fue la primera biblioteca pública de la ciudad y debe su nombre al hecho de ser inaugurada en el marco del primer centenario de la independencia de Colombia.

Historia Antecedentes Los orígenes de la biblioteca se remontan al Instituto Literario de Cali, un centro constituido por estudiantes y egresados del Colegio de Santa Librada. El acervo literario del Instituto incluía colecciones de varias ramas del conocimiento y ya entonces se planteaba crear una biblioteca abierta al público en general, para lo cual se empezaron a recibir donaciones tanto de dinero como de libros, en pos de una futura inauguración al público.

En 1897, el Concejo Municipal acoge la idea del Instituto Literario para crear una biblioteca pública en Cali que llevaría el nombre de Caicedo, en honor a Joaquín de Cayzedo. Sin embargo tal iniciativa no prosperó. Por aquel entonces en el periodo finisecular la élite caleña buscaba una mayor autonomía y desligarse del control político ejercido desde Popayán. A lo largo de la historia de harían varios intentos de corte federalista que culminarían con la creación del Departamento de Cali en 1908. Sin embargo tras ser depuesto el presidente Rafael Reyes Prieto, Cali volvería a encontrarse bajo el dominio payanés y dentro del departamento del Cauca. Tras el traspié federalista, la élite política propende y consigue la creación del departamento del Valle del Cauca, cuya creación es organizada en 1909 y finalmente ejecutada en 1910, en el marco del primer centenario de la independencia del país.

Creación Por aquel entonces se crea la Junta Departamental del Centenario cuyo fin era dotar a la ciudad de la infraestructura necesaria para pasar de ser una provincia a una ciudad y de la realización de los eventos y actos del primer centenario de la independencia en el cual se buscaba realzar a los próceres y a los símbolos patrios. Para la colección se pidieron volúmenes en librerías de Colombia, Francia y España; pero ante la necesidad de contar con ejemplares para la inauguración en el marco del festejo patriótico Samuel Benítez, presidente del Concejo Municipal y miembro fundador del Instituto Literario, gestionó la donación de la colección del instituto de 800 ejemplares a la naciente biblioteca pública.

El 20 de julio de 1910 se crea oficialmente la biblioteca bajo escritura pública No. 410 en la notaría primera de la ciudad. El acto inaugural ocurrió a las 8 de la mañana en la Plaza de Cayzedo con un discurso de Mario de Caicedo. La biblioteca comenzó su funcionamiento en la Carrera 4 con Calle 12, en la planta baja de la Casa Municipal, actualmente Palacio Nacional, que había sido restaurado recientemente para los festejos del centenario. El primer bibliotecario fue Blas Scarpetta, un antiguo miembro del Instituto Literario. Finalmente por medio del acuerdo 14 de 1910 se da inauguración a la Biblioteca del Centenario el 28 de noviembre de aquel año. La creación de la biblioteca respondió a la necesidad de conformar una ciudad a imitación de las grandes ciudades europeas modernas que contaban con instituciones académicas y culturales como museos, bibliotecas, clubes; y así dar el paso definitivo de provincia a capital departamental.

Primeros años En los primeros años el único empleado de la biblioteca era Scarpetta, quien procuró principalmente aumentar el fondo bibliográfico a través de donaciones. Hasta 1914 la biblioteca recibió gran variedad de donaciones, incluyendo libros, enciclopedias, revistas y mapas; pero también artículos como acuarelas, cuadros u objetos de los próceres de la independencia. Debido a esto se pensó crear un museo histórico dentro de la Biblioteca, pero el ya corto presupuesto con el que contaba la misma lo imposibilitó. La mayoría de artículos históricos fueron canjeados al Museo Nacional de Colombia por libros, y mientras esto ocurría exponer los objetos durante las fechas de las fiestas patrias.

Debido a su privilegiada ubicación, en la que compartía el edificio con oficinas de la Alcaldía y el Concejo, junto a la principal plaza de la ciudad, le permitió a la biblioteca contar con un buen número de visitantes, equiparándose en 1911 con el afluente de visitantes de la Biblioteca Nacional de Colombia, llegando a un mínimo diario de 20 personas usando los servicios de la biblioteca, que en general hacían uso de las instalaciones de la biblioteca en horas de la noche.

Durante la regencia de Scarpetta la biblioteca se posicionó como un importante centro de conocimiento dentro del ámbito cultural caleño a través de conferencias de diversa índole. Las tertulias y discusiones dieron lugar a la creación de nuevos espacios como el Centro Vallecaucano de Historia y Antigüedades, predecesor de la Academia de Historia del Valle del Cauca. Rápidamente la biblioteca se consolidó como un punto neurálgico dentro de los círculos académicos y culturales; pero así mismo como un punto de encuentro para socializar.

Expansión Luego de 19 años a la cabeza de la administración de la biblioteca, Scarpetta, quien había participado en 1927 de la Junta Constructora del Teatro Municipal y ejerciendo como gerente del mismo desde entonces, deja la dirección de la biblioteca. En su lugar ocuparía el puesto en enero de 1929 Francisco Llanos, quien tuvo que lidiar con la reubicación de la biblioteca luego de la demolición de la Casa Municipal para la construcción del Palacio Nacional. Durante su gestión, Llanos resaltó por la constante defensa de la biblioteca ante el Concejo Municipal, exigiendo un lugar adecuado para sus instalaciones, ya que la casa en la que había sido alojada no cumplía con las cualidades necesarias para el servicio, y era de difícil acceso para el público general. Llanos constantemente denunció esto ante los periódicos de la época, a los que también pedía completar los números faltantes respectivos de sus publicaciones. Llanos también inició una campaña de donaciones para la biblioteca que tuvo eco internacional, además de realizar los primeros contactos con el programa de Bibliotecas Aldeanas desarrollado por el director de la Biblioteca Nacional de Colombia de ese entonces, Daniel Samper Ortega, durante la República Liberal.

Finalmente en 1932 la biblioteca encuentra una nueva sede en las antiguas oficinas de la Gobernación del Valle, en el edificio donde hoy funciona la Casa Proartes. Luego del traslado de la biblioteca, Llanos dejaría la dirección de la institución para pasar a dirigir el radioperiódico La Noche, en la primera emisora radial de Cali, que había sido fundada aquel mismo año: La Voz del Valle. Fue reemplazado por su hermano, el poeta y miembro del movimiento Piedra y cielo, Antonio Llanos, quien se encargó de continuar el trabajo de su hermano en el campo de las donaciones y el canje interbibliotecario, destacándose la Biblioteca Nacional de Chile y la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

Otros de los logros de Antonio Llanos fue lograr que el Concejo Municipal accediera a ampliar el personal de la biblioteca. Hasta entonces el único empleado era el Bibliotecario Municipal, que pasó a ser el director de la Biblioteca del Centenario. El poeta Llanos fue sustituido por Luis Ángel Tofiño en 1934, quien se encargó de finalizar la encuadernación de los archivos de prensa de la biblioteca. Junto a él se nombraron oficialmente los puestos de primer y segundo ayudante, y el de secretario. Luego de ocho meses en el cargo, Tofiño fue reemplazado por el presbítero Alfonso Zawadzky, bajo cuya tutela la biblioteca viviría unos de sus periodos de mayor esplendor y proyección internacional.

La penetración social del libro La primera tarea del sacerdote fue realizar un completo inventario del que se puede constatar que para la época la biblioteca contaba con un acervo de 2900 volúmenes, tan sólo 1400 ejemplares más que los habidos en 1910. Emprendió a través del periódico El Relator una nueva campaña, esta vez para recibir donaciones. Zawadzky también comenzó una fuerte campaña de canje de libros con otras instituciones. Para 1935 tan sólo en donaciones se habían recibido 1205 nuevos volúmenes y en enero de 1906 consta que la biblioteca contaba con 3330 libros, 1600 folletos, 146 volúmenes de diarios empastados. Cabe resaltar que la mayoría de intercambios realizados por la biblioteca se realizaban en el exterior, ya que en Colombia la aparición de bibliotecas era aún incipiente, a excepción de la Biblioteca Nacional y la del Centenario.

En 1936 comenzó oficialmente el proyecto de Bibliotecas Aldeanas, entrando la Biblioteca del Centenario a ser parte del proyecto y recibiendo en beneficio despachos de libros. Al respecto el padre Zawadzky opinaba que si bien la Biblioteca del Centenario estaba listada como una biblioteca aldeana, en realidad no era tal al haber sido fundada 25 años antes de la iniciación del programa, contar ya con un número apreciable de volúmenes y periódicos, contar con un programa de canjes y realizar frecuentemente actividades académicas y culturales. Por lo tanto para la fecha oficial de iniciación del programa de bibliotecas aldeanas, la Biblioteca del Centenario no era una naciente biblioteca, sino una institución asentada en los círculos sociales de la ciudad, y reconocida a lo largo de la geografía nacional e internacional.

El sacerdote llevó a cabo durante su dirección una gran cantidad de programas culturales, enmarcado en lo que él llamaba «La penetración social del libro» y que en muchos casos fueron financiados de su propia pecunia. Uno de ellos, desarrollado entre 1935 y 1937, fue el programa radial «Martes de Biblioteca» emitido por la Radiodifusora de Colombia. El propio presbítero gestionó la adquisición de los equipos necesarios para el desarrollo del programa, que era emitido desde la biblioteca todos los martes a las 5 p. m. El programa iniciaba dando cuenta de la gestión administrativa de los programas de la biblioteca, estadísticas de servicios y adquisiciones. Se mencionaba a los patronos que habían de alguna forma ayudado a la biblioteca, así como a quienes habían negado la ayuda solicitada. Se hacían invitaciones a participar de las conferencias y actividades culturales de la biblioteca, a las cuales se les hacía promoción a través del programa, y por último se emitían disertaciones del sacerdote sobre diversos temas literarios, filosóficos, religiosos o históricos. Cuando el tiempo así lo permitía, también se realizaban recomendaciones de lecturas sobre volúmenes que se hallaban en la biblioteca. El programa radial ayudó a aumentar el número de asistentes a la biblioteca alcanzando en 1935 la cifra de 6 539 y en 1936 la cifra, por entonces, récord de 20 055. En 1937, último año del programa, el número de asistentes a la biblioteca fue de 18 911.