miniaturadeimagen|356x356px|Un mapa medieval de Roma de un manuscrito del periodo (París, Bibliothèque Nationale, MS Ital. 81, folio 18). La ilustración muestra a Roma personificada como viuda que sufre la pérdida del papado. El papado de Aviñón () fue un periodo de la historia de la Iglesia católica, entre 1309 y 1377, en el que siete papas residieron en la ciudad de Aviñón (para entonces parte del Reino de Arlés, a su vez parte del Sacro Imperio Romano Germánico) en vez de Roma, a saber: Clemente V (1305-1314), Juan XXII (1316-1334), Benedicto XII (1334-1342), Clemente VI (1342-1352), Inocencio VI (1352-1362), Urbano V (1362-1370) y Gregorio XI (1370-1378). La situación surgió del conflicto entre el papado y la corona francesa, culminando en la muerte del papa Bonifacio VIII tras su arresto y maltrato por parte de agentes del rey Felipe IV de Francia. Tras la muerte subsiguiente del papa Benedicto XI, el rey Felipe presionó a un cónclave que se encontraba en un punto muerto a que eligieran como papa en 1305 al entonces arzobispo de Burdeos, que adoptó el nombre de Clemente V. Clemente rehusó trasladarse a Roma y en 1309 trasladó su corte al enclave papal en Aviñón, donde permaneció los siguientes 67 años. Todos estos papas fueron franceses y todos estuvieron bajo la influencia de la corona francesa. A este periodo algunos historiadores católicos lo llaman el «segundo cautiverio de Babilonia». En 1378, el papa Gregorio XI retornó a Roma y allí murió.
Los Estados Pontificios incluían entonces a la ciudad de Aviñón y al Condado Venaissin, en el sudeste de Francia. Siguieron siendo parte de dichos Estados hasta la Revolución francesa, convirtiéndose en parte de Francia en 1791.
No debe confundirse el período llamado del papado aviñonés o papado de Aviñón (1309-1377), con otro período de la historia de la Iglesia católica, entre 1378 y 1417, conocido como el Cisma de Occidente, que tuvo su origen tras la muerte de Gregorio XI en 1378, al romperse las relaciones entre su sucesor Urbano VI y una facción del colegio cardenalicio. El cisma dio inicio a una segunda línea de papas con sede en Aviñón, que fueron considerados ilegítimos posteriormente. La Iglesia quedó pues dividida entre dos obediencias, la del papa residente en Roma y la del antipapa residente en Aviñón. El cisma llegó a su fin en 1417, en el Concilio de Constanza.
Antecedentes El enfrentamiento entre Felipe IV de Francia y Bonifacio VIII thumb|Bonifacio VIII, por Giotto di Bondone, alrededor de 1300. El principio del , que sería caracterizado más tarde por calamidades como la peste negra y la Guerra de los Cien Años entre los dos principales poderes de Europa, se encontró con un papado en un momento de prestigio. El papa Bonifacio VIII (1294-1303, nacido Benedetto Gaetani), un político experimentado era un feroz defensor de la soberanía universal del papado sobre toda la Cristiandad, como estableció el Dictatus Papae en el . La cuestión concreta que le hizo entrar en conflicto con el rey Felipe IV de Francia era si los señores seculares podían establecer impuestos al clero. En su bula Clericis laicos (1296), Bonifacio VIII prohibía cualquier imposición sobre las propiedades de la Iglesia excepto por parte del papado, o el pago de tales impuestos. Pero solamente un año más tarde concedió a Felipe IV el derecho de recaudar impuestos entre el clero en casos de emergencia.
El gran éxito del Año Jubilar de 1300 (se cree que hasta 2 millones de peregrinos visitaron Roma) incrementó considerablemente el prestigio del papado, atrajo fondos a Roma e indujo al Papa a sobrestimar extremadamente sus poderes temporales. Después de la detención y cautiverio del obispo de Pamiers por Felipe IV, el papa en represalia emitió la bula Salvator Mundi, retractándose todos los privilegios que confirieron al rey francés los papas precedentes, y unas pocas semanas más tarde Ausculta fili con cargos contra el rey, citándole para que compareciera ante un consejo en Roma. En una afirmación atrevida sobre la soberanía papal, Bonifacio VIII declaró que «Dios nos ha situado sobre los reyes y los reinos».
Felipe IV respondió escribiendo: «Su venerable estupidez puede que sepa que no somos el vasallo de nadie en cuestiones temporales», y convocó una reunión del Estado General, un consejo de los señores de Francia, que respaldaron su posición. El rey de Francia presentó cargos de sodomía, simonía, hechicería y herejía contra el papa y lo llamó ante el consejo. La respuesta de Bonifacio fue la más fuerte afirmación hasta la fecha de soberanía papal. En la bula Unam sanctam (18 de noviembre de 1302), decretaba que «es necesario para la salvación que todas las criaturas humanas sean súbditos del pontífice Romano.» Estaba preparando una bula que excomulgaría al rey de Francia y pondría todo su reino en interdicto, y depondría a todo el clero de Francia, cuando en septiembre de 1303, Guillermo de Nogaret, el crítico más fuerte del papado en los círculos franceses, llevó un ejército a Roma, con órdenes intencionadamente ambiguas dadas por el rey para llevar al Papa, si fuera necesario a la fuerza, ante un consejo para enjuiciar los cargos presentados contra él.
Nogaret colaboró con los cardenales de la familia Colonna, rivales del Papa desde hacía mucho tiempo, y contra los que el Pontífice había predicado incluso una cruzada con anterioridad durante su papado. En 1303 tropas de franceses e italianos atacaron al Papa en Anagni, su ciudad natal, donde se había refugiado, y allí lo tomaron prisionero. Fue liberado tres días más tarde por la población de Anagni. A este acontecimiento se le llama el atentado de Anagni. Bonifacio VIII, entonces de 68 años de edad, debido a las heridas y malos tratos de sus captores, murió unas pocas semanas más tarde.
El control del rey francés sobre el papado La muerte del papa Bonifacio VIII privaba al papado de su político más competente que podría enfrentarse al poder secular del rey de Francia. Después del papado conciliador de Benedicto XI (1303-04) envenenado por orden del rey de Francia, Clemente V (1305-1314) se convirtió en el siguiente Pontífice, era originario de Gascuña, en Francia meridional.
Clemente V fue elegido por un cónclave celebrado en Perugia, pero él mismo era obispo de Burdeos y no se encontraba en Italia en el momento de su elección. Elevado al trono de Pedro por las presiones del rey de Francia, Clemente estuvo durante todo su pontificado sujeto a los deseos de Felipe IV, apenas coronado, su primer acto fue el nombramiento de nueve cardenales franceses cercanos al monarca francés. Convertido en una mera herramienta en manos del rey de Francia, anuló (para el territorio francés) en 1306 las sentencias eclesiásticas que Felipe IV consideraba contrarias a sus intereses, especialmente las bulas "Clericis laicos" y "Unam Sanctam" que había promulgado Bonifacio VIII. Por presiones del rey francés accedió no trasladarse a Roma y estableció su corte en Aviñón que estaba rodeada por las tierras del Condado Venaissin, formalmente era parte del antiguo reino de Arlés, pero en realidad estaba bajo la fuerte influencia del rey francés.
En esta situación de dependencia de Francia, tres principios caracterizaban la política de Clemente V: la supresión de los movimientos heréticos (como el catarismo en Francia meridional); la reorganización de la administración interna de la Iglesia; y la conservación de una imagen no empañada de ésta como el único instrumento de la voluntad de Dios en la tierra. Este último era desafiado directamente por Felipe IV que presionaba para enjuiciar a su anterior adversario, el papa Bonifacio VIII, por supuesta herejía, siendo que contaba con gran influencia sobre el Colegio cardenalicio, esto podría significar un golpe severo para la autoridad de la Iglesia. Por esto gran parte de la política de Clemente V estaba diseñada para evitar un golpe semejante, lo que finalmente logró. Sin embargo, el precio fueron muchas concesiones en diversos ámbitos; a pesar de sus serias dudas personales, al final impulsó los procedimientos contra los templarios, y personalmente decidió suprimir la Orden. En 1314 el tribunal de Vienne reclamó poder sobre los templarios. El consejo, escéptico sobre la culpabilidad de la orden en conjunto, era improbable que condenase toda la orden basándose en las escasas evidencias. Ejerciendo una gran presión para obtener parte de los sustanciales fondos de la orden, el rey de Francia consiguió obtener la sentencia que buscaba. El papa Clemente V decretó la supresión de la Orden. En la catedral de San Mauricio de Vienne, el rey de Francia, y su hijo el rey de Navarra, se sentaron junto a él cuando promulgó el decreto.
La elección de Aviñón La inseguridad en la que se encontraba Roma fue la razón por la cual los cardenales celebraron el cónclave en Perugia, donde salió elegido Clemente V. Como se ha dicho él no estaba presente en el cónclave y pidió ser coronado, en vez de Roma, en la ciudad de Lyon. Así se hizo, pero después de la ceremonia, el papa regresó a Burdeos.
Clemente V vio necesario reafirmar la independencia de la Santa Sede, pero a la vez mantener un contacto muy estrecho con el rey francés y con el emperador; por lo que en 1309 se trasladó de Burdeos a Aviñón que era propiedad de la casa de Anjou, soberanos de Nápoles (vasallos de la Iglesia). Además la ciudad se encontraba muy cerca al condado de Venaissin, feudo papal, adquirido por Gregorio X en 1274. Si bien no se pueden saber las intenciones del Papa Clemente V sobre el regreso a Roma, es su pontificado el que da inicio al período conocido como Papado de Aviñón.
El papado de Aviñón thumb|200px|Clemente V fue el primer papa que hizo de Aviñón su residencia, aunque no con la intención de cambiar la Sede de Roma thumb|200px|Juan XXII. thumb|200px|Benedicto XII. thumb|200px|Clemente VI. thumb|200px|Inocencio VI. thumb|200px|Urbano V. thumb|200px|Gregorio XI fue el papa que puso fin al periodo del papado aviñonés La continua mudanza de residencia de Clemente V no gustó a sus sucesores, puesto que la administración de la Iglesia necesitaba una sede fija. Aviñón se encontraba en una posición central en la Europa del . Fue el papa Juan XXII quien escogió la ciudad como su sede permanente.
Juan XXII El papa Juan XXII (Jaques Dueze, nacido en Cahors, y previamente arzobispo de Aviñón), llegó al trono de San Pedro por deseo del nuevo rey de Francia; Felipe V, que convocó un cónclave en Lyon, Francia, donde fue elegido su candidato.
Una cuestión importante durante el papado de Juan XXII, fue su conflicto con Luis IV, Emperador del Sacro Imperio Romano. En 1323, Juan XXII, que auspiciado por el rey francés había reclamado una especie de regencia sobre el trono alemán mientras no se solucionase la disputa entre los dos aspirantes al trono, se negó a reconocer a Luis como rey, alegando que este había asumido el título sin su confirmación negándose a coronarlo como emperador del Sacro Imperio y excomulgándolo en 1324 acusándolo de herético al haber ofrecido su protección a Guillermo de Ockham, a Marsilio de Padua y a Miguel de Cesena entre otros pensadores heréticos. Luis contestó invadiendo Italia al frente de un poderoso ejército que le permitió ocupar Roma en enero de 1328, donde fue coronado como emperador, tras lo cual depuso nominalmente al Papa acusándolo de herejía y proclamando como nuevo Papa a Nicolás V, el primer antipapa italiano de la historia. El papa Juan XXII que se encontraba en Aviñón (Francia) y bajo la influencia y protección del rey francés excomulgó al presunto nuevo Papa y a la ciudad de Roma.