miniaturadeimagen|300x300px|Costes de una vida básica, pero decente, para una familia: comida, alojamiento, otras necesidades e imprevistos.
El salario decente (en inglés living wage, literalmente salario que permite vivir) es el pago mínimo necesario a un trabajador para que satisfaga sus necesidades básicas. Estas necesidades incluyen alimento, alojamiento, y otras como ropa. En español también se designa este concepto con las expresiones salario digno, salario justo (fair wage), sueldo decente, sueldo digno, sueldo justo, salario vital, salario para vivir y mínimo vital.
El objetivo de un salario decente es proporcionar al trabajador un nivel de vida básico, pero decente. Debido a la naturaleza flexible del término "necesidades", no hay una medida universalmente aceptada de qué es un salario decente, porque varía con el lugar geográfico y el tipo de hogar.
Una definición de salario decente utilizada por la Autoridad del Gran Londres (GLA por sus siglas en inglés) es el sueldo umbral, calculado como unos ingresos del 60% de la mediana más un 15% adicional para imprevistos.
La implantación de un salario decente se considera una política de predistribución.
Un salario decente, en algunos países como el Reino Unido y Nueva Zelanda, generalmente significa que una persona que lo cobra por trabajar 40 horas a la a semana, sin ingresos adicionales, tendría que ser capaz de pagarse con él lo básico para una vida modesta, pero decente, como comida, alojamiento, suministros (agua, electricidad, gas, teléfono), transporte, salud y cuidado de los hijos.
Diferencia entre pobreza absoluta y salario decente Quienes abogan por el salario decente han perfilado su definición como el sueldo equivalente a la línea de pobreza para una familia de 4 personas. Con solo un perceptor del salario decente, sus ingresos permitirían a esa familia pagar «los gastos de comida, vivienda, ropa, asistencia sanitaria, transporte y otras necesidades vitales en la sociedad moderna». Es muy importante diferenciar "salario decente" y "pobreza absoluta". Varios enlaces multiidiomáticos de Living wage conducen a erróneamente a "pobreza absoluta". Por ejemplo el de gallego o el de portugués. La pobreza absoluta o pobreza extrema es la situación de una persona cuyos ingresos caen por debajo de la línea de pobreza. Puede estar un poco por debajo, algo por debajo o muy por debajo. Estos ingresos pueden venirle de un salario, una pensión o una actividad asimilable a la de empresario autónomo, como el cultivo de un terreno propio y la venta en mercados de su producción. En cambio el salario decente es la cifra mínima pagada por una empresa a un trabajador para que él y su familia puedan satisfacer sus necesidades vitales.
miniaturadeimagen|300x300px|Cálculo del salario decente: impuestos + cuota de la Seguridad Social + coste básico de la vida para una familia / número de trabajadores a tiempo completo en esa familia
Diferencia entre salario mínimo y salario decente En términos económicos, el salario mínimo es similar al salario decente en el sentido de que es un precio suelo para la mano de obra. La diferencia entre el salario mínimo y el salario decente es que el primero tiene como finalidad proteger a los trabajadores más vulnerables de salarios indebidamente bajos, mientras que el segundo, habitualmente más alto, si en un país existen los dos, tiene el objetivo de asegurar al trabajador y a su familia un nivel de vida básico. Además, el salario mínimo es fijado, con criterios de política económica, por el gobierno de un país (a menudo tras una negociación con los agentes sociales) y no necesariamente actualizado con la inflación, mientras que el salario decente, por su propia naturaleza, incluye en su sistema de cálculo una actualización de acuerdo a la evolución del coste de la vida.
El salario mínimo también difiere del salario decente en que el primero lo fija una ley nacional y puede no satisfacer los requisitos para tener una calidad de vida básica, lo que obliga a una familia, si el salario mínimo es el único ingreso, a solicitar ayudas sociales para satisfacer sus necesidades básicas. Por otra parte la figura del salario decente solo se ha adoptado en algunos municipios de pocos países, mientras que el 90% de los países miembros de la Organización Internacional del Trabajo tiene algún tipo de salario mínimo.
miniaturadeimagen|305x305px|Campaña sufragista por el derecho de las mujeres a votar y a un salario decente (hacia 1903).
Historia El concepto de salario decente, aunque no se nombre exactamente en esos términos, puede ser rastreado hasta en las obras de antiguos filósofos griegos como Platón y Aristóteles. Ambos abogan por un ingreso que tenga en cuenta las necesidades de la persona, particularmente las que aseguran el bien común. Aristóteles vio la autosuficiencia —que definió como «la que por sí misma hace la vida merecedora de elección y falta de nada»— como requisito para la felicidad. Como responsabilizó al Estado de que los pobres pudieran ganar lo suficiente para vivir, sus ideas se consideran un ejemplo temprano de apoyo a un salario decente. Puede verse la posterior evolución del concepto en intelectuales medievales como Tomás de Aquino, quien defendió un "sueldo justo". El concepto de un sueldo justo se relacionaba con el de precios justos, los cuales eran los que permitían a todos acceder a sus necesidades. Precios y sueldos que impidieran el acceso a las necesidades se consideraban injustos, porque ponían en peligro la virtud de quienes se veían así impedidos.
En La riqueza de las naciones, Adam Smith reconoció que aumentar los salarios reales llevaba a la «mejora en las circunstancias de los estratos inferiores del pueblo» y por tanto es una ventaja para la sociedad. El crecimiento económico y un sistema de libertades eran los medios por los que los empleados pobres podían conseguir mayores sueldos y un nivel de vida aceptable. El aumento de los salarios reales se conseguía mediante el crecimiento de la productividad si los precios se mantenían estables, i.e. si no había inflación. Un sistema de libertades, asegurado a través de instituciones políticas en las que incluso los «rangos más bajos de personas» tenían la oportunidad de conseguir sueldos más altos y un nivel de vida aceptable.( 1976). An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations. Basándose en estos escritos, Smith abogó porque la mano de obra recibiera una participación equitativa de lo que contribuía a producir. Para Smith, esta participación equitativa era superior a un salario de subsistencia. Smith equiparó los intereses de los labradores y los intereses de los terratenientes con los intereses sociales que estaban por encima. Razonó que cuando los sueldos y las rentas (producidas por las tierras) se elevan como resultado de una mayor productividad, se producirá el "crecimiento social" (hoy lo llamaríamos "crecimiento económico") aumentando la calidad de vida para la mayor parte de sus miembros.
Al igual que Adam Smith, los defensores de un salario decente argumentan que un mayor bien para la sociedad se consigue a través de sueldos más altos y un salario decente. Se arguye que el Estado debería intentar alinear los intereses de quienes buscan beneficios (los empresarios) con los de los trabajadores con el fin de producir ventajas sociales para la mayoría de la sociedad. Smith argumentó que una mayor productividad y el crecimiento global llevan a sueldos más altos, que a su vez producen mayores beneficios para sociedad. Basándose en sus escritos, puede inferirse que Smith apoyaría un salario decente acorde con el crecimiento global de la economía. Esto, a su vez, llevaría a una mayor felicidad y alegría del pueblo, al tiempo que ayudaría a mantener familias y personas fuera de la pobreza. Las instituciones políticas pueden crear un sistema de libertades para los individuos (por ejemplo libertad de empresa o libertad de establecimiento) para asegurar la oportunidad de mayores sueldos a través de una mayor producción, consiguiendo así un crecimiento estable para la sociedad.
En 1891 el papa León XIII publicó la bula Rerum novarum, que se considera la primera expresión de apoyo de la Iglesia católica a un salario decente. La Iglesia reconoció que los sueldos tendrían que ser suficientes para sostener a una familia. Esta posición ha sido ampliamente apoyada por la Iglesia desde entonces, y ha sido reafirmada por el papado en múltiples ocasiones, como por Pío XI en 1931 (Quadragesimo anno) y de nuevo en 1961, por Juan XXIII en la encíclica Mater et magistra. Más recientemente, Juan Pablo II escribió: «Por eso, en cada caso, un sueldo justo es el medio concreto de verificar todo el sistema socioeconómico y, de todas formas, de comprobar que está funcionando justamente.»
Pensamiento contemporáneo Diferentes ideas sobre un salario decente han sido adelantadas por campañas modernas para que algunas localidades lo adopten. Los defensores de un salario decente han argumentado que un sueldo es más que una compensación justa por el trabajo realizado: es un medio de asegurar la existencia del trabajador, y lleva a políticas públicas que aborden tanto el nivel del sueldo como su decencia. La investigación contemporánea de Andrea Werner y Ming Lim ha analizado los trabajos de John Ryan, Jerold Waltman y Donald Stabile para sus ideas filosóficas y morales sobre un salario decente.
John Ryan defiende un salario decente desde la perspectiva de los derechos. Considera que el salario decente es un derecho de todos los trabajadores porque la Naturaleza no ha establecido derechos de propiedad de los recursos (tierra para cultivar, agua para regar o beber, etc.), sino que algunas personas se han apropiado ilegítimamente de ellos. Argumenta que la propiedad privada de estos recursos impide que accedan a ellos personas que los necesitarían para sobrevivir. Por tanto, la obligación de hacer cumplir el derecho a un salario decente recae en los dueños y empresarios de recursos privados. Su argumento va más allá de que un sueldo tendría que proporcionar mera subsistencia: lo que tendría que proporcionar a los humanos es la capacidad de «desarrollar dentro de los límites razonables todas [sus] facultades físicas, intelectuales morales y espirituales». Un salario decente para Ryan es «la remuneración que suficiente para mantener decentemente al labrador».Werner, A. and Lim, M., 2016. The ethics of the living wage: A review and research agenda. Journal of Business Ethics, 137(3), pp.433-447.
Jerold Waltman, en Defensa del salario decente, postula un salario decente no basado en derechos individuales, sino desde una perspectiva comunal, o de "republicanismo cívico". Ve que los ciudadanos necesitan estar conectados a su comunidad, y así ve los intereses individuales y los comunes como inseparablemente ligados. Dos problemas de primer orden que para el republicanismo cívico resultan inmorales son la pobreza y la desigualdad. Un salario decente iría dirigido a resolver estos problemas al proporcionar la base material que permite a los individuos cierto grado de autonomía e impide riqueza e ingresos desproporcionados que inevitablemente llevarían a una fisura social entre ricos y pobres. Un salario decente permite además la participación política de toda clase de personas, lo cual es necesario para impedir que los intereses políticos de los ricos socaven las necesidades de los pobres. Estos argumentos a favor de un salario decente, tomados conjuntamente, pueden verse como elementos necesarios para la «sostenibilidad y cohesión sociales».
miniaturadeimagen|Cartel de 1913: "Esperando un salario decente", en el que se ve a un obrero amenazado por una figura negra rotulada en letras claras como "inanición" (starvation, muerte por hambre).