Los puntos de vista feministas sobre temas transgénero varían ampliamente. Las feministas de la tercera y cuarta ola tienden a ver la lucha por los derechos de las personas transgénero como una parte integral del feminismo y a ser trans-inclusivas. Otras feministas, en su mayoría identificadas con la segunda ola de feminismo, autodenominadas críticas del género, se oponen al concepto de identidad de género, sostienen que el sexo biológico es inmutable y consideran que las diferencias basadas en el sexo requieren la provisión continua de espacios separatistas. Estas feministas que se oponen al reconocimiento de las mujeres (y hombres) trans y su inclusión en espacios u organizaciones feministas han sido denominadas "feministas radicales trans-excluyentes" o su abreviatura, "TERFs" y son consideradas transfobicas por otras feministas.
Las feministas de la tercera ola tienden a considerar la lucha por los derechos de las personas trans como parte integrante del feminismo interseccional. Las feministas de la cuarta ola también tienden a ser trans-inclusivas. Varios estudios han encontrado que las personas que se identifican como feministas tienden a aceptar más a las personas trans a quienes no lo hacen. Algunas mujeres transgénero como Julia Serano y Jacob Anderson-Minshall defienden el concepto de transfeminismo, que concibe la liberación de las personas trans y las mujeres trans en particular como una parte integral de la lucha feminista.
Historia
Historia temprana (antes de 1989) A finales de la década de 1970, correspondientes a la segunda ola del feminismo, hubo choques notables entre feministas (especialmente las primeras feministas radicales) y mujeres trans. En 1978, una mujer trans pidió unirse a la Organización Lésbica de Toronto (LOOT). La organización se negó a admitirla y votó por no aceptar a lesbianas transgénero. LOOT escribió: "La voz de una mujer casi nunca se ha escuchado como la voz de una mujer; siempre se filtraba a través de las voces de los hombres. Así que aquí aparece un hombre diciendo: 'Voy a ser una chica ahora y hablaré en nombre de las chicas'. Y pensamos: 'No, no lo eres'. Una persona no puede unirse a los oprimidos por decreto". Otra disputa comenzó en 1973, cuando la Conferencia de Lesbianas de la Costa Oeste se dividió por una actuación programada de la cantante folclórica lesbiana transgénero Beth Elliott. Elliott se había desempeñado como vicepresidenta de la sección de San Francisco del grupo de lesbianas Daughters of Bilitis y editó el boletín informativo Sisters, pero fue expulsada del grupo en 1973 argumentándose que no calificaba como mujer.
Janice Raymond publicó el libro El imperio transexual en 1979. En él criticaba los enfoques médicos y psiquiátricos contemporáneos de la transexualidad, argumentando en cambio que "el problema de la transexualidad se resolvería mejor si se eliminara por mandato moral", y acusó a las mujeres trans de reforzar estereotipos del género. El imperio transexual también incluyó un capítulo que criticaba a "la lesbo-feminista construida transexualmente". Raymond dedicó una sección a Sandy Stone, una mujer trans que trabajó como ingeniera de sonido para Olivia Records, un colectivo discográfico feminista que empleaba solo a mujeres. El colectivo defendió públicamente a Stone, pero tras presiones renunció. Stone más tarde escribiría The Empire Strikes Back: A Posttranssexual Manifesto, una respuesta a Raymond y un trabajo importante en el campo de los estudios de género.
La tercera ola e historia contemporánea (1990-presente) La tercera ola del feminismo vio una mayor aceptación de los derechos de las personas transgénero, en parte debido a la influencia de filósofas como Kimberlé Crenshaw y Judith Butler. Estas filósofas abogaron por una mayor inclusión de otros campos (como la teoría crítica de la raza y la teoría queer) dentro del feminismo. Butler, en particular, argumentó que la liberación de las mujeres requería un nuevo cuestionamiento del género, y que aceptar a las personas homosexuales y trans promovería ese tipo de cuestionamiento.
Muchas feministas de la cuarta ola son trans-inclusivas. En el mundo de habla inglesa, las organizaciones feministas estadounidenses y canadienses, como la Organización Nacional de Mujeres y Planned Parenthood, apoyan los derechos de las personas trans. Las feministas radicales trans-exclusivas son más influyentes en el Reino Unido. En una entrevista de 2015, Catharine MacKinnon citó y estuvo de acuerdo con la cita de Simone de Beauvoir sobre "convertirse en mujer", interpretando que "cualquier persona que se identifica como mujer, quiere ser mujer, anda por ahí siendo mujer, en lo que a mí respecta, es una mujer".
Los derechos transgénero y el movimiento feminista
Feminismo trans-incluyente La filósofa Judith Butler ha abogado por la solidaridad feminista con las personas trans y que no se conforman con el género, y ha criticado a filósofas como Sheila Jeffreys, quienes de acuerdo con ella se involucran en intentos opresivos por disputar las identidad de las personas trans, llamándolas "prescriptivistas" y "tiránicas". En una entrevista de 2014, Butler defendió los derechos civiles de las personas trans: "Nada es más importante para las personas transgénero que tener acceso a una excelente atención médica en entornos trans-afirmativos, tener la libertad legal e institucional para llevar adelante sus propias vidas como lo deseen, y que el resto del mundo afirme su libertad y su deseo". Según Butler, las personas trans no son creadas por el discurso médico, sino que desarrollan nuevos discursos a través de la autodeterminación.
Kimberlé Crenshaw, autora de la teoría de la interseccionalidad, escribió: "Las personas de color dentro de los movimientos LGBTQ; las niñas de color en la lucha contra el flujo de la escuela a la prisión; las mujeres dentro de los movimientos de inmigración; las mujeres trans dentro de los movimientos feministas; y las personas con discapacidades luchando contra el abuso policial: todos enfrentan vulnerabilidades que reflejan las intersecciones del racismo, el sexismo, el clasismo, la transfobia, el capacitismo y más. La interseccionalidad les ha dado a muchos defensores una forma de enmarcar sus circunstancias y luchar por su visibilidad e inclusión". La académica estadounidense Susan Stryker escribió en 2007 que las cuestiones transgénero habían llevado a las feministas a cuestionar las nociones de sexo biológico, y que la teorización transgénero se asoció con el surgimiento de la epistemología posmoderna en el pensamiento feminista de la tercera ola. La teórica feminista, escritora y profesora Roxane Gay ha dicho que los problemas que enfrentan las mujeres marginadas y no blancas se extienden a las mujeres trans. En 2019 afirmó: "Creo que muchas feministas se sienten muy cómodas siendo anti-trans. Y eso es doloroso de ver porque deberíamos saberlo mejor, habiendo sido marginadas como mujeres a lo largo de la historia y hoy, ¿cómo nos atrevemos a marginar a otras ahora?"
Sally Hines, profesora de sociología e identidades de género de la Universidad de Leeds, escribió en The Economist en 2018 que el feminismo y los derechos trans han sido presentados falsamente como en conflicto por una minoría de feministas anti-transgénero, quienes a menudo "refuerzan el tropo extremadamente ofensivo de la mujer trans como un hombre travestido que es un peligro para las mujeres”. Hines criticó a estas feministas por alimentar la "retórica de la paranoia y la hipérbole" contra las personas trans, diciendo que las feministas anti-trans abandonan principios del feminismo, como la autonomía corporal y la autodeterminación, empleando "modelos reduccionistas de la biología y comprensiones restrictivas de la distinción entre sexo y género"ː Hines concluyó llamando al reconocimiento explícito del feminismo anti-transgénero como "una doctrina que va en contra de la capacidad de realizar una vida vivible o, a menudo, una vida en absoluto".
Feminismo crítico de género/feminismo radical trans-excluyente Las feministas que se denominan como "críticas de género" afirman que el sexo biólogico es real, importante e inmutable y que no debe ser confundido con la identidad de género. Estas feministas también son conocidas como "feministas radicales trans-excluyentes", o el acrónimo "TERF". La feminista Viv Smythe, a quien se le atribuye haber acuñado el término "TERF", ha declarado su intención como una "descripción técnicamente neutral para distinguir a las TERF de otras feministas radicales que eran trans-inclusivas o neutrales". Estas feministas prefieren el término "crítica de género" y consideran que la palabra "TERF" es inexacta o un insulto.
Susanna Rustin dice que cuestionar los roles de género, mientras se defienden los derechos basados en el sexo, es "el punto central del feminismo". Ha negado la precisión de describir a las feministas "críticas de género" como "trans-excluyentes". La filósofa Kathleen Stock plantea que la expresión "crítica del género" se orienta al contrariado de estereotipos sexistasː "Las feministas críticas de género se rebelan particularmente contra la idea, implícita en la teoría de la identidad de género, que ser mujer o hombre es un sentimiento. En lo que a ellas respecta, este sentimiento solo podría ser, en el fondo, la aplicabilidad de estereotipos asociados al sexo opresivos y dañinos". Estas feministas abogan por la abolición del género y consideran que plantear el feminismo con base en identidades de género obstaculiza ese fin.
En 2012, Sheila Jeffreys escribió en The Guardian que ella y otras feministas críticas del género habían sido objeto de campañas de intimidación en Internet. La feminista radical británica Linda Bellos fue desinvitada a un discurso de la Universidad de Cambridge en 2017 después de afirmar que las "políticas trans" buscaban afirmar el poder masculino. Al comentar sobre los superventas Material Girls: Why Reality Matters for Feminism de Kathleen Stock y Trans: When Ideology Meets Reality de Helen Joyce, Louise Perry observó que las ideas "críticas de género" se habían convertido en una corriente principal del feminismo en el Reino Unido hacia 2021. En 2021, un Tribunal de Apelación Laboral en el caso Maya Forstater contra el Centro para el Desarrollo Globall (CGD) encontró que estas posturas estaban protegidas por la Ley de Igualdad de 2010 porque "no buscaban destruir los derechos de las personas trans". El Centro describió la decisión como un "paso atrás para la inclusión y la igualdad para todos".
Temas particulares
Socialización y experiencia Algunas feministas argumentan que las mujeres trans no pueden ser completamente mujeres porque experimentaron grados de privilegio masculino. Otras ven el género como un sistema binario de clases sociales donde las mujeres están oprimidas debido a su biología. Patricia Elliot sostiene que esta visión de la socialización asume que las experiencias de las mujeres son altamente homogéneas y descarta la posibilidad de que las mujeres puedan compartir la experiencia de ser menospreciadas por su feminidad. Por su parte, la autora Emi Koyama, sostiene que, si bien las mujeres trans pueden haber experimentado privilegio masculino antes de la transición, también están marcadas por las desventajas sociales de ser trans. En Growing Up Trans: Socialization and the Gender Binary, Michelle Dietert y Dianne Dentice escriben que cuando los jóvenes encarnan roles de género no estándar o se desvían de las expectativas de su sexo asignado, el género binario se convierte en una forma de control por parte de las autoridades, logrando cumplir normas sociales sobre ellos.