Silver Apples of the Moon es el álbum debut del músico y compositor estadounidense Morton Subotnick. Fue lanzado por Nonesuch Records en julio de 1967. Contiene la composición epónima dividida en dos partes. Concebida como un escaparate para el sintetizador Buchla 100, un sintetizador analógico temprano que el compositor ayudó a desarrollar, Silver Apples of the Moon fue la primera pieza de música electrónica encargada por una compañía discográfica.

Grabada durante 13 meses, Subotnick utilizó hasta 10 horas al día en su composición, buscando crear sonidos que otros músicos no pudieran reconstruir. Subotnick tomó el nombre para álbum del poema de Yeats "La Canción de Vagabundo Aengus". La composición es de estilo experimental. La "Parte I" presenta pasajes pausados y experimentación tonal. La "Parte II" está compuesta de ritmos pulsados y secuenciados. Esto último supuso una innovación para su época. Subotnick estrenó la pieza en la noche de apertura del club nocturno Electric Circus de Nueva York.

Silver Apples of the Moon se convirtió en un éxito sorpresa, vendiendo bien en la categoría de música clásica y recibiendo buena crítica. Desde entonces el álbum ha sido considerado un hito en la música electrónica; fue el primer disco en presentar un sintetizador basado en voltaje y la primera pieza, tanto de música electrónica como de música clásica, escrita específicamente para el formato álbum. Los ritmos secuenciados del disco tienen la reputación de haber anticipado la música electrónica bailable, y se le considera como el álbum insignia de Subotnick. En una lista de 1992, la revista The Wire consideró al álbum como uno de los 100 más importantes de la historia y en 2009 la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos lo añadió a su Registro Nacional de GrabacionesWeb Extra: Silver Apples of the Moon|Studio 360|WNYC

Antecedentes Subotnick comenzó a crear música electrónica durante su época de estudiante en la Universidad Mills, en los últimos años cincuenta, periodo en el que también tocó el clarinete con la Orquesta Sinfónica de San Francisco. Cuándo se le comisionó escribir música incidental para una producción de El rey Lear, Subotnick grabó un collage con la voz del actor principal, cortando y pegando cinta durante casi un año hasta que la pieza resultante consistía totalmente en su voz. El compositor entendió que la tecnología podía crear un nuevo ambiente de composición al que se llamó "música como arte de estudio": "podrías estar componiendo música como arte de estudio. Tomé la decisión en ese momento de que esta nueva tecnología iba a permitir que todo fuera diferente. Un nuevo tipo de compositor." El nuevo interés de Subotnick en la música electroacústica lo llevó a fundar el Centro de Música de Cinta de San Francisco en 1961 con su colega Ramón Sender. En el centro, ambos músicos aspiraron a crear composiciones con sonidos que no pudieran ser producidos usando instrumentos acústicos convencionales.

En el San Francisco de los primeros años sesenta, Subotnick y Sender buscaron a un ingeniero que pudiera ayudarles a materializar sus conceptos de manipulación sonora a través de circuitos electrónicos y muy pronto encontraron a Don Buchla. Utilizando una subvención de 500 dólares por parte de la Fundación Rockefeller, crearon el sintetizador Buchla 100, un instrumento que muchos consideran el primer sintetizador análogico. Ya que la visión de sus creadores para el Buchla 100 era proveer una nueva manera de crear música, el instrumento carecía de un teclado tradicional; en cambio se concentraba en "el movimiento y manipulación de frecuencias" Subotnick recuerda: "Para mí, esto era el día cero en la evolución de la música. Una música nueva de verdad, no una nueva vieja música." El compositor percibió el instrumento como una oportunidad para radicalizar a la alta cultura tradicional, imaginando que, si el instrumento se producía en masa a bajo costo, se volvería popular en los hogares estadounidenses de clase media. El instrumento estaba definido por sus inventivos timbres, crujientes ondas sinusoides, rico contrapunto gestual y el movimiento espacial evidente en la música creada con él. izquierda|miniaturadeimagen|El sintetizador Buchla 100. Subotnick se mudó a la Ciudad de Nueva York en 1966 para trabajar en el Lincoln Center y volverse artista residente en la Universidad de Nueva York. Sospechoso de los esquemas institucionales, solicitó un espacio fuera del campus y ubicó un estudio en la calle Bleecker, en el centro de la escena artística de la ciudad. Alrededor de este periodo, Jac Holzman, un ejecutivo de la compañía discográfica Nonesuch Records, visitó a Subotnick en medio de la noche y le ofreció 500 dólares para crear un álbum electrónico. Subotnick no había escuchado hablar de la compañía y echó a Holzman de su casa creyendo que bromeaba. Al día siguiente, el compositor se dio cuenta de que la empresa era real cuando notó que poseía una edición del sello de los Conciertos de Brandenburgo en su colección. A pesar de que Subotnick pensó que había arruinado la oportunidad, Holzman regresó a su casa ofreciendo una nueva suma de 1000 dólares. Subotnick aceptó.

Silver Apples of the Moon se volvió el primer álbum electrónico encargado por un sello importante, y la primera pieza electrónica concebida específicamente para el formato de álbum. El compositor había empezado a trabajar informalmente en la composición antes de que tuviera un nombre, expandiendo y jugando con ideas. Durante la producción de Silver Apples, Columbia le ofreció un contrato a Subotnick, pero éste lo rechazó por estar bajo el compromiso de Nonesuch. Aun así, sintió que "debí haber sido único para estas personas en ese momento, porque dos compañías disqueras distintas vinieron conmigo para la misma cosa."

Producción miniaturadeimagen|Morton Subotnick (retratado con un Buchla 200e en 2012) se empeñó en crear un álbum con sonidos inimitables. Subotnick tuvo un plazo de 13 meses por parte de Nonesuch para completar Silver Apples of the Moon, y lo grabó durante los años de 1966 y 1967, trabajando de 10 a 12 horas diarias. Utilizó su estudio en la Universidad de las Artes de Nueva York. El álbum incorpora una réplica del Buchla 100 construido para Subotnick por Buchla, de modo que el compositor pudiera utilizarlo en Nueva York en vez del Centro de Cintas de San Francisco, donde ambos habían trabajado juntos. Subotnick utilizó dos magnetófonos de dos pistas, una de las cuales grababa y reproducía sonido, mientras que la otra sólo reproducía. También registró en libretas cada día de la producción. A pesar de que no utilizó ningún productor, el compositor pensó que podría obtener el mismo resultado presentando su trabajo en progreso a distintas audiencias.

El músico sintió que no usaba el Buchla 100 en Silver Apples para crear música, sino para ofrecer "una clase de sonido que encontrarías muy difícil de replicar." El instrumento le proporcionó una manera completamente nueva de crear música electrónica. Dijo: "no sabía cuáles resultados buscaba, de forma intencionada. Creía que con este nuevo instrumento entrábamos en un nuevo periodo para la composición musical, que el compositor tenía el potencial para ser un artista de estudio siendo compositor, intérprete y audiencia, todo a la vez, concibiendo la idea, creando e interpretando la idea, y luego dando unos pasos atrás y criticando los resultados." Consideró que el álbum era una pieza "bastante compleja" para un debut y comentó: "ofrecía algo que no es fácil de hacer, pero ése era el punto".

Subotnick trabajó en la pieza por secciones, cada cual podía tomar incluso ocho semanas de trabajo hasta que el autor sentía que lo había logrado. Después de completar secciones, las ponía en cinta, anotaba el patrón para poder recomenzar el trabajo después y volvía a arreglar el sintetizador para trabajar en otros elementos. La producción era desgastante; dado que Silver Apples era el primer álbum electrónico que usaba un sintetizador de voltaje, Subotnick no tuvo ningún modelo en el cual basar su creación. El autor ha comentado que el encordado básico era cablear el Buchla 100 usando cables de conexión y que sólo podría operar el aparato para hacer la música deseada después de días de trabajo. Afinar el instrumento hasta alcanzar cierto sonido deseado podía consumir diez horas al día, después de lo cual el compositor hacía diagramas de qué sonido producía cada clavija. Después grababa estos sonidos en el único magnetófono que grababa y luego, según sus propias palabras "ponía otro cableado y finalmente grababa esa configuración mezclado con lo que ya tenías en la vieja configuración, ya sea para hacerlo exagerado o para hilar fino o algo como eso."

Composición Silver Apples of the Moon está separado en dos partes, cada una ocupando una cara del vinil. Subotnick decidió que la "Parte 1" exploraría el timbre, mientras que la "Parte II", exploraría el ritmo y el pulso. Los movimientos de la grabación no están presentados necesariamente en el orden en que fueron trabajados, ya que la aproximación a la producción del compositor fue crear secciones musicales en "montones", En el interior del álbum, Subotnick escribió que la grabación estaba hecha para ser experimentada por escuchas individuales o en pequeños grupos en un ambiente íntimo, describiéndolo como "algo así como música de cámara estilo siglo XX" Se expresó sobre esta intención como "un marco de referencia bastante especial" mientras escribía el álbum, y luego explicó que la grabación tenía la intención de ser escuchada como un "viaje" El álbum enteramente electrónico usa sólo el Buchla 100, ninguna otra instrumentación, ya que el compositor intentaba que el álbum fuera uno de sus "modelos" para mostrar "cómo la síntesis podía ser usada para crear nuevos lenguajes musicales desafiantes."

El disco está considerado de estilo experimental. Según el escritor Kevin Lozano, los sonidos en Silver Apples of the Moon se parecen a "el producto residual de un experimento fallido: sus tonos espeluznantes, pulsos elípticos, batacazos enigmáticos, y olas de lamentos cibertrónicos son de otro mundo hasta el día hoy". A diferencia de otros trabajos de sintetizador contemporáneos, el álbum incorpora ganchos a su experimentación con ostinatos y riffs. El uso del Buchla 100 también habilitó la sensación improvisatoria del álbum, destacando la influencia de la "aproximación intuitiva" de Pauline Oliveros. Oliveros, uno de los colegas de Subotnick, dijo después sobre su música de la época: "actualmente secuenciar es algo que cualquiera puede hacer cuando sea, donde sea. Pero ésta fue la primera vez que podía hacerlo de esta manera. Ciertamente [Subotnick] hizo un gran uso de él [el sintetizador] y nos aconsejó ir en esa dirección, estoy seguro. Porque antes de eso, estaba cortando y pegando cinta."

Con más de dieciséis minutos, la "Parte I" es una sección lenta y taciturna, incorporando tonos "de pinchazo" que se mueven en el campo estéreo, y pasajes calmados que son abruptamente interrumpidos por ruido electrónico. La pista usa ampliamente el glissando, silbidos, sirenas y otros sonidos y tonos, y también incorpora secciones irregulares y "formas caprichosas". Las "melodías atomizadas, suspiros misteriosos y explosiones de sonido" tienen reminiscencias de composiciones electrónicas tempranas de Milton Babbitt y Karlheinz Stockhausen. La introducción a la pieza, presentando timbres ondulantes que se elevan y caen, fue la primera parte del álbum que se grabó. Un ritmo en medio de la pista emerge junto a numerosas melodías agudas encima de un ruido minimal subyacente, mientras que la coda presenta tonos de bajo lentos y graves.