thumb|250px|Jaredíes leyendo un cartel en Jerusalén. El judaísmo ultraortodoxo es una corriente interna del judaísmo ortodoxo. Los jaredíes (en hebreo: חרדים) (transliterado: jaredim) también son conocidos como judíos ultraortodoxos, o como aquellos que temen a Dios. Son judíos ortodoxos, cuya práctica religiosa es especialmente devota. Los jaredíes afirman, al igual que todo el judaísmo ortodoxo, que la Torá entregada en el monte Sinaí por Dios, con sus respectivas leyes, constituye el manual de instrucciones del mundo. En otras palabras, la Torá es el código que permite, en términos fundamentales, el comportamiento armónico de la Creación y los creados, la regulación de sus leyes y principios y los métodos que llevarán a cada individuo a unirse a Dios para disfrutar de deleite infinito, máximo objetivo de la creación del mundo.
Sin embargo, a pesar de que otros grupos judíos ortodoxos (ya sean jasídicos u ortodoxos modernos) aceptan esta afirmación, hay diferencias entre todos los grupos en cuanto al comportamiento en ámbitos no legales; es decir, en el ámbito de la cosmovisión individual y colectiva, que no está reglamentada por la Torá.
Los jaredíes suelen vivir al margen de las sociedades laicas que los rodean, incluyendo las judías, debido a que intentan poner en práctica los preceptos bíblicos en un ámbito no hostil. Hoy en día muestran una fuerte presencia en Israel, donde cuentan con sus propios barrios (e, incluso, sus ciudades), sus partidos políticos, sus comercios y sus escuelas. También existen grupos de jaredíes en muchas comunidades judías de la diáspora, particularmente en Estados Unidos y la Europa Occidental. Los jaredíes tienen sus propios periódicos, el más importante de los cuales es Hamodia (El Anunciador).
Desde finales del , el sector israelí de los jaredíes rechaza parcialmente la «modernidad» occidental, tanto en lo que se refiere a costumbres como en lo que toca a la ideología. Sin embargo, esta postura no es unánime en el mundo jaredí. Por caso, aquellos oriundos de EE. UU. poseen una visión más inclusiva de la modernidad que la que prevalece entre los israelíes.
Ortodoxos y ultraortodoxos
Los sociólogos israelíes suelen distinguir entre los laicos (poco interesados por la religión, aunque no necesariamente antirreligiosos), los tradicionalistas (cuya práctica religiosa es parcial), los ortodoxos (de práctica religiosa estricta, aunque inmersos en el mundo moderno) y los ultraortodoxos o jaredíes (de práctica religiosa estricta, que rechazan ciertas formas de modernidad, fuerte voluntad de separatismo social: vestimenta específica, barrios específicos, instituciones religiosas específicas).Según un sondeo llevado a cabo en diciembre de 2003 y enero de 2004, unos 7616 israelíes de más de 20 años, el 8 % de la población judía israelí es jaredí, el 9 % ortodoxa "moderna", el 39 % tradicionalista y el 44 % laica. Estas cifras serían de un 13 % de jaredíes y un 52 % de laicos entre los judíos israelíes nacidos en el Estado de Israel y no en el extranjero. Los religiosos liberales (tanto reformistas como conservadores o masortíes), ambos mayoritarios fuera de Israel, no son muy numerosos en Israel ni han sido tenidos en cuenta en este estudio.
Según una tendencia marcada desde hace varias décadas, el número de ortodoxos "modernos" y tradicionalistas disminuye, a la vez que crece el número de jaredíes y el de laicos: 6 % de jaredíes y 42% de laicos en 2002. Esta progresiva polarización hace temer a muchos observadores una división cada vez mayor con el tiempo de la sociedad judía israelí.
El nivel de vida de los jaredíes es generalmente inferior: un 29 % de los jaredíes declara que su familia posee un solo automóvil, frente a un 73 % de los laicos. El 27 % de los jaredíes declara vivir en viviendas superpobladas, frente a un 2 % de los laicos en un sondeo del The Jerusalem Post del 10 de abril de 2006.
Los jaredíes no se definen a sí mismos como ultraortodoxos, sino como judíos ortodoxos jaredíes ("los que tiemblan", en el sentido de "los que tiemblan ante Dios", o “los que temen a Dios"). La raíz de la palabra jaredí es jarada, la palabra más rotunda en hebreo para designar el miedo, indicando que un jaredí se siente "aterrorizado" ante la idea de violar cualquiera de las 613 mitzvot.
Los ortodoxos "modernos" y los jaredíes no se diferencian en nada desde el punto de vista teológico, pero sí en su modo de vida y orientaciones políticas.
Origen de la divergencia entre ortodoxos y ultraortodoxos thumb|Rollo de la Torá. Durante siglos no existía el concepto de judaísmo ortodoxo, puesto que para ello hubiera sido necesaria la existencia de un judaísmo heterodoxo. De hecho, este judaísmo heterodoxo existía (por ejemplo, los karaítas), aunque su relevancia no era lo suficientemente significativa como para dar origen a una denominación específica.
En el , la llegada a Occidente de la modernidad hace que se produzcan fuertes evoluciones en el judaísmo, primero en Alemania y más adelante en toda Europa. De modo particular aparece durante la primera mitad del en Alemania el Judaísmo reformista, que defiende la autonomía individual en lo relativo a la interpretación de los preceptos religiosos (en hebreo: מצוות mitzvot). El "judaísmo ortodoxo" se ve, pues, obligado a definirse como salvaguardia de lo que este interpreta como "tradición religiosa" ante este "nuevo" fenómeno.
Pero la cuestión de la "modernización" de la religión judía no fue la única que ocasionó la fractura. Fue el tema de la modernización de las sociedades judías en su conjunto (en lo relacionado con las estructuras sociales, con las estructuras de poder y con las relaciones con el Estado) el que se planteó. Y ahí, las respuestas entre los distintos grupos ortodoxos no fueron unánimes.
A partir de la segunda mitad del , la corriente llamada neoortodoxa alemana, siguiendo al rabino Samson Raphael Hirsch (1808-1888), teoriza acerca de un moderado acercamiento a la modernidad técnica y social. Según esta teoría, los judíos no deben alejarse de sus valores, pero pueden participar en la vida social del entorno en el que se mueven. En cambio, y contrariamente a los reformistas (y a los asimilacionistas), que consideran que el hecho religioso judío debe permanecer en el ámbito privado, la nueva ortodoxia afirma que los judíos también deben existir como colectivo organizado, por lo que deben rechazar asimismo aquellos aspectos del mundo moderno que sean contrarios a los 613 mitzvot (mandatos) reunidos por la tradición.
Sin embargo, otra corriente rechazó frontalmente la entrada en las sociedades occidentales consideradas opuestas por sus valores a la tradición judía. Esta corriente apareció sobre todo en el este de Europa. Aceptó algunos aspectos de la modernidad técnica, pero rechazaba casi todos los aspectos relacionados con la "modernidad" social o política: nacionalismo, democracia, salida del gueto, entre otros aspectos.
En un primer momento, los ortodoxos permanecieron bastante unidos. Así, la nueva ortodoxia alemana y los conservadores del este de Europa fundaron conjuntamente el movimiento Agudat Israel en 1912 en Polonia. Se vieron afectados por el peligro que corren los judíos religiosos en general, por lo que se unieron. Ambos grupos rechazan el sionismo, la asimilación, el socialismo, el ateísmo y otros conceptos modernos. Pero en el periodo de entreguerras se acentúan las divergencias entre ortodoxos "modernos", más o menos influenciados por las tesis del rabino Samson Raphael Hirsch, y los conservadores. Se puede ya hablar en ese momento de la existencia plenamente asumida de una rama específica: la ultraortodoxia. Los ortodoxos "modernos" abandonaron Agudat Israel en esa época.
Características específicas del mundo jaredí El mundo jaredí tiene hoy numerosas características específicas, tanto respecto a los no judíos (o gentiles) como respecto a los judíos laicos y a los judíos religiosos ortodoxos "modernos".
El poder thumb|Rabinos dirigentes de la dinastía de los jasidíes de Chernóbil. Se aplican dos principios fundamentales en el mundo jaredí: Daat Torah, "lo que dice la Torá", y Emunat Jajamim, "la fe en los sabios". "Con esto hay que entender un sistema [...] en el que todos los pensamientos, todas las acciones están gobernadas por los textos sagrados. No hay posibilidad alguna de combinarlos con ninguna otra fuente de inspiración, con otra filosofía. Y la Ley religiosa no existe para regular una parte específica de la vida, sino la vida en su integridad."Israel, los hombres de negro Estos dos principios absolutos tienen varias consecuencias:
Por una parte, la sagrada Torá debe ser la fuente de cualquier tipo de legislación, y el rechazo del Estado judío a aceptar este principio le quita toda legitimidad (ver el capítulo acerca de las relaciones con el sionismo). Por esa misma razón, no debe existir constitución en Israel. De hecho, el movimiento sionista aceptó este principio y solo instituyó "leyes fundamentales".Religión y Estado en Israel La distinción es simbólica, pero importante para los jaredíes.
La democracia es un principio de funcionamiento que sitúa la opinión de la mayoría por encima de Dios. La democracia no molesta a los jaredíes cuando afecta a los que no son judíos (que tienen libertad de hacer lo que les plazca). Pero entre los judíos, es un cuestionamiento manifiesto de Daat Torah y de Emunat Jajamim.
Por último, todo judío piadoso debe tener un rabino que guíe su vida, hasta en los menores detalles. Son "sabios" o "grandes de la Torá", o "luminarias" o "decisores" y tienen poder absoluto sobre su grey. A menudo son objeto de un verdadero culto a la personalidad, al "tener acceso al 'conocimiento supremo', saben lo que sucederá a largo plazo, en un nivel superior".
En la práctica, las comunidades jasidíes (una de las dos corrientes principales del judaísmo jaredí) tienen un referente supremo, su admor o rebbe. El referente de los rabinos jaredíes de la tendencia "lituana" es su jefe de yeshivá (generalmente aquella en la que han estudiado). Estos mismos jefes de yeshivot pueden, por su parte, rendir cuentas a un jefe de yeshivá con más prestigio. Admor o jefe de yeshivá, los "grandes" con frecuencia son ancianos y en general viven aislados, sin leer la prensa ni ver la televisión. Algunos de ellos no salen prácticamente nunca a la calle, y aún menos de los barrios específicos en los que residen. Su información acerca del mundo exterior pasa casi siempre por el filtro de un entorno reducido, que consigue de ese modo poder e influencia. Los mayores sabios viven en Israel y Estados Unidos. Teniendo en cuenta su influencia sobre los partidos religiosos israelíes (muchos jaredíes israelíes dependen de un "sabio" estadounidense, o viceversa), los políticos de Israel tratan siempre de tenerlos a su favor.
Por encima de los propios "grandes" no hay nadie, salvo en cierta medida, el "consejo de los grandes" de los tres partidos religiosos (cuando se unen, lo que no siempre es el caso, ver el apartado sobre política). El gran rabinato israelí no tiene verdadera influencia sobre ellos. Esta instancia sin capacidad de decisión suprema puede conducir a enfrentamientos a veces virulentos, llegando incluso en ocasiones a la violencia física entre los seguidores de una "luminaria" u otra, siempre convencidos de la absoluta superioridad del punto de vista de su "sabio".
Daat Torah y Emunat Jajamim existen también entre los ortodoxos "modernos", pero el poder del rabino referente se limita sobre todo al terreno religioso, no a los demás (para los jaredíes todo es religioso). En Israel, los ortodoxos "modernos" reconocen en general la autoridad del gran rabinato israelí.
El separatismo thumb|left|Consulta de carteles en el barrio jaredí de Mea Shearim (Jerusalén) en 2006. Los murales son una vía tradicional de comunicación de las posturas de los rabinos en los barrios ultraortodoxos.