La civilización caral (antiguamente la civilización del Norte Chico) fue una sociedad compleja de la América precolombina, que se desarrolló aproximadamente entre 3500 y 1800a. C., en el área norcentral del actual Perú. Se la considera como la más antigua civilización de América y uno de los seis focos o sitios donde la civilización se originó por separado en el mundo antiguo.

Esta civilización floreció a lo largo de los valles de tres ríos que recorren la provincia de Barranca, al norte de Lima: el Fortaleza, el Pativilca y el Supe, cada uno de los cuales cuenta con varios sitios o yacimientos arqueológicos de dicha época, siendo el de más antigüedad el sitio de Huaricanga (Fortaleza), fechado en el 3500a. C. Más al sur, en el valle del Huaura, existen también sitios asociados. Pero de todos esos valles destaca el de Supe, en donde en apenas 40 kilómetros desde el mar, se han identificado unos veinte asentamientos de esta civilización, siendo el de mayor dimensión y complejidad la llamada ciudad de Caral, cuyo fechado radiocarbónico más antiguo es de 2700a. C. De este sitio es de donde se deriva el nombre dado a la civilización, así como a su sociedad y a su cultura. Civilización caral refiere al sistema de entidades políticas complejas que manejaron sus propios territorios en el área norcentral peruana, con gobernantes y gobernados asentados en centros urbanos y ciudades. Sociedad caral trata sobre la organización social compleja centrada en el valle de Supe durante el tiempo de la civilización caral. Cultura caral nombra a las formas culturales (materiales e interpretaciones a partir de esa materialidad) identificadas a partir de las investigaciones arqueológicas sobre la sociedad caral. Ciudad Sagrada de Caral es el nombre de la ciudad principal, ubicada en el valle de Supe, que se desarrolló durante la civilización caral. Destaca también el sitio de Áspero, en la desembocadura del Supe, que estuvo muy vinculado a la ciudad de Caral.

Los estudios rigurosos han demostrado que esta civilización fue contemporánea de otras civilizaciones primigenias del mundo, como las de Egipto, India, Sumeria o China, pero a diferencia de ellas (que intercambiaron sus logros), Caral se desarrolló en completo aislamiento sin recibir los aportes de otras civilizaciones. En América, Caral es la más antigua de las civilizaciones prehispánicas, superando en edad a la cultura olmeca de Mesoamérica, que anteriormente era considerada como la más antigua civilización americana. Supera también en antigüedad a la cultura chavín (1200-200a. C.), que durante mucho tiempo había sido considerada como la primera alta cultura o cultura madre del Antiguo Perú. Actualmente, según todos los indicios, se puede afirmar que a partir de la civilización caral se originó la civilización andina.

En la cronología arqueológica, Caral es una cultura precerámica del Arcaico Tardío precolombino. Es decir, carecía de cerámica, que suplía con otros materiales. Muestras de su arte son pequeñas estatuillas antropomorfas moldeadas en arcilla. También cultivaban la música, pues se han hallado instrumentos musicales de huesos de aves (flautas y quenas). Su logro más impresionante fue su arquitectura monumental, que incluía grandes pirámides de plataformas superpuestas y plazas circulares hundidas. Utilizaron técnicas constructivas como la de los shicras. La evidencia arqueológica sugiere también que desarrollaron la tecnología textil, a base de fibra de algodón y de otros vegetales. Se presume que se requirió de un gobierno sofisticado para administrar todo ese ámbito territorial.

Los arqueólogos ya conocían los sitios antiguos del área de Caral desde al menos la década de 1940. Los primeros trabajos se realizaron en Áspero, en la zona costera donde desemboca el río Supe, un sitio identificado ya desde 1905. Más tarde, en 1948, se identificó el sitio de Chupacigarro, situado más hacia el interior del valle. A mediados de la década de 1990, la zona fue estudiada por un equipo de arqueólogos peruanos encabezados por Ruth Shady, directora del Proyecto Arqueológico Caral, posteriormente convertido en el Proyecto Especial Arqueológico Caral-Supe. Este equipo enfocó su investigación en Chupacigarro Grande, cuyo nombre fue cambiado por el de Caral, y con sus trabajos proporcionó la primera documentación extensa de esta civilización, a la que denominaron Caral-Supe. Un artículo de 2001 en Science, que ofrece un estudio de la investigación de Caral, y un artículo de 2004 en Nature, que describe el trabajo de campo y la datación por radiocarbono en un área más amplia, reveló la plena importancia de Caral-Supe y condujo a un interés generalizado por su investigación. Paralelamente han trabajado en el resto de valles de la zona el equipo de arqueólogos del Proyecto Arqueológico Norte Chico, encabezado por los estadounidenses Jonathan Haas y Winifred Creamer.

Ubicación geográfica Según la tesis de Shady y su equipo, el área de desarrollo e influencia de la civilización caral, es la llamada área norcentral peruana o Norte Chico, de 400 por 300 km, que comprende los valles de la costa (Santa, Nepeña, Sechín, Culebras, Huarmey, Fortaleza, Pativilca, Supe, Huaura, Chancay y Chillón), los callejones serranos de Huaylas y Conchucos junto con el altiplano de Junín, y las cuencas de los ríos Marañón, Huallaga y las cabeceras del Ucayali en la selva.

En toda esta área destaca claramente el valle de Supe, ubicado en la provincia de Barranca, departamento de Lima, donde en apenas 40 kilómetros desde el mar, se han identificado 25 asentamientos de esta civilización, cuyas extensiones van de 0,16 hectáreas hasta casi 80 hectáreas. Ocho de ellos son los de mayor tamaño, entre los que destaca nítidamente por su complejidad la ciudad sagrada de Caral, de la que deriva el nombre de la cultura. Fue, sin duda, la capital de la región. Los otros asentamientos con construcciones monumentales son Pueblo Nuevo, Cerro Colorado, Allpacoto y Llapta (en la margen derecha del Supe); y Lurihuasi, Miraya y Chupacigarro (en la margen izquierda). En el litoral cercano a la desembocadura del Supe destaca Áspero, que fue según todos los indicios la ciudad pesquera de Caral.

Ya antes del descubrimiento de esta cultura, se conocía la existencia de diversos asentamientos precerámicos a lo largo de esa área norcentral peruana, a partir de los cuales se había planteado la existencia de organizaciones sociales de nivel jefatural. Destacan los de La Galgada, en el callejón de los Conchucos, Piruro en el Marañón, Huaricoto en el callejón de Huaylas, Kotosh en el Huallaga, Las Haldas en Casma, Los Gavilanes en Huarmey, Áspero en Supe, Bandurria y Río Seco en Huaura y El Paraíso en el Chillón.

Cronología En la cronología arqueológica, la civilización caral corresponde al denominado Formativo Inicial (antes Arcaico Tardío o Precerámico Tardío), aproximadamente entre el 3500 y 1800 a. C. Hay que distinguir los fechados radiocarbónicos obtenidos en la ciudad de Caral, el más antiguo de los cuales es de 2700a. C. (aunque Shady menciona siempre el 3000a. C. como su mayor antigüedad), de otros obtenidos en los yacimientos del Norte Chico, estudiados por el equipo de arqueólogos encabezados por Jonathan Haas, que han arrojado fechados más antiguos, que tentativamente llegan al 3500a. C., como es el caso del sitio de Huaricanga, en el valle de Fortaleza.

Esta antigüedad se ha confirmado a través de múltiples fechados radio carbónicos realizados en los Estados Unidos.

El hallazgo de Caral cambió así los esquemas que hasta entonces se tenían sobre el surgimiento de las antiguas civilizaciones americanas. Anteriormente se consideraba a Chavín de Huántar como el foco cultural de más vieja data del Antiguo Perú, con un máximo de 3200 años de antigüedad (1200-200a. C.).

Características generales Aunque en lugares como Valdivia, en Ecuador, se producía cerámica desde 4000 a. C., en Caral no se utilizó; de allí viene la denominación de precerámica, aunque la doctora Ruth Shady, su descubridora, prefiere hablar de acerámica (sin cerámica), pues al disponer los antiguos pobladores de Caral de una gran cantidad de mates (cucurbitáceas) que usaban como recipientes, no necesitaban de la alfarería.

El logro más impactante de esta primera civilización fue la construcción de extensas ciudades, con edificios monumentales, construidos de una manera muy ingeniosa con piedra, barro y materiales vegetales, en cestos tejidos y cerrados con dimensiones y pesos muy variados (shicras) pero bastante homogéneos para facilitar las labores de acuerdo a la fortaleza física de sus albañiles y constructores. Las formas predominantes son las pirámides escalonadas, las plazas circulares o semicirculares hundidas en los frentes, con escaleras que daban acceso a la cima, donde se observan habitaciones y espacios para rituales y ceremoniales.

La evidencia arqueológica muestra también una significativa producción agrícola de algodón para redes de pesca y prendas tejidas en técnica torzal, así como muy sofisticadas expresiones de arte musical en la confección de flautas con figuras incisas de animales míticos que sugieren un carácter religioso.

Las diferencias de tamaño entre los asentamientos y sus edificios evidencian jerarquía entre las poblaciones que los ocuparon, e incluso la existencia de una organización política que hizo posible su construcción.

Descubrimiento thumb|left|Arqueóloga peruana Ruth Shady en Caral, 2014 Los arqueólogos conocían la existencia de sitios monumentales en el valle de Supe desde principios del (por ejemplo, Áspero fue estudiado por Max Uhle en 1905 y Julio César Tello en 1937, y por Willey y Moseley en los 60's. "We see the site as a 'peaking' of an essentially non-agricultural economy. Subsistence was still, basically, from the sea. But such subsistence supported a sedentary style of life, with communities of appreciable size.") El mismo sitio arqueológico fue explorado en 1948 por Paul Kosok y Richard Schaedel, y publicado con su nombre original Chupacigarro, diecisiete años después, aunque ninguno de los dos exploradores pudo determinar su antigüedad. Frederic Engel estudió el lugar en los años 1970, e informó de la naturaleza precerámica del sitio en 1987, sin embargo sus afirmaciones no fueron aceptadas por los arqueólogos, como puede verse en la literatura arqueológica, hasta 1997.

En 1994 Ruth Shady inició una prospección en el valle de Supe, con excavaciones en 1996, cuyos resultados publicó en 1997, afirmando abiertamente la naturaleza precerámica de la ciudad sagrada de Caral, y de la primera civilización andina. Esta afirmación fue nuevamente recibida con escepticismo y rechazo por parte de los arqueólogos. Sin embargo, con el avance de las investigaciones y nuevas publicaciones, así como las varias y sucesivas decenas de pruebas de radio carbono 14, quedaría finalmente demostrada la antigüedad, originalidad y naturaleza acerámica de la civilización caral.

El Área Norcentral Peruana, territorio formativo de la civilización andina La región andina ha sido reconocida como una de las seis áreas del mundo donde tuvo lugar el desarrollo indígena de la civilización, siendo una de las únicas dos zonas del Hemisferio Occidental, junto con Mesoamérica, donde tal evento se desarrolló pero en forma aislada una de otra por el espacio y el tiempo: los Olmecas aparecieron 2000 años más tarde que Caral. Lo cierto es que Caral-Supe ha ampliado el horizonte de las civilizaciones complejas en la región peruana por más de una docena de siglos. La cultura Chavín, ca. 900 a. C., durante mucho tiempo fue considerada la primera civilización del subcontinente sudamericano y es aún citada como tal, de una manera regular, en numerosos trabajos generales. The implied laggardness appears disproven by Norte Chico; in his work, Mann is sharply critical of the inattention provided the Pre-Columbian Americas.