miniatura|Fachada del Palacio de Caserta.
El Palacio Real de Caserta (en italiano Reggia di Caserta) es un palacio barroco situado en Caserta, en la región italiana de Campania. El edificio fue encargado por el rey Carlos VII para que sirviese de centro administrativo y cortesano del nuevo Reino de Nápoles, al tiempo que símbolo del poder real. El monarca quiso dotar a la dinastía Borbón-Dos Sicilias de una residencia real y capital administrativa de la talla de Versalles.
El proyecto fue encargado al reconocido arquitecto napolitano Luigi Vanvitelli, que no solo edificó el palacio, sino también la ciudad y los jardines, el estilo predominante sería un Barroco racionalista, muy próximo al Neoclasicismo temprano. No obstante, Carlos jamás vio su proyecto finalizado, pues en 1759 hubo de partir de Nápoles para ocupar el trono español a la muerte de su hermano Fernando VI. A partir de 1780, el palacio pudo empezar a usarse como residencia campestre por su hijo Fernando IV. Los demás monarcas del Reino de las Dos Sicilias le dieron el mismo uso hasta que pasó a manos de la Casa de Saboya tras la caída del reino y su incorporación a la Italia unificada en 1860.
El rey Víctor Manuel III lo donó al Estado en 1919 y, desde 1926, una parte del edificio alberga la Academia Aeronáutica. El palacio, junto con los jardines y el complejo arquitectónico de San Leucio, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997. En la actualidad es un museo abierto al público y ha sido empleado en varias ocasiones como escenario para películas de ficción.
Historia Los orígenes (1742-1747) miniatura|Carlos de Borbón, Infante de España, Rey de Nápoles y Sicilia de Giuseppe Bonito. Como soberano napolitano, luce la venera del Toisón de Oro y la banda de la Orden de San Jenaro. En el año 1734, en el contexto de la guerra de sucesión polaca, Carlos de Borbón, tercer hijo de Felipe V y su segunda mujer, Isabel Farnesio, conquistó los reinos de Nápoles y de Sicilia, que habían estado bajo dominio austriaco desde la guerra de sucesión española. No obstante, el Tratado de Viena (1738) estipuló que Nápoles y Sicilia debían formar un estado único e independiente que no podría estar bajo la soberanía de la Corona de España.
A lo largo de su reinado, y especialmente a partir de 1746, Carlos de Borbón emprendió numerosas transformaciones políticas, culturales y sociales para la modernización del reino, reformando la obsoleta administración de sus territorios y quitando poder a la nobleza y la Iglesia para centralizarlo en la corona.
Uno de sus principales proyectos fue la creación de una residencia real que sirviese de sede cortesana y gubernamental del nuevo reino, siguiendo el ejemplo del palacio de Versalles en Francia. El ambicioso proyecto se planteó por primera vez en agosto de 1742, después de que la flota inglesa hubiera amenazado Nápoles durante la guerra de sucesión austriaca. No obstante, no volvería a plantearse hasta 1747, año en que el nacimiento del príncipe Felipe Antonio de Borbón garantizó el afianzamiento y la continuidad de la dinastía.
El emplazamiento elegido fue la llanura de Caserta al norte de Nápoles, propiedad de Michelangelo Gaetani d'Aragona, conde de Caserta, que fue comprada en 1750 por ducados.Cioffi: Casa di Re - Un secolo di storia alla Reggia di Caserta 1752-1860, pág. 10. Mientras se construía el nuevo palacio, la familia real se instaló en la antigua residencia de los Gaetani, el Palazzo Vecchio, que durante 30 años (de 1750 a 1780) fue la sede de la corte durante los meses invernales, de enero hasta Semana Santa, cuando la corte retornaba a Nápoles.
El proyecto (1747-1751) El ambicioso proyecto del rey no se limitaba a la edificación de un palacio, sino a crear una nueva ciudad que tuviese todos los adelantos urbanísticos de la época y fuese la capital más avanzada de toda Europa. Se barajaron muchos nombres de arquitectos para recibir el singular encargo, como Ferdinando Fuga o Nicola Salvi, aunque finalmente se tomó la decisión de contratar al arquitecto napolitano Luigi Vanvitelli. miniatura|La Caserta utópica diseñada por Vanvitelli vista desde la ciudad.Vanvitelli era protegido de los papas Clemente XII y Benedicto XIV, para los que trabajó intensamente en la región de Ancona, luego, a las órdenes de este último, trabajaba en Roma preparando el jubileo de 1750. El rey Carlos hizo una visita a los Estados Pontificios, con el fin de pedir permiso al papa para contratar a su protegido,Esta no fue la principal razón de su viaje, pues otros factores fueron más importantes como el reconocimiento de Carlos como rey de Nápoles por la Santa Sede, tras su conquista durante la Guerra de Sucesión polaca objetivo que finalmente logró. En 1751, Vanvitelli presentó su proyecto a don Carlos, que quedó gratamente satisfecho del mismo. En él también participarían los discípulos de Vanvitelli, entre ellos Francesco Sabatini, que luego emprendería también proyectos en Madrid. El palacio proyectado era un edificio de enormes dimensiones, de planta rectangular, con una superficie de metros cuadrados, 1200 habitaciones y cinco plantas (plata baja, entresuelo, dos piano nobile y un ático). Las dos primeras plantas presentarían un acabado almohadillado típico de la arquitectura palaciega, mientras que los piano nobile se remarcarían con columnas colosales en tres resaltos, uno central y dos en los extremos. De este modo, la estructura y organización interiores podrían ser observadas desde el exterior. El espacio interior lo conformaría un pabellón central del que arrancarían cuatro alas que crearían cuatro patios interiores. miniatura|La Caserta utópica diseñada por Vanvitelli vista desde el jardín. Alrededor del palacio se erigía una ciudad siguiendo el modelo versallesco: una gran plaza oval serviría de cour d'honneur del palacio y de elemento articulador de ciudad, mientras que por detrás se extendería un jardín con parterres que culminaría en un perspectiva compuesta por grandes cascadas. Plaza y jardín serían visualmente conectados a través de un "gran pórtico" que recorrería la planta baja del palacio, a modo de perspectiva escénica que también cumpliera las exigencias ceremoniales. Vanvitelli supo alcanzar el objetivo del rey, emular sus dos palacios favoritos: Versalles y La Granja de San Ildefonso.
En 1756, para dar a conocer su proyecto, Vanvitelli publicaría una recopilación de grabados con planos, alzados y detalladas explicaciones llamado Dichiarazione dei disegno del reale palazzo di Caserta. La publicación constituye una obra fundamental para conocer las ambiciosas ideas del arquitecto, muchas de las cuales jamás se llegarían a realizar.
La primera fase de la construcción (1752-1759) El 20 de enero de 1752, coincidiendo con el aniversario del nacimiento del rey, se puso la primera piedra del Palacio de Caserta.Cioffi: Casa di Re - Un secolo di storia alla Reggia di Caserta 1752-1860, pág. 15. Varios regimientos de infantería fueron dispuestos de modo que señalaran el contorno que tendría el futuro palacio y, en el centro, se erigió un pabellón de terciopelo carmesí donde se situaron el rey Carlos, la reina María Amalia, el primer ministro Tanucci y el nuncio apostólico Luigi Gualterio, así como otros miembros de la familia real, caballeros y gentilhombres de la corte y ministros y embajadores extranjeros. Después de la bendición del nuncio, se enterró la primera piedra, en cuyo interior se habían puesto varios medallones de oro con inscripciones laudatorias. miniatura|La ceremonia de la primera piedra representada en un fresco del Salón del Trono (1846) por Gennaro Maldarelli. El rey había proyectado que todo el conjunto casertano fuera terminado en diez años, por lo que los trabajos avanzaron con rapidez gracias a un gran apoyo económico: cada año las obras recibían medio millón de ducados, de un presupuesto total estimado en 5 millones de ducados, que pronto fue considerado como insuficiente.
No obstante, en 1759, el rey tuvo que partir a España para ocupar el trono tras la muerte de su hermano Fernando VI, lo que supuso un estancamiento en las obras del palacio. Por un lado, el nuevo monarca Fernando IV solo tenía ocho años de edad; por el otro, el nuevo regente Tanucci no sentía gran interés por el proyecto, reduciendo la plantilla de obreros a la mitad.Cioffi: Casa di Re - Un secolo di storia alla Reggia di Caserta 1752-1860, pág. 17.
El parón y la recuperación (1759-1780) El propio Vanvitelli se lamentaba de la marcha del rey Carlos y del estancamiento del proyecto – «Las obras darán un magnífico resultado, pero ¿para qué sirve? El Rey Católico se mostraba muy interesado en el palacio, ahora somos ignorados»;Jacobitti: Il Palazzo Reale di Caserta, pág. 8. así como del poco apoyo que recibía por parte del gobierno de la maligna creatura, nombre que daba a Tanucci. A pesar de todo, el arquitecto se mantenía ilusionado con la construcción del palacio. En 1766, aunque las obras no habían acabado, Ferdinando Galiani quedó extasiado ante la belleza de la construcción, juzgándola aún más bella que Versalles.Jacobitti: Il Palazzo Reale di Caserta, pág. 12. miniatura|Luigi Vanvitelli de Giacinto Diano. El arquitecto porta en su mano izquierda un compás, símbolo de su profesión, mientras que un lienzo posterior representa a la alegoría de la fama.Un año más tarde, a raíz de la mayoría de edad de Fernando IV y de la erupción del Vesubio que había amenazado el palacio real de Portici, las obras en Caserta cogieron un nuevo impulso, con un incremento del presupuesto de las obras y de la plantilla. Dos años después, durante el carnaval de 1769, Fernando IV y su nueva esposa María Carolina de Austria inauguraron el primer interior del palacio en finalizarse, el Teatro de Corte. Fue el único espacio que vio terminado Vanvitelli, que falleció en 1773 y dejó a su hijo Carlo a cargo del último tramo de la construcción del palacio, aunque su talento artístico era inferior al de su padre.Jacobitti: Il Palazzo Reale di Caserta, pág. 14
El 7 de octubre de 1780, después de treinta años viviendo en el Palazzo Vecchio de Caserta, la familia real y la corte pudieron trasladarse al fin al nuevo palacio, que aún distaba mucho de estar terminado. No queriendo esperar a la finalización de los cuartos del rey y de la reina, Fernando IV y María Carolina decidieron instalarse en los cuartos en origen destinados a los príncipes, actualmente denominados Appartamento Vecchio o del Settecento. La capilla Regia fue inaugurada en la Navidad de 1784.
Desde entonces, el Palacio Real de Caserta sería una residencia habitual de los soberanos de las Dos Sicilias junto a los palacios de Nápoles, Portici y Capodimonte, aunque nunca llegó a ser la idílica nueva capital con la que había soñado el rey Carlos de Borbón, no solo amplias partes del palacio quedaron incompletas, como los interiores o los torreones, sino que también el grandioso proyecto urbanístico fue abandonado.Cioffi: Casa di Re - Un secolo di storia alla Reggia di Caserta 1752-1860, pág. 154. Cuando las obras se clausuraron oficialmente en 1847, el capital invertido ascendía a ducados, pues se habían empleado los materiales más lujosos: toba de San Nicola la Strada, travertino de Bellona, cal de San Leucio del Sannio, puzolana de Bacoli, azulejos de Capua, hierro de Follonica, mármol gris de Mondragón y mármol blanco de Carrara.
La residencia real entre Fernando IV y Murat (1780-1815) miniatura|Idílica representación del jardín inglés de la reina María Carolina en Caserta, pintado por Jacob Philipp Hackert en 1797.