José Hernández Díaz (Sevilla, 8 de mayo de 1906 – ibidem, 14 de octubre de 1998) fue un historiador del arte, académico, catedrático universitario y político español, que durante su vida fue rector de la Universidad de Sevilla, director general de Enseñanza Universitaria y de Investigación, alcalde de la ciudad de Sevilla y presidente de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. Gran erudito, centró sus investigaciones en el barroco andaluz, siendo uno de los mayores expertos en la obra de Juan Martínez Montañés y Juan de Mesa.
Biografía
Formación Nació en el seno de una familia ligada al barrio de Triana e hizo los estudios de bachillerato en el Instituto General y Técnico, nombre con que se conocía al Instituto San Isidoro. Lo cursó con notas brillantes durante los años 1916 y 1922.
Tras ello pasó a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla, donde cursó la licenciatura en la sección de historia entre los años 1922 y 1926. En este sentido, Francisco Murillo Herrera, fundador y director del laboratorio de arte, fue un maestro fundamental para él. Su expediente académico fue brillante: en todas las asignaturas obtuvo la máxima calificación y el premio extraordinario. En septiembre de 1926 obtuvo el premio extraordinario de licenciatura, con el tema “Carlos V de Alemania y Francisco I de Francia, su rivalidad y sus guerras”.
Siguiendo la legislación de la época, que reservaba a la Universidad Central de Madrid el derecho de otorgar el doctorado, lo cursó en aquella universidad teniendo por directores de tesis a los historiadores del arte Elías Tormo y Manuel Gómez-Moreno y leyéndola en 1940, con el título: “Iconografía hispalense de la Virgen Madre en la escultura renacentista”.
Asimismo, completó la licenciatura en derecho entre 1922 y 1931.
Inicios en la docencia y la investigación En 1930 se encontraba como profesor auxiliar temporal de Lógica y Teoría del Conocimiento y de Historia del Arte en la Facultad de Filosofía y Letras de la hispalense y en 1933 como encargado de la cátedra de Introducción a la filosofía.
Entre 1936 y 1942 fue catedrático del recién creado Instituto de Enseñanza Media Murillo, en la asignatura de filosofía. Llegaría a ser el director entre 1939 y 1942 y en 1940 ganó la cátedra de Historia del Arte en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, aunque en virtud de concurso de traslado fue el encargado de reorganizar, en la misma cátedra, la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, que se renombró como Escuela de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría y de la que fue primer director entre 1940 y 1976 y luego director honorario. En 1978 se convertirá en la actual Facultad de Bellas Artes.
En otro orden de cosas, el cardenal arzobispo de Sevilla, Pedro Segura y Sáenz, lo nombró, en 1940, profesor de Arqueología Sagrada e Historia del Arte en el Seminario Metropolitano de San Francisco Javier y San Isidoro, siendo el primer seglar nombrado para tal cargo, que retuvo hasta el año 1966.
En el periodo que comprende los años 1946 y 1950 fue encargado sucesivamente de las cátedras de Fundamentos de la Filosofía e Historia de los Sistemas Filosóficos, y de Historia General del Arte, vacante por la jubilación de su maestro, así como profesor adjunto provisional de Arqueología e Historia General del Arte Moderno y Contemporáneo y de Historia del Arte Hispanoamericano.
Consolidación en la universidad y en la política En 1950, por oposición obtiene en propiedad la cátedra de Historia General del Arte, que ocupó hasta que en 1969 obtuvo la de Historia del Arte Español que mantuvo hasta su jubilación.
En 1951 fue designado vicerrector de la Universidad de Sevilla (siendo rectores Carlos García Oviedo primero y Juan Manzano Manzano después), cargo que llegaba aparejada la presidencia de la Junta de Obras para trasladar la Universidad desde su antigua sede en la calle Laraña, en el edificio que en tiempos fuera casa profesa de la Compañía de Jesús, hasta su sede, en la antigua Fábrica de Tabacos en la calle San Fernando. Tal tarea fue su principal labor esos años.
En 1955 accedió al cargo de rector de la Universidad de Sevilla. Durante este periodo, que se dilató hasta 1963, terminó de adaptarse el monumental edificio universitario y entre otras muchas medidas se creó el Hospital Universitario Virgen Macarena, que llegó a llamarse “Rector Hernández Díaz” a partir de 1968, y se edificó la capilla universitaria, orientada a acoger a la Hermandad de los Estudiantes. En el citado año de 1968 la Universidad lo honró con la distinción de “rector honorario”.
Según Francisco Márquez Villanueva, mientras fue rector amenazó a su profesor, Francisco López Estrada, con "tomar represalias contra él si no se me expulsaba".
En diciembre de 1963 fue nombrado alcalde de la ciudad de Sevilla, que retuvo hasta febrero de 1966, contando con asesores como Rodrigo Medina Benjumea (arquitecto y delegado de urbanismo) y Antonio Sancho Corbacho (primer delegado de cultura en el consistorio hispalense). Durante su breve mandato municipal una de sus más controvertidas acciones fue aprobar el derribo del Palacio de los Sánchez-Dalp y del Palacio del Marqués de Palomares, en la Plaza del Duque, sobre cuyo solar se edificó el actual edificio de El Corte Inglés. Un capítulo más feliz al frente de la Corporación Municipal fue su labor de padrino en la coronación canónica de la Santísima Virgen de la Esperanza Macarena o la creación de las Escuelas Superiores de Arquitectos e Ingenieros Industriales. Cerca de la iglesia de San Jacinto la ciudad le dedicó la “plaza Alcalde José Hernández Díaz”.
Sólo durante 1966 y 1968 suspendió por completo su actividad docente, habida cuenta que fue designado por el Ministro de Educación y Ciencia Manuel Lora Tamayo director general de Enseñanza Universitaria (1966-1967) y luego de Enseñanza Superior e Investigación (1967-1968).
Readmitido en su cátedra en mayo de 1968, fue jefe del Departamento de Arte de la Facultad de Filosofía y Letras, en cuyo seno se había creado ya una sección de Arte.
En 1969, obtuvo por oposición la recién creada cátedra de Historia del Arte Español.
Coronando una larga vida al servicio de la Universidad, fue presidente del Patronato de la Universidad a partir de 1970 y presidente del Consejo de Patrimonio Artístico y Cultural entre 1974 y 1976. También destacó su labor como conferenciante, sobre todo en las universidades de Granada, Sevilla y la Hispanoamericana de la Rábida, destacándose por sus dotes de oratoria y por sus capacidades docentes.
Fue procurador en cortes por ser rector de la hispalense y alcalde de la ciudad entre los años 1955 y 1966, durante la quinta, la sexta, la séptima y la octava legislatura de las Cortes españolas, en las cuales presidió la Comisión de Educación Nacional.
También fue consejero nacional de educación en varias ocasiones.
Se reproducen sucintamente sus principales cargos en este sentido:
a) Vocal de la Junta de Cultura y Tesoro Artístico de Sevilla (1936);
b) Presidente de la Comisión Provincial de Monumentos de Sevilla (1949-1967);
c) Presidente del Patronato del Museo de Bellas Artes de Sevilla (1951);
d) Decano de honor del Ilustre Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias de Sevilla y Huelva, en el que estaba colegiado;
e) Presidente honorario de la Junta de Obras de la Universidad de Sevilla (1964);
f) Presidente honorario de la Asociación Dante Alighieri de Sevilla (1964);
g) Consejero de número del Patronato Menéndez Pelayo del CSIC;
h) Consejero de número del Patronato José María Quadrado del CSIC;
i) Rector honorario de los cursos de extranjeros de Cádiz;
j) Vocal de la Comisión Diocesana de Arte Sacro de Sevilla;
k) Vocal de la Comisión Diocesana de Arte Sacro de Huelva;
l) Presidente de la Sección de Escultura del Instituto Central de Conservación y Restauración de Madrid y;
m) Representante del Ministerio de Marina en el Patronato Provincial de Enseñanza Media y Profesional de Huelva (1953).
Labor académica Muy pronto las dotes de José Hernández Díaz destacaron sobremanera y eso llevó a que fuera elegido, con sólo veinticinco años, académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría en 1931. Presidió esta institución a partir de 1951 y se mantuvo en el cargo durante cuarenta y un años, cuando en 1992 pasó a ser presidente de honor. Precedió en el cargo a Antonio de la Banda Vargas y sucedió al marqués de San José. La misma Real Academia lo había distinguido en 1976 con su medalla de oro y en 1981 con la consideración de académico de honor extraordinario.
Y aunque en la citada academia de bellas artes fue donde desarrolló su más ingente labor por cuanto respecta al ámbito de las academias, también fue individuo de número en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, en la que fue elegido en 1935 y con un discurso titulado “Iconografía hispalense de la Virgen con el niño en el Renacimiento”, que, contestado por Cristóbal Bermúdez Plata, leyó en 1937. En esta academia fue secretario segundo (1939-1945) y vicedirector (1945-1951), gozando de la consideración de preeminente desde 1953.
La Real Academia de Medicina y Cirugía lo eligió como académico de erudición de Bellas Artes en 1981.
Junto al canónigo José Sebastián y Bandarán formó un tándem de gran importancia en el mundo cultural sevillano, que dominaron desde las Reales Academias de Bellas Artes y de Buenas Letras entre 1951 (cuando ambos fueron elegidos directores de ambas corporaciones) y 1972 (cuando murió el presbítero).
Mas no se restringió a la ciudad de Sevilla, pues fue correspondiente en numerosas corporaciones literarias y artísticas de toda España y aun del extranjero. En este sentido fue correspondiente en Sevilla de la Real Academia de la Historia (1964), de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona, de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (1978); de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba (1930); de las gaditanas de Bellas Artes e Hispano Americana de Ciencias, Letras y Artes; de la Academia Nacional de Bellas Artes de Portugal, de la Asociación de Arqueólogos Portugueses de Lisboa y del Instituto de Coímbra, así como miembro (primero de número y luego del board) de la Hispanic Society de Nueva York desde 1946. Fue, asimismo, socio de honor del Instituto de Estudios Giennenses en 1980 y de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias.
Más allá de todas estas corporaciones es reseñable su condición de académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid en la que, si bien ya era correspondiente de 1948, fue elegido en 1970 en la vacante producida por el fallecimiento de José Ibáñez Martín, leyendo su discurso de ingreso (“Iconografía de la Madre de Dios en el antiguo Reino de Sevilla”) en 1971. Ocupó la medalla número cuarenta y formaba parte de la sección de escultura. Esta misma institución le concedió en 1988 el Premio Barón de Forna.
Vida personal y familiar Estuvo casado con Amalia Gordillo, de quien se quedó viudo y con quien tuvo siete hijos: Reyes, Pilar, José María, Javier, María Isabel, Amalia y Adolfo. A su muerte tenía treinta y tres nietos.
Cristiano, con profundas convicciones religiosas y católico comprometido, formaba parte de numerosas cofradías sevillanas: la hermandad de la Santa Caridad; la hermandad de los Estudiantes, de la que fue fundador y a cuya muerte tenía el número dos; la hermandad del Cachorro, la hermandad de la Vera+Cruz, la hermandad de Pasión y la hermandad de la Pastora de Triana. Formó parte en 1983 de la comisión para restaurar la imagen de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, de la que fue presidente y elevó un informe favorable para sustituir la imagen de María Santísima de la Concepción en 1954.