La mina de Bodovalle es una antigua explotación de mineral de hierro situada junto a Gallarta, en el municipio vizcaíno de Abanto y Ciérvana. El conjunto comprendía la mina subterránea, diversas instalaciones y el gran hueco superficial denominado corta de Bodovalle o corta de Concha II, y se extendía por las concesiones históricas Concha II, Manuelita, San Miguel, San Benito y Ser.
La explotación combinó el laboreo a cielo abierto con una red interior de más de 50 kilómetros de galerías. El avance de la corta ocasionó el desalojo y derribo progresivos del antiguo núcleo de Gallarta y la construcción de un nuevo asentamiento próximo. La extracción en superficie terminó en 1983 y la mina interior cerró en 1993; fue la última mina de hierro que permaneció activa en Vizcaya.
Además de su relevancia para la historia industrial de la cuenca minera vizcaína, la corta deja expuestos el yacimiento y las estructuras geológicas que condicionaron su explotación. El Gobierno Vasco la incluyó como LIG 140 en su inventario de lugares de interés geológico. En 2011 fue declarada bien cultural, pero aquella declaración fue anulada judicialmente; un nuevo expediente para proteger la mina de Bodovalle como conjunto monumental fue incoado en 2016 y figura en el catálogo oficial como «calificado incoado».
Geología y morfología
El yacimiento se encuentra en la cuenca Vasco-Cantábrica, dentro de materiales del Cretácico Inferior. La mineralización de carbonatos de hierro —principalmente siderita, acompañada de ankerita— encaja en las calizas arrecifales de Toucasia del Aptiense. Ese paquete carbonatado tiene un espesor variable de entre 50 y 150 metros. La siderita aparece en masas generalmente tabulares que pueden alcanzar hasta 90 metros de potencia, sustituir localmente las calizas o acuñarse hasta desaparecer; su oxidación produce la coloración rojiza visible en los frentes de la corta.
La disposición del mineral está condicionada por varios sistemas de fracturas relacionados con la estructura del anticlinal de Bilbao. La falla de San Miguel, una falla normal subvertical de dirección aproximada N120-125° E, controla el límite meridional de la mineralización. Otras fracturas compartimentaron el criadero en bloques y produjeron removilizaciones de la siderita primaria a lo largo de sus planos. El origen de las mineralizaciones ha sido relacionado con actividad hidrotermal asociada al magmatismo del Cretácico inferior y con la sustitución de calizas aptienses por grandes masas de carbonato de hierro.
miniatura|izquierda|Vista de conjunto de la corta y de la lámina de agua de su fondo.
La excavación tiene forma aproximada de cono invertido y mide unos 700 metros de largo por 350 de ancho. Las fuentes oficiales publican medidas distintas: el inventario geológico del Gobierno Vasco señala 150 metros de desnivel y un fondo situado unos 35 metros bajo el nivel del mar, mientras que la descripción patrimonial de 2016 cifra en más de 200 metros la profundidad máxima de la corta y sitúa su cota más baja a −38 metros. El hueco está formado por bancadas curvas de entre 5 y 10 metros de ancho y de 10 a 20 metros de alto. Los bancos inferiores, correspondientes a los carbonatos, son más altos y menos deleznables que los excavados en calizas y margas.
El fondo permanece parcialmente inundado. La documentación patrimonial situaba la superficie de la lámina de agua en la cota −24 metros y calculaba unos 14 metros de espesor medio. Una estación de bombeo en la mina interior elevaba el agua hasta la cota +48, desde donde una antigua galería ferroviaria de Franco-Belga la conducía al arroyo Granada.
Historia de la explotación
Concesiones y apertura de la corta
Concha II era una de las ocho pertenencias mineras que Ybarra Hermanos registró el 20 de noviembre de 1868 bajo el nombre genérico de «Concha», con una superficie conjunta de 120 hectáreas. La mina de Bodovalle incorporó además las concesiones Manuelita, San Miguel, San Benito y Ser, explotadas desde finales del siglo XIX en los términos de Abanto y Ortuella.
Durante la etapa inicial de la minería industrial de Vizcaya se aprovecharon preferentemente los minerales oxidados de mayor ley. Su agotamiento y el descenso de la exportación provocaron el declive de numerosas explotaciones durante la primera mitad del siglo XX. En 1956 la Sociedad Franco-Belga de Minas de Somorrostro planteó explotar en Concha II los carbonatos situados bajo las margas calizas; la Jefatura de Minas aprobó el proyecto el 23 de noviembre de aquel año. El mineral era de menor ley, pero podía concentrarse o transformarse en los hornos de calcinación.
El Gobierno autorizó en octubre de 1960 la ocupación de terrenos y edificaciones necesaria para desarrollar la explotación, que funcionaba a gran escala hacia 1961. En 1961, Orconera Iron Ore Ltd. inició las labores subterráneas que se ampliarían durante las décadas siguientes. En 1968, Agrupación Minera, S. A. (Agruminsa), creada con activos mineros de varias compañías para abastecer a Altos Hornos de Vizcaya, se hizo cargo del conjunto e incrementó la producción.
Transformación de Gallarta
El mineral se extendía bajo una parte sustancial del antiguo núcleo de Gallarta. Las primeras demoliciones documentadas afectaron a barracones en desuso desde 1953 y a edificios residenciales desde 1959; la ampliación de la corta convirtió después el desalojo, la expropiación y el realojo en un proceso prolongado. En septiembre de 1964, la autoridad minera declaró necesaria la ocupación de otra relación de fincas y derechos para explotar en descubierta las concesiones Concha II a VIII.
La demolición avanzó por sectores y provocó conflictos por la cuantía y forma de los realojos, por las grietas en los edificios y por las voladuras junto a las viviendas. Desaparecieron la mayor parte del antiguo pueblo y edificios como la iglesia, el ayuntamiento, el colegio, el frontón y el cine. Entre las primeras vías derribadas estuvo la calle Peñucas, donde había nacido Dolores Ibárruri. El núcleo urbano actual fue edificado en un emplazamiento próximo, mientras el solar anterior quedó incorporado a la explotación. Una síntesis oficial cifra en más de doscientos los propietarios afectados y señala que fueron trasladados a viviendas de nueva construcción o a otros municipios, como Portugalete y Santurtzi.
Producción y cierre
Durante las décadas de 1960 y 1970 se desarrollaron simultáneamente la corta y la mina interior. En los años setenta la plantilla llegó a unos 500 trabajadores y la documentación patrimonial del Gobierno Vasco calificó Bodovalle como la segunda explotación de hierro de Europa por su tamaño en aquel período. A lo largo de unas dos décadas se excavaron en superficie unos 14 millones de metros cúbicos, que dieron aproximadamente 40 millones de toneladas de estériles y nueve millones de toneladas de carbonatos. En los últimos años la producción anual de carbonatos rondó los dos millones de toneladas.
Agruminsa puso fin a la extracción a cielo abierto el 15 de noviembre de 1983. El laboreo continuó en las galerías hasta 1993, cuando la pérdida de ley del mineral y el aumento de los costes hicieron que la explotación dejara de ser rentable. Su clausura cerró la actividad de la última mina de hierro operativa en Vizcaya.
Ingeniería minera
Laboreo a cielo abierto y tratamiento del mineral
El avance de la corta se efectuó mediante bancos y grandes voladuras. Hacia 1968 se perforaban barrenos de hasta 150 milímetros de diámetro; el estéril era cargado con palas de 8 metros cúbicos en camiones de 70 toneladas y depositado en las escombreras del Campillo, Cirinal y Zarzal. Las restricciones sobre las voladuras, concebidas para reducir su impacto sobre la población próxima, limitaron el volumen que podía arrancarse en cada operación.
El carbonato se recogía con excavadoras eléctricas de 4,5 metros cúbicos, se trituraba hasta un tamaño aproximado de 150 milímetros y se cargaba en trenes que utilizaban la antigua galería de Franco-Belga hacia los hornos de calcinación de Cadegal, en Ortuella. Desde la década de 1970, las plantas de sinterización y concentración construidas por Agruminsa y Altos Hornos de Vizcaya hicieron innecesaria la calcinación previa. El mineral retornaba por la galería mediante cinta transportadora y era llevado en camiones a la planta de concentración de Bodovalle, un procedimiento que evitaba la pérdida de peso asociada a la calcinación.
Mina interior
miniatura|Boca de una galería de la mina.
Las fuentes ofrecen recuentos distintos sobre las cámaras de la mina. La descripción patrimonial de 2016 contabilizó más de 50 kilómetros de galerías y 60 cámaras, situó el punto más bajo a 205 metros bajo el nivel del mar y estimó en ocho millones de metros cúbicos el volumen de galerías y cámaras. Un estudio geotécnico de 2021 describió 40 grandes cámaras separadas por pilares alargados dentro de un área subterránea de unos 2000 por 600 metros, con una profundidad próxima a 200 metros.
El laboreo interior siguió un sistema de cámaras y pilares: se perforaban barrenos largos desde galerías o subniveles y se dejaban pilares para sostener el macizo. Las cámaras variaban entre 25 y 50 metros de altura y alcanzaban hasta 100 metros de fondo, con pilares y huecos de unos 25 metros de anchura. Su geometría era irregular y estaba condicionada por el buzamiento del yacimiento, las fallas y la proximidad de la corta, circunstancias que dificultaban aplicar modelos empíricos simples de estabilidad.
Entre 1974 y 1976 se preparó una nueva zona de mina, de dimensiones superiores a la precedente, y el transporte ferroviario interior fue sustituido por palas diésel autopropulsadas. Un plano inclinado de 800 metros de longitud y aproximadamente un 25 % de pendiente comunicaba la cota +85 con los talleres situados a −110. Desde 1964 circuló por él una «jardinera», un vagón de acero con capacidad para veinte personas; posteriormente una rampa general conectó la bocamina situada en la cota +50 con el fondo.
El sistema de ventilación incluía el castillete de la mina Ezequiela, una estructura metálica de unos 15 metros situada al noroeste de la corta. No servía como acceso ordinario de los trabajadores, sino que alojaba los ventiladores de una chimenea de aproximadamente 80 metros destinada a extraer el aire de las labores subterráneas.
Después del cierre
El cese de la producción no eliminó la necesidad de bombeo, vigilancia y labores de seguridad. El macizo se encuentra intensamente fracturado y la meteorización ha producido desprendimientos sobre las bermas inferiores, mientras que la vegetación espontánea e invasora ha alterado parcialmente la lectura de algunos bancos y antiguos trazados ferroviarios.
La clausura técnica continuó décadas después del fin de la producción. En abril de 2024 fueron recibidas las obras de relleno de cuatro cámaras. En octubre de ese año, la autoridad minera requirió la actualización del plan de clausura; las cuentas consolidadas de SEPIDES de 2025 señalaban que el grupo seguía tramitando las actuaciones pendientes.
La mina ya había sufrido en 1986 un proceso de hundimiento progresivo que alcanzó la superficie y abrió una cavidad de unos 35 metros de profundidad y 30 de diámetro, posteriormente rellenada. El 16 de marzo de 1999 se produjo el principal incidente geotécnico: en la zona NW1N, un pilar dañado y parcialmente reducido dejó un vano de techo de unos 70 metros, que terminó colapsando después de que se detectaran ruidos y movimientos en superficie. El hundimiento originó un cráter de unos 60 metros de diámetro, estabilizado después mediante relleno y seguimiento de la subsidencia.