La Revolución bátava (en neerlandés: ) fue una época de agitación política, social y cultural a finales del siglo XVIII que marcó el fin de la República de los Países Bajos y presenció la proclamación de la República Bátava.
El período inicial, de aproximadamente 1780 a 1787, se conoce como el Patriottentijd o «época de los patriotas». El poder de los «patriotas» fue creciendo hasta que el estatúder Guillermo V se vio obligado a huir del país en 1785. Pidió ayuda a su cuñado Federico Guillermo II de Prusia, y en 1787 un ejército prusiano relativamente pequeño restauró a los orangistas en el poder con apenas resistencia.
Tras el estallido de la Revolución francesa en 1789, el descontento «patriota» creció, y en el crudo invierno de 1794-95 un ejército francés, junto con algunas unidades neerlandesas «patriotas», invadió el país cruzando los ríos fronterizos helados, lo que dio lugar a la Revolución bátava y a la proclamación de la República Bátava en 1795. El período de la historia neerlandesa que siguió a la revolución también se conoce como la «era bátavo-francesa» (1795-1813), aunque el período fue de solo 20 años, de los cuales tres transcurrieron bajo ocupación francesa a manos de Napoleón Bonaparte.
Antecedentes
A finales del siglo XVIII, los Países Bajos se encontraban en una profunda crisis económica, causada por la devastadora cuarta guerra anglo-neerlandesa.De Vries and Van der Woude, p. 126 Durante esta época, los bancos de la República de los Países Bajos controlaban gran parte del capital mundial. Los bancos respaldados por el gobierno llegaron a poseer hasta el 40 % de la deuda pública de Gran Bretaña. La población de los Países Bajos se mostraba cada vez más descontenta con el régimen autoritario del stadhouder Guillermo V. Esta concentración de riqueza dio lugar a la formación de los patriotas neerlandeses por parte de un noble neerlandés de menor rango llamado Joan van der Capellen tot den Pol, que buscaban reducir el poder que ostentaba el stadhouder.
Así surgió una división entre los orangistas, que apoyaban al estatúder, y los patriotas, que, inspirados por los ideales de la Ilustración, deseaban un gobierno más democrático y una sociedad más igualitaria. Los patriotas se ganaron el apoyo de la mayor parte de la clase media y fundaron milicias (exercitiegenootschappen) de civiles armados que, entre 1783 y 1787, lograron tomar el control de varias ciudades y regiones en un intento de forzar nuevas elecciones que expulsaran a los antiguos funcionarios del gobierno.Schama, pp. 77, 131 Los patriotas controlaban la parte occidental de los Países Bajos, con Holanda (incluida Ámsterdam) y la ciudad de Utrecht, mientras que los orangistas controlaban la parte oriental, con los territorios de Güeldres y el señorío de Utrecht.
En 1785, el estatúder Guillermo V huyó de su palacio en el oeste del país hacia Nimega, en el este, ya que los Estados de Holanda no estaban dispuestos a enviar sus tropas a luchar contra los patriotas. En mayo de 1787, las tropas del stadhouder fueron derrotadas por la milicia de Utrecht cerca de Vreeswijk. Cuando la princesa Guillermina fue detenida por la milicia patriota cerca de Goejanverwellesluis el 28 de junio de 1787, pidió ayuda a su hermano Federico Guillermo II de Prusia. El 13 de septiembre, un ejército prusiano de 20 000 hombres al mando del duque de Brunswick cruzó la frontera. La fortaleza de Vianen fue abandonada, y la ciudad de Utrecht abrió sus puertas. En la fortaleza de Woerden se hicieron preparativos de defensa, pero no hubo resistencia real a la llegada de los prusianos. En Ámsterdam, varias casas de regidores patriotas fueron saqueadas por turbas. El estatúder regresó a La Haya, y Ámsterdam, la última ciudad en resistir, se rindió el 10 de octubre.
Los patriotas continuaron instando a los ciudadanos a resistir al gobierno mediante la distribución de panfletos, la creación de «clubes patriotas» y la celebración de manifestaciones públicas. El gobierno respondió saqueando las localidades donde se concentraba la oposición. La mayoría de los patriotas se exiliaron en Francia, mientras que los orangistas consolidaban su control del gobierno neerlandés, principalmente a través del gran pensionario Laurens Pieter van de Spiegel.
Proclamación de la República
Sin embargo, la restauración fue solo temporal. Apenas dos años después estalló la Revolución francesa, que abrazaba muchas de las ideas políticas que los patriotas habían defendido en su propia rebelión.Schama, ch. 3 and 4 Los patriotas apoyaron con entusiasmo la Revolución, y cuando los ejércitos revolucionarios franceses comenzaron a extenderla, los patriotas se sumaron a ellos con la esperanza de liberar su propio país del yugo autoritario. El stadhouder se unió a la desafortunada Primera Coalición de países en su intento de someter a la, súbitamente antiaustríaca, Primera República Francesa. Esta Guerra de la Primera Coalición también se desarrolló de forma desastrosa para las fuerzas del stadhouder, y en el crudo invierno de 1794-95 un ejército francés al mando del general Charles Pichegru, junto con un contingente neerlandés al mando del general Herman Willem Daendels, cruzó los grandes ríos helados que tradicionalmente protegían a los Países Bajos de una invasión. Favorecidos por el hecho de que una parte considerable de la población neerlandesa veía con buenos ojos la incursión francesa, y a menudo la consideraba una liberación,Schama, p. 187Israel, p. 1120 los franceses lograron romper rápidamente la resistencia de las fuerzas del stadhouder y de sus aliados austríacos y británicos. Sin embargo, en muchas ciudades la revolución estalló incluso antes de la llegada de los franceses, y los comités revolucionarios tomaron el control de los gobiernos municipales, y (provisionalmente) también del gobierno nacional. Los Estados de Holanda y Frisia Occidental, por ejemplo, fueron abolidos y sustituidos por los Representantes Provisionales del Pueblo de Holanda.Schama, pp.188–190
Consecuencias La Revolución bátava terminó con la proclamación de la República Bátava en 1795. Guillermo V de Orange se vio obligado a huir a Inglaterra,Schama, p. 191 desde donde emitió las Cartas de Kew, ordenando a todas las colonias neerlandesas que cooperasen con los esfuerzos británicos para ocuparlas. A esto siguieron varios golpes de Estado en 1798, 1801 y 1805, que llevaron al poder a distintos grupos de patriotas. Aunque los franceses se presentaban como libertadores,Schama, p. 195 muchos discrepaban de esa idea. La República Bátava llegó a su fin en 1806, cuando se fundó el Reino de Holanda, con Luis Bonaparte, hermano de Napoleón, como rey de Holanda. En 1810, el territorio fue anexionado al Primer Imperio francés. En 1813, los Países Bajos recuperaron su independencia, con Guillermo Federico, hijo de Guillermo, como príncipe soberano y primer rey de los Países Bajos; investido como Guillermo I.
Referencias
Bibliografía Schama, Simon, Patriots and Liberators: Revolution in the Netherlands 1780–1813, 1977 De Vries, Jan and Ad van der Woude, The First Modern Economy: Success, Failure, and Perseverance of the Dutch Economy, 1500-1815. Cambridge: Cambridge University Press, 1997
Categoría:Historia de los Países Bajos Categoría:Revoluciones del siglo XVIII