+ 300px Bosque de hayas en las estribaciones del puerto de Piedrasluengas, en Liébana. La flora de Cantabria es el resultado de tres factores determinantes: el clima, la composición del suelo, directamente dependiente de los tipos de rocas existentes, y la historia evolutiva de las distintas formaciones vegetales.

Desde el punto de vista de su flora, Cantabria se localiza entre dos regiones biogeográficas. La mayoría del territorio pertenece a la región eurosiberiana, pero el extremo meridional forma parte de la región mediterránea. Esta situación fronteriza tiene un efecto directo en las características del paisaje vegetal de la región, en el que se entremezclan especies mediterráneas y especies atlánticas, que enriquecen la composición botánica de los distintos ecosistemas existentes.

Origen de la vegetación actual

thumb|400px|Parque natural de los Collados del Asón.

La vegetación de Cantabria está adaptada a dos tipos de sustrato. Por un lado se encuentran las rocas calizas, como en Peña Cabarga o en Picos de Europa, con escaso desarrollo de los suelos y gran cantidad de rocas aflorantes, que poseen una flora muy característica, adaptada a estos tipos de suelos, denominada flora calcícola, muy similar en toda la región, pero especialmente abundante en el sector oriental, donde predominan este tipo de sustratos. Por otro lado se encuentran las rocas de carácter ácido (areniscas, arcillas, limolitas...), que suministran pocos nutrientes al suelo. Este tipo de materiales alberga una flora acidófila muy característica de las altas montañas de la cordillera Cantábrica, y en general, dominante en la región.

El otro factor determinante de la composición del paisaje vegetal actual es la historia evolutiva de las diferentes comunidades florísticas presentes en la actualidad. Esta evolución obedece tanto a causas biogeográficas, como a la influencia que ha ejercido el hombre a lo largo de los siglos. Las glaciaciones cuaternarias, junto con los períodos interglaciares marcaron el devenir de las distintas fases de la flora de la región, que pasó por períodos de carácter muy frío, con una vegetación tipo tundra, con períodos más cálidos, en los que los bosques templados de frondosas caducifolias se extendían por todo el territorio. Se suele considerar los tres mil años antes del presente, como la fecha aproximada en la que la vegetación adquirió unas características similares a las actuales, es decir, dominada por los bosques de frondosas caducifolias, acompañados de formaciones boscosas de carácter mediterráneo, con especies perennifolias, cubriendo el territorio desde el nivel del mar hasta los 1700-1900 metros, considerado el techo de la vegetación arbolada en Cantabria. De esta la vegetación potencial no subsiste hoy en día más que una pequeña parte inalterada en los lugares más inaccesibles de la región. En el resto del territorio la acción humana ha provocado la degeneración del bosque y la aparición de etapas de sustitución, constituidas por brezales y matorrales, y por último de pastizales y praderías, base de alimentación del ganado.

La manera más adecuada de describir el paisaje vegetal es referirse a sus pisos bioclimáticos, que se distribuyen de manera escalonada respecto de la altitud, pudiendo diferenciarse cuatro pisos u horizontes bioclimáticos en Cantabria: el colino, el montano, el subalpino y el alpino, restringido este último a las cumbres de los Picos de Europa.

Piso Colino

El piso colino, que de manera aproximada se distribuye desde el nivel del mar hasta los 500-600 metros de altitud, posee un paisaje vegetal dominado por la presencia de prados de siega, base de la alimentación del ganado vacuno de producción lechera, que han sido implantados por el hombre sustituyendo los antiguos bosques templados caducifolios que cubrían todo el territorio. Esta zona ha sido la más transformada por el desarrollo humano, ya que aquí se asienta la mayor cantidad de población y gran parte de las infraestructuras y explotaciones intensivas, por lo que sus ecosistemas presentan un grado de alteración importante.

Las comunidades vegetales de estos territorios costeros incluyen las propias del litoral (playas y dunas, acantilados, y marismas), los prados de siega, los bosques mixtos caducifolios, los encinares, los bosques de ribera y las plantaciones de eucalipto.

Dunas left|thumb|300px|Dunas de Liencres.

Las dunas costeras son uno de los ecosistemas en mayor peligro de desaparición en Cantabria. Sus especies, todas de porte herbáceo, son exclusivas de estos ecosistemas, por lo que su desaparición significaría la pérdida irreversible de plantas muy especializadas.

En la zona más cercana al mar, donde los granos de arena depositados por la marea son interceptados, ligeramente por encima de la pleamar viva media, comienza a asentarse la primera banda de vegetación pionera dunar representada en Cantabria fundamentalmente por la grama del norte (Elymus farctus), acompañada generalmente por el espinardo (Salsola kali), el rucamar (Cakile maritima) y la arenaria (Honkenya pelopides).

Donde la influencia marina es nula, los arenales se elevan y forman cordones en la parte interna de las grandes playas de Cantabria. Se produce en esta zona de crecimiento una cierta estabilización de la duna gracias al asentamiento de vegetación que reduce su movilidad, especialmente del barrón (Ammophila arenaria), que por su envergadura e intrincado sistema radical es la principal planta fijadora de este medio. Otras especies características de esta zona son el cardo marino (Eryngium maritimun), el cárex de arena (Cárex arenaria) o la lechetrezna (Euforbia paralias).

Más hacia el interior, en las zonas más resguardadas de la playa, el sustrato arenoso se fija en extensas planicies cubiertas por vegetación menos especializada, en la que se mezclan especies propias de arenal con otras oportunistas. Son típicas las praderas de Festuca rubra, Lolium perenne, Lagurus ovatus, Phlenum arenarium y Briza maxima. Aparecen también Medicago marina y M. littoralis, la linaria marítima (Linaria maritima), la clavelina (Dianthus monspessulans) y la algodonosa (Otanthus maritimus).

En Cantabria se localiza el mayor campo dunar del Cantábrico, las Dunas de Liencres, declarado parque natural por el Decreto 101/1986, de 9 de diciembre de 1986, siendo el principal elemento natural que determinó la creación del parque el sistema dunar situado en la margen derecha de la desembocadura del río Pas El parque es una auténtica joya ecológica, por el enorme desarrollo de sus dunas y su aceptable grado de conservación, que se encuentra amenazado por los proyectos de desarrollo urbanístico actualmente existentes en su entorno, que superan con creces la capacidad de carga de este valioso ecosistema. También fue incluido en el Inventario Nacional de Puntos de Interés Geológico del Instituto Geológico y Minero de España (IGME).

Flora Litoral thumb|Acantilados de Toñanes y la cascada del Bolao. thumb|300px|Flora de acantilados en el parque natural de las Dunas de Liencres. Las costas acantiladas de Cantabria, de desarrollo vertical y altura variable, albergan comunidades, adaptadas, como en el caso de las dunas, a la cercanía al mar. Estas comunidades se desarrollan sobre dos tipos de sustratos, las calizas duras, dominantes superficialmente en la región, y las margas y areniscas, más deleznables, con mayor desarrollo de los suelos.

La primera cintura de vegetación, la más próxima al mar, se caracteriza por la presencia de especies de porte herbáceo creciendo en las fisuras de las rocas, como el hinojo de mar (Crithmum maritimum) o el llantén marino (Plantago maritima) y en fisuras más protegidas el helecho marino (Asplenium marinum).

Al ascender en el cantil la vegetación se hace más abundante apareciendo, además de las especies anteriores, la armenia (Armenia maritima y A. pubigera ssp. depillata) y el espliego marino (Limonium lanceolatum), al este de la ría de San Martín de la Arena, en Suances. Las zonas en las que no es posible el arraigo de vegetación superior son colonizadas por líquenes, como Xantoria parietina o Verrucaria maura.

La aparición de zonas más tendidas en las que se asienta con más facilidad la vegetación posibilita la aparición de nuevas especies como la zanahoria silvestre (Daucus carota ssp. gummifer), la angélica (Angelica pachycarpa) o el mastuerzo (Lobularia maritima), acompañadas de pequeñas praderas de gramíneas donde domina la festuca (Festuca rubra).

Por último, ya en situaciones elevadas bastante alejadas del mar, crecen los matorrales de brezo (Erica vagans), genista (Genista occidentalis) y tojo (Ulex europaeus).

Rías y marismas

300px|thumb|Vegetación halófila de marisma (Cantabria).

Las marismas constituyen uno de los hábitats de mayor interés científico, ya que poseen la mayor biodiversidad de todos los ecosistemas existentes en Cantabria. En Cantabria, las comunidades marismeñas poseen un buen desarrollo, en el parque natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel en la ría de la Rabia, en las dos Tinas (Tinamayor y Tinamenor), y como en el caso de las dunas, su conservación se encuentra amenazada por la presión urbanística existente en su entorno.

Estas comunidades forman un complejo de asociaciones florísticas con una distribución muy diversa, atomizada y variable en el espacio, respondiendo principalmente al grado de salinidad del medio.

Las marismas de Cantabria poseen, en las zonas más inundadas por el agua del mar, praderas de Zostera marina y Zostera noltii, ambas especies en peligro de extinción en el litoral atlántico europeo. Cerca del nivel inferior de las mareas aparece la espartina (Spartina spp.) y por detrás las salicornias(Salicornia spp.) o el limonio (Limonium vulgare). Finalmente, en las zonas más alejadas del mar con menor influencia del agua salada (desembocaduras de los ríos, orillas de canales, charcas…) aparecen los juncales y cañaverales de Juncus spp., carrizo (Phragmites australis) y Scirpus spp.

Prados de siega

thumb|300px|Prados de siega en el municipio de Valdáliga.

Fuera del ámbito estrictamente litoral, el paisaje vegetal está caracterizado por la dominancia de los prados de siega de manejo intensivo, en los que aparecen gramíneas forrajeras como Lolium perenne, Holcus lanatus, Anthoxanthum odoratum, etc., entremezclados con leguminosas como los tréboles (Trifolium pratense, Trifolium repens…). Estos prados constituyen la formación vegetal que mayor superficie ocupan en la región, distribuidos en amplios espacios con muy escaso arbolado en sus márgenes y sin apenas setos vivos de separación entre las fincas.

Bosques mixtos caducifolios

Repartidos en vaguadas y enclaves de difícil manejo por su excesiva pendiente, se localizan los escasos restos del tipo de bosque característico de este piso colino, el bosque mixto (caducifolio multiespecífico). Están constituidos por una mezcla de diversas especies entre las que domina el roble común o cajiga (Quercus robur), acompañado de fresno (Fraxinus excelsior), arce (Acer pseudoplatanus), abedul (Betula celtiberica), tilo (Tilia spp.), castaño (Castanea sativa) y gran cantidad de arbustos de alto porte como el avellano (Corylus avellana), el arraclán (Rhamnus frangula), el cornejo (Cornus sanguinea) o el laurel (Laurus nobilis), entremezclados con lianas y epífitas, matorrales y herbáceas. Estos bosques, con una gran diversidad florística en su sotobosque, ocupaban los mejores suelos del territorio, por lo que han sido desplazados masivamente de su hábitat natural para implantar cultivos, constituyendo la masa forestal más transformada y por tanto la de mayor interés para su restauración.

Encinares