El sitio de Orleans fue un asedio en la ciudad de Orleans ocurrido entre el 12 de octubre de 1428 y el 8 de mayo de 1429, que marcó un punto de inflexión en la guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra. El asedio tuvo lugar en el apogeo del poder inglés durante las últimas etapas de la guerra, pero fue repelido por las fuerzas francesas, inspiradas por la llegada de Juana de Arco. Los franceses recuperarían entonces la iniciativa en el conflicto y comenzarían a recuperar territorios previamente ocupados por los ingleses.
La ciudad tenía una importancia estratégica y simbólica para ambos bandos del conflicto. El consenso entre los contemporáneos era que el regente inglés, Juan de Lancaster, habría logrado hacer realidad el sueño de su hermano, el rey inglés Enrique V, de conquistar toda Francia si Orleans caía. Durante medio año, los ingleses y sus aliados borgoñones parecieron estar a punto de tomar la ciudad, pero el asedio se derrumbó nueve días después de la llegada de Juana de Arco.
El asedio de la ciudad Desde octubre de 1428, Orleans estaba asediada por los ingleses, que la rodeaban controlando las villas próximas. Orleans era un punto estratégico muy importante para hacerse con el dominio de las tierras del Loira junto con Angers, Tours o Blois. El Conde de Salisbury había llegado a Francia en junio de ese año con 6000 hombres. A éstos se añadieron otros 4000 más de parte del Duque de Bedford, sacados de la guarnición establecida en Normandía. De esta manera se hicieron con Chârtres a finales de agosto, como ciudad más importante.
Finalmente, el 8 de septiembre de 1428, Salisbury se hizo con Meung, y el 26 del mismo mes, con Beaugency, después de estar asediándola desde el 20. Así, el duque de Salisbury, para comenzar a establecerse definitivamente, envió a William de la Pole (que era el conde de Suffolk) para atacar Jargeau y Châteauheuf, con la que se hizo el 10 de octubre, después de 3 días de resistencia. Así pues, William y Salisbury se reunieron al sur de Orleáns el 12 de octubre de 1428 con unos 4000 soldados, ya que se tuvieron que ir repartiendo entre los pueblos conquistados. De esta manera tenían bien acotada Orleans, y solo les faltaba superar un último escollo, dada la situación geográfica de la ciudad y su sistema defensivo: las Tourelles.
Al sur de Orleans fluye el río Loira, y en medio había una pequeña isla, Saint Antone. El lado sur de la ciudad francesa lindaba unos 364 metros con el río, así que tenía un puente hasta allí, de diecinueve arcos de piedra, acabando en una pequeña estructura defensiva. Mientras que al otro lado de la orilla, al norte de ésta, había una barbacana llamada bulevar, que dificultaba el acceso a la fortificación, donde había un pasadizo que conducía a un puente levadizo defendido por dos torres, las Tourelles. Alcanzando este punto se podía acceder a la isla de Saint Antone siguiendo el puente y después a la ciudad.
Este fue el punto que atacaron los ingleses durante dos días. Iniciaron un bombardeo sobre las Tourelles y el fuerte. El 23 de octubre de 1428 los franceses abandonaron estas posiciones. Un día después, Salisbury subió a una de las dos torres y, desde las alturas, trató de vigilar los movimientos franceses; pero por desgracia para él, un bolaño francés atravesó la ventana por la que miraba, recibiendo un impacto mortal en la cara, falleciendo una semana después en Meung. Su sucesor fue el conde de Suffolk. Este, juntamente con Bedford, se dedicó a reforzar la zona y a guardar la posición. Este último llevó dos prestigiosos generales: Lord Talbot y Lord Scales, que llegaron el 1 de diciembre y reemplazaron a Suffolk.
Lord Talbot se centró en el lado oeste de Orleans, en la misma orilla que la ciudad, donde controlaban cinco puntos en el mapa, que conectó entre sí. El más importante de éstos, la iglesia de Saint Laurent, conformaba una especie de bastilla, la cual reforzaron mucho, convirtiéndose en su cuartel general de maniobras de la zona. También se hizo con la isla de Carlomagno, que estaba en medio del Loira y también al oeste de la ciudad, y ya en la otra orilla tomó la iglesia de Saint Privé. Guillermo Glasdale se encargó de la zona de las Tourelles, acordonando entre todos la ciudad de Orleans, que se vio acorralada cada vez más cerca del ataque definitivo. La zona nordeste de la ciudad tampoco escapó, ya que allí Suffolk hizo otra fortaleza, alrededor de la iglesia de Saint Loup, y una otra al alrededor de Saint Leblanc (ésta ya en la otra orilla).
Durante el invierno se dedicaron a seguir reforzando sus posiciones mientras recibían un refuerzo de tropas de 1500 soldados por parte de los borgoñones. Mientras, intentaron ocupar un vasto bosque que protegía la ciudad de forma natural, al nordeste de ésta, el cual no pudieron tomar.
La llegada de la resistencia En cuanto a la defensa, pese a la veteranía de los soldados, solo se contaba aproximadamente con unos 500 efectivos y así decidieron fortificar en lo posible la ciudad. De esta manera, los vecinos se organizaron para defender las 34 torres de defensa de la ciudad en 34 compañías. No obstante, como director de la defensa, poco después de la muerte de Salisbury, llegó le Bâtard d’Orléans, es decir, Juan de Orleans, el "Bastardo de Orleans" (al que después se llamaría también Conde de Dunois, cuando adquirió este título en 1439), acompañado de 600 hombres como tropa. Así pues, se le encargaría la defensa de la ciudad. Hasta seis mil hombres aproximadamente siguieron a este caballero de forma gradual para ayudar en la defensa de la ciudad, aguantando así hasta el 12 de febrero de 1429, cuando Carlos VII envió refuerzos para interceptar un suministro inglés entre Rouvray y Janville que venía desde París. El fracaso fue absoluto debido a una negligencia y se perdieron más de 700 hombres (en la conocida como Batalla de los Arenques).
De esta manera, las provisiones de la ciudad francesa comenzaron a agotarse y una buena parte de la nobleza decidió abandonarla en vista del futuro desastre, mientras Carlos VII lo miraba desde la distancia. Pero en el transcurso de la situación, favorable a los anglo-borgoñones, a causa de un conflicto entre el duque de Borgoña a finales de febrero, cuando ofreció poner la ciudad bajo su protección, Bedford lo rechazó y los borgoñones abandonaron sus posiciones de asedio durante el mes siguiente.
Pero hubo otro hecho determinante y es la entrada en escena de una jovencita que decía ser enviada por Dios y que ponía como prueba el hecho de que sería ella quien liberaría a Orleans del asedio. Era Juana de Arco, que acababa de recibir el beneplácito en Poitiers de la mano del rey. Juana acudió armada con una espada que trajo de Sainte Catherine de Fierbois, el santuario de los caballeros, y con un estandarte que describió así: “Tenía la figura del mundo y dos ángeles a los lados. Era de tela blanca de aquella que llaman boucassin. Encima llevaba escrito: 'Jhesus Maria', y me parece que estaba franjado de seda”. Además, fue dotada de una armadura que ella misma pidió y eligió. thumb|El asedio de Orleans según el manuscrito iluminado de Las vigilias de la muerte de Carlos VII, del . El rey había decidido proveer a Juana con unos diez o doce mil hombres según indicó ella en el juicio de Ruan y comentó que decidió entrar por la fortaleza de Saint Loup y después por la fortaleza del Pont. Es decir, primero por la cara oeste de la ciudad (orilla norte) y después por las Tourelles. El propio Bastard ya había hablado en el proceso de revocación de la imagen que dio Juana en esta misión, ninguna otra más que la de talismán, favorable, si resultaba efectiva, como sucedió (“Yo creo que Juana fue enviada por Dios como también que su comportamiento en la guerra fue un hecho divino más que humano. Hay muchas razones que me hacen pensar eso”). Juana había comenzado avisando con una carta a los ingleses de su llegada y del ruego de que se retirasen, cuya respuesta a las cuales no fueron más que injurias.
Antes de su llegada a Orleans, Juana tuvo que superar un difícil periplo. Primero fue enviada con unas tropas de refuerzo a Blois, una de las villas del Loira cerca de Orleans, ubicada justo al exterior del círculo que formaban las tropas inglesas alrededor de Orleans. La siguiente ciudad sobre el mapa era Beaugency y después ya venía Meung y Orleans. Desde aquella ciudad comenzó a aportar, dada su fama, la autoestima necesaria para las tropas y la gente de las ciudades. También demostró tener una gran habilidad para ver sobre plano las posiciones y así poder trazar una buena estrategia; además, tenía el soporte de los generales que la acompañaban.
Los acompañantes de Juana hacia Blois, según el Bastard (quien recibía puntual información de los movimientos de Juana), fueron gente bastante destacada, como el arzobispo de Reims (Regnault de Chartres, después canciller de Francia) y el señor Raúl de Gaucourt, quienes escoltaron un convoy formado por Gilles de Rais y de Boussac además de Coulent, Ambroise de Lore y el mítico caballero La Hire.
El viaje de Blois hasta Saint Loup, como dijo ella, no se podía hacer de otra manera que dando una inmensa vuelta (siguiendo la ruta de Sologne) por las ciudades del sur del Loira, hasta llegar al nordeste de Orleans; ella venía del oeste (siempre siguiendo el río Loira). El 28 de abril, Juana llegó a Chécy, donde pasaría aquella noche, y el Bastard la pudo conocer en persona finalmente. Dadas las circunstancias adversas (además de la potencia de los ingleses) del viento en contra proveniente del este, el Bastard hizo retroceder un poco las posiciones para proteger sus tropas y los refuerzos recién llegados (con Juana), que traían víveres, que hicieron poner en pequeñas embarcaciones que consiguieron con dificultad.
El Bastardo y la liberación de la ciudad de Orleans
thumb|Mapa del asedio de Orleans a la llegada de Juana de Arco.
La situación del asedio irritó a la Pucelle, que lo hizo notar rápidamente solo con ver al Bastard. Él se quedó sorprendido, porque vio que lo que ella pretendía no era lo que se había encontrado. Ella había ido directamente a las Tourelles para atacar a Lord Talbot con las tropas de reserva. Según el Bastard: “Entonces Juana me dijo; '¿tú eres el Bastard de Orleans?' 'Sí', respondí, 'y estoy muy contento de vuestra llegada' '¿Eres tú quien ha dicho que yo tenía que venir por este lado' [se entiende, del río], y que no tendría que ir directamente al lado donde está Talbot y los ingleses?' 'Sí, y gente más sabia que yo tiene la misma opinión, para nuestro mayor éxito y seguridad' 'En nombre de Dios', dijo entonces, 'el consejo de Mi Señor es más seguro y sensato que el vuestro…'“.
En ese mismo momento el viento comenzó a cambiar de dirección siendo favorable al Bastard, que probablemente comenzó a creer que se trataba de un milagro. Eso parece porque entonces el Bastard ordenó entrar en Saint Loup, con las esperanzas ahora más que nunca puestas en Juana. Así, venciendo, pudieron entrar en Orleans por la puerta de la Borgoña el 29 de abril por la tarde, siendo recibidos con gran júbilo por los habitantes de la ciudad.
Juana sería alojada en una de las mejores casas de la villa, en este caso la del tesorero ducal, Jacques Boucher, y pasó los primeros días conviviendo con la gente de Orleans. Pero no pasó el tiempo en vano, ya que se fueron intercambiando insultos con los ingleses, que al otro lado de las murallas se podía escuchar sus voces desde el silencio ambiental. El 30 de abril se recuerda el episodio en el que se intercambiaron algunos gritos con el capitán inglés William Glasdale. Juana también asistiría a las misas y hasta a la procesión de la invención de la cruz, fiesta de la catedral (el 3 de mayo).