Jenaro Antonio Espínola Tami, más conocido como Jenaro Pindú (Asunción, 10 de febrero de 1946 – Asunción, 19 de noviembre de 1993) fue escritor, dibujante, pintor, grabador y escultor así como también arquitecto, paisajista y diseñador. Es considerado un genio artista-arquitecto, uno de los más representativos del Paraguay.
Fue un arquitecto vanguardista, altamente respetado en Paraguay donde 15 de sus obras han sido declaradas Patrimonio Cultural Urbano por la Secretaría Nacional de Cultura. Dentro de sus principales proyectos arquitectónicos se destaca la construcción del edificio residencial Nautilus de 18 pisos. Se cree que construyó unas 40 obras a lo largo de sus 20 años de ejercicio profesional, algunas fueron demolidas por descuido o por efectos de la especulación inmobiliaria y otras nunca llegaron a completarse como el caso de la Casa Maluff-Armele. Constructor infatigable, que produjo abundantemente y maduró rápidamente, sus construcciones le permitieron expresar su pensamiento en toda su simultaneidad y multiplicidad.
Biografía
Primeros Años miniaturadeimagen|Jenaro Espínola en la década del '60|izquierda Nació en Asunción el 10 de febrero de 1946 en el seno de una familia tradicional, conocida en la sociedad capitalina, sobre la calle México en el barrio de La Catedral en la zona de la Parroquia de San Francisco. Fue el menor de tres hijos del matrimonio de Jenaro Espínola (padre), un militar que peleó en la Guerra del Chaco y Carmen Dorbalina Tami, descendiente de italianos y de origen villarriqueño.
Desde pequeño se recordaba a Jenaro haciendo trazos y para la década de los 60 sus dibujos ya llamaban la atención. Luego estudia en la Escuela de Bellas Artes de Asunción, empieza haciendo esculturas, de formas orgánicas casi misteriosas, idea que luego plasmó también en sus dibujos.
De carácter más bien introvertido, cuentan las anécdotas que ya de pequeño dedicaba horas a la cría de aves en su casa de la infancia. En esa época hacía sus estudios en la escuela República Argentina y luego siguió la secundaria en el Liceo San Carlos. Para entonces, su actividad artística ya era intensa y tenía realizados varios dibujos que firmaba con las iniciales JET. Asimismo, se recuerda que en su época de estudiante universitario, Jenaro iba a la facultad acompañado de una llamativa mascota: un cachorro de puma. El felino era motivo de atenciones y cuidados por su parte, al punto que llegó a vivir también en la famosa residencia del artista.
Fue alumno de escultura y gran amigo de Hermann Guggiari, para muchos el mayor exponente de la escultura paraguaya en el . Entre otros renombrados personajes que intervinieron en su formación de artista, se pueden citar el de Ofelia Vera Echague (1904-1987), pintora y docente, quien estudió con Héctor Da Ponte, Modesto Delgado Rodas, Pablo Alborno y Adán Kunos, artistas que igualmente formaron parte del proceso de formación de Jenaro Pindú.
En 1964, con 18 años de edad, ingresó a la Facultad de Arquitectura. Por esos años adoptó el apellido Pindú que según él mismo explicaba era Espínola en guaraní, así comenzaría a firmar sus obras en adelante. Por los pasillos de la facultad conoció a una amiga muy importante en su vida, Clara Luces. Con ella, paralelamente a los estudios, comenzó a trabajar en decoración de vidrieras de comercios. Algunas tiendas sobre la calle Palma fueron sus primeros trabajos. Con 20 años, Pindú realizó su primera exposición de dibujos y esculturas, que según las crónicas la misma fue un éxito. Desde joven, los trabajos de Pindú eran una búsqueda en la que se enfrascaba por días, semanas o hasta meses hasta descubrir algo nuevo. Desde 1966 incursionó en el mundo del arte luego de participar destacándose en el Concurso organizado por el Centro Cultural Paraguayo Americano, denominado “Plástica Paraguaya”, su larga carrera en la actividad de la plástica paraguaya se extiende hasta 1989. Se gradúa como arquitecto en el año 1972.
Vida Profesional En el año 1970 realiza, a cuadras de su casa, en los grandes y modernos salones de la antigua galería Miró, una muestra individual que marcó el predominio del dibujo en el arte paraguayo en los años 70. Allí presenta sus famosas “Arcas de Noé postindustriales”, unas enigmáticas figuras, mezcla de barcos y trenes en algunos casos, que contenían una enorme cantidad de elementos con profundos mensajes. A partir de estas “naves” su obra comienza a girar en torno a ese eje artístico. Su dibujo parte de estructuras firmes como muros, torres, hierro de locomotoras, que denotan estabilidad o consistencia, para luego difuminarse en trazos, líneas, redes tendidas al vacío. Para sus dibujos elige la tinta china sobre papel blanco. En cuanto a los grabados, el artista utiliza el cobre, trabaja en punta seca, aguafuerte y aguatinta. Los mismos implican una renovación y suponen un cambio conceptual y en la técnica.
Pindú coincidió con la época más turbulenta que vivió el país durante la dictadura militar más longeva de Sudamérica: 35 años, desde 1954 a 1989. Como todo régimen autoritario se opone al libre ejercicio del pensamiento y a las formas de expresión cultural que de él emanan, censurando estas por promover la subversión. Pindú se educó en círculos sociales acomodados ya que su padre era parte del cuadro militar, fue un verdadero militar que peleó en la Guerra del Chaco, se encontraba retirado y criticaba la politización militar del dictador y consecuentemente, no gozaba de la simpatía del régimen. Lo que le permitió explotar los vínculos sociales que le permitieron producir su obra artística y arquitectónica. Sin embargo, se mantuvo al margen y nunca llegó a ser un militante con poder político; nunca llamó a la confrontación política. Construyó un camino hacia la expresión desde ese lugar complejo. Es por esto, que Pindú no acostumbraba ir a cenar cuando sus clientes se los invitaba, era propio de su carácter no participar de las reuniones sociales de los círculos de poder y estaba acostumbrado a mantener una respetable distancia de estos ámbitos. Su esfera social habitual era la de las artes plásticas. Sin embargo, lejos del rendibú social, en poco tiempo logró consolidarse como un arquitecto de prestigio.
Como la primera facultad de arquitectura se fundó en 1957, la arquitectura paraguaya de ese período se apoyó en figuras de escuelas de países vecinos, y se enmarcó en ideas de racionalismo, regionalismo crítico latinoamericano o referencias europeas de la talla de Le Corbusier, muy citado en la escritura crítica de la época. Pindú fue indiferente a estos movimientos y construyó un vocabulario despojado del academicismo de estas escuelas. No mostró interés en trabajar dentro de una estructura lingüística estable; por el contrario, se movía libremente entre la experiencia y la intuición. Además, la arquitectura estatal durante la dictadura se caracterizaba por adquirir el estilo moderno del estilo internacional, para dar un supuesto mensaje de “orden y progreso” al país, es por eso se mantuvo lejos de proyectos de obras públicas y de edificios corporativos de cuño burocrático.
Mientras tanto, la construcción de la hidroeléctrica de Itaipú (1973-1984) generó un crecimiento económico que tuvo implicancias sociales y culturales. La figura del arquitecto, como profesional destacado y deseado, se hizo relevante. Poco tiempo después de haberse creado la facultad, en la década de los ’70 Asunción contaba con jóvenes arquitectos ansiosos de integrarse al crecimiento urbano del país, cuya expansión económica marchaba a la par que las restricciones a la actividad política de la oposición y las acciones represivas del gobierno. Este crecimiento económico que benefició particularmente a ciertos sectores sociales, se vio reflejado en una arquitectura de elevado rango socioeconómico que fue desarrollándose en emplazamientos destacados de la ciudad. Consistían de construcciones novedosas, con cierto toque de espectacularidad; viviendas que atestiguaban el emergente poder económico de sus moradores, casas cuyo lenguaje formal destacaba el estatus social de sus habitantes, de este modo la ciudad de Asunción acogió a un “arquitecto de firma”: Pindú.
Ya en la década de los 70, el nombre de Jenaro Pindú tenía fuerza propia dentro del ámbito arquitectónico y artístico. Con el “boom” económico que representó la construcción de la represa de Itaipú, Pindú inició una serie de ambiciosos proyectos. En menos de diez años llegó a desarrollar decenas de planos de viviendas tanto en la capital como en localidades del interior del país. Basado en un lenguaje posmodernista, se apartó de la arquitectura neocolonial que atraía enormemente a la nueva clase pudiente de la época.
Vivió una triste circunstancia al haber sido detenido injustamente y torturado en las cárceles, en medio del llamado “Caso Palmieri”, en mayo de 1982. Si hubiera tenido nexos políticos de peso podría haber evitado ese infortunio, al ser su padre un militar retirado que se oponía al régimen. Su natural indignación hizo que una mañana, ya en libertad, quemara en una hoguera todos los planos de sus proyectos. A partir de ese momento cerró su estudio y, a manera de exilio temporal, se mudó a San Pablo, Brasil, donde vivió algunos años dedicado a las técnicas de grabado e impresión gráfica. Pero aún con la carga de los ingratos recuerdos, volvió a Asunción para seguir con su labor profesional, volviendo a recuperar con sus trabajos su estatus como uno de los arquitectos más destacados.
En 1988 crea el Estudio Pindú S.R.L., en el predio de su residencia, para lo cual convoca a varios profesionales con los que ya tenían experiencias de trabajo conjunto. Allí el artista pasaba horas y horas dando vida a piezas artísticas y proyectos diversos, arquitectura de interiores, diseño de muebles, paisajismo, escenografía.
Antes de la construcción del edificio Nautilus de Pindú en 1989, la torre más emblemática de Asunción era el Hotel Guaraní (1957), de propiedad estatal, influenciado por la arquitectura modernista brasileña. El Nautilus, por el contrario, adquirió importancia local a través de la aceptación colectiva, sin apoyo oficial y sin adherirse a las ideas internacionales de arquitectura.
Antes de su partida, Jenaro buscó dar vida a uno de sus sueños más anhelados: la Fundación Museo Pindú, que se dedicaría a la difusión de las artes y al estímulo de los jóvenes creadores mediante concursos y exposiciones. Esta idea había sido concebida para que todo su acervo particular quedara en un solo espacio para que futuras generaciones puedan ver su trabajo; en el espacio donde fue creado, en su vivienda.
Estilo Arquitectónico El Paraguay idealiza dos vestigios en el reconocimiento y celebración de su patrimonio: las ruinas de los templos y las misiones jesuíticas. Ambos reflejan el modelo de transculturación e hibridación del que surgió la nación paraguaya. Las ruinas de la iglesia de Humaitá, destruida durante la Guerra de la Triple Alianza en 1870, contra Argentina, Brasil y Uruguay, son evidencia de resistencia. Pindú hace renacer estas ideas incorporándolas a su arquitectura, asegurándolas como una confirmación local de la idea universal de civilización. Las ruinas atrajeron a Jenaro porque sus glorias persisten, una presencia atemporal, al mismo tiempo que cimentan puentes con el futuro. Reiterado a lo largo de su vida, este juego dialéctico de construcción-representación, lo propio y lo apropiado, es un marco a través del cual convierte la ruina en uno de sus elementos arquetípicos.