thumb|250px|Museo Field de Historia Natural, Chicago (Illinois, Estados Unidos). La paleontología de dinosaurios o dinosaurología es una subdisciplina de la paleontología que se dedica al estudio de los animales mesozoicos conocidos como dinosaurios y, más precisamente, una parte de la paleoherpetología o estudio de los reptiles antiguos. Gracias a esta investigación se pretende responder a varios interrogantes, entre los que destacan dos: la relación filogenética entre los dinosaurios y los taxones actuales, y las razones de su extinción. El primero permite reconstruir el árbol filogenético y el segundo predecir los efectos que ocurrirían de repetirse la catástrofe que acabó con tales animales. Su nombre proviene de la propia palabra dinosaurus (reptil terrible) y logos (ciencia). A los paleontólogos que se dedican a estos estudios se les denomina paleoherpetólogos o, más vulgarmente, dinosaurólogos.
Historia
+Principales hallazgos de dinosauriosDinosaurioClasificado enMegalosaurus1824Iguanodon1825Plateosaurus 1837Hadrosaurus1858Compsognathus1861Hypsilophodon1869Stegosaurus1877Allosaurus1877Camarasaurus1877Apatosaurus1877Diplodocus1878Ceratosaurus1884Camptosaurus1885Triceratops1889Coelophysis1889Ornithomimus1890Brachiosaurus1903Tyrannosaurus1905Ankylosaurus1908Styracosaurus1913Corythosaurus1914Spinosaurus1915Struthiomimus1917Protoceratops1923Pachycephalosaurus1943Deinonychus1969Baryonyx1986Sinosauropteryx1996
La primera pista de que los dinosaurios existieron fue un diente. En 1824, William Buckland, profesor de geología, estudió un gran diente hallado en una cantera de pizarra de Oxfordshire. Buckland puso el nombre de Megalosaurus al dinosaurio propietario de aquel diente gigantesco. El Megalosaurus fue el primer dinosaurio que tuvo nombre propio. Cuando se encontraron los demás dientes, seguían perfectamente anclados en la mandíbula del animal.
Hallazgo del Iguanodon
Gideon Mantell, médico en Lewes, Sussex (Inglaterra), era aficionado a la paleontología. El doctor Mantell y su esposa Mary Ann pasaban las vacaciones en los valles del sur, en busca de fósiles. Tanta era su afición, que incluso convirtió parte de su hogar en museo para exhibir sus hallazgos. Un día, el médico y su esposa salieron a hacer las visitas de costumbre. Mientras el médico atendía a sus pacientes, su mujer examinaba las piedras que se utilizaban para reparar el pavimento de la carretera. Entonces, encontró en una roca un enorme diente fósil. Cuando Mary Ann mostró a su marido el hallazgo, él quedó entusiasmado. Mantell encontró la cantera de donde procedían las rocas y encontró más dientes y algunos huesos.
Mandó sus hallazgos al barón de Cuvier, un naturalista de fama internacional, y le pidió que los identificara. Sin embargo, en primera estancia el científico se mostró incapaz de clasificar al animal.
thumb|left|300px|Dibujo original de la primera reconstrucción del Iguanodon, realizada por Mantell. La solución al enigma llegó cuando el médico vio a un reptil actual, una iguana, conservado en formol. Aunque claramente de mayor tamaño, los dientes que su esposa había encontrado eran muy parecidos a los de una iguana. Mantell comprendió que debieron pertenecer a un reptil gigantesco. Llamó a esta extinta criatura Iguanodon, que significa "dientes de iguana". Si bien su primera reconstrucción de 1834 no concuerda demasiado con la idea actual de la forma de este dinosaurio, Mantell fue un destacado pionero en el descubrimiento de los dinosaurios.
En 1841 Sir Richard Owen dio su famosa conferencia, en la que presentó los dinosaurios como un tipo de animal desconocido hasta el momento. Se refirió al Iguanodon y a otros dinosaurios. Sus ideas diferían de las de Mantell. El Iguanodon de Owen tenía algunas partes tomadas de un cocodrilo, y otras más parecidas a las de un elefante o un hipopótamo. Pero la púa del dedo seguía todavía en el extremo del hocico. Owen tuvo la oportunidad de plasmar sus ideas en figuras de tamaño real. En 1854, el escultor Benjamin Waterhouse Hawkins inició la realización de modelos de dinosaurios con destino al Parque del Palacio de Cristal, al sur de Londres, y Owen dirigió los trabajos. Estos todavía están expuestos, aunque el Iguanodon se parece más a un escamoso rinoceronte que a un dinosaurio.
En 1878, en las profundidades de una mina de carbón, en Bélgica, un grupo de mineros efectuó un hallazgo de gran calibre: un fósil de Iguanodon. De hecho, fue el primero de muchos otros esqueletos que se encontrarían luego. Se encontraron dos tamaños diferentes de Iguanodon. Uno medía 9-10 metros de longitud, y el otro era más pequeño, de unos 5-6 metros. Algunos expertos creen que se trata de dos taxones diferentes dentro de Iguanodon. Otros consideran que los fósiles son del mismo tipo. Los dinosaurios más corpulentos son machos y los más pequeños, hembras. Los descubrimientos en el yacimiento de Bernissart fueron extraordinarios. Un total de 39 esqueletos completos o casi completos de Iguanodon fueron esmeradamente extraídos y llevados a la superficie. El Real Museo de Historia Natural de Bruselas envió a su mejor paleontólogo para organizar el trabajo. El descubrimiento produjo un gran cambio en la forma de dibujar el Iguanodon. Durante 25 años perduró la idea de Richard Owen del Iguanodon como una criatura parecida a un robusto rinoceronte, pero el hallazgo de los mineros de Bernissart cambió por completo aquella imagen. Costó tres años desenterrar todos los esqueletos. El equipo trabajó en condiciones extremadamente difíciles: el lugar era estrecho, oscuro y peligroso. Cuando todos los restos se trasladaron sin novedad a Bruselas, empezó la tarea de conservación y agrupación de los fósiles.
Nunca se habían encontrado tal número de esqueletos de un mismo tipo de dinosaurio juntos. Esto dio al museo de Bruselas la ocasión de profundizar en el conocimiento y morfología correcta de Iguanodon. Louis Dollo fue el paleontólogo encargado, y a ello dedicó 40 años de estudio (la mayor parte de sus años de trabajo). A medida que iba estudiando los fósiles, Dollo fue capaz de descifrar muchos de los misterios en torno al Iguanodon, incluyendo dónde estaba realmente situado "el cuerno del hocico". Los científicos empezaban a poner en duda la idea de que los dinosaurios eran criaturas pesadas y parecidas a los elefantes. Algunos expertos creían que eran más ligeros, y parecidos a las aves. Dollo estaba de acuerdo con estas nuevas teorías y reconstruyó los esqueletos de los Iguanodon en posición erguida. El trabajo se realizó en una antigua capilla, que fue usada como laboratorio del museo. En sus esfuerzos por mostrar una imagen real del Iguanodon, Dollo estudió ciertos animales vivos. Diseccionó aves no voladoras, como el emú, para descubrir cómo debían de haberse movido los dinosaurios. También se dedicó a dibujar reptiles actuales, como camaleones y cocodrilos, para averiguar cómo se pudo haber alimentado el Iguanodon. Por último, se creó una nueva imagen de Iguandon, totalmente distinta de las anteriores. Ya no parecía un lagarto o un rinoceronte. El dinosaurio de Dollo era gigante, estaba en posición erecta, como un walabí, tenía el cuello de ave de un emú y caminaba sobre dos patas. Su "cuerno en el hocico" se había convertido en una gran púa situada en las patas delanteras. Dollo creía que el Iguanodon tenía la lengua larga como una jirafa para coger las hojas de los árboles. Esto se debe a que descubrió un gran orificio en la base de la mandíbula inferior de este dinosaurio. Los científicos descubrieron posteriormente que Dollo se había equivocado respecto a la lengua, pues el orificio que había observado no era más que un hueso roto. Dollo suponía que usaba la cola para sostenerse cuando se erguía sobre sus patas traseras a fin de llegar a las ramas más altas. Su interés por describir no solo los dinosaurios sino su estilo de vida, modificó la actitud de los científicos. Los especialistas actuales han continuado el trabajo de Dollo. Además de estudiar los esqueletos fósiles también se ocupan de averiguar cómo vivían los dinosaurios.
David Norman fue el primer paleontólogo moderno que volvió a examinar en profundidad todos los datos sobre el Iguanodon. Estudió de nuevo su esqueleto y los datos de Dollo. Su investigación le condujo a una conclusión de gran relevancia: este animal, al contrario de lo que Dollo creía, no caminaba siempre sobre dos patas, sino que la mayoría de las veces se movía a cuatro patas. El Iguanodon tenía la cola dirigida hacia arriba. Esta particularidad le obligaba a inclinarse hacia delante. Por lo tanto, el animal mantenía una postura muy diferente a la que Dollo le había atribuido. Un estudio más detallado de los esqueletos de Dollo, mostró que su equipo había roto la cola del Iguanodon para dar a los dinosaurios una postura erguida. Las "manos" estaban hechas para caminar. Con el cuerpo inclinado hacia delante, las manos podían llegar al suelo más fácilmente. Los tres dedos del medio tienen unas articulaciones que les permiten doblarse hacia atrás. Los dedos terminan en unas garras planas y anchas, casi como pezuñas. Por lo tanto, el Iguanodon seguramente caminaba sobre cuatro patas. El Iguanodon tenía las muñecas suficientemente fuertes para soportar su peso. En la muñeca los huesos se mueven libremente para facilitar el movimiento. En la muñeca del Iguanodon los huesos están fuertemente soldados para poder soportar el peso del animal caminando o corriendo. El Iguanodon tenía un hueso especial en medio del pecho. La explicación más evidente para este suceso es que su finalidad era fortalecer la parte más débil del tórax, la situada entre los hombros. Esta zona debía de soportar una gran presión cuando el Iguanodon caminaba sobre las cuatro patas. El hueso fortalecedor era, pues, muy útil.
Expediciones de Carnegie thumb|Réplica de Diplodocus carneii regalada por Andrew Carnegie al rey Alfonso XIII. Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Andrew Carnegie nació en Dunfermline, Escocia, en 1835. Su familia era pobre, por lo que, cuando él apenas tenía once años emigró a América en busca de una vida más clemente. Encontró lo que buscaba, pues tras ser fogonero de calderas a los 13 años, pasó a dirigir una compañía de ferrocarriles. Los trenes necesitaban acero, y así fundo en Pittsburgh una enorme fundición de hierro y acero. De esta manera se convirtió en el "Rey del Acero" y amasó una inmensa fortuna. Pero Carnegie era un hombre de una excepcional generosidad. Sus donativos causaron sensación en Gran Bretaña y los Estados Unidos, pero él ambicionaba, por encima de todo, un dinosaurio para exhibirlo en el museo que acababa de fundar en Pittsburgh. En Wyoming, un grupo de investigadores del museo descubrió finalmente dos esqueletos de Diplodocus incompletos. Con los huesos se pudo montar un gran esqueleto, el mayor de cuantos se habían reconstruido. El rey Eduardo VII del Reino Unido vio el dibujo de un Diplodocus en la casa que Carnegie tenía en Escocia y quiso que Carnegie le enviara una copia para exhibirla en Londres. Carnegie accedió encantado, y siguió invirtiendo millones en nuevas excavaciones. Sus expertos, sobre todo, Earl Douglas, desenterraron muchos más especímenes, incluyendo Allosaurus, Apatosaurus, Camarasaurus y Stegosaurus. La réplica a tamaño natural de su primer hallazgo, un Diplodocus, aún puede verse en la sala principal del Museo de Historia Natural de Londres.
La Guerra de los Huesos