Yeshayahu Leibowitz (; Riga, Imperio ruso; 29 de enero de 1903-Jerusalén, Israel; 18 de agosto de 1994) fue un intelectual público, polímata y judío ortodoxo israelí. Fue profesor de bioquímica, química orgánica y neurofisiología en la Universidad Hebrea de Jerusalén, además de editor de la Encyclopaedia Hebraica, una extensa enciclopedia en hebreo. Fue conocido por sus controvertidas y directas opiniones sobre política, religión y filosofía judía.
Leibowitz sostenía que el Estado de Israel y el sionismo habían pasado a ser considerados más sagrados que los valores humanistas judíos y describió la conducta israelí en los territorios palestinos ocupados como de naturaleza «judeonazi», al tiempo que advirtió sobre el efecto deshumanizador de la ocupación tanto sobre sus víctimas como sobre sus opresores. Debido a sus frecuentes críticas al sionismo, fue denominado el «profeta de la ira».
Sus ideas despertaron un considerable interés entre distintos sectores de la sociedad israelí, incluidos aquellos que se oponían a ellas.
Biografía Nació en Riga, entonces parte del Imperio ruso y actualmente en Letonia, en 1903, en el seno de una familia sionista religiosa. Su padre era comerciante de madera y entre sus primos se encontraban el filósofo Isaiah Berlin y el futuro gran maestro de ajedrez Aron Nimzowitsch. Además, el orientalista Ernst Mainz estaba casado con una prima suya.
Leibowitz creció hablando alemán y yidis con su madre y hebreo con su padre. Él y su hermana fueron educados por un tutor privado, mientras que su padre se encargaba de sus estudios religiosos. Durante su infancia, Leibowitz era aficionado a las obras en yidis de Sholem Aleijem y Jaim Najman Biálik. Llegó a dominar ocho idiomas: alemán, yidis, hebreo, ruso, francés, inglés, arameo y latín. En 1919, la familia Leibowitz abandonó Riga y se trasladó a Alemania como consecuencia de la batalla de Riga.
Carrera thumb|Yeshayahu Leibowitz en la década de 1930.
Leibowitz estudió química y filosofía en la Universidad de Berlín. Tras completar su doctorado en 1924, trabajó para la Sociedad Kaiser Wilhelm antes de retomar sus estudios de bioquímica y medicina en la Universidad de Colonia y la Universidad de Heidelberg. En 1933 no pudo completar su título de médico en Alemania debido a su origen judío, por lo que terminó sus estudios en la Universidad de Basilea.
En 1935, tras la introducción de las Leyes de Núremberg, Leibowitz realizó la aliyá al Mandato británico de Palestina, estableciéndose en Jerusalén. En 1941 se convirtió en profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, donde inicialmente enseñó química orgánica y posteriormente bioquímica en la Facultad de Ciencias Naturales, además de neurofisiología en la Facultad de Medicina, en la que ejerció como profesor titular desde 1952. También fue profesor invitado de estudios judíos en Haifa.
Entre 1956 y 1972, Leibowitz fue editor de la Encyclopaedia Hebraica. Además de sus numerosos artículos y ensayos, escribió una gran cantidad de libros sobre filosofía, valores humanos, pensamiento judío, las enseñanzas de Maimónides y política. Muchas de sus conferencias y disertaciones, incluidas las impartidas como parte del proyecto Broadcast University de la Radio del Ejército de Israel, fueron posteriormente recopiladas y publicadas en forma de libro. Leibowitz fue también un prolífico escritor de cartas y sus consejos y opiniones eran solicitados con frecuencia. La primera recopilación de su correspondencia, en hebreo, fue publicada de manera póstuma.
En las elecciones a la Knéset de 1949, Leibowitz encabezó la Lista Unida de Trabajadores Religiosos, que no obtuvo ningún escaño.
A mediados de la década de 1950, Leibowitz cofundó y dirigió la «Línea de Voluntarios» (שורת המתנדבים), creada para combatir la corrupción gubernamental, y en 1962 codirigió el Comité Público para el Desarme Nuclear.
Leibowitz se retiró de la docencia en 1970, aunque permaneció como profesor emérito del Departamento de Filosofía.
Vida personal y familia thumb|250px|Leibowitz (tercero desde la izquierda) junto a estudiantes de la Tichon Beit Hakerem, en 1947.
Leibowitz estuvo casado con Greta, con quien tuvo seis hijos, dos de los cuales murieron a temprana edad. Su hijo Elia fue presidente del departamento de astrofísica de la Universidad de Tel Aviv y el director que más tiempo estuvo al frente del Observatorio Wise. Otro de sus hijos, Uri, fue profesor de medicina en el Centro Médico Hadassah. Su hija Yiska fue fiscal de distrito.
Su hermana, Nechama Leibowitz, fue una reconocida estudiosa de la Biblia. Leibowitz permaneció activo hasta el último día de su vida. Murió mientras dormía el 18 de agosto de 1994. Shamai Leibowitz y Hagit Ofran se encuentran entre sus nietos.
Filosofía Religión Halajá y mitzvot Leibowitz era un judío ortodoxo que sostenía opiniones controvertidas sobre la halajá, o ley judía. Escribió que el único propósito de los mandamientos religiosos era obedecer a Dios y no recibir ningún tipo de recompensa ni en este mundo ni en el mundo venidero. Sostenía que las razones de los mandamientos religiosos estaban más allá de la comprensión humana y eran, además, irrelevantes, y que cualquier intento de atribuir un significado emocional al cumplimiento de las mitzvot era equivocado y asemejable a la idolatría.
Creía que los judíos debían cumplir las mitzvot únicamente con el fin de servir a Dios y que, aunque estas también pudieran proporcionar beneficios incidentales a quien las realizara, el acto solo tendría valor religioso si su motivación era servir a Dios. Negaba la idea de que existieran mitzvot «éticas» en sentido independiente y sostenía que cualquier mandamiento que estableciera deberes hacia otras personas se basaba en la posición del individuo ante Dios y no en su relación con sus semejantes.
La esencia de la concepción religiosa de Leibowitz era que la fe de una persona consistía en su compromiso de obedecer a Dios, es decir, los mandamientos divinos, y que esto no guardaba relación con la imagen que esa persona tuviera de Dios. Leibowitz consideraba que Dios no podía ser descrito y que su entendimiento no era el entendimiento humano, por lo que todas las preguntas dirigidas a Dios resultaban improcedentes. Leibowitz afirmaba que la decisión de una persona de creer en Dios —en otras palabras, de obedecerlo— definía o describía a esa persona, no a Dios.
En su opinión, la oración realizada por motivos personales, destinada a satisfacer las necesidades de quien rezaba, carecía de sentido religioso e incluso constituía una blasfemia, ya que pretendía influir sobre Dios y lo concebía como un agente encargado de satisfacer necesidades humanas. A su juicio, la única forma legítima de oración era aquella realizada para cumplir los mandamientos sin referencia alguna a las necesidades del orante.
Dios y la Torá thumb|Leibowitz durante una conferencia en la Universidad Hebrea.
Leibowitz concebía a Dios como trascendente a toda la realidad tal como la conocen los seres humanos. Consideraba que, como entidad, Dios era incomparable con cualquier otra forma de realidad accesible a la experiencia humana y que se encontraba completamente separado del mundo material.
No concebía la historia humana dentro del mundo natural como poseedora de un significado divino y rechazaba la idea de que Dios hubiera establecido un propósito divino para la historia o ejerciera algún tipo de providencia sobre la humanidad. No consideraba la Torá como un relato de verdades históricas y científicas, sino como la fuente de las mitzvot o mandamientos relativos a la forma en que los judíos deben servir a Dios.
Creía que los relatos presentados como hechos en la Torá simplemente empleaban formas literarias comprensibles para los seres humanos con el objetivo de transmitir exigencias relativas al culto a Dios. Escribió que «desde el punto de vista de la fe religiosa, la Torá y la totalidad de las Sagradas Escrituras deben concebirse como una exigencia que trasciende el alcance de la cognición humana —la exigencia de conocer a Dios y servirlo—, una exigencia transmitida mediante distintas formas de expresión humana: preceptos, visión, poesía, oración, pensamiento y narración».
Sostenía que la Torá no debía leerse como un relato histórico puramente factual, que la inclusión de información histórica real sería meramente circunstancial y que todas las descripciones de la intervención de Dios en la naturaleza y en la historia no debían interpretarse literalmente, sino en función de los mensajes que transmitían, puesto que su concepción de la trascendencia divina negaba la posibilidad de semejante contacto entre lo sagrado y el mundo profano.
Una consecuencia de este planteamiento era que la fe, entendida como el compromiso personal de obedecer a Dios, no podía verse cuestionada por el problema filosófico habitual del mal ni por acontecimientos históricos que aparentemente contradijeran una presencia divina. Cuando alguien le dijo a Leibowitz que había dejado de creer en Dios después del Holocausto, este respondió: «Entonces nunca creíste en Dios».
Si una persona dejaba de creer después de un acontecimiento terrible, ello demostraba, según Leibowitz, que solo había obedecido a Dios porque creía comprender su plan o porque esperaba recibir una recompensa. Para Leibowitz, «la creencia religiosa no es una explicación de la vida, la naturaleza o la historia, ni una promesa de un futuro en este mundo o en otro, sino una exigencia». Consideraba que el Holocausto carecía de significado religioso específicamente judío, ya que atribuírselo habría contradicho su concepción de que Dios no interviene en los asuntos humanos.
Judaísmo reformista y cábala Fue crítico del judaísmo reformista, al que calificó de «distorsión histórica de la religión judía», así como de la Cábala, pues consideraba que ambos alentaban a las personas a cumplir las mitzvot no por sí mismas, sino atribuyéndoles una finalidad concreta.
El judaísmo reformista enseña el concepto de «monoteísmo ético» y concibe al judaísmo como poseedor de la misión de ser una «luz para las naciones», mientras que la Cábala busca una redención universal mediante el cumplimiento de las mitzvot. Esto se oponía a la idea de Leibowitz de que estas debían cumplirse exclusivamente para servir a Dios y no con ninguna otra finalidad explícita.
También rechazaba el concepto de Tikun olam, una idea cabalística que sigue siendo popular en el judaísmo reformista como fundamento del apoyo a la justicia social. Asimismo, sostenía que situar al Estado de Israel, la historia judía o la cultura judía por encima de Dios constituía Avodah Zarah, es decir, idolatría.
Problema mente-cuerpo Leibowitz sostenía que el problema mente-cuerpo era intrínsecamente irresoluble. Argumentaba que los seres humanos no pueden comprender racionalmente cómo un acontecimiento mental causa un acontecimiento físico o viceversa, ni pueden comprender cómo ambos tipos de acontecimientos están vinculados de manera constante y sincrónica sin conocer la causa original de dicha vinculación. Sostenía que la incapacidad de comprender la conexión psicofísica refleja una limitación fundamental de la razón y de la cognición humanas.
Ideas y opiniones thumb|Manifestante con una camiseta con la imagen de Leibowitz y la frase «Se los dije» (אמרתי לכם), durante una protesta a favor de la evacuación del puesto avanzado ilegal de Evyatar. Sionismo Leibowitz se consideraba un sionista religioso y estuvo vinculado al movimiento Mizrachi. Concebía el sionismo como una «oportunidad histórica para que la renovada independencia política del pueblo judío pusiera a prueba los valores de la herencia judía frente a las realidades del Estado moderno». Veía favorablemente un sistema jurídico basado en la halajá.