thumb|300px|Ubicación de las catorce provincias argentinas y los territorios indígenas que fueron conquistados por la República Argentina en la Conquista del Chaco. La conquista del Chaco es el nombre con que se conoce en la Argentina la guerra y demás acciones de conquista y ocupación llevada adelante por la República Argentina contra los pueblos guaycurues, matacos y otros pueblos originarios que habitaban el Chaco Central y Austral. Se trata de un territorio de aproximadamente 500.000 km², equivalente al de toda España.

Formalmente la situación de guerra se extendió durante 47 años, siendo iniciada por el presidente Domingo F. Sarmiento en 1870 y finalizada por el presidente Hipólito Yrigoyen en 1917, pero la resistencia armada indígena se extendió dos décadas más, hasta 1938, fecha esta última en la que el gobierno argentino disolvió el Regimiento de Gendarmería de Línea, considerando concluidas las operaciones bélicas y de "limpieza". citado en Los territorios conquistados fueron incorporados a las provincias ya existentes de Salta, Santiago del Estero y Santa Fe, y dieron origen a dos territorios nacionales, Formosa y Chaco, que a mediados del fueron provincializados. Los pueblos indígenas vencidos sufrieron procesos de aculturación, desapoderamiento de sus tierras y trabajo forzado, cuya valoración fluctúa fuertemente en la historiografía, desde un proceso "civilizatorio" y de "cristianización", hasta un acto de despojo y genocidio. En 1994 Argentina reformó la Constitución e incluyó entre las nuevas normas, el reconocimiento de la preexistencia de los pueblos indígenas, el reconocimiento de la personería jurídica de sus comunidades y la propiedad comunitaria de las tierras que tradicionalmente han ocupado.

Pueblos originarios chaqueños

El Gran Chaco es una gran llanura tropical ubicada en el centro de Sudamérica, entre la Cordillera de los Andes y la línea del Río Paraguay/Paraná. La región fue descubierta hacia el año 3.000 AC y está habitada desde entonces. Topográficamente está dividida en tres franjas de norte a sur: Chaco Boreal, Chaco Central y Chaco Austral.

El poblamiento del área conformó tres grandes grupos de culturas: las culturas chaquenses típicas (Mbayá-Guaikurú, Mataco-Mataguayo, Zamuco, Enlhet-Enenlhet, Chiquitano, Guató). las culturas amazónicas (Tupí-Guaraní, Arawac, Tonocoté). las culturas andinizadas (Lule-Vilela).

La invasión europea que siguió a la llegada de Colón en 1492, encontró una fuerte resistencia de las culturas indígenas chaqueñas, que derrotaron los intentos españoles y portugueses de controlar la región, preservando su propia independencia luego de que las colonias españolas y portuguesas se independizaran al inicio del siglo XIX. El Gran Chaco quedó rodeado por cuatro países: Argentina, Paraguay, Brasil y Bolivia. Cada uno de esos Estados llevó adelante un proceso violento de conquista de los territorios y pueblos indígenas que se extendió entre mediados del y mediados del .

miniatura|Agentes de la Gendarmería Nacional posando con niños y jóvenes de la etnia pilagá secuestrados durante la masacre de Rincón Bomba.

A partir de 1810 la actual República Argentina comenzó a organizarse como un Estado independiente, proceso que culminó constitucionalmente en 1853/1860, con la conformación de una federación de catorce provincias, ninguna de las cuales incluía los territorios indígenas que habían preservado su independencia ante la conquista española. Inmediatamente después de finalizada su organización institucional, la República Argentina emprendió la conquista de las naciones y territorios indígenas que limitaban con las provincias federadas. Hacia el sur la operación bélica se llamó la Conquista del Desierto y finalizó con la ocupación de las regiones pampeana y patagónica oriental. Hacia el norte la operación bélica en la región chaqueña, tuvo como fin dominar los pueblos y territorios que se encontraban ubicados al sur del Río Pilcomayo, al oeste de la línea del Río Paraguay/Paraná y al este del Río Salado, que correspondían a las subregiones del Chaco Central y el Chaco Austral, separadas ambas por el Río Bermejo.

Por entonces los pueblos indígenas que habían controlado la región en los siglos anteriores eran: Guaycurúes: mocovíes, tobas y pilagaes Mataco-mataguayos: wichís, chorotes y chulupíes Otros: vilelas, tonocotés, tapietés, chanés y chiriguanos

Tratados preexistentes

Hasta la década de 1870 y durante varios siglos, tanto las autoridades del Imperio Español, como la Argentina una vez independizada, celebró con las naciones indígenas nueve tratados de paz: 1662: con los pueblos tocagües y vilos; 1710: con el pueblo de los malbalaes (hoy extintos); sin fecha: con el pueblo de los lules; 1774: con el pueblo mocoví; 1822: Tratado de paz entre la provincia de Corrientes y el pueblo de los abipones; 1824: Acuerdo perpetuo entre la provincia de Corrientes y el pueblo de los abipones; 1825: Tratado de paz entre la provincia de Corrientes y los pueblos indígenas chaqueños; 1864: Convenio entre la provincia de Corrientes y los pueblos indígenas chaqueños; 1875: Tratado de paz entre la República Argentina y el pueblo vilela.

Un conflicto marcado por el racismo thumb|Tapa del libro "Civilización y barbarie" de Domingo F. Sarmiento, quien fuera el presidente bajo el cual el Estado argentino inició la Conquista del Chaco. Sarmiento veía los conflictos argentinos como un enfrentamiento entre personas "civilizadas" y personas "bárbaras". Las relaciones entre el Imperio español —y luego la Argentina— y los pueblos indígenas estuvieron caracterizadas por una concepción racista, que valoraba negativamente a los pueblos indígenas. Inicialmente fueron sometidos a diversas formas de servidumbre o vasallaje, muy cercana a la esclavitud, quedando "encomendados" a colonizadores españoles o reducidos y protegidos en "reducciones". Durante largos períodos, la relación estuvo limitada al concepto central de "enemigo" al que era necesario destruir o someter. Una vez "pacificada" la relación, ésta pasaba a ser de un paternalismo absoluto, sin ningún respeto a la autodeterminación política y cultural, ya que se valoraba como superiores a la "civilización cristiana" y "blanca" proveniente de Europa. Las repúblicas americanas formadas como resultado de la independencia sostuvieron durante mucho tiempo su derecho a la soberanía sobre los territorios indígenas basándose en la "legítima" autoridad sobre los territorios indígenas ancestrales que había ostentado la monarquía española.

Desde la conquista europea, los pueblos indígenas han considerado ilegítima la ocupación de sus tierras ancestrales. Durante el y parte del , el Estado argentino no reconoció la personería jurídica de los pueblos indígenas, ni derechos sobre esas tierras. Los indígenas no eran siquiera censados; en un principio, por las dificultades de hacer censos en tierras casi inaccesibles cuyas vías de comunicación eran desconocidas para los "blancos"; posteriormente se los ocultó deliberadamente, en defensa de un ideal de la Argentina "sin indios"; posteriormente se sostuvo que censar a los aborígenes por separado era un concepto racista, lo cual impidió conocer datos esenciales para la defensa de sus intereses. Hasta el censo indígena ordenado en 1965 por el presidente Arturo Illia no existían datos concretos sobre la cantidad de indígenas, sólo estimaciones. Posteriormente se realizaron censos indígenas parciales, hasta que recién en el se llevaron adelante censos completos y bien organizados, que demostraron que la población indígena total del país era, como mínimo, del doble de lo que afirmaban las estimaciones y los primeros censos.

Con el paso de los años se modificó la postura oficial de la República Argentina frente a los pueblos indígenas, en un marco universal de cuestionamiento al colonialismo y al atropello histórico y despojo sufrido por los pueblos indígenas, a manos de los imperios europeos y los países americanos que los sucedieron. Entre 1989 y 1992 se fortalecieron en toda Iberoamérica diversos movimientos de reivindicación indígena, que cuestionaron la Celebración del V Centenario del Descubrimiento de América y sostuvieron que no debía "celebrarse", sino que lo que correspondía era visualizar los derechos indígenas avasallados desde aquella fecha.

En 1994 el Estado argentino modificó considerablemente su postura y reconoció por primera vez los derechos indígenas al reformar la Constitución Nacional en 1994 (artículo 75, inciso 17), entre ellos «la preexistencia étnica y cultural» a la Nación y su derecho a la identidad y sus tierras ancestrales:

La norma fue aprobada por unanimidad de todos los bloques, con la presencia de representantes de quince pueblos indígenas existentes en Argentina, en medio de una emoción general, por la magnitud del reconocimiento y el cambio histórico de la postura de la República Argentina frente a los pueblos indígenas, contra los que había realizado dos grandes guerras de conquista y mantenido una política sostenida de aculturación. La convencional Dora Rocha de Feldman sostuvo en aquel debate, que la reforma tenía como objetivo establecer la igualdad de las personas pertenecientes a los pueblos indígenas con todas las demás personas que tenían la ciudadanía argentina, "igualdad que ignoró la Constitución de 1853". La convencional Cecilia Lipszyc sostuvo que "las campañas militares que ocuparon el Chaco, son recordadas como una muestra del desagradecimiento y de la traición del hombre blanco".

El reconocimiento por parte de la República Argentina de los derechos indígenas ancestrales se completó con la ratificación del Convenio n.º 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) por la ley 24.071 (2000), la inclusión en el censo nacional a partir de 2004, la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (2007) y el nuevo Código Civil y Comercial (2015), regulando la propiedad indígena de la tierra. A partir de entonces las comunidades indígenas que habitan en la Argentina, comenzaron a organizarse para hacer efectivos sus nuevos derechos constitucionales.

Sarmiento: el inicio de la conquista Al finalizar la guerra del Paraguay en 1870 se abrió un nuevo conflicto entre Argentina, Paraguay, Brasil y Bolivia por la apropiación del territorio indígena chaqueño. Puntualmente, Argentina pretendía llevar sus fronteras hasta incluir el llamado Chaco Boreal que se encontraba al norte del Río Pilcomayo, mientras que Paraguay, apoyado por Brasil, pretendía que sus fronteras incluyeran el Chaco Central (entre el Río Pilcomayo y el Río Bermejo). La inminente movilización de los países citados hacia los territorios indígenas del Chaco con el fin de establecer su presencia allí, impulsó al gobierno argentino del presidente Domingo F. Sarmiento (1868-1874) a tomar una serie de medidas legales, militares, institucionales y geopolíticas que dieron origen a lo que se conoce como "la Conquista del Chaco".

thumb|Domingo F. Sarmiento: durante su presidencia se inició la conquista de los territorios indígenas del Chaco. thumb|El coronel Napoleón Uriburu comandó las tropas argentinas que iniciaron la guerra de conquista del Chaco. thumb|Estatua de Leoncito, nataxala del pueblo vilela, una de las culturas indígenas vencidas por la República Argentina en la guerra de Conquista del Chaco.