La invasión brasileña de 1864, conocida también en Brasil como guerra contra Aguirre o guerra del Uruguay (), es el nombre que los contemporáneos de los hechos e historiadores han dado a la intervención armada, efectuada por el Imperio del Brasil, que se produjo entre 1864 y 1865 en el marco de una guerra civil comprendida entre blancos y colorados, denominada Cruzada Libertadora de 1863, y tuvo como resultado que la balanza del conflicto se volcó a favor de los colorados.
Dicha intervención se dio en algunas zonas del actual territorio de la República Oriental del Uruguay y el sur del Brasil, y desembocó en el establecimiento de un gobierno dictatorial conducido por el caudillo colorado Venancio Flores y el posterior desenlace de la guerra de la Triple Alianza.
Causas de la guerra Sobre las causas que desencadenaron el conflicto, existen tres hipótesis planteadas por el historiador argentino José María Rosa, quien las cita para explicar la invasión de Flores en 1863.
Hipótesis Hipótesis tradicional La primera, usual en la historiografía liberal argentina tradicional y dada en la época por el diario mitrista La Nación, dice que Bartolomé Mitre y su grupo no tuvieron parte en la invasión de Flores. Dicho medio de prensa publicó el 12 de abril de 1865 una carta de Flores a Mitre del 16 de marzo de 1863, escrita en Buenos Aires en el momento que Flores se disponía a embarcar rumbo a su patria, carta que según esta postura probaría la oposición de Mitre a la invasión del jefe colorado:
Y sigue Flores en su carta a Mitre: «y aunque me parece oírle decir que es descabellada la intentona […] confío en que la Providencia la coronará con el triunfo». Según el escritor uruguayo Washington Lockhart, tanto para Mitre como para su ministro Rufino de Elizalde, la empresa era una “locura”, como lo expresaron a Andrés Lamas, y este a Juan José de Herrera. Debido a eso, sigue aseverando el escritor antes mencionado, Flores reprocha a Mitre haberse negado “a hacer por la emigración oriental lo menos que su nombre podía exigir”. Por último, concluye el escritor que parece claro que no hubo ninguna ayuda material en la primera etapa de la invasión, aunque se sabe que José Gregorio Lezama, días antes de que Flores invadiera el Uruguay, le dio 60.000 pesos, por un pago de servicios —suma que es «demasiado simple» para un pago de servicios según el escritor Lockhart—. Andrés Lamas, que era embajador oriental en la República Argentina, escribía a Mitre pocos días antes: «Estoy contentísimo de que usted sin nota mía, mandase disolver la reunión de Punta Lara y sumariar el hecho». El 13 de mayo, el presidente argentino oficia a Justo José de Urquiza dándole órdenes convenientes a fin de impedir el paso de Flores.
Hipótesis revisionista La segunda hipótesis respecto de la invasión de Flores sostiene que este obró de acuerdo con Mitre. Para sustentar este aserto, se toman en cuenta los siguientes puntos:
Flores era general del Ejército Argentino, como sus acompañantes los coroneles Aguilar y Caraballo y el mayor Arroyo. La solicitud de la baja por los tres primeros a principios de 1862 debió hacer sospechar de sus objetivos.
Flores y sus compañeros partieron de Buenos Aires a pleno día y no en forma oculta, embarcándose en el buque de guerra Caaguazú de la Armada Argentina, puesto a su disposición por el ministro de guerra y marina Juan Andrés Gelly y Obes, quien además acompañó a los revolucionarios colorados y los saludó en el muelle antes de partir, según surge del testimonio del después contraalmirante Martín Guerrico.
La presencia de una sugestiva carta del cura Ereño, corresponsal de Urquiza, quien escribió a este el día 24 de abril de 1863 lo siguiente:
Hipótesis de José Mármol Por último, hay una tercera hipótesis, la cual señala que los ministros de Mitre, sin conocimiento de este, estaban de acuerdo con Flores y las autoridades del Imperio del Brasil. Esta versión fue vertida por José Mármol, un hombre del gobierno argentino; en una polémica con Mitre y con Juan Carlos Gómez sobre las causas de la guerra del Paraguay, el 14 de diciembre de 1869 y bajo las iniciales XX decía lo siguiente:
Antecedentes Época colonial e independentista El primer país europeo que colonizó lo que hoy es Uruguay fue Portugal, cuando se estableció en Colonia del Sacramento en 1680.
Desde el comienzo de Colonia, la supervivencia de la misma siempre estuvo en juego, siendo esta la colonia más distante de la frontera sur del Brasil. Los españoles en Buenos Aires siempre atacaban en innumerables ocasiones logrando conquistar la ciudad de Colonia del Sacramento en 1704. El Tratado de Utrecht firmado en 1715, puso fin a la Guerra de Sucesión Española, y Colonia del Sacramento volvió a Portugal.
Para detener el avance portugués, España funda Montevideo en 1726, un fuerte situado al este de Colonia del Sacramento. La colonia portuguesa es atacada nuevamente en 1735 y 1737. Conforme al tratado de Madrid de 1750, se suponía que Portugal debía intercambiar a España lo que es hoy el oeste del Estado Brasileño de Río Grande do Sul, pero los portugueses se negaron a cumplir el acuerdo. Debido a la Invasión Española de 1762, Colonia del Sacramento y otros pueblos portugueses fueron tomados, pero pronto esas plazas fueron retomadas por los portugueses. El tratado de San Ildefonso de 1777 definitivamente otorgó la colonia portuguesa (Colonia del Sacramento) a España.
En la Invasión Portuguesa de 1811, con la Banda Oriental ya independiente del yugo español, los portugueses volvieron en 1811 para retomar su antigua colonia, pero sin éxito. Una nueva invasión en 1816 conquistó toda la región, que pasó a denominarse “Provincia Cisplatina”. Cuando Brasil se independizó de Portugal en 1822, la Provincia Cisplatina pasó a incorporarse al nuevo Imperio del Brasil. En 1825 un pequeño grupo de orientales se rebelaron contra el Imperio del Brasil; los denominados Treinta y Tres Orientales desembarcaron en la playa de la Agraciada, iniciando una “Cruzada Libertadora” que liberó a todo el territorio de la Banda Oriental del yugo brasileño (menos la ciudad de Montevideo que se encontraba sitiada). Luego de eso, la Banda Oriental pasa a incorporarse nuevamente al tronco provincial de las Provincias Unidas del Río de la Plata (actualmente Argentina), por lo cual éstas, ante la resistencia oriental, le declaran la guerra oficialmente al Imperio del Brasil el 24 de octubre de 1825. Después de una guerra que duró 3 años y que dejó graves bajas para los 2 bandos, el Emperador del Brasil reconoció la independencia de la Banda Oriental en 1828, tras una mediación del diplomático británico John Ponsonby.
Involucramiento de los partidos uruguayos con los países vecinos Como la gran mayoría de las Repúblicas latinoamericanas, Uruguay se vio envuelto desde su independencia en numerosas rebeliones y golpes de Estado. Alrededor de 1836 aparecieron 2 partidos políticos esenciales para comprender la historia del Uruguay: Los Blancos y los Colorados. A lo largo de la guerra civil entre las dos facciones, las mismas tuvieron aliados. Los blancos, aliados del gran caudillo argentino Juan Manuel de Rosas y sus "montoneras" federales, y los Colorados fueron aliados de los unitarios argentinos, con los Guerrilleros Riograndenses separatistas y los Imperiales Brasileños luego. En 1858, una nueva "intentona revolucionaria" por parte de los colorados, que intentaría derrocar al gobierno constitucional de Gabriel Antonio Pereira, terminaría con la trágica Hecatombe de Quinteros, en la cual se fusilarían a 152 colorados, que se habían rendido en son de paz.
2 años después, el 1 de marzo de 1860 en Uruguay la Asamblea General, “reunidas ambas Cámaras”, nombró presidente de la República al blanco Bernardo Prudencio Berro.
El 13 de julio de 1861 la Asamblea General aprobó una amnistía para todos los participantes “en las conmociones políticas que agitaron al país en los años anteriores”.
En la Argentina, con la batalla de Pavón de 1861 se marcó el final de la separación del Estado de Buenos Aires; el victorioso general unitario Bartolomé Mitre fue elegido presidente, con Buenos Aires retomando su papel de capital. Venancio Flores, que se había vinculado a Mitre por razones políticas y de negocios, tuvo una destacada actuación en dicha batalla, y utilizó ese prestigio para lograr el apoyo del gobierno argentino en su proyecto.
Los problemas regionales con el Paraguay Al mismo tiempo, tanto la Argentina como Brasil tenían cada vez más problemas con el gobierno del Paraguay, a la sazón presidido por el mariscal Francisco Solano López. Este había decidido abandonar el aislacionismo de sus antecesores, Gaspar Rodríguez de Francia y Carlos Antonio López, estaba abocado a conformar el ejército más poderoso del área, y pretendía ventajas geopolíticas como la salida al mar, necesaria para su expansión económica. El Paraguay militarmente fuerte, industrializado y expansivo constituía un peligro tanto para el Imperio de Brasil como para la Argentina, y (según la hipótesis revisionista) colidía con el proyecto global de la potencia dominante en el mundo, Inglaterra, de que América Latina quedara como productora de materias primas y cliente de sus industrias. López había tenido excelentes relaciones con el gobierno uruguayo en tiempos de Bernardo P. Berro, y por ello tanto Mitre como el Imperio del Brasil tenían con buenos ojos la caída de este y su sustitución por alguien que asegurara el apoyo a la guerra que ya estaba en el horizonte.
El gobierno de Berro establece nuevamente la legación uruguaya en Brasil (que había estado clausurada luego del retiro de Andrés Lamas, en 1860) y resolvió crear una legación en Asunción del Paraguay. El 3 de febrero el Poder Ejecutivo designó a Juan José de Herrera como Encargado de Negocios ante el Gobierno de la República del Paraguay y a Juan María Pérez como adjunto. El ministro de Relaciones Exteriores uruguayo, Enrique de Arrascaeta, suscribió las instrucciones para la misión diplomática en Asunción el 25 de febrero de 1862. Berro también designó como agente confidencial ante el gobierno argentino a su amigo Andrés Lamas, lo cual se demostraría, - para el escritor uruguayo Maiztegui Casas-, un grave error. Lamas, viejo colorado y amigo de los unitarios, y hombre de extrema confianza de las autoridades brasileñas (con las cuales había signado los tratados de 1851) era el nombre menos indicado para representar a un gobierno de corte nacionalista, amigo del Paraguay, para no hacer referencia al escaso sentido de la lealtad, del personaje, que se había manifestado muchas veces y se manifestaría más aún en el futuro. El gobierno oriental tuvo información certera de que en la Argentina se estaba preparando un movimiento subversivo y que al frente de él estaba Flores, pero recibió reiteradas garantías del presidente Mitre de que su gobierno no respaldaría ningún acto de agresión al Uruguay.
1863 El 21 de enero el presidente Berro designó un nuevo Ministerio que incluyó a Juan José de Herrera, hasta entonces Encargado de Negocios de Asunción del Paraguay como “Ministro Secretario de Estado en el Departamento de Relaciones Exteriores”. Los nuevos secretarios de Estado asumieron sus respectivos cargos ese mismo día.
Frente militar en la frontera uruguayo-brasileña En la frontera de Río Grande del Sur también se juntó gente para invadir el territorio oriental. El Gobierno uruguayo articuló la correspondiente denuncia ante el Encargado de Negocios del Imperio en Montevideo, Ignacio de Avellar Barboza. Decía el 31 de marzo de 1863: “Parece indudable que en el departamento de Alegrete, Brasil, se están reuniendo algunos grupos de orientales y brasileños armados”…
Así informaba el general Lamas. Acuse de recibo inmediato:
El 28 de marzo, el canciller Juan José de Herrera, dirigió una carta al gobierno imperial del Brasil, manifestando lo siguiente: