El Primer Sitio de Montevideo se desarrolló entre mayo y octubre de 1811. Las tropas de las Provincias Unidas del Río de la Plata sitiaron la ciudad de Montevideo, último bastión realista en el Río de la Plata.
Antecedentes
El 25 de mayo de 1810, un movimiento revolucionario depuso al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y formó gobierno en Buenos Aires: la Primera Junta, con lo que se desconocía la autoridad del Consejo de Regencia de España e Indias establecido en Cádiz.
No obstante, tanto Montevideo, como Paraguay y las provincias del Alto Perú,El virrey del Perú José Fernando de Abascal había desconocido a la Junta de Buenos Aires y, a pedido del presidente de la Real Audiencia de Charcas (Vicente Nieto) y del intendente de Potosí (Francisco de Paula Sanz), anexó las intendencias del Alto Perú al Virreinato del Perú. que dependían formalmente de Buenos Aires en tanto sede del Virreinato del Río de la Plata, resolvieron no adherir al pronunciamiento y reconocer en cambio al Consejo de Regencia de España e Indias.
Buenos Aires envío un ejército al norte, donde llevó adelante la Primera expedición auxiliadora al Alto Perú, y otro al Paraguay, al mando de Manuel Belgrano.
En cuanto al frente oriental, hasta tanto se contara con una flota, los juntistas no podían hacer demasiado. Tras el fracaso de las negociaciones, el comandante del Apostadero Naval José María Salazar dispuso el bloqueo de Buenos Aires, mientras ocupaba las restantes plazas de la Banda Oriental que, o bien dependían directamente de Buenos Aires, o se habían pronunciado por la Junta: Colonia, Maldonado y otras.
Desarrollo La Banda Oriental thumb|300px En octubre de 1810 llegó a Montevideo el general Gaspar de Vigodet y se hizo cargo del gobierno. Envió una división al mando del capitán de navío Juan Ángel de Michelena para interrumpir las líneas de comunicaciones y abastecimiento del ejército de Belgrano. Tras ocupar Concepción del Uruguay (Arroyo de la China) el 6 de noviembre, Michelena controló Gualeguaychú y Gualeguay. Los realistas intentaron entonces ocupar Nogoyá y avanzar sobre La Bajada, hoy Paraná, y el Río Paraná, pero la resistencia de las partidas de milicianos lo impidió.
En diciembre de 1811 había regresado a Montevideo Francisco Javier de Elío con la designación como virrey del Río de la Plata. Tras recibir el rechazo a su autoridad por parte de Buenos Aires la declaró ciudad rebelde y estableció la nueva capital del virreinato en Montevideo.
140px|thumb|left|Francisco Javier Elío. La respuesta favorable de la campaña oriental a la Revolución de Mayo fue en aumento, estimulada por las medidas represivas adoptadas por Elío.
El 28 de febrero de 1811, dos caudillos locales, Venancio Benavídez y Pedro Viera, se pronunciaron en Soriano, a orillas del arroyo Asencio, a favor del gobierno revolucionario de Buenos Aires. Tras el Grito de Asencio y el levantamiento de Mercedes y Soriano, la sublevación se propagó por la campaña de la Banda Oriental.
Elío no dio importancia al levantamiento y demoró la respuesta militar:
thumb|300px|El grito de Asensio. El gobierno de Buenos Aires dio órdenes a Belgrano de abandonar Paraguay y dirigirse con su ejército sobre el Uruguay. Incorporó a la división a José Gervasio Artigas como comandante de milicias, y a José Rondeau como segundo de Belgrano. Belgrano quería bloquear el comercio del Paraguay, pero la escuadra realista al mando del capitán Jacinto de Romarate destruyó la patriota de Juan Bautista Azopardo en el Combate de San Nicolás el 4 de febrero de 1815.
Finalmente los realistas debieron evacuar la margen occidental del Uruguay en marzo de 1811, con lo que la situación volvía a los inicios del conflicto: control de la banda oriental y los ríos interiores por los realistas y de la occidental por los patriotas.
Sublevación de la campaña
thumb|140px|Manuel Belgrano. El ejército revolucionario al mando de Belgrano, tras haber reunido sus fuerzas en Candelaria (Misiones), atravesó la Mesopotamia y cruzó el río Uruguay, instalando su cuartel general en Mercedes en abril. Casi toda la Banda Oriental estaba en armas, excepto Colonia (a cargo de Gaspar de Vigodet), Montevideo (Elío), Maldonado (coronel Francisco Javier de Viana) y otros pueblos que tenían alguna guarnición.
Tras el movimiento de los orilleros del 5 y 6 de abril de 1811 en Buenos Aires, en una de las peores decisiones de la historia de la revolución, Belgrano fue llamado el 27 de abril para rendir cuentas de su derrota en Paraguay, cargo del que sería librado en agosto.
Belgrano desarrollaba una intensa y eficaz actividad diplomática con los líderes paraguayos Fulgencio Yegros y el general Manuel Cabañas, que desembocaría en la formación de una Junta revolucionaria en Paraguay el 14 de mayo, en el tratado del 12 de octubre y el cierre del tercer frente. Al mismo tiempo negociaba con los portugueses para demorar su intervención, y también con Vigodet y los comandantes de escuadras de Montevideo, para alentarlos a pasarse al movimiento. Mientras tanto, había conseguido ya reunir un ejército de más de 3000 hombres, poner orden en la multitud dispersa de partidas rebeldes, conciliar los conflictos entre sus líderes y entre ellos y los del ejército porteño y definir un plan de operaciones. Según este plan, Manuel Artigas operaría en el norte, José Artigas en el centro y Benavídez contra Colonia. El plan avanzaba y la capitulación de El Colla (21 de abril), Minas (24 de abril), la caída de Canelones y Maldonado (29 de abril), la victoria de San José (25 de abril) y en el oeste caería Rocha, el 7 de mayo, parecían mostrar como inminente la derrota de Elío.
Quedó a cargo del ejército José Rondeau, con Artigas como Comandante Principal de las Milicias Patrióticas.
La Batalla de las Piedras
thumb|140px|Artigas. Elío, viendo estrecharse el cerco sobre Montevideo envió al capitán de fragata José Posadas con una división de 1230 hombres. Posadas estableció su campamento en Las Piedras, mientras que Artigas el 12 de mayo hizo lo propio en Canelones llegando a reunir unos 400 hombres de infantería y 600 de caballería.
En la mañana del 18 se inició el combate. El ala derecha patriota al mando del capitán Antonio Pérez logró desalojar al ala izquierda y la artillería ubicadas en una loma, y los realistas retrocedieron al pueblo, donde fueron cercados. Se rindieron al finalizar el día: la división completa había sido aniquilada, y quedaban en manos de los patriotas 482 prisioneros, incluidos 23 oficiales y el comandante.
El triunfo de la batalla de las Piedras dio a los juntistas el dominio total de la campaña. Salazar la llamaría pérdida irreparable y cruel catástrofe',' pues en ella se perdió toda la Marina que es el principal apoyo de la plaza. Por otra parte, Benavides había iniciado el sitio de Colonia, defendida por Vigodet, quien tras las Piedras recibió orden de replegarse a Montevideo, por lo que el 27 de mayo era recuperada Colonia del Sacramento.
El ejército revolucionario iba bajo el mando del comandante en jefe, coronel José Rondeau, su jefe de Estado Mayor, Miguel Estanislao Soler, el comandante de la caballería, coronel José Gervasio Artigas, y el jefe de la infantería, teniente coronel Martín Galain. La vanguardia iba al mando del teniente coronel graduado Benito Álvarez y se componía del batallón de Patricios, dos compañías de blandengues de Montevideo y milicias de caballería (1.880 plazas). La primera división iba al mando del capitán José Melián, y se conformaba por dos compañías de Granaderos, nueve del batallón n.º 2, dos del batallón Patricios, una de correntinos y dos de caballería oriental (576 plazas) y 120 dragones a caballo; la segunda división, al mando del teniente coronel Agustín Sosa, formada por el regimiento de Granaderos Pardos y Morenos (450 plazas); la tercera división era liderada por el teniente coronel Venancio Benavides y se formaba exclusivamente por caballería oriental (984 plazas). Existía también una reserva, al mando del capitán Rafael Hortiguera, conformada por dos compañías del batallón n.º 2, tres de blandengues, tres de correntinos y una de infantes correntinos (590 plazas).
Montevideo sitiada thumb|320px|right|Montevideo. Aprovechando el efecto de la moral de su victoria, Artigas exige la rendición de Montevideo. Rechazada ésta, el 21 de mayo la somete a un estrecho sitio, privándola de recursos y estableciendo sus huestes en el Cerrito. Rondeau se incorpora al sitio con sus fuerzas y estado mayor el 1 de junio.
La ciudad tenía muros de nueve metros de altura y seis de ancho, con cuatro bastiones rodeados por un foso. El sistema de defensa de la ciudad se completaba con la Fortaleza del Cerro, el Fuerte de San José del Real de San Felipe y Santiago y la isla de las Ratas, ubicada en la bahía, donde los realistas habían construido una batería, depósito de pólvora y un centro de detención. La nueva batería y sus fortificaciones, que contaban con diez cañones, seis de a 24, dos de 18 y 2 de 12, había sido diseñada el 15 de marzo por el brigadier José del Pozo y Marquy, Ingeniero Comandante de Montevideo.Alberto S. J. de Paula, Graciela María Viñuales, Ramón Gutiérrez, Arquitectura hispanoamericana en el río de la Plata: Diccionario biográfico de sus protagonistas, 1527-1825, Junta de Andalucía, Consejería de Cultura, Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, 2006, ISBN 987-1033-18-4, 9789871033188.
No obstante, el bloqueo era incompleto, por cuanto la escuadra realista mantenía el control del Río de la Plata y los ríos Uruguay y Paraná. Así, Montevideo estuvo en condiciones de impedir la caída de la plaza y bloquear a su vez por mar al puerto de Buenos Aires, mientras efectuaba incursiones en los ríos interiores para hostigar las poblaciones ribereñas, crear o acentuar disensiones y asegurar el abastecimiento mínimo de la ciudad.
thumb|200px|right|Mortero utilizado en el bombardeo de Montevideo. Con 50 cañones y el control aún indiscutido del río, la ciudad era inexpugnable para un ejército sitiador de escasa artillería, por lo que las fuerzas al mando de Rondeau se limitaron fundamentalmente a asegurar el control de los accesos a la ciudad de manera que no pudieran proveerse de alimentos y agua (los pozos quedaban fuera de sus límites) más que por medio de su flotilla. Mientras, la artillería revolucionaria bombardeaba la plaza, de día con sus cañones y de noche con los morteros construidos por el ingeniero Ángel Monasterio.
Isla de las Ratas
A mediados de 1811 el bombardeo a los bastiones de Montevideo estaba a punto de concluir por falta de pólvora, por lo que se pensó en atacar la batería enemiga en la isla de las Ratas, en la bahía de la ciudad, y capturar el depósito de pólvora que allí existiera. Rondeau y Soler acordaron llevar a cabo el proyecto y pusieron al mando de la infantería y del comando de la operación al capitán del Regimiento Dragones de la PatriaLos Dragones eran soldados de infantería montada. Juan José Quesada, quien conformó una fuerza de setenta voluntarios, incluyendo los bogadoresEntre ellos el mayor correntino José Genaro Perugorría (19 de septiembre de 1791-17 de enero de 1815), quien tras la incursión fue enviado por Gervasio Artigas como teniente gobernador de la Provincia de Corrientes y fusilado al año siguiente por optar por Buenos Aires en el conflicto civil. procedentes de los diversos cuerpos que participaban del bloqueo.
Quesada nombró como su segundo al teniente de Dragones José Caparrós, mientras que el mando de los botes, provistos por pescadores del arroyo Miguelete, correspondía al teniente de Marina Pablo Zufriategui, quien tenía por segundo al piloto y ayudante interino de artillería Vicente Barbas.