thumb|Escultura de César Lombera dedicada a La Tertulia (2006), en Pontevedra. Una tertulia es una reunión informal y periódica de gente interesada en un tema —desde la política y el deporte hasta cualquier rama de las artes, la ciencia o la filosofía— para debatir e informarse, o compartir y contrastar iniciativas, noticias, conocimientos y opiniones. Suelen convocarse durante la tarde o noche en locales públicos, como un café o una cervecería, y, en ámbitos más rurales de forma ya inusual, en una rebotica o en un casino provinciano. Todo aquel partícipe de una tertulia es denominado: tertuliano, contertuliano o contertulio.
Etimología y tipología thumb|La tertulia, en la parte superior del dibujo del Corral del Príncipe, hecho por José Antonio de Armona en 1730. Con un precedente físico y quizá romano que aparece en la distribución del público en los corrales de comedias, la Real Academia Española le da a tertulia un origen incierto, pero, como se ve en el sainete de Luis Moncín La tertulia extravagante (1789), algunas señoras tenían una sala de tertulia a la que eran invitados abates, eruditos y poetas dramáticos que leían ocasionalmente sus obras recién compuestas para distraerse o corregirlas si no parecían bien; otras veces se leían y comentaban las noticias de las gacetas o diarios.
En el Diccionario de Autoridades de 1739 queda definida como «junta voluntaria o congreso de los discretos para discurrir en alguna materia», o «junta de amigos y familiares para conversación, juego y otras diversiones honestas» que se solía dar tras la comida, en la llamada sobremesa.
El galicismo salón no se incorpora al Diccionario de la Real Academia Española hasta 1925 como «reunión habitual en una morada de personas distinguidas por su condición o por su cultura», y más usado con el plural salones, y dentro de ambientes aristocráticos o de la alta burguesía.
En el ámbito de este tipo de reuniones se englobarían muy diferentes tipos de tertulias, algunas de ellas más afines a los esquemas de los salones literarios. Así, puede hablarse de tertulias literarias, musicales, artísticas, políticas, de café, de botica, de casino, de salón, o las más modernas de televisión, radiofónicas, o las conceptuales «tertulias dialógicas».Algunas propuestas llegan a incluir en este concepto «dialógico» los no menos modernos «grupos de afinidad», en abierto enfrentamiento con el club social e incluso la logia.
Entre los términos asociados y sinónimos de la tertulia, se podrían anotar: reunión, velada, corrillo, grupo, cenáculo, club, círculo, conversación, coloquio, charla, sobremesa.Casares, Julio: Diccionario ideológico de la lengua española (2ªed. 1975): Editorial Gustavo Gili, Barcelona; p. 810; ISBN 84-252-0126-8. Corripio, Fernando: Diccionario de ideas afines. Editorial Herder. Barcelona, 1985; p. 843; ISBN 84-254-1515-2
Modelos europeos thumb|left|Raul Leal, António Botto, Augusto Ferreira Gomes y Fernando Pessoa en su «tertúlia» del Café Martinho da Arcada, en la Lisboa de 1928. En Europa han existido instituciones similares a la tertulia, como por ejemplo en Francia los «salons» del siglo , dirigidos por una salonnière, mujer de la aristocracia o la emergente burguesía, los clubs en Inglaterra o el café vienés; en Italia tenían lugar desde fines del en la Academia de los Arcades de Roma y sus distintas corresponsales en el resto de la península.
Pero el carácter informal y sin «acta» escrita de la tertulia aleja a las academias de origen italiano del espíritu espontáneo y estrictamente oral de las tertulias españolas o portuguesas, que llegaron a convivir con las academias literarias y las reuniones de las «salonnières» galas (desde Ninon de Lenclos hasta María Teresa de Silva Álvarez de Toledo, duquesa de Alba).
En el ámbito británico, determinados clubs o sociedades literarias como los inklings podrían inscribirse en el capítulo de las «tertulias cultas», y otro tanto podría decirse de los círculos filosóficos como «Die Freien» y otras reuniones entre el pangermanismo y el «stammtisch».
En España
En España, tanto en el ámbito cultural como en las tertulias populares, pueden enumerarse diversos tipos temáticos: políticas, taurinas, literarias, teatrales o de carácter general. Suelen estar coordinadas por un fundador o alrededor de un personaje famoso que asiste con regularidad y a veces llega a darles nombre (como les ocurriera a Cansinos Assens o Valle-Inclán), aunque lo habitual es que se conozcan por el nombre del local que la aloja, por lo general un café, y aunque se dé la circunstancia de que sean varias tertulias las reunidas en ese local a horas distintas o en épocas diferentes. Algunos cronistas o biógrafos de las tertulias españolas anotan como rasgo característico la costumbre de atacar y desacreditar sin misericordia al miembro que se retrasa o que no viene a la tertulia, algo que tiene la función de que se tome en serio la asistencia a la misma. Por su localización, las tertulias pueden ser estables (en un solo lugar) e itinerantes (que se mudan de sitio periódicamente); estas últimas son mucho más informales y menos frecuentes.
miniaturadeimagen|La tertulia (hacia 1890), cuadro de José Benlliure Gil que representa una tertulia rural en una bodega.
La tertulia española, que algunos quieren hacer derivar de las reuniones que organizaba Felipe II para discutir las obras del fogoso y polemizador teólogo cristianorromano Tertuliano, pudo haber tenido sus orígenes en las reuniones que tenían los críticos al acabar una pieza teatral en la zona de los corrales de comedias denominada tertulia. Otra teoría, complementaria más que excluyente, asocia las tertulias españolas a las llamadas academias literarias del Siglo de Oro, entre las que destacaron la Academia Selvaje creada en Madrid en 1612, o la Academia Mantuana, ante la que Lope de Vega, frecuente secretario de estas instituciones, leyó su Arte nuevo de hacer comedias (1609). Además de en la capital de España, pueden mencionarse la Academia de los Nocturnos, en Valencia, o la reunida por el duque de Tarifa, en la Casa de Pilatos de Sevilla.
Ya en el siglo destacaron la Fonda de San Sebastián en Madrid, la granadina Academia del Trípode, o la que mantenía el helenista Pedro Estala en su celda de escolapio. Frente a las reuniones informales de las sociedades dieciochescas de libertinos para organizar bailes nocturnos, como la de la Bella Unión, proliferaron en España también los salones literarios imitando los «salons» franceses, como el de madame Catalina de Rambouillet, palestra del preciosismo seiscentista, que seguía los modelos cortesanos de la casa de Austria. En el Cádiz sitiado por las tropas francesas durante la Guerra de Independencia, se reunían tertulias liberales que, como cuenta Antonio Alcalá Galiano en sus Memorias «poco más podían hacer, limitándose en muchas ocasiones a jugar solamente al monte».
miniaturadeimagen| izquierda| Tertulianos ilustrados en el café de Levante (1839), cuadro de Leonardo Alenza para decorar los salones de ese café de Madrid.
El establecimiento de Sociedades Económicas de Amigos del País a fines del siglo facilitó la creación de este tipo de asociacionismo, así como la difusión de la prensa, que se solía leer habitualmente en los cafés y casinos, de forma que el comentario de las noticias o su contraste en periódicos de orientación diferente formaba en estos lugares improvisadas, animadas y hasta agitadas tertulias que, a su vez, podían generar más formales sociedades económicas o, más frecuentemente, sociedades patrióticas. La creación de estas últimas fue fomentada por parte de los liberales a comienzos del , sobre todo en el Trienio Liberal (1820-1823); las más conocidas en la capital de España en ese periodo romántico fueron la tertulia literaria de El Parnasillo, que se reunía en el café del Príncipe de Madrid, la de escritores posrománticos de La Cuerda en Granada y su extensión en Madrid, que era la mantenida por Gregorio Cruzada Villamil, la del café Suizo, también en la capital, de los hermanos Bécquer o, posteriormente, la de escritores realistas del Bilis club en Madrid, integrada por Leopoldo Alas 'Clarín' y otros escritores asturianos.Queda referido que en la década de 1860, el periodista y político Eduardo Asquerino García reunió una tertulia en su casa, de la que al parecer nació la idea de fundar un Teatro Nacional. Otras reuniones caseras a mencionar fueron la de Manuel Cañete y la del editor Wenceslao Ayguals de Izco, que podía incluir conciertos.
miniaturadeimagen|Galdós en una tertulia literaria (foto de Christian Franzen, 1897).
La construcción de nuevos espacios de socialización, como los casinos, ateneos y liceos, sobre todo a partir de la Revolución de 1868, posibilitó asimismo la creación de tertulias fijas en las provincias; en otras ocasiones las tertulias se celebraban en reboticas o lugares parecidos.
Paralelamente, la aristocracia se reunía en sus salones para distinguirse de esas tertulias burguesas. A finales del ya era costumbre que las reuniones de sociedad en Madrid empezaran el 4 de noviembre, día de San Carlos Borromeo (patrón de los banqueros), con la recepción que daban en su hotel los barones del Castillo de Chirel. A partir de esa fecha, recibían en sus casas o palacios todos los aristócratas destacados al menos un día a la semana; los lunes los señores de Bauer en su palacio de la calle San Bernardo; los lunes por la noche había velada en casa de los Esteban Collantes; los viernes por la tarde en casa de la marquesa de Bolaños; miércoles y viernes, la marquesa de Esquilache reunía a políticos como Eduardo Dato o escritoras como Emilia Pardo Bazán. Las invitaciones solían redactarse en francés.
miniaturadeimagen|izquierda|Tertulia en la Cerveceria Madrid (1988), obra de Constante Gil perteneciente a la serie «Tertulias de Café», en la que representa esta cervecería valenciana. |alt=
Entre los siglos y se mantuvo una tertulia en el palacio y biblioteca sevillanos de Juan Pérez de Guzmán y Boza, a la que asistían (además de su hermano gemelo Manuel), Francisco Collantes de Terán, Manuel Gómez Imaz, José María de Hoyos y Hurtado, Luis Montoto, José Gestoso y Pérez, Francisco Rodríguez Marín, el impresor Enrique Rasco y, cuando pasaba por Sevilla, Marcelino Menéndez Pelayo.
En Salamanca, el Café Novelty albergó desde 1905 tertulias en las que a lo largo de su existencia participarían personajes como de punto de encuentro de la vida cultural de la ciudad, habitual ha sido la presencia de literatos en sus mesas, como Miguel de Unamuno, Ortega y Gasset, Torrente Ballester o Víctor García de la Concha, entre otros muchos. En Granada se reunió la tertulia del Rinconcillo, que se encontraba en la plaza de los Campos, en el Café Alameda, y que, entre otros muchos, visitaron Federico García Lorca y Manuel de Falla. De ese periodo, aunque quizá menos conocida fue la tertulia de San Gregorio que reunía en Segovia en la década de 1920 a personajes como Antonio Machado, Blas Zambrano o Emiliano Barral, y en la que se fraguaría la Universidad Popular Segoviana,"Tertulias de café". Artículo en nortecastilla.es (11.05.2008) Consultado en abril de 2014 además de la revista Manantial.Manantial (1928-1929) Consultado en abril de 2014
Tertulias madrileñas Cuando en 1862 un jovencísimo Galdós llegó al Madrid que luego él mismo convertiría en escenario de la literatura universal, uno de los fenómenos que más le deslumbrarían y al que dedicaría gran parte de su tiempo ocioso fueron los cafés madrileños y sus tertulias. Un singular cuadro castizo que retrataría así en su novela Fortunata y Jacinta:
miniaturadeimagen|Tertulia del Café de Londres (1895)