thumb|Teatro Nacional, San José,1897. Ícono popular del interés del costarricense por la cultura refinada y de rasgos internacionales. La cultura de Costa Rica es reconocible y variada al tener influencias inicialmente de la cultura indígena y europea, posteriormente de la cultura afrocaribeña y asiática. Existen en el país tecnologías tradicionales, prácticas agrícolas, culturales y religiosas, y creencias, que conectan en los campos genético y cultural a la población actual con sus antepasados indígenas, europeos y africanos. Costa Rica es un país mestizo, multiétnico, multilingüe y pluricultural, en la que coexisten sistemas de comunicación social muy diversos que van desde el creol limonense hasta usos y costumbres de origen ibérico, pasando por culturas y formas de pensamiento tan disímiles como la china, la indígena o la menonita.

Costa Rica recibió la imprenta en 1830. Su literatura ha dado, además de bellos trozos costumbristas, singulares ensayistas y prosistas en la primera mitad del . Se destacan los novelistas Joaquín García Monge, Carmen Lyra, Carlos Luis Fallas, Joaquín Gutiérrez Mangel y Fabián Dobles, y los poetas Aquileo Echeverría, Roberto Brenes Mesén, Isaac Felipe Azofeifa, Julián Marchena, Eunice Odio, Jorge Debravo y Julieta Dobles.

Costa Rica tiene un estilo pictórico propio surgido en la década de 1930, basado en la idealización de la vida rural y el paisajismo. En el país, existen representantes de la mayor variedad de estilos y temáticas, desde la tradición académica hasta el impresionismo, el abstraccionismo, el expresionismo, la neofiguración y la pintura postmodernista. Entre los pintores más destacados de toda la historia de Costa Rica, pueden citarse a Tomás Povedano, Enrique Echandi, Francisco Amighetti, Teodorico Quirós, Fausto Pacheco, Margarita Bertheau, Manuel de la Cruz González, Rafael Ángel García, Jorge Gallardo, Rafa Fernández, Lola Fernández y Max Jiménez.

Cuenta con una fuerte tradición escultórica que tiene sus raíces ancestrales en las esferas de piedra, esculturas en piedra, jade y cerámicas precolombinas, legado que posteriormente ha sido cultivado y continuado por escultores como Francisco Zúñiga, Juan Rafael Chacón, Juan Manuel Sánchez, Juan Portuguez Fucigna, Domingo Ramos, José Sancho, Olger Villegas, Max Jiménez, Ibo Bonilla y Jorge Jiménez Deredia.

Con la formación de la Orquesta Sinfónica Juvenil las vocaciones afluyeron, y sobrevino la consolidación de la Orquesta Sinfónica Nacional. La danza parece ser una de las disciplinas más populares, y el teatro sigue su impulso de hace treinta años.

Sin embargo, Costa Rica presenta hoy en día una gran cantidad de venas artísticas entre las que se contempla la música, la danza y el baile, el teatro, el cine, la producción cinematográfica y televisiva, la plástica y las letras.

Desarrollo histórico thumb|La rueda de carreta pintada, importante símbolo de identidad cultural de Costa Rica. Desde sus orígenes hasta el mundo globalizado contemporáneo, los rasgos culturales de Costa Rica han sido marcados por su carácter ístmico como puente entre dos grandes masas continentales de gran poder biológico, económico y geopolítico, generando un punto de encuentro o una línea de paso de todo tipo de corrientes e influencias, que tienen sus manifestaciones en el acervo cultural del país. No obstante, el istmo centroamericano en general y Costa Rica en lo particular, presentan áreas de desarrollo local muy antiguas, independientes del papel de receptor pasivo que el término de puente cultural puede invocar.

A lo largo de su historia, Costa Rica ha experimentado hitos que han orientado sus rasgos culturales. El territorio de Costa Rica es una franja estrecha de tierra rodeada por dos océanos, en la cual se suman una gran biodiversidad natural y una ocupación humana de gran antigüedad y complejidad, con más de diez mil años de historia precolombina. Durante la época colonial, en el país se consolidó un mundo de campesinos, artesanos y comerciantes en la que se impuso una cultura criollo-mestiza que incorporaba elementos afroamericanos e indígenas. En vísperas de la independencia en 1821, coexistían en el país dos sociedades, una de origen hispánico implantada en el Valle Central y con prolongaciones hacia la zona del Caribe y el Pacífico centrales, y la constituida por los indígenas que los conquistadores españoles no pudieron someter, ocupando territorios en las llanuras del norte y la cordillera de Talamanca, lo que permitió la subsistencia de su cultura hasta nuestros días. El desarrollo del campesinado fue de gran importancia y tuvo trascendencia en la posterior evolución del Estado costarricense, cuya vocación agrícola influyó de manera determinante en la consolidación de una identidad cultural (cultura del cacao, cultura del café, cultura del banano).

La independencia, obtenida prácticamente sin buscarla, significó un profundo reacomodo social, donde el conflicto político fue la tónica, motivado principalmente por los localismos de las principales ciudades del Valle Central, que solo fueron totalmente superados con el inicio de la consolidación de una identidad nacional a partir de la orientación valiente, pacífica y laboriosa iniciada con la victoria sobre los filibusteros de Estados Unidos durante la Campaña Nacional de 1856-1857, que conllevó no solo la consolidación de la independencia, sino también al establecimiento de una economía cafetalera que fue motor y cimiento del Estado nacional durante gran parte de su historia. Es trascendental el periodo de la historia nacional entre 1870 y 1914, con un Estado liberal y progresista que quiso ver reflejada su filosofía también en aspectos culturales del país como las artes plásticas, la educación y la literatura, donde el arribo de inmigrantes europeos, afroantillanos y asiáticos vino a enriquecer el universo cultural del país, y cuya crisis política y económica tras 1914 impulsó el fortalecimiento de la democracia, la defensa de la libertad electoral, los movimientos vanguardistas de reacción social, la abolición del ejército, la contribución decisiva a la pacificación de Centroamérica en varias oportunidades históricas, valiéndole incluso el Premio Nobel de la Paz, y más reciente, el reconocimiento universal a la vocación ecológica y de una economía basada en la producción de alta tecnología y el ecoturismo.

Identidad costarricense thumb|250px|Gastronomía tica donde destaca el café chorreado en la mesa, el elote tierno, la chorreada con natilla, sobre muebles rústicos

La identidad nacional de Costa Rica refiere a la cultura colectiva de la costarriqueñidad, unida mediante un amplio cúmulo de rasgos que unen al pueblo costarricense y le permiten identificarse como tal.

Además del factor histórico, Costa Rica tiene un conjunto de elementos que lo definen: sus tradiciones, idiomas, gastronomía, héroes, leyendas, mitos, símbolos y todo aquello que está presente en lo cotidiano y es considerado genuino de la nación. Como dijo Jacques Le Goff "...en el punto de unión entre lo individual y lo colectivo, entre el tiempo de larga duración y el cotidiano, entre lo inconsciente y lo intencional, entre lo estructural y lo coyuntural, entre lo marginal y lo general." Citado en "Reflexiones en torno a la identidad nacional costarricense", Ericka Golcher

Arte

Escultura y pintura

thumb|250px|Nostalgia, de Marta Yglesias. thumb|150px|Escultura en el Teatro Nacional de Costa Rica. El arte de Costa Rica tiene su fundamento más antiguo en el arte precolombino, que se destacó principalmente por la escultura en piedra, la cerámica y la elaboración de objetos suntuarios de jade y oro. Con la llegada de los europeos, se desarrolló la imaginería religiosa, que sería la base principal de la escultura nacional, cuyos primeros exponentes aparecieron hacia mediados y finales del . A partir de finales del , el arte costarricense recibió influencias principalmente de la tradición clásica europea, con la presencia de maestros inmigrantes cuya labor llevó a la conformación de la Academia Nacional de Bellas Artes en 1897. En la escultura, dominó el tema clásico con talla directa en mármol, mientras que en la pintura se dio énfasis al retrato, la pintura histórica y la representación realista del paisaje.

A principios del , surgió entre los jóvenes artistas costarricenses la necesidad de desarrollar una identidad propia del arte costarricense, lo que llevó a muchos de ellos a cuestionar los modelos artísticos vigentes, y adoptar nuevas vanguardias artísticas donde predominase el tema vernáculo, el desnudo femenino, lo indígena y la condición humana. Se buscaron temas nacionalistas como la casa de adobe y el paisaje rural costarricense. Este movimiento va a dar como resultado el surgimiento de una identidad nacional en el arte plástico costarricense, reflejado en la pintura, la escultura y la literatura. Surge una generación de artistas que va a impulsar el arte nacional ajeno al estilo académico, alejado de los cánones clásicos y la pintura de tono europeo, utilizando con ello nuevos materiales y técnicas, como talla directa en roca volcánica y madera, y el uso de la acuarela.

En la década de 1940 se fundó la Universidad de Costa Rica y se realizaron importantes modificaciones en los planes de estudio de la Escuela de Bellas Artes. A partir de la década de 1950, surgió un nuevo interés del Estado, y el arte costarricense aspiró a la internacionalización. El abstraccionismo incursionó en el país en la década de 1960, causando una verdadera revolución en el ámbito artístico nacional, nunca expuesto previamente a esta nueva vanguardia. Luego de los años sesenta, el arte nacional se abrió a una serie de estilos, búsquedas, lenguajes y materiales.

A partir de la década de 1980, el arte nacional recibirá un nuevo impulso no solo en el ámbito público sino también en el privado, que va a repercutir decididamente en el rumbo de la plástica nacional durante las dos últimas décadas del . La fundación de galerías de arte privadas permitirá al artista tener mayores posibilidades de expansión. Aparecerán los pintores postmodernistas, con una mezcla de técnicas y temas, inspirándose en aspectos de la modernidad como los medios de comunicación y el turismo.

Entre los artistas plásticos costarricenses más importantes, se pueden citar:

Fadrique Gutiérrez Juan Ramón Bonilla Juan Rafael Chacón Tomás Povedano Emil Span Ezequiel Jiménez Rojas Enrique Echandi

Francisco Zúñiga Teodorico Quirós Manuel de la Cruz Francisco Amighetti Juan Manuel Sánchez Néstor Zeledón Varela Fausto Pacheco Luisa González de Sáenz Max Jiménez Margarita Bertheau

César Valverde Rafael Ángel García Lola Fernández Néstor Zeledón Guzmán Hernán González Gutiérrez Ana Griselda Hine Luis Daell

Rafa Fernández Gonzalo Morales Sáurez Leonel González Chavarría Isidro Con Wong Rafael Sáenz Rodríguez Ibo Bonilla Oconitrillo Jorge Jiménez Deredia

Ricardo "Chino" Morales

Arquitectura

thumb|250px|Casa de adobe en San Pablo de Heredia. Por su volumetría, distribución funcional y bioclimática, la casa de adobe ha llegado a convertirse en una figura emblemática de la identidad y la arquitectura nacional, representada en diversas obras de arte. Parte fundamental del paisaje rural del país, se acostumbraba pintarlas de dos colores: el blanco, que se obtenía de la cal, y con el que se cubría la parte superior de las paredes, en tanto que, en la parte baja se usaba el azul prusia, color natural que se extraía de un arbusto denominado añil. Junto con el rojo del techo de tejas, se forma una composición de colores que recuerda a la bandera de Costa Rica.