miniaturadeimagen|Moisés ante el Faraón Las diez plagas de Egipto (en hebreo: Makot Mitzrayim), conocidas simplemente como las diez plagas o las plagas de Egipto, son el elemento central de un relato narrado en la Biblia hebrea; según el cual el dios Yahweh (identificado por las religiones abrahámicas con Dios) infligió a los habitantes de Egipto una serie de calamidades, a fin de que el faraón, su monarca, dejara libres a los esclavos hebreos.

El mito, que algunos consideran histórico al menos en parte, se encuentra en los primeros capítulos del libro del Éxodo; allí se describe cómo dos líderes hebreos, Moisés y su hermano Aarón, amenazan a Faraón (usado como nombre propio) rey de Egipto, con el castigo divino si no accede a las demandas de Yahveh para dejar que su pueblo salga de Egipto.

Contexto

Antecedentes Según el relato bíblico contenido en los últimos capítulos del libro del Génesis, el hebreo Jacob y su familia emigraron desde Canaán a Egipto a causa de una hambruna e invitados por José, visir del Faraón e hijo del mismo Jacob. Años antes, de acuerdo a la narración bíblica, José había sido vendido por sus hermanos a unos mercaderes quienes, a su vez, lo vendieron a un egipcio de nombre Putifar. Encarcelado por una falsa denuncia de la esposa de Putifar, José interpretó los sueños proféticos de dos compañeros de prisión. Cuando el Faraón tuvo noticia del hecho, y ante un mensaje onírico que nadie podía descifrar, convocó al prisionero, quien le reveló el porvenir de siete años de feracidad seguidos de siete de carestía. Además de prevenir el futuro, el joven hebreo sugirió la manera de enfrentar la escasez de alimentos, guardando el grano en grandes almacenes. Maravillado por la sagacidad de José, el Faraón lo nombró visir y, desde este cargo, el hebreo arregló el ingreso de los suyos en la región de Egipto llamada Gosén.

En el libro bíblico del Éxodo se narra que, tras la muerte de José, los descendientes de Jacob se habían multiplicado enormemente, formando un pueblo compuesto por doce tribus que llevaba el nombre de Israel, sobrenombre que un ángel diera a Jacob. Un nuevo Faraón, en la Biblia este título se usa como nombre propio, comenzó a oprimir a los hebreos y ordenó, además, la matanza de todo varón recién nacido.

Moisés El relato continúa con el nacimiento de un niño, tercer hijo de Amram y Jocabed, de la tribu de Leví, a quien su madre, no pudiéndolo esconder, colocó en una canasta embreada, dejada en las orillas del río Nilo. La hija del Faraón, sin nombre en la Biblia pero que la tradición llama Bitia, Merris, Thermutis o Asiya, según los comentaristas islámicos, bajó al río, encontró la cuna y dedujo que el niño era hebreo. Lo recogió como propio y lo llamó Moisés que, según la narración, significa sacado de las aguas. El bebé fue confiado a un ama de cría, que era su propia madre, y luego criado en la corte del Faraón. Según la tradición, de la cual se hace eco el Nuevo Testamento, aprendió la sabiduría de los egipcios. Otras leyendas le atribuyen el mando de tropas y la conquista de Etiopía. miniaturadeimagen|269x269px|La vara de Aarón transformada en serpiente, 1889 Moisés se crio como un príncipe egipcio, pero no ignoraba su origen. En una ocasión, al ver a un hebreo maltratado por un egipcio, confrontó y mató al agresor. Al día siguiente, cuando quiso intervenir en una disputa entre dos hebreos, uno de ellos le recriminó la muerte del egipcio. A fin de evitar ser encarcelado, Moisés huyó al país de Madián, donde se casó con Séfora, hija de un jefe local llamado Jetró, y se convirtió en pastor.

Revelación de Yahveh Moisés llegó con su ganado al monte Horeb, o Sinaí, y tuvo una revelación divina. Manifestándose en una zarza ardiente, Dios le habló diciéndole que era el dios de Abraham, Isaac y Jacob, y que había resuelto liberar al pueblo de Israel por su intermedio. Al mismo tiempo le reveló su verdadero nombre, Yahveh y, ante la renuencia de Moisés le aseguró su protección, aconsejándole que se hiciera acompañar por su hermano mayor, Aarón.

Ante el Faraón Recibidos por el Faraón, las leyendas posteriores relatan una serie de desafíos que Moisés y Aarón debieron superar, ambos hermanos solicitan que se permita al pueblo hebreo partir al desierto para celebrar una fiesta en honor a Yahveh. Como prueba de que su misión era ordenada por Dios, Aarón arroja su vara al suelo y se transforma en serpiente. Sin impresionarse el Faraón llama a sus magos, que la tradición posterior llamó Janes y Jambres, y estos repiten el prodigio, pero la serpiente de Aarón devora a la de los magos. No obstante el Faraón se niega al pedido diciendo: ¿Quién es Yahveh? y ordena aumentar el trabajo de los hebreos.

Las 10 plagas de Egipto

I - la plaga de la conversión del agua en sangre miniaturadeimagen|302x302px|Water Is Changed into Blood por James Tissot (Éxodo 7:14-25)

Moisés y Aarón se presentaron ante el faraón y su corte, quienes estaban saliendo del río después del baño del regente. Siguiendo las instrucciones de Yavhé, Aarón extendió su vara (la misma que se había convertido en serpiente), y tocó el agua, no sin antes haberle solicitado al regente la libertad de los esclavos hebreos.

El agua se tornó roja y comenzó a expeler hedor, ya que se había convertido, al parecer, en sangre, por lo que no era posible beber de su cauce, y causó la muerte de las especies que vivían allí. La plaga afectó a todas las fuentes hídricas de país, incluyendo los depósitos donde los egipcios almacenaban agua.

Sin embargo cuando los hechiceros de la corte replicaron el hecho, el Faraón se negó a acceder a las demandas de los hebreos y regresó a su palacio. Los ciudadanos, sin embargo tuvieron que cavar pozos para extraer agua subterránea.

Este desastre ecológico duró una semana.

II -la plaga de la invasión de ranas

miniaturadeimagen|230x230px|La plaga de las ranas

(Éxodo 8:1-15)

Pasados los siete días de la plaga, y en algún momento indeterminado, Moisés y Aarón regresaron ante el faraón, y ante la negativa a sus demandas, Aarón se dirigió al río, extendió su cayado, y luego de pedir al Dios hebreo su intercesión, empezaron a salir del agua ranas, que eran animales comunes en esas zonas.

Según el relato, Moisés amenazó al faraón de la siguiente maneraː El río expulsaría ranas, y los anfibios invadirían las casas, los aposentos del palacio, y cundirían en todo el país, sin distinción de ricos ni pobres. Los hechiceros replicaron también este signo.

Una vez que las ranas cubrieron el país, el faraón le imploró a Moisés y Aarón que intercedieran por él y sus ciudadanos ante Yavhé, y ellos, luego de recibir instrucciones del regente, al día siguiente oraron para que se acabara la plaga. Cuando se consumó la oración, Yavhé mató a las ranas que no estaban en el río, ya que el relato deja en claro que las ranas dentro del río quedarían indemnes. Muertos los anfibios, los egipcios los acumularon y eso produjo que se desatara una pestilencia. Sin embargo, cuando terminó la invasión, el faraón reconsideró sus intenciones y se negó a conceder las demandas.

III - La plaga de los piojos (Éxodo 8,16-19)

Al haber traicionado el faraón su promesa, Moisés y Aarón volvieron a realizar prodigios. Por mandato de Dios, Moisés ordenó a su hermano Aarón que golpeara el polvo de Egipto para que se convirtieran en piojos y mosquitos y desde el faraón, animales y todo ser vivo en Egipto tuvo comezón, y se rascaron hasta casi arrancarse la piel. Los hechiceros reales no pudieron replicar la plaga como las dos anteriores y admitieron que el Dios de los hebreos era más poderoso que sus dioses egipcios y que la plaga de los piojos y mosquitos era obra suya. Una vez más, el pueblo hebreo no sufrió el más mínimo daño de la plaga. El faraón mandó a llamar a Moisés para que acabara el sufrimiento de su pueblo, y Moisés oró a Dios para que los piojos y mosquitos se fueran de la tierra de Egipto, pero tal y como Dios había dicho, el faraón endureció su corazón y no dejó al pueblo hebreo partir al desierto.

IV - la plaga de las moscas (Éxodo 8:20-32)

De acuerdo al relato, Moisés fue avisado por Dios para que en la mañana visitara la corte egipcia cuando se acercaban al Nilo. Una vez allí, Moisés le exigió al faraón la liberación del pueblo hebreo para hacer sacrificios a Dios, a lo cual el regente se negó. Seguido de esto, Moisés levantó su vara, y una nube de tábanos invadió el país, pero, por previa advertencia de Dios, los insectos no tocaron la región de Gosén, donde vivían los hebreos. La amenaza hecha por Moisés dejaba en claro que esa sería la señal para diferenciar al pueblo hebreo del egipcio.

Una vez invadieron el país, el faraón respondió afirmativamente a la solicitud de Moisés, pero exigió que los sacrificios se realizaran en tierra egipcia.

La Torá enfatiza que los Arob (עָרוֹב, que significa "mezcla" o "enjambre") sólo fueron en contra de los egipcios, y que no afectó la Tierra de Gosén (donde vivían los Israelitas). El faraón le pidió a Moisés eliminar esta plaga y prometió permitir la libertad de los Israelitas. Sin embargo, después de que la plaga se fue, el Señor «endureció el corazón del faraón», y rehusó mantener su promesa.

V -la plaga de la peste del ganado (Éxodo 9,1-7)

La quinta plaga de Egipto, fue una terrible peste que exterminó al ganado egipcio, ya fueran caballos, burros, camellos, vacas, ovejas, cabras y animales domésticos de nobles egipcios. El ganado israelita, una vez más, no sufrió ningún daño, debido a que el Dios de los hebreos supo diferenciar su pueblo de los egipcios. De nuevo, el faraón endureció su corazón una vez más y no quería liberar a los israelitas.

VI - la plaga de las úlceras/sarpullido (Éxodo 9,8-12)

La sexta plaga de Egipto fue una enfermedad cutánea que suele traducirse como «úlcera» o «sarpullido». Dios les dijo a Moisés y a Aarón que cada uno tomase dos puñados de hollín de un horno, que Moisés dispersó en el cielo en presencia del faraón. El hollín provocó úlceras en el pueblo y el ganado egipcio. Los hechiceros egipcios resultaron afectados junto con todos los demás y murieron, sin poder sanarse, mucho menos el resto de Egipto, pero ninguna de las plagas tocó a los hebreos.

VII -la plaga de la Lluvia de fuego y granizo (Éxodo 9,13-35)

La séptima plaga de Egipto fue una destructiva tormenta. Dios le dijo a Moisés que levantase su vara hacia el cielo, momento en el cual la tormenta comenzó. Era incluso más sobrenatural que las plagas anteriores, una poderosa ducha de granizo mezclada con fuego. La tormenta dañó gravemente a los huertos y cultivos egipcios, así como a las personas y al ganado. La tormenta azotó todo Egipto excepto la tierra de Gosén. El faraón le pidió a Moisés que eliminara esta plaga y prometió permitir a los israelitas adorar a Dios en el desierto, diciendo que «este tiempo he pecado; Dios es justo, yo y mi pueblo somos malvados». Como una demostración de dominio de Dios sobre el mundo, la lluvia se detuvo tan pronto como Moisés comenzó a orar a Dios. Sin embargo, después de que la tormenta cesara, el faraón de nuevo «endureció su corazón» y se negó a mantener su promesa.

VIII - es la plaga de las langostas y saltamontes (Éxodo 10,1-20)