thumb|Su corazón no era ciertamente alegre. Era capaz de toda la alegría del Universo; pero su sima profunda, como la de todo gran poeta, no era la de la alegría. Quienes le vieron pasar por la vida como un ave llena de colorido, no le conocieron. Su corazón era como pocos apasionado, y una capacidad de amor y de sufrimiento ennoblecía cada día más su noble frente. Amó mucho, cualidad que algunos superficiales le negaron. Y sufrió por amor, lo que probablemente nadie supo.«Federico» (1937), de Vicente Aleixandre. Los Sonetos del amor oscuro, o simplemente Sonetos, son una colección de sonetos escritos durante sus últimos años de vida por el poeta y dramaturgo español Federico García Lorca (Granada, 1898–1936), recopilados y publicados póstumamente. Por tanto, no es un libro definitivo establecido por el autor, y las diferentes ediciones pueden variar, tanto en el índice como en el título, dependiendo de las fuentes en que se base el editor.

Gestación Rafael Rodríguez Rapún fue tal vez, según Ian Gibson, «el más hondo amor de Lorca». Sustituyó a Pedro Miguel González Quijano como secretario de La Barraca en 1933. Rapún, que no era homosexual, cayó bajo el encanto de Lorca; Modesto Higueras, amigo de ambos, señalaba que «A Rafael le gustaban las mujeres más que chuparse los dedos, pero estaba cogido en esa red, no cogido, inmerso en Federico.» Entre 1933 y 1934 Lorca estuvo en Argentina, y es de suponer que mantuvieran frecuente correspondencia durante los siete meses de ausencia de Lorca, aunque no se dispone de información al respecto; Rapún murió en 1937, durante la guerra civil, como tantos amigos comunes. La discreción de los amigos que sobrevivieron y la ausencia de cartas y diarios íntimos dificulta el seguimiento de su relación.

Los herederos de Lorca conservan los once sonetos amorosos, escritos por el poeta en papel de cartas con membrete del Hotel Victoria, de Valencia, donde al parecer el poeta inició la serie en 1935. El 5 de noviembre la compañía de Margarita Xirgu había dado a conocer Yerma en el Teatro Principal de Valencia, con gran éxito. Aunque se había anunciado su presencia, Lorca no llegó a Valencia hasta el día 9, aunque sí estuvo en la despedida de la compañía el día 11. El poeta esperaba impaciente la llegada desde Madrid de su «íntimo amigo» Rafael Rodríguez Rapún; Ian Gibson señala que en esa época Lorca sufría en su relación con Rapún, debido a la «actividad heterosexual» de su joven y atractivo amante, y que el hecho de que éste no se presentase en Valencia «se le aparecería como expresión de abandono», sentimientos que se expresan en «El poeta dice su verdad» y «Soneto de la carta», escritos en papel del hotel donde se hospedaba. En cuanto al «Soneto gongorino en que el poeta manda a su amor una paloma», que posiblemente se inspirase durante esos días, cabe señalar que el joven poeta alcoyano Juan Gil-Albert, a quien Lorca conociera brevemente en 1933 durante una visita a Valencia con La Barraca, le envió en 1935, tras la lectura de Doña Rosita la soltera que Lorca hizo ante Margarita Xirgu y su compañía en el Principal, «un pichón en una jaula, que el joven acababa de comprar en el mercado de la plaza Redonda.» Gibson dice que el soneto fue escrito bajo la inspiración de este regalo, y posiblemente, del hecho de que Gil-Albert le leyera algunos sonetos amorosos de un carácter homosexual nada oculto. Parece probable, según Gibson, que fuera también Rapún el destinatario del soneto, y posible que le enviara el pichón a su amante ausente.

Poco después, en Barcelona, Lorca paró con Rapún en el Hotel Majestic Inglaterra, mientras preparaban el reestreno de Bodas de sangre. Cipriano Rivas Cherif recuerda una escena de desesperación del poeta en el hotel, tras una noche de fiesta en que Rapún desapareció con una de las gitanas del local flamenco, tras la cual el poeta le confiesa su homosexualidad y su visión del amor: «la normalidad no es ni lo tuyo de conocer sólo a la mujer, ni lo mío. Lo normal es el amor sin límites. (···) En lo mío no hay tergiversación. Uno y otros son como son. Sin trueques. No hay quien mande, no hay quien domine, no hay sometimiento. No hay substitución ni remedo. No hay más que abandono y goce mutuo. Pero se necesitaría una verdadera revolución. Una nueva moral, una moral de la libertad entera. Ésa es la que pedía Walt Whitman.» La angustia sentimental que vivía Lorca y la «nueva moral» que reivindicaba encontraron expresión en los Sonetos del amor oscuro.

En mayo de 2012 se anunció la publicación de Los amores oscuros, una novela de Manuel Francisco Reina que se centra en la relación entre Lorca y el periodista y crítico de arte Juan Ramírez de Lucas (Albacete, 1917 - Madrid, 2010), en los últimos días de vida del poeta. Ramírez conservó en su poder una serie de documentos, fruto de su truncada relación con el poeta, que entregó a una de sus hermanas para hacerlos públicos a su muerte. Destaca una carta, fechada el 18 de julio de 1936, donde Lorca incidía en que Ramírez (que por entonces contaba 19 años) convenciera a sus padres para que le permitieran acompañar al poeta a México, donde pensaban escapar del convulso y peligroso ambiente previo a la guerra civil. Entre otros documentos del poeta se encuentra un poema dedicado a su «rubio de Albacete», escrito en el reverso de un recibo de mayo de 1935 de la Academia Orad, donde estudiaba Ramírez de Lucas en Madrid. Manuel Francisco Reina cree que este poema es indicativo de que los Sonetos del amor oscuro estuvieran dedicados a Ramírez de Lucas y no a Rodríguez Rapún, cuya relación con Lorca «se rompió antes del viaje de Federico a Nueva York y Uruguay», según apunta Gibson. Destaca también que Luis Rosales, en cuya casa pasó el poeta sus últimos días, entregó a Ramírez de Lucas, años después de que Lorca fuera fusilado, una carpeta con todos los sonetos mecanografiados que había encontrado en la buhardilla de su familia porque «pensaban que esos documentos debían quedar en su poder».

Evolución del proyecto Fue el también poeta Vicente Aleixandre quien, en 1937, recordaba en una evocación publicada en El mono azul que García Lorca le había hecho una lectura, antes de marchar a Granada, de su última obra lírica: Sonetos del amor oscuro.<ref name="talens-134_Aleixandre"> p. 134 cita a Vicente Aleixandre: «Me leía sus Sonetos del amor oscuro, prodigio de pasión, de entusiasmo, de felicidad, de tormento, puro y ardiente monumento al amor, en que la primera materia es ya la carne, el corazón, el alma del poeta en trance de destrucción.»</ref> El título quedó asociado inmediatamente a los poemas, pese a que años más tarde el propio Aleixandre le precisara a Jacques Comincioli, investigador de la obra de Lorca, que se trataba de un título provisional. También Pablo Neruda recordaba, en un texto de 1968 recogido posteriormente en Para nacer he nacido, que Lorca le recitó de memoria seis o siete «sonetos ejemplares, de una increíble belleza», pertenecientes a un libro completo que tituló Sonetos del amor oscuro.

Por otro lado, en una entrevista concedida por Lorca en abril de 1936 comentaba «Tengo cuatro libros escritos que van a ser publicados: Nueva York (sic), Sonetos, la comedia sin título y otro». En esa misma entrevista, Lorca hablaba de un retorno a «las formas de la preceptiva» que emprendía «el grupo de poetas jóvenes» en España, después de un «amplio y soleado paseo por la libertad de metro y rima». Sobre el ambiente sonetista del entorno poético de Lorca, Gibson comenta la publicación en 1935 de Abril, de Luis Rosales, con «una bellísima secuencia de sonetos» titulada «Homenaje a Fernando de Herrera»; en 1936 se publicó El rayo que no cesa de Miguel Hernández, los Sonetos amorosos de Germán Bleiberg y Misteriosa presencia de Juan Gil-Albert. Gibson especula sobre la posibilidad de que el deseo de no verse aventajado por los jóvenes poetas de la Generación del 36, unido a su admiración por los clásicos, llevara a Lorca a reunir sus sonetos, no solo los amorosos, en un solo tomo.

Otro título que sale a relucir en las fuentes sobre Lorca es Jardín de los sonetos, mencionado por Luis Rosales en una entrevista concedida al biógrafo del poeta Ian Gibson, publicada en la revista Triunfo en 1979. Sería este, según Rosales, un libro dividido en dos partes, de alrededor de 35 sonetos (los más antiguos de 1925) y con una intención más antológica que temática. Claude Couffon fue el primer investigador en hablar del Jardín de los sonetos, mencionando que Lorca trabajó en el libro los días que permaneció refugiado en casa de los Rosales, en Granada, antes de su prematura muerte. A los once sonetos amorosos que conservan los herederos de Lorca, la mayor parte de ellos primeros borradores, se unían una serie de sonetos de temática distinta, algunos de los cuales se remontan a 1924 y otros fueron escritos por el poeta durante su estancia en Nueva York.

Publicación Dos de los once sonetos amorosos, «Tengo miedo a perder la maravilla» («Soneto de la dulce queja») y «El poeta pide a su amor que le escriba», habían aparecido como apéndice a la edición del Diván del Tamarit de Rolfe Humphries en 1940. Otros tres, «Soneto gongorino en que el poeta manda a su amor una paloma», «El poeta dice la verdad» y «El poeta pregunta a su amor por la Ciudad Encantada de Cuenca», aparecieron por primera vez en 1980 en una edición para bibliófilo de Maeght. Se trata de una carpeta de grabados de Miguel Rodríguez Acosta sobre los poemas inéditos de García Lorca, cuyos textos fijó Mario Hernández a partir de las copias manuscritas propiedad de la familia del poeta, y que incorporó en la edición publicada en 1981 por Alianza Editorial, que no recoge sin embargo toda la serie de sonetos amorosos. p. 134

En 1981 se publicó la traducción al francés de André Belamich de once sonetos, incluyendo los cinco sonetos amorosos publicados hasta entonces. Que sólo se dispusiera de la traducción francesa de los textos de Lorca provocó la indignación de los estudiosos de su obra.

Sonetos Ese mismo 1981 Mario Hernández realizó una edición de los Sonetos para Alianza Editorial, junto al Diván del Tamarit y el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Hernández señalaba que pese a la atención que habían levantado los sonetos amorosos, «la variedad de motivos inspiradores parece inducir la consecuencia de que su agrupación unitaria nada tiene que ver con el designio del poeta». En su edición se encuentran sonetos fúnebres («En la muerte de José de Ciria y Escalante», «Epitafio a Isaac Albéniz» y «A Mercedes en su vuelo») junto a otros con un origen puramente circunstancial, como pasaba con muchos sonetos barrocos («Soneto de homenaje a Manuel de Falla ofreciéndole unas flores» y el «Soneto a Carmela Cóndon, agradeciéndole unas muñecas»); también añade dos sonetos escritos en Nueva York, «Adam» y «Soneto [Yo sé que mi perfil será tranquilo]», con imágenes que recuerdan el hermetismo de su poesía en esa época; y finalmente los cinco sonetos amorosos publicados hasta entonces, quizás «los que cargan con más leyenda».

«En la muerte de José de Ciria y Escalante» «Soneto de homenaje a Manuel de Falla ofreciéndole unas flores» «Soneto a Carmela Cóndon, agradeciéndole unas muñecas» «Adam» «Soneto [Yo sé que mi perfil será tranquilo]» «El poeta pregunta a su amor por la "Ciudad Encantada" de Cuenca» «Soneto gongorino en que el poeta manda a su amor una paloma» «El poeta dice la verdad» «Soneto de la dulce queja» «El poeta pide a su amor que le escriba» «Epitafio a Isaac Albéniz» «A Mercedes en su vuelo»

Sonetos del amor oscuro