El árbol de la vida () es una película estadounidense de género dramático, con rasgos de cine experimental y de iniciación, dirigida por Terrence Malick y protagonizada por Brad Pitt, Hunter McCracken, Jessica Chastain y Sean Penn. Estrenada el 27 de mayo de 2011 en cines de Estados Unidos, es considerada una de las películas más notables de la filmografía de Malick. Obtuvo un total de 130 nominaciones, incluidas las de mejor película, mejor director y mejor fotografía en la 84.ª edición de los Premios Óscar, y 116 galardones, entre los que destacan el Premio FIPRESCI, en el Festival de San Sebastián, y la Palma de Oro del Festival de Cannes.
La película toma como hilo narrativo conductor la historia de una familia media de Waco, en Texas, en la década de 1950. De entre sus miembros destaca la evolución del hijo mayor y el contraste de la relación de este con sus progenitores, con un padre severo y una madre mucho más amorosa hacia sus hijos. Después de los juegos de la infancia de los tres hermanos, la narración entra en una fase más onírica en la que el Jack adulto, integrado en un entorno urbano de arquitectura contemporánea y tecnología, sigue buscando respuestas sobre el sentido de la vida, en especial tras la prematura muerte de uno de sus hermanos. En su viaje interior accede a un lugar fuera del tiempo donde le esperan sus padres, sus hermanos y sus recuerdos del pasado.
Desplegando un brillante lirismo visual y sonoro, Malick construye con esta película una reflexión poética muy personal sobre la trascendencia existencial del ser humano.
Argumento El filme comienza con una cita bíblica en la que Dios pregunta: «¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra [...] entre el clamor a coro de las estrellas del alba y las aclamaciones de todos los Hijos de Dios?».Corresponde a los versículos 4 y 7 del capítulo 38 del Libro de Job: Después, una misteriosa luz vacilante parecida a una llama da paso al hilo narrativo principal, en torno a la familia O'Brien. El matrimonio (Brad Pitt y Jessica Chastain) tiene tres hijos y reside en una casa de las afueras de Waco, en Estados Unidos, a mediados de la década de 1950. La mayoría de las escenas discurren en la época en que los chicos tienen, respectivamente, 11, 9 y 6 años, con el mayor, Jack (Hunter McCracken), entrando en la pubertad. El padre intenta equilibrar su sentido paterno de la disciplina con el amor filial. Se suele mostrar duro y autoritario; aunque a veces reclama cariño, suele comportarse con tiranía y, a veces, con violencia. Por el contrario, la madre está volcada en el bienestar de sus hijos; irradia amor y alegría, juega con ellos y en ocasiones los protege de la ira del padre.
Sin embargo, el hecho que marcará para siempre a la familia se produce diez años después. La madre recibe un telegrama que le informa de que su segundo hijo, R. L., ha muerto. El padre recibe la terrible noticia por teléfono desde su lugar de trabajo, y luego se verá ante el doloroso trance de acudir al aeropuerto a hacerse cargo del féretro con los restos de su hijo muerto. Lo que sigue es una estructura narrativa no lineal fragmentada en la que se alternan los recuerdos de escenas de juegos y felicidad con episodios de dolor y pena —especialmente por parte de la madre— tras la inmensa pérdida. La línea cronológica salta también desde el Waco de los años de 1950 y de 1960 al Houston contemporáneo: Jack es ya un hombre de mediana edad (Sean Penn) que, a pesar de haber hecho carrera como arquitecto y trabajar en un entorno de modernos rascacielos de hormigón y cristal, se muestra como un hombre triste y atormentado por dudas existenciales.
Las escenas cotidianas dan paso a un interludio de imágenes en formato de documental. El segmento, una «fusión de ideas y metafísica sobre la historia del universo» según el supervisor de efectos especiales Dan Glass, muestra la formación del universo, la expansión de las galaxias, el origen de los planetas y el nacimiento biológico de la vida. Entre selvas prehistóricas y en parajes remotos de la joven Tierra entran en erupción los volcanes y aparecen los primeros microbios. También hay lugar para episodios vitales concretos: así, en un acto simbólico de compasión, un dinosaurio decide no devorar a una criatura debilitada que yace a la orilla de un río. Después, un asteroide impacta sobre el planeta. Intercaladas, se oyen las voces en off de la madre y de Jack haciéndose preguntas sobre la existencia.
De vuelta a la línea dramática convencional, el padre aparece frustrado profesionalmente, ya que él habría querido dedicarse a su verdadera pasión, la música clásica. Cuando tiene que mudarse a otra ciudad, los chicos se sienten más libres y disfrutan del juego con sus amigos y también con su madre. El preadolescente Jack experimenta las primeras punzadas de rebeldía propias de su etapa vital de iniciación. Incitado por otros chicos de su edad, comete travesuras y actos de vandalismo. El cabeza de familia regresa, pero la situación económica no mejora. De hecho, la fábrica acaba cerrando su sede en Waco y toda la familia debe mudarse a un nuevo hogar. Las relaciones entre padre e hijo son tensas, con episodios autoritarios del padre que se alternan con actos de reconciliación.
El último acto vuelve al Jack adulto y a su mundo actual de rascacielos y ascensores. Súbitamente el espectador comienza a presenciar secuencias con tintes oníricos, intercaladas con imágenes de naturaleza y del cosmos, de unos diez minutos de duración. El entorno ha cambiado de forma radical y se ve a Jack, ataviado con la misma indumentaria, avanzando por un terreno árido. Algo desorientado, va siguiendo a una misteriosa muchacha que le precede a cierta distancia. Franquea una puerta sin muros erigida en medio de la nada y, avanzando por un paraje más sinuoso, ahora precedido de su yo adolescente (de nuevo Hunter McCracken), llega a un banco de arena. La gran playa está poblada por una multitud heterogénea de personas (algunas de ellas son identificables por haber aparecido antes en otros momentos del filme) que, solas o en familia, deambulan sin rumbo fijo. Entre ellos están sus padres y hermanos tal como los recordaba Jack. El Jack adulto entrega a sus padres al malogrado hermano, R. L., que puede al fin despedirse de ellos. La madre, con una profunda y triste sonrisa, deja ir a su hijo, que se aleja solo por un inmenso salar. Luego, ella misma es reconfortada por la misteriosa guía, y ambas a su vez acarician a la niña del comienzo de la película.
El filme se cierra con una toma desde cámara fija de un puente colgante.La estructura corresponde al puente de Verrazano-Narrows, que conecta los distritos neoyorquinos de Brooklyn y Staten Island. La breve secuencia acaba fundiéndose con una luz vacilante similar a la del comienzo.
Producción
Origen del proyecto El germen de lo que luego sería El árbol de la vida había empezado a tomar forma tres décadas antes. Charles Bluhdorn, que dirigía Gulf+Western, la empresa matriz de Paramount Pictures, quedó tan impresionado por «el tono melancólico y los paisajes de ensueño» de Days of Heaven (1978) que ofreció al director un millón de dólares por su siguiente proyecto, fuera cual fuera. El director aceptó y empezó a concebir una historia en torno a la creación, ya fuera en su sentido teológico o evolutivo, al que provisionalmente llamó Q.En alusión a Qasida, una antigua forma del árabe relativa del ámbito de la poesía lírica rítmica. Según el primer esbozo, la historia comenzaba con un dios dormido que, sumergido bajo el agua, sueña los orígenes del universo.
El acuerdo con Paramount quedó cancelado definitivamente en 1983 con la repentina muerte de Bluhdorn; Malick acabó renunciando no solo a Q, sino a la dirección de películas en general: de hecho, pasaría los siguientes veinte años alejado de la industria cinematográfica, en una actitud de aislamiento que recordaba la del escritor J. D. Salinger.
A mediados de 2007, ya con los planteamientos narrativos definidos, retomó el proyecto: la nueva película fusionaría el viaje cósmico documental de Q con una historia semiautobiográfica centrada en una familia de Texas vista a través de los ojos del hijo mayor. Malick propuso el proyecto a Bill Pohlad, director de River Road Entertainment, que acabaría financiando la película. También en una fase temprana se incorporó el productor Grant Hill, y después lo haría Dede Gardner. Gardner era socio de Plan B Entertainment, la compañía audiovisual cofundada por Brad Pitt.La inclusión de Pitt en el reparto no fue en ese momento condición de la productora para cerrar el acuerdo, sino que se decidió después.
Se entró después en un turbulento período de seis años repleto de complicaciones con el reparto definitivo y con el montaje; con el cierre de la distribuidora estadounidense Apparition antes de que Fox Searchlight entrara en escena; y con una disputa de última hora sobre si su fecha de estreno en el Reino Unido se adelantaría a la presentación a concurso en Cannes.
Filmación El material dramático principal se rodó entre 2008 y 2009. La relación de aspecto final de la proyección, o sea, las dimensiones pretendidas en pantalla, sería de 1,85:1 (o, en números enteros, 37:20), con tres formatos de película fotográfica: 35 mm, 65 mm e IMAX.
Dirigía el equipo técnico de filmación Emmanuel Lubezki, que repetía como director de fotografía después de su participación en la anterior obra de Malick, El Nuevo Mundo (2005), por la que ya había sido nominado al Óscar a la mejor fotografía. Su trabajo en El árbol de la vida le valió de nuevo la nominación, aunque finalmente no logró alzarse con el primer premio.Sí consiguió la estatuilla en tres ediciones posteriores consecutivas: en 2013, por Gravity; en 2014, por Birdman; y en 2015, por El renacido.
Ambos querían capturar la vida desde el punto de vista humano, y con ese objetivo primordial en mente establecieron algunas premisas básicas: trabajar con luz diurna, preferiblemente durante la hora dorada; filmar con cámara en mano y con arneses Steadicam; y procurar siempre la máxima resolución de imagen. Lubezki y su equipo tuvieron que aprender a trabajar sin focos. Una de las escasas excepciones fue la escena rodada en el interior de la gran iglesia, en cuya fachada, al otro lado de las vidrieras, los técnicos dispusieron luminarias HMI (basadas en halogenuros metálicos) para garantizar la exposición fotográfica requerida. El diseño de producción, dirigido por Jack Fisk, trabajó también bajo esas premisas y así, por ejemplo, ordenó añadir ventanas adicionales en algunas estancias interiores de la casa real en la que se filmaron las escenas hogareñas de la familia protagonista.
Su estilo de rodaje es muy peculiar. Según el actor británico Eddie Marsan, Malick inventa los diálogos sobre la marcha y pone la cámara en marcha de inmediato, tanto si el actor está preparado como si no. «Filma todo lo posible con luz natural, así que dispones de poco tiempo para hacerlo bien», dice, antes de revelar la siguiente anécdota: Terry acababa de garabatear dos páginas para él; el actor las memorizó y, a poco de iniciar sus frases, el director redirigió la cámara «para tomar un primer plano del maldito pájaro».
Localizaciones La mayoría de los exteriores escogidos para el rodaje se distribuían en torno a un triángulo imaginario en el mapa en cuyo vértice superior estaría Dallas, y en su base el eje Austin-Houston.
Línea narrativa convencional (la familia O’Brien en la década de 1950)