Jaén, fundada como San Leandro de Jaén de los Bracamoros en 1549 y también llamada con el nombre de su antigua gobernación Jaén de Bracamoros para diferenciarla de su homónima española, es una ciudad peruana capital del distrito y de la provincia homónimos, ubicada en el departamento de Cajamarca, en el nororiente del país. Fue fundada el 10 de abril de 1549 por el capitán español Diego Palomino en memoria de su ciudad natal. Con 185.000 habitantes 2023 es la segunda ciudad más poblada del departamento y que aspira a convertirse en un futuro próximo en un nuevo departamento del Perú.
Desde el punto de vista jerárquico de la Iglesia católica es la sede del Vicariato Apostólico de San Francisco Javier, también conocido como Vicariato Apostólico de Jaén en el Perú.Conferencia Episcopal Peruana, Jurisdicciones eclesiáticas-
Toponimia El origen de Bracamoros proviene del quechua pukamuru que significa "cara pintada".
Historia
Primeros pobladores thumb|250px|Montegrande, Jaén
El origen de la ciudad de Jaén se remonta al período de Horizonte Tardío. Entre 1000 y 1500 años a. C. grandes asentamientos humanos se localizaron en los valles de las actuales Provincias de Jaén, Bagua y San Ignacio. En la actualidad subsisten sus obras arquitectónicas y de cerámica. En el valle de Jaén se localiza el gran sitio arqueológico de Montegrande, con presencia de montículos y estilos cerámicos de la tradición Pre-Chavín: el Turuco, inmenso cementerio precolombino ubicado en Bellavista, Ingatambo en Pomahuaca. Otros similares se localizan en los valles de Chamaya, Shumba, Tabaconas, Chinchipe y Utcubamba. En estas ubérrimas tierras del nororiente peruano florecía la Cultura de los Jíbaros, a cuya etnia pertenecían los Huánbucos y Patagones asentados en el floreciente valle del Chuquimayo (Chinchipe), el nombre de Patagones, se debe a que hablaban la lengua Patagona.
El inca Huayna Cápac en su intento de someter a estos pueblos a la influencia del vasto Imperio de los Incas sufrió una catastrófica derrota, denominándolos «Pukamoros», palabra quechua puka = rojo, y muro = pintado, que significa ‘pintados de rojo’ por la costumbre que tenían de ir medio desnudos, de cubrir sus partes anteriores y posteriores con un vestido corto o taparrabos o especie de faldas, y de pintarse el pecho y la cara de rojo, con la semilla de achiote, en sus fiestas y cuando iban a la guerra; estos pueblos abarcaban una región muy extensa del oriente amazónico, que abarcaban por lo menos las cuencas íntegras del río Chinchipe y del río Zamora y de las márgenes del río Santiago y del Marañón.
Los aborígenes de esta región vivían en casas juntas de trecho en trecho, en grupos de 5 y 10 casas; sus viviendas eran de dos clases: unas cerradas con techo de pajas para la lluvia, bien cercadas con puerta y otras abiertas con un mero cobertizo de rama para el calor y cuando no llueve. Dedicados a la agricultura, tenían grandes plantaciones de maíz, actividad que compartían con la caza, la pesca, y la apicultura. No tenían caciques sino señores principales de 10, 20, 30, 50 y 100 indios cada uno. Este desarrollo autónomo fue interrumpido por el proceso colonizador, a fines de 1535 Francisco Pizarro envía al capitán español Juan Porcel de Padilla a la conquista de los Bracamoros.
Los primeros pobladores de la antigua provincia de Jaén de Bracamoros fueron indios aborígenes que vivían formando tribus independientes pero confederadas a quienes de manera general se les llamó pukamuros o bracamoros de los cuales en la actualidad tenemos a los wampís y awajún. Hoy los estudios antropológicos concluyen diciendo que dichas tribus fueron una sola familia, por tal razón se explica su capacidad de unión y solidaridad entre sí ante la adversidad que los llevaba a afrontar problemas comunes y apoyarse mutuamente haciendo una sola fuerza, esta identidad cultural se fundamenta en las similitudes de costumbres, lenguas, historias, cuentos, mitos y artesanía. Acerca de la procedencia, el historiador y antropólogo ecuatoriano Jacinto Jijón Caamaño, sostiene que los jíbaros o bracamoros provienen de los chimúes o tallanes; de otro lado, la mayoría de los estudiosos y la misma tradición awajún considera que proceden del llano amazónico.
Época incaica Expansión El cronista Pedro Cieza de León, sostiene que Huayna Cápac emprendió la conquista de los Bracamoros, pero salió derrotado y en fuga. El historiador Cabello de Balboa afirma que Huáscar o mejor dicho su hermano Huanca Auqui, envidiando los éxitos de Atahualpa en los Quijos, envió contra los pakamuros hasta dos expediciones, poniéndose él mismo a la cabeza de una tercera, siendo en todas vencido, aunque la segunda expedición encaminada por la cabecera del Chinchipe penetró bastante lejos y aún se fortificó algún tiempo en la región.
Jijón y Caamaño describe a los Bracamoros o Pakamuros como indios jíbaros de características físicas fuertes y de espíritu independiente, belicosos y emprendedores, que fueron una gran preocupación para los incas que repetidamente quisieron someterlos pero que no lo consiguieron. En cambio, por medios pacíficos, ejercieron una notable influencia y se extendieron por la actual provincia de Jaén y Región Nor-Oriental, por lo que se han encontrado en el área geográfica en mención vestigios quechuas, aparte de que la toponimia nos está indicando su presencia; así tenemos que la palabra «bracamoros» en quechua, quiere decir Indios ‘pintados de rojo’.
Época de la Conquista El primero de los conquistadores hispanos en incursionar en esta parte Nor-Oriental, fue el capitán Pedro Vergara, a quien se le considera el descubridor de la región de la tribu de los Bracamoros (también llamados Pukuamuros y Yahuarsongo), en una extensión de cien leguas, alcanzando dominarlos por el empleo de toda la pericia militar conocida y el arrojo y valor de sus soldados.
Geográficamente la zona conquistada fue una de las cuatro Provincias o Gobernaciones en que se dividió la Región Oriental de los actuales países de Perú y Ecuador, situándolo en el extremo meridional. Aquí se fundaron villorrios apellidándolos con el nombre de algunas ciudades de Castilla y Andalucía, como Jerez y después otra llamada Jaén.
Juan Porcel de Padilla y la fundación de Nueva Jerez de la Frontera El mestizo Inca Garcilaso de la Vega fue el primer cronista en señalar que el capitán Juan Porcel de Padilla fue el primero en ir a descubrir y conquistar a los Bracamoros o Pukamuros; refiriéndose a los acuerdos tomados entre Pizarro y Almagro, Garcilaso señala: «Al capitán Juan Porcel enviaron a la provincia que los castellanos llaman Bracamoros y los indios Pacamuru». Se presume que Porcel partió a fines de noviembre de 1535 para su conquista de los Bracamoros y llegar a esta región a principios de 1536, por el camino más corto y fácil, que era el de Huancabamba y Tabaconas.
A principios de dicho año sobre la base de las poblaciones antes descritas en el valle denominado Buchaón procedió a fundar la primera ciudad con el nombre de Jerez de la Frontera, proceso que debió interrumpir para acudir al llamado de Hernando Pizarro para sofocar la rebelión de Manco Inca. Sofocada la rebelión y luego de participar en la guerra contra Almagro el Mozo solicitó a Vaca de Castro volver a la conquista de Chuquimayo. Se le concedió y enseguida se aprestó a continuar la fundación de su Nueva Jerez de la Frontera. De su fundación solo quedan ruinas abandonadas, filigrana de poco valor, hoy denominada Jaén viejo, está ubicada en el distrito de Santa Rosa, Provincia de Jaén. El año 1540 el Rey Carlos I nombra como gobernador de la ciudad de los Reyes (Lima) a Don Cristóbal Baca de Castro y le ordena que al hacerse cargo de su investidura haga la linderación necesaria para la creación de los Obispados de Lima y Trujillo, poniendo especial atención en Jaén de Bracamoros.
Traslado de Nueva Jerez de la Frontera 230px|thumb|Escudo de Juan Porcel de Padilla Vecino de Puerto Viejo, alcalde Ordinario de Santiago de la Culata, Fundador de Nueva Jerez de la Frontera, concedido el 2 de noviembre de 1568. Porcel tuvo que trasladar su Nueva Jerez de la Frontera del valle de Buchaón al sitio de Yuramarca, situado a 5 leguas de Jaén Viejo, probablemente en un alto de la actual quebrada de Zapotal. Este traslado se realizó a principios de 1543 llegando a construir la iglesia y conformar el Cabildo, estando en plena consolidación de la nueva ciudad fue nuevamente llamado por el nuevo virrey Blasco Núñez de Vela, esta vez para ir a luchar contra Gonzalo Pizarro. Por su lealtad al Rey y en mérito a su servicio prestado a la Corona española el pacificador don Pedro de la Gasca confirmó a Porcel en su conquista de los Bracamoros, pero esta vez por muy poco tiempo.
Diego Palomino y la fundación de Jaén El 3 de octubre de 1548 el pacificador Pedro de La Gasca realizó el traspaso de dicha conquista al capitán español Diego Palomino quien hizo su ingreso por el Chuquimayo (Chínchipe) el 10 de abril de 1549, luego de cruzar varios pueblos entre ellos, Chirinos, Perico, para arribar luego al mismo lugar donde Porcel fundara Nueva Jerez de la Frontera, es decir Yuramarca (distante a 80 km aproximadamente del Jaén actual), en donde fundaría la ciudad y en abril de 1549 plantó la cruz en lo que sería la plaza de Armas, trazó las calles y asignó solares a 26 colonos o futuros pobladores, de lo cual se dio cuenta a La Gasca y al Consejo de Indias el 21 de septiembre del año citado. El nombre de la ciudad recién fundada fue solo Jaén, como homenaje a la ciudad de Jaén de España de donde provenían los nuevos colonizadores; posteriormente los lugareños le denominarían Jaén de Bracamoros en reconocimiento a los naturales de la zona, principal tribu aborigen de la región, como santo patrono de la ciudad fue instituido San Leandro. La ciudad de Jaén al finalizar el e inicios del s. sufrió una grave pérdida del potencial humano en la mayoría de los pueblos indios de su provincia, según el censo de 1561 los indios de Chirinos eran 4000 y en 1606 disminuye a 1055, en el mismo censo de 1561 Jaén registra 2000 indígenas, en el de 1591 descendían a 106, en el censo de 1606 la población indígena continuó disminuyendo.
Época Virreinal Nuevas fundaciones
Por el año 1607 el emplazamiento de la Primitiva Ciudad de Jaén de Bracamoros había cambiado hasta en cuatro oportunidades, para quedar definitivamente asentada un poco al norte de la confluencia del Huancabamba con el Marañón, en el pequeño Valle de Tomependa.
Este Jaén de Bracamoros llegó a transformarse en centro de irradiación de importante labor misionera y cabeza de un corregimiento cuya provisión estaba reservada al Consejo de Indias.
La industria instalada más importante fue la de fraguas para forjar metales, confeccionando machetes y hachas de mucha utilidad en una región donde continuamente había que cortar árboles y ramas; los interesados en estas y otras herramientas acudían desde Borja y Jibaría, además se ofrecía atención de sanidad a todos los enfermos, adoleciendo la mayoría de paludismo.
El ciclo de la ciudad de Jaén antes descrita estaba a concluir, por lo que buscaron otro lugar con mejores condiciones para vivir escogiéndose el frondoso Valle y Río Amojú, nombre con que a Jaén se le conocía en ese entonces. El traslado se produjo entre los años 1804 y 1805.
Jaén durante el Virreinato