thumb|right|250px|El visitador Cristóbal de Albornoz, descubridor del Taqui Oncoy, según Felipe Guamán Poma de Ayala. El Taqui Oncoy o Taqui Ongoy (en ortografía quechua contemporánea: Taki Unquy o Taki OnqoyMillones (2007): 8. ‘enfermedad del canto’), fue un movimiento andino de compleja configuración, surgido en los Andes peruanos durante el (c. 1564– c. 1572) en contra de la reciente implantación del CristianismoCASTRO-KLARÉN, Sara: Discurso y transformación de los dioses en los Andes. Del Taki Onkoy a “Rasu Ñiti” En: Millones, Luis: El retorno de las huacas. Lima/Perú. 1990. pp. 407Millones (2007): 11.
Antes de la década de 1960, los historiadores del mundo andino solo le habían prestado una atención pasajera al Taki Onqoy.Mumford (1998): 151. En 1964 un breve artículo escrito por Luis Millones Santagadea titulado «Un movimiento nativista del siglo XVI: el Taki Onqoy» en la Revista Peruana de Cultura dio inicio a al menos tres décadas de estudio e interpretación minuciosos.
Definición y significado El Taqui Oncoy se basaba en la creencia de que las huacas, abandonadas por la expansión del cristianismo, podían tomar posesión de los indígenas a través del éxtasis iniciático generado por la danza y el ayuno ritual.Millones (2007): 17, 21, 23. Una ceremonia como esta derrotaba al dios europeo y anulaba el bautismo para ellos. Así, el objetivo de este movimiento era derrotar al Dios católico, recuperar a los indígenas bautizados y expulsar a los españoles.
Huacas portátiles y posesión El Taqui Oncoy introdujo una innovación teológica en la religión andina: las huacas ya no se manifestaban en elementos estático o monumentales como piedas y santuarios, sino que ahora "volaban por el aire" para introducirse directamente en los cuerpo de los creyentes. A este estado de posesión divina que los españoles denominaron peyorativamente como la "enfermedad del canto o baile", los indígenas lo concebían como un trance ritual y un estricto mecanismo de purificación. Mediante el baile frenético, los poseídos buscaban borrar la mancha del bautismo católico, el cual había pasado de ser un símbolo de alianza a ser visto como una marca de traición o muerte.
Derrotar al dios cristiano El movimiento predicaba que el tiempo de dominio del dios cristiano había terminado. La estrategia espiritual para derrotarlo consistía en vencerlo por "hambre". Se creía que el dios europeo solo mantenía su poder mientras los indígenas rindieran culto, por lo tanto, el movimiento exigía la exclusión total del cristianismo, prohibiendo a los indígenas ingresar a las iglesias, recibir los sacramentos y pronunciar oraciones, privando así a la divinidad extranjera de su sustento.
Alianza Panandina A diferencia del periodo incaico, donde el culto solar mantenía una hegemonía centralizada, el Taqui Oncoy propuso una alianza o federación de divinidades andinas. Las huacas, superando antiguas rivalidades, se habrían ligado en dos grandes bandos liderados por las deidades más prestigiosas: Pachacamac y Titica. Esta profecía representó el esfuerzo por construir una identidad panandina unificada para expulsar la influencia europea y restaurar el equilibrio cósmico.
El Taqui Oncoy en las crónicas Varios cronistas han hecho referencia al Taqui Oncoy, los principales han sido Cristóbal de Molina en sus escritos Relación de las fábulas y ritos de los Incas (circa 1574) y Cristóbal de Albornoz en Informaciones de servicios (1569, 1570, 1577 y 1584) y en La instrucción para descubrir todas las guacas del Pirú y sus camayos y haziendas (c. 1580).Mumford (1998): 151-152. Otros cronistas también mencionaron al movimiento, como Martín de Murúa en Historia general del Piru (1590).
En la Doctrina Christiana de 1558 se hace referencia al Taqui Oncoy como una enfermedad de baile:Millones (2007): 16.
El Taqui Oncoy como enfermedad de baile también es mencionado por Martín de Murúa en su Historia general del Piru: «Suélese dar una enfermedad de bailar, que llaman taquioncoy. Para curar de ella llaman a los hechiceros, y se curaban con ellos millones de supersticiones, y confesábanse entonces con los hechiceros»
Antecedentes y Causas
Colapso demográfico y social Esta crisis se manifestó, en primero lugar, como una catástrofe biológica sin precedentes. La llegada de los españoles introdujo agentes patógenos, como la viruela, gripe y rubiola, para los cuales las poblaciones locales carecían de defensas inmunológicas.Según Watchel, este choque microbiano provocó un descenso demográfico: la población del Imperio Inca, estimada en unos 10 millones de habitante hacia 1530, se redujo a escasos 1.5 millones para 1590. Esta despoblación fue percibida por los supervivientes como un trauma de dimensiones gigantes, un estado de muerte constante que debilitaba la estructura de sus comunidades.
Sumado a la mortandad por enfermedades, la imposición del sistema de encomienda alteró de manera radical la organización social y económica. En la región de Huamanga, los encomenderos buscaron extraer el máximo beneficio de la mano de obra indígena para sostener las nacientes empresas coloniales y la minería. Como señala Steve Stern, aunque inicialmente existieron alianzas incómodas entre curacas y españoles, la presión por el tributo y el trabajo forzado terminó por desarticulas las redes de reciprocidad andina. Los indígenas se vieron obligados a producir excedentes para un mercado ajeno, descuidado sus propios sistemas de subsistencia y sus ritos tradicionales.
Este escenario de opresión social y fragilidad biológica generó un sentimiento de abandono por parte de sus divinidades locales. La incapacidad de las huacas para detener las epidemias y el éxito aparente del dios cristiano en la guerra crearon el caldo de cultivo ideal para la desesperación. En este sentido, el colapso demográfico y la explotación de la encomienda fue lo que impulsó a los "vencidos" de buscar una solución radical y espiritual: el retorno purificador de las huacas para expulsar a los invasores.
Crisis espiritual La consolidación del dominio colonial se fundamentó en una agresión contra la cosmovisión andina. Tras la invasión, se produjo una fractura en este universo simbólico indígena que Watchel denomina como "la muerte de los dioses". La imposición del cristianismo fue percibida inicialmente bajo las reglas de reciprocidad: los indígenas aceptaban al dios cristiano porque este había demostrado ser más "poderoso" en la guerra; sin embargo, dicha aceptación entró en crisis hacia 1560, cuando los beneficios esperados de esta nueva alianza espiritual no se materializaron, abriendo paso a otra desilusión religiosa.
En este contexto, el bautismo se convirtió en el eje central del rechazo. Si antes los nativos habían acudido a los sacerdotes para recibir el sacramento como un mode de inserción en el nuevo orden, el movimiento del Taqui Oncoy comenzó a predicar que el bautismo era, en realidad, una marca de traición y muerte. Según los documentos rescatados por Luis Millones, los líderes del movimiento sostenían que quienes habían sido bautizados estaban "enfermos" y debían renunciar al cristianismo para recuperar lo que tenían en el tiempo de los incas. Esta renuncia implicaba un rito de purificación en el que el individuo renegaba el nombre español recibido y de la fe católica para reincorporarse a la adoración de lass huacas y, quienes se negaran, recibirían la muerte por parte de los dioses.
Stern explica que la crisis espiritual se agudizó por la persecución de los ritos locales realizada por la Iglesia, lo que forzó a los indígenas a una dualidad religiosa insostenibles.El Taqui Oncoy surgió entonces como la respuesta radical a esta imposición, se trataba de una propuesta de exclusión donde el dios cristiano y las huacas no podían coexistir en el mismo espacio sagrado. La victoria de lass huacas exigía, por tanto, la expulsión definitiva de toda influencia espiritual europea.
Historia Surgió aproximadamente en 1560 en la ciudad ayacuchana de Huamanga, desde donde se propagó a Lima, Cusco, Arequipa, Chuquisaca, Oruro y La Paz.
Se trató en un principio de lo que se ha llamado "la rebelión de las Huacas", es decir como un movimiento religioso que propugnaba el rechazo del Dios cristiano que iba ganando cada vez mayores adhesiones entre los indígenas, en la mayoría de los casos debido a las labores de colonización y evangelización realizadas por las órdenes religiosas católicas, pero también registrándose algunas conversiones violentas que partían desde la autoridad política virreinal; todo esto en el contexto de la conquista española del Tahuantinsuyo. De este modo, se incitaba al regreso al culto de las huacas, que son a su vez las deidades prehispánicas y los recintos en los que se realizaba su veneración.
Paso a revuelta política Luego de firmado el Tratado de Acobamba que ponía fin a la resistencia de los incas de Vilcabamba, el huamanguino Juan Chocne organizó el Taqui Oncoy como rebelión política. Justamente de rebelión contra el culto cristiano, el Taki Oncoy derivó rápidamente a un movimiento de rebelión política con una ideología típicamente andina. Se pensaba que las huacas, en el primer momento de la invasión española, retornarían con todo su poder y vencerían al Dios castellano y con él a los invasores peninsulares, restableciendo así el equilibrio del mundo roto con la conquista. La rebelión fue duramente reprimida por el visitador Cristóbal de Albornoz, con quien colaboró el futuro cronista Felipe Guamán Poma de Ayala. Se llevó a Chocne y a los líderes espirituales a Cusco donde debieron rechazar en acto público sus creencias. Las mujeres participantes fueron recluidas en conventos y los curacas fueron multados por su participación en la sublevación.
En el Segundo Concilio Limense de 1567 se ordena el encarcelamiento de los “hechiceros”.Millones (1965): 153. El movimiento declinó en pocos años, se estima que terminó la práctica en 1572, pero la esperanza de una "reconquista" sobrevivió en el folclore y en círculos intelectuales.
Vilcabamba y el Taqui Oncoy Hacia la década de 1560, la estabilidad del virreinato peruano se vio amenazada por una resistencia que operaba en dos planos complementarios: el político-militar, representado por el Estado neoinca de Vilcabamba, y el ideológico-popular, encarnado en el Taqui Oncoy. Lejos de ser esfuerzos aislados, el movimiento formó parte de un plan de agitación más vasto que buscaba la expulsión definitiva de los españoles mediante una acción coordinada entre el poder del inca y las huacas.
El Taqui Oncoy como brazo civil Mientras el inca Titu Cusi Yupanqui mantenía negociaciones diplomáticas con las autoridades coloniales, el Taqui Oncay funcionó como el brazo civil de la resistencia. Predicadores como Juan Chocne socavaban el control español desde el interior de las ciudades y encomiendas, bajo la premisa de que el éxito del movimiento civil crearía las condiciones necesarias para que las fuerzas de Vilcabamba recuperaran el control político del territorio y propiciaran la restauración del orden antiguo o pachakuti.
Trascendencia
Durante mucho tiempo olvidado, fue rescatado por la historiografía peruana en un estudio de Luis Millones de 1964 y desde entonces ha sido motivo de constante revisión y análisis, pues ha ayudado a comprender varios problemas en la sociedad peruana contemporánea como por ejemplo el proceso histórico de las insurrecciones andinas contra el dominio español en el Perú. Hasta ese entonces se creía que los movimientos de Manco Inca, Juan Santos Atahualpa, o incluso más tardíamente el de Túpac Amaru II, tenían manifestaciones únicamente políticas y se descuidaba el matiz cultural y religioso que implicaban y que el estudio del Taki Oncoy llevó a comprender mejor.
La trascendencia del Taqui Oncoy rebasó las fronteras del Perú cuando el cantautor argentino Víctor Heredia publicó en 1986 un álbum musical homónimo.