miniatura|Muralla romana. El Conjunto arqueológico y monumental de Olérdola se halla en el municipio de Olérdola, en la comarca del Alto Penedés (provincia de Barcelona, en Cataluña, España. Se trata de un poblado situado en la montaña de San Miguel de Olérdola, cuyos orígenes se remontan miles de años atrás. El recinto de Olérdola es hoy en día un Bien Cultural de Interés Nacional en el marco de la ley autonómica del Patrimonio Cultural Catalán.

El enclave del poblado de Olérdola La montaña de San Miguel de Olérdola ha sido un tópos alternativamente codiciado y abandonado por el hombre. La principal razón de tal versátil ilación hay que buscarla en las más primarias relaciones que el hombre ha establecido con su entorno: cuando ha necesitado controlar y proteger al territorio y a sí mismo, ha ocupado la estratégicamente situada montaña olerdolana; en cambio, en situaciones pacíficas, ha preferido las zonas bajas, ya que ofrecen mejores condiciones para desarrollar las variadas actividades humanas. Sin embargo, aunque la vida no debió ser fácil en la montaña, no hay que considerarla un medio hostil, meramente estratégico, carente de arropo y amparo, de bienes. Si el hombre decidió instalarse en Olérdola fue también por los numerosos recursos naturales que se extienden a los pies de la montaña.

Entender la montaña de Olérdola geográficamente es conditio sine qua non para entender los motivos de los colectivos humanos que la habitaron, así como para entender muchas de las explicaciones posteriores y las ubicaciones de los diferentes restos. El conjunto histórico de Olérdola se sitúa en la montaña de San Miguel de Olérdola. Esta montaña constituye una plataforma rocosa inclinada que se halla en las estribaciones meridionales del Macizo del Garraf, dentro del municipio de Olérdola (formado por 4 pueblos), en la comarca del Alto Panadés. El área del Macizo en torno a Olérdola está formada por materiales del Cretáceo (calcárea miocénica bioclástica y dolomías), y configura la zona más alta del Macizo del Garraf. Una de las características principales de la montaña de Olérdola es su litología, la roca calcárea. Durante la Era Terciaria, en la comarca del Panadés se formó un lago central que se fue rellenando con sedimentos que, durante el Mioceno, dieron lugar a las rocas calcáreas actuales. Este tipo de roca se formó en el medio marino gracias a la precipitación de carbonato cálcico de conquillas de organismos marinos y/o por organismos biocontructores como las algas y los corales. Podemos decir que en la montaña de Olérdola las unidades estratigráficas muestran el clásico desarrollo de un proceso transgresivo marino, con una evolución secuencial y paleoambiental característica.

El monte se encuentra definido por los riscales que lo rodean por todos lados a excepción del norte-nordeste, los cuales le confieren un aspecto destacado entre su entorno inmediato, resaltando aún más su posición elevada por encima de las tierras que lo rodean. Se encuentra delimitado por 3 fondos (valle encajada en terreno calcáreo) de interés biogeográfico e histórico:

la Vall o fondo de la Seguera, al noroeste el fondo de la Vaqueta, al sudoeste les Valls o fondo de la Obaga al sudeste

La posición de dominio territorial es notoria desde la cumbre de la montaña, pero se diluye cuando la contemplamos inserida en su contexto. Así, la montaña de San Miguel de Olérdola es claramente identificable desde la llanura del Panadés gracias a la silueta de la iglesia románica que se recorta en el horizonte; pero de no ser por el templo, la montaña pasaría desapercibida, desdibujada entre las otras elevaciones del alrededor, entre las que destaca el Puig de l'Àliga. La visión de la montaña difiere según la posición geográfica que se contemple. Desde el este y el sur, los acantilados y las valles que rodean Olérdola remarcan, como hemos comentado, el carácter aislado de la elevación. Desde el norte de esta, se percibe más accesible, de relieve más suave. Este es el punto de más fácil acceso y donde se levantarán los diversos muros que cerrarán el recinto. Desde la cima de la montaña se domina visualmente una extensa panorámica: de sudoeste a noroeste, la cordillera Prelitoral y la depresión Prelitoral; al norte se perfilan claramente las montañas de Montserrat. Por el lado contrario, las sierras del Garraf dominan la parte de levante y el mar Mediterráneo se deja ver entre las elevaciones. La plataforma rocosa de San Miguel presenta una forma seudorectangular con una fuerte inclinación hacia el lado nordeste, punto donde se abre en 2 montículos, 2 plataformas separadas por un nuevo fondo (fondo de les Feixes), la del norte de medidas reducidas, mientras que la del este es más grande (hoy se la conoce como Pla dels Albats). Esta característica orográfica condicionó la disposición del hábitat. La plataforma principal, la superior, albergará el recinto. Así, enfrente del recinto, situado a mayor altitud, se abren dos montículos con la cumbre aplanada en la pendiente separadas por el fondo de les Feixes. El recinto fortificado presenta una superficie de 3’5 hectáreas, con 280 m de longitud por 130 m de anchura, y se encuentra a 358 m sobre el nivel del mar. Las plataformas del Pla dels Albats y la otra más pequeña, serán habitadas por lo menos durante la Edad Media.

Olérdola representó siempre un lugar privilegiado para las necesidades del hombre, sobre todo a nivel de defensa y control del territorio. Las sucesivas ocupaciones humanas no se pueden entender sin tener en cuenta dos excepcionales características naturales del lugar, como son una privilegiada situación estratégica, dominando la planicie del Panadés y el corredor conformado por la riera de Vilafranca que comunica el llano con la costa, y la propia defensa natural que supone la plataforma rocosa donde se asienta el recinto, rodeada de barrancos con un único punto de acceso por el norte-nordeste. Asimismo, la piedra calcárea que forma la montaña es la que ha permitido la milenaria filtración de agua de lluvia, dando origen a corrientes subterráneas y fuentes situadas al pie o en las laderas de la montaña. Estos recursos hídricos, junto al especial microclima de los fondos ricos en vegetación y en caza que dominan por doquier la montaña y en especial sus pies, han hecho de esta tradicionalmente un lugar idóneo para la subsistencia en tiempos revueltos. La variadísima fauna está condicionada por la climatología, la orografía, y la amplia vegetación. Anfibios y reptiles eran bastante comunes; entre los mamíferos, destacan y destacaron el jabalí, el conejo, el zorro y la ardilla. Las aves constituyeron el grupo más variado y rico. Hoy en día, la vegetación del Macizo del Garraf diverge según las zonas: Olérdola se encuentra en el punto de transición entre el dominio de la comunidad de encinar con la barbadeja y de maquias y monte bajo con acebuche, palmito, tomillo, brezo, etc. Los análisis paleovegetales efectuados nos aproximan a cómo era el paisaje en períodos anteriores. A partir del año 1000 aC, los encinares eran despejados, con plantas colonizadoras de espacios abiertos, como brezo, estepa, madroño, etc., hecho que muestra la continuada acción del hombre sobre el entorno vegetal.

La historia del hombre en Olérdola Los primeros moradores de Olérdola de los que se tiene constancia llegaron a la montaña a mediados de la Edad del Bronce. No obstante, la presencia de un vaso cerámico del tipo campaniforme de estilo regional hallado entre el relleno de la fosa abierta para levantar la muralla romana, nos indica una posible ocupación anterior, de inicios del período. Los escasos restos materiales testifican la presencia humana a mediados de este período, aunque desconocemos la complejidad del asentamiento, el número, la forma y la estructuración de las cabañas, y los sistemas de vida de sus habitantes. Posteriormente, en los momentos finales de la Edad del Bronce y los primeros de la Edad del Hierro, Olérdola contó por primera vez con un hábitat estable y una incipiente organización protourbana, moldeada por una sociedad con asentamientos algo elaborados, nuevos ritos funerarios y una diversificación de la economía asaz.

En estos momentos, se levantó una muralla inicial. En este mismo lugar se sucederían las murallas posteriores. El muro se construyó con la intención de delimitar un recinto además de proteger a sus moradores. Se cree que las viviendas se situaron cerca de la muralla, o lo que es lo mismo, en la zona baja del recinto amurallado, dejando inalterable por la construcción el extremo más elevado. Pero no habría que negarse a la creencia de una mayor extensión de viviendas: no hay que descartar que probablemente ese terreno supuestamente no alterado por la construcción tuviera factiblemente otros usos, como los de huerto y cercado para el ganado, usos que también tendrían en esa época otras zonas a los pies de la montaña. Las viviendas de esta época tenían los muros de piedra y el pavimento de tierra apisonada.

Los ocupantes tenían en la agricultura y la ganadería su principal fuente de subsistencia. Los escasos excedentes productivos se intercambiaban por otros productos, especialmente vino fenicio. Los vasos de cerámica se hacían a mano y destacan los vasos con la superficie bruñida. El metal era muy escaso, y las viejas y gastadas armas y herramientas se refundían para fabricar nuevos utensilios. Siglos después, entre los siglos VI y I aC, el levante peninsular hasta el sur de la actual Francia, se vería conmocionado por la existencia de una cultura que presentó comunes características materiales, económicas y socioculturales, pese a su heterogeneidad tribal.

Y es que la sociedad íbera la conformaba un séquito de tribus: 12 de ellas albergó el territorio que hoy se conoce como Cataluña. Olérdola se encuadró en territorio cesetano, territorio que ocupaba las comarcas del Alto y Bajo Panadés, el Garraf, y parte del Campo de Tarragona. El recinto de Olérdola pasó a ser un oppidum con una extensión considerable y con numerosos habitantes. El asentamiento debió jugar un destacado papel dentro del territorio cesetano, tanto a nivel político como socioeconómico. La existencia de numerosos y pequeños asentamientos de economía agrícola situados en la llanura o en lugares poco elevados, confirma la importancia de Olérdola como núcleo vertebrador de una región. Obviamente, los íberos, buenos conocedores del territorio, establecieron sus oppida en los lugares más apropiados.