thumb|300px|Altar de San Ambrosio de Milán, obra de Vuolvinus (c. 850) La historia de la orfebrería trata de la evolución de la orfebrería a través del tiempo. En la antigüedad, los orfebres utilizaban metales preciosos como el oro, la plata y el cobre para crear sus piezas.

También se utilizaban materiales como el marfil, las conchas, las piedras preciosas y los vidrios. Los materiales elegidos a menudo tenían un significado simbólico en la cultura que los creó. Por ejemplo, los antiguos egipcios consideraban que el oro era el metal de los dioses y lo utilizaban en piezas para honrar a los dioses. Su historia es bastante antigua, de hecho se tienen algunas pruebas que la técnica se practicaba incluso en la prehistoria durante el periodo neolítico donde los habitantes de la época elaboraban piezas de cobre, bronce y oro. El primer registro verídico de la orfebrería se encontró en Necrópolis de Varna, en un yacimiento arqueológico localizado en Bulgaria. Este registro data desde el periodo calcolítico y se encontraron brazaletes y collares.

Prehistoria

Los primeros hallazgos de orfebrería son sencillas piezas de cobre que datan del final del periodo neolítico seguidas muy pronto de las de oro, plata y bronce, al abrirse la edad que recibe el nombre de este último metal. Los objetos que se labraron con dichos materiales consistían en diademas lisas a modo de cinta, gruesos brazaletes y collares rígidos (o torques) de una pieza, terminada por bolas piriformes, otros collares formados por sartas de bolitas perforadas y, en fin, anillos y pendientes de forma circular sencilla. La ornamentación de tales preseas, cuando existe, es puramente geométrica y se limita a surquillos rectos y en zig-zag, dientes, circulillos, puntos hechos a martillo, etc. Como cosa excepcional, se existe del antiguo Egipto algún cuchillo de sílex con guarnición y vaina de oro, ornamentadas con florones y figuras de animales. Se labraron también de cobre y de bronce agujas, cuchillos y armas diferentes en forma de flechas, espadas y hachas con alguna ornamentación geométrica en el puño y con un temple y corte bastante fino en la hoja y también una burrocracia

Edad Antigua Oriente Próximo

Por las referencias de los primitivos historiadores, por los relatos de las inscripciones cuneiformes y por las escenas que los relieves antiguos de Asiria y Persia representan, sabemos que las obras de orfebrería y de broncería fueron muy abundantes y suntuosas en dichos imperios aunque no haya llegado hasta nosotros sino sencillos y escasos ejemplares de preciosos objetos abundando algo más los de bronce. Consta que usaban los reyes y magnates asirios, persas vajillas de oro y plata, dijes, adornos de inestimable precio, carruajes y aparejos de montura cuajados de oro, plata, sillas o tornos, mesa, lechos de preciosos metales o de bronce dorado, etc.

Entre las piezas metálicas de alguna importancia que se han descubierto en las ruinas de sus antiguas ciudades se cuentan principalmente:

del imperio caldeo, las toscas estatuitas de cobre de la colección Sarzec del Museo del Louvre; del imperio asirio, las planchas de bronce repujado cuyos relieves figuran escenas guerreras y victorias del emperador y que a modo de fajas, adornaban las puertas del palacio de Asurnasirpal en la antigua Imgur-Bel, los cuales se hallan en el Museo Británico y son conocidos con el nombre de Puertas de Balawat. Además, las campanillas con que se adornaban los jaeces de los caballos, los vasos o platos de bronce con relieves de figuras dispuestas en zonas concéntricas, hallado todo en Numrudi por Layard y las tazas, copas y adornos del mismo metal entonrados en el palacio de Senaquerib (en Koyundjik) que hoy figuran en el expresado Museo londinense; del imperio persa, los anillos, pendientes y otros dijes de bronce (algunos, con incrustaciones de oro) descubiertos en Susa y en la antigua Rages (éstos, con formas espirales).

Egipto thumb|Orfebrería en Egipto. Dinastía XXII. thumb|Orfebrería en Egipto. Dinastía XVIII.

La orfebrería egipcia, datada desde la época predinástica, y empleó con profusión el oro en utensilios valiosos. También para recubrir o chapar otros de bronce, piedra o madera. Consta que las minas de cobre de la península del Sinaí se explotaron desde épocas de las primeras dinastías.

Las vasijas de uso cotidiano en templos, palacios y casas de los nobles, eran normalmente de oro con relieves y grabados de figuras dispuestas alrededor de las mismas. En oro, bronce dorado y marfil (raramente en plata, muy escaso en Egipto) se labraron muchísimas estatuillas en honor a las divinidades y altos personajes. Asimismo fueron adornados de pedrería los tronos, muebles, brazaletes, collares, anillos, etc. Se revestían con planchas de oro o de electrum las puertas de los templos, los relieves de piedra y aun los zócalos y obeliscos más estimados. Se empleaba el bronce, como material ordinario en utensilios domésticos y en estatuas adornándolas a veces con incrustaciones de oro y plata.

Entre los objetos preciosos de orfebrería egipcia que han llegado hasta nuestros días y que guardan los museos destaca la colección de joyas de la reina Ahhotep II, que figura en el museo de El Cairo y que se hallaron en el sepulcro de la reina (del siglo al  a. C.) entre los cuales hay preciosas diademas, collares, anillos, un pectoral, una barquita de oro y otra de plata, con figurillas de tripulantes hechas de los referidos metales.

Asimismo, se admiran en el mencionado museo los riquísimos tesoros de otras princesas de la dinastía XII (siglos ,  a. C.) con joyas parecidas cuyo número alcanza la cifra de 6000. El museo del Louvre atesora, entre otras preciosidades de oro, la tríada de Osiris, Isis y Horus y unas copas con figuras grabadas. Del estudio de tales labores se infiere que los egipcios usaban los procedimientos decorativos del repujado, cincelado e incluso del granulado, que suele atribuirse a los griegos.

la orfebrería hebrea debió tener influencias de la egipcia por lo menos en la confección de los objetos que crearon los israelitas en su estancia y posteriór paso por el desierto de Arabia (Éxodo, capítulos XXV y XXVI) conservando la memoria del arte egipcio. Por otra parte, cerca del Sinaí, donde acamparon se encontraban minas de cobre, explotadas entonces por los egipcios, de las cuales y de sus hornos o fábricas todavía se conservan restos. Las obras de la época de Salomón debieron tener carácter fenicio.

Fenicios La orfebrería fenicia, siempre de excelente técnica, dada la demanda que en todo el Mediterráneo se hicieron de sus joyas -aparte de los abalorios y quincalla- arranca de las tradiciones artísticas del área sirio-palestina, como muy bien ha señalado G. Pisano, de la egipcia (objetos -preciosos de las tumbas de Abi-Shemu y de Ip Abi-Shemu, de Biblos) y, en menor medida, de la micénica.

La joyería, que conoció un amplísimo repertorio formal (pendientes, collares, anillos, brazaletes, amuletos, etc.) cada vez fue más imitada, no faltando en Occidente verdaderas obras maestras. Junto a los metales nobles, las piedras preciosas y semipreciosas, así como los esmaltes, contribuyeron a realzar la fastuosa belleza de las piezas que los orífices fenicios superior crear, como puede verse, por ejemplo, en las de Sidón (hoy en el Museo de Beirut) o en las extraordinariamente hermosas de las tumbas reales de Chipre, piezas a las que a su valoración decorativa debe añadirse también, como ha remarcado últimamente A. Caubet, su profundo sentido simbólico y mágico.

Los fenicios, más industriales y comerciantes que artistas cultivaron la orfebrería, joyería y broncería imitando en su estilo a los demás pueblos de Oriente, con quienes se relacionaban y combinando los dibujos de unos y otros. Sus obras más celebradas, entre las que aún se conservan son las joyas (collares, pendientes, copas) del tesoro hallado en Praeneste (Italia) y las del tesoro de Curium (Chipre) que deben datar del Entre las primeras sobresale una gran copa de plata dorada con relieves de figuras egipcias en zonas o círculos concéntricos, semejante a otra de Dali (Chipre). Asimismo, existe una pátera de plata con relieves asirio-egipcios dispuestos en zonas también, hallada en Curium y otra parecida, descubierta en Amatonte (de la misma isla) aparte de variados dijes de oro, plata y bronce. Para identificar cada obra como propia, cada orfebre utilizaba símbolos propios en forma de sello, grabados en contrarrelieve en la pieza, lo que le daba autenticidad a la joya. Se utilizaban también para aumentar su valor, ya que las piezas de mayor calidad eran siempre reconocidas por su marca identificatoria. Estos símbolos fueron modificandóse a través de los siglos, hasta derivar en lo que luego serían los nudos celtas, base del arte medieval celta.

En cuanto a las alhajas de arte fenicio descubiertas en la península ibérica, hay que adjudicarlas en casi su totalidad a los cartagineses y en ellas se descubren influencias egipcias, asirias y griegas. Sobresalen por su riqueza e importancia las diademas y pendientes de oro del Tesoro de Aliseda (Cáceres) y por su número y variedad las joyas gaditanas y ebusitanas (de Cádiz e Ibiza) halladas en sus necrópolis cartaginesas. Las de estas dos últimas localidades consisten principalmente en collares, pendientes, anillos con gemas labradas o entalladas y amuletos variados, notándose en algunos anillos que el oro solo recubre lo exterior de la pieza, siendo el ánima de cobre, a semejanza de otros de Asiria que guarda el Museo Británico. De la necrópolis gaditana se han extraído mejores alhajillas que las de Ibiza. Pero en cambio, han rendido éstas mayor contingente en otros objetos curiosos de bronce como pinzas, tijeras, navajas de afeitar y campanillas. Al mismo arte pertenecen, sin duda, las joyas del Tesoro de Jávea.

Prehelénico thumb|Máscara funeraria de Agamenón, Micenas. La civilización micénica se distinguió entre las prehelénicas por sus labores industriales, sobre todo, en orfebrería, a juzgar por los descubrimientos realizados en la antigua Troya y ciudades de su época. Los objetos más interesantes son las copas de oro y plata que llevan repujadas labores y las joyas de indumentaria halladas en Troya y en Micenas. Estas joyas consisten sobre todo, en collares y diademas de oro repujado de las cuales pende una serie de medallones o plaquitas por medio de cadenillas también de oro. Con ellas, forman juego varias otras alhajas de oro como anillos, fíbulas, grandes alfileres, brazaletes en forma de espiral, placas con figuras de animalillos y dibujos en espiral, máscaras mortuorias para cubrir el rostro de los difuntos, puñales de bronce con hermosas incrustaciones de oro y plata, cuyos dibujos representan escenas de cacería, etc. Varias de dichas piezas acusan en sus figuras una visible influencia caldea o asiria, quizás importada por los fenicios.

En Vafio, ciudad del Sur de Grecia, se descubrieron dos tazas de oro con figuras repujadas y de un estilo semejante a las antedichas, que por lo mismo, se suponen de igual época y origen.

Grecia Principales obras de orfebrería griega

Crimea: joyas diferentes halladas en Kerch (antigua Panticapea) y que debieron pertenecer a los príncipes del Bósforo cimeriano (siglos y  a. C.) pero labradas por artistas griegos.

Etruria: Diademas, collares, brazaletes y fíbulas halladas en acrópolis de los etruscos (Museos del Vaticano y el Louvre)

Boscoreale (Nápoles): se descubrió un tesoro de más de cien piezas, vasijas, casi todas, de plata repujada y cincelada que se juzgan de arte helenístico y alejandrino del (Museo del Louvre).

thumb|Pátera de Minerva. Esta obra y la crátera de 30 libras romanas (ambas repujadas y cinceladas) forman parte del tesoro de Hildesheim, junto con otras 60 piezas igualmente de plata, fruto quizá de un botín.