Suger ( en francés: ; en latín : Sugerius) quizás nacido en Chennevières-lès-Louvres en 1080 o 1081, y muerto en Saint-Denis el 13 de enero de 1151, fue un abad y hombre de estado francés.

El abad Suger es una figura mayor de la Edad Media, que trabajó para el florecimiento de las artes, y el desarrollo y consolidación de la monarquía francesa.

Viajó mucho y tuvo una relación especial con el Papa, los obispos y los reyes. Fue un asesor clave de los reyes Luis VI el Gordo y Luis VII el Joven, actuando como regente de este último en 1147 durante la Segunda cruzada. Se le ha descrito como el padre de la monarquía francesa que habría de culminar en el estado de Luis XIV. El Cardenal Richelieu fue el primero que le reconoció como estadista, al colocarle en la galería de su palacio como uno de los veinticinco hombres ilustres de su tiempo por su apoyo a la monarquía francesa.

La obra de su vida como abad de Saint-Denis consistió en hacer de la basílica de Saint-Denis la necrópolis de los reyes de Francia, aplicando sus ambiciones teológicas y artísticas, y cuya reconstrucción fue fundamental para el desarrollo de una arquitectura ojival y del estilo gótico de arquitectura, aunque algunos cuestionan su rol de “padre” del arte gótico.

Biografía del abad Suger Suger fue un hombre que gestionó los asuntos de la Iglesia y del Estado, y al mismo tiempo la pluma. Fue un hombre de acción, un administrador, un hombre de Iglesia y al mismo tiempo un monje preocupado de realizar su vocación como hombre de Dios, al servicio de la oración y de sus hermanos en la abadía.

Suger es un hombre del , un siglo de gran renovación, dinamismo y efervescencia en todos los campos, de lo que se llamaría el Renacimiento del siglo XII. Ciertos historiadores, al definir la sociedad de aquella época, hablan de tres órdenes claramente separadas: los que rezan, los que combaten y los que trabajan. Ahora bien, el abad de Saint-Denis fue simultáneamente monje, luego abad, constructor, hombre de guerra, consejero del rey y finalmente regente de Francia, reuniendo así en él mismo las tres órdenes evocadas. Esta multiplicidad de roles se dio también en otros cargos eclesiásticos procedentes de la nobleza en todos los países y que fueron fundamentales en los juegos de poder de la época.

Es imposible comprender en su globalidad la obra del abad Suger de Saint-Denis sin tener en cuenta su actividad de diplomático, representando a la vez a la Iglesia y a Francia en el contexto internacional europeo, sobre todo en el terreno esencial de las relaciones con la Santa Sede.

El último elemento primordial en la vida del abad Suger es la promoción y la gloria de la basílica de Saint-Denis. Acrecentó constantemente su tesoro adquiriendo piezas prestigiosas, y no cesó de renovar los diferentes edificios monásticos desde 1125, hasta la consagración solemne de la basílica en 1144, aportando además un impulso decisivo al arte gótico.

Combinó la astucia de un gran hombre de negocios con un sentido natural de equidad y una rectitud personal (fidelitas) reconocidos por todo el mundo. Fue un genio para el detalle y no obstante capaz de ver los asuntos en perspectiva, poniendo sus cualidades al servicio de dos ambiciones: fortalecer el poder de la Corona de Francia y dar grandeza a la abadía de Saint-Denis.

Origen, infancia y formación Se cree mayoritariamente que Suger procedería de una familia acomodada, probablemente de milites minores o pequeños caballeros, que poseían tierras en Chennevières-lès-Louvres, al noreste de París, a unos 18 km de Saint-Denis (sin depender de la abadía), donde habría nacido Suger.

Los medievalistas Régine Pernoud y Jacques Heers sostienen, sin embargo, que Suger era hijo de un siervo, familia de campesinos sujeta fiscalmente a la tierra del señor feudal.

Parece que el abad de la abadía benedictina de Saint-Denis, Yves I, pudo haber sido el padrino de Suger. Esto explicaría la elección realizada por el padre de Suger, después de la muerte de su mujer, hacia 1091, de colocar a su hijo cuando tenía nueve años, como oblato dedicado a Saint-Denis más que como novicio, siendo ofrecido ante el gran altar que había sido adornado por el emperador Carlos el Calvo (875-877). En ese momento, el ser oblato era un “ascensor social”, que daba la oportunidad de ocupar los puestos más altos del clero en la edad adulta.

Suger se encariñó con la abadía y le profesó un afecto casi filial que expresará a menudo en sus escritos:

Es durante este primer período que se encontrará y trabará relación y amistad con el príncipe Luis, hijo primogénito del rey Felipe I, el futuro rey Luis VI, en la escuela de la abadía de Saint-Denis-de-L’Estrée durante algunos meses en 1091/1092 antes de que este último vuelva con su padre para formarse en el oficio de armas. Conviene destacar que en aquel entonces Francia era un territorio relativamente pequeño con París como centro, si bien, sus reyes contaban con un fuerte prestigio en el orbe cristiano ya que eran ungidos con los Santos Óleos, lo cual les vinculaba con Dios.

Desde su adolescencia, Suger se dedicó a servir y exaltar su abadía y a defender sus intereses. Asumió la vida oblata fácilmente, y mostró una gran habilidad y un firme conocimiento de los asuntos legales, atrayendo la atención del abad Adam sobre sus cualidades intelectuales. Pasaba sus horas libres estudiando los libros de la biblioteca y las cartas de los archivos de la abadía. Se inició en el latín y frecuentó los autores clásicos. Fue elegido para trabajar en los archivos de la abadía para encontrar documentos que pudieran proteger la abadía de la usurpación por parte de Bouchard II de Montmorency, en la que se especula sobre su participación en la aparición de una carta falsificada, lo que sería un buen ejemplo de su defensa de la abadía.

La familia de Suger Los estudios realizados indican que su familia de milites minores estaba ligada a la familia caballeresca de los Orphelin de Annet-sur-Marne, y por ellos probablemente con la familia Garlande.

Suger fue el segundo de cinco hermanos. El obituario de Saint-Denis proporciona el nombre del padre, Hélinand (Helinandus), un hermano primogénito, Raoul (Radulphus), y una cuñada, Émeline (Emmelina). El tercer hermano se llamaba Pierre y fue también sacerdote, pero se desconocen los nombres de los otros hermanos.

El hermano de su padre, Suger, por el que lleva probablemente su nombre, formaba parte de los ministeriales del entorno del abad de San Denis, Yves I (1072-1093/94), que fue el padrino de Suger. La mujer de su tío, Frédesinde, podría haber sido la amante del abad Yves I y su madrina.

Los cinco sobrinos de Suger obtuvieron diferentes beneficios eclesiásticos, posiblemente favorecidos por su tío: Jean, monje de Saint-Denis, fue enviado a Roma para ocuparse de los intereses de la abadía; Simón, fue canciller real de Luis VII entre 1150 y 1152; Guillermo, fue canónigo de Notre-Dame de París; Hildouin, fue canciller de la escuela de Notre-Dame; y finalmente Gerard.

De monje a Abad de Saint Denis (1100 - 1122) Suger estudió unos diez años en la escuela de Saint-Denis-de-L’Estrée para convertirse en monje. En 1104, con veintitrés años, ya estaba presente en la corte del rey Felipe I cuando este exhortó a su hijo Luis a luchar por conservar la torre de Montlhéry.

Dos años más tarde, tras terminar sus estudios en una escuela próxima de Fontevrault, quizás Saint-Benoît-sur-Loire o más probablemente Marmoutier, ya era muy apreciado de su abad Adam y del poder real, comenzando una exitosa carrera en la administración monástica al participar en varias misiones para su abadía, que poseía tierras en varios puntos estratégicos del país.

150px|miniaturadeimagen|El Papa Pascual II - Miniatura contenida en las Grandes crónicas de Francia (c. ) En la primavera de 1106, Suger se convirtió en el secretario del abad Adam, y fue designado por este para acompañarle al concilio reunido por el legado del papa Pascual II en Poitiers, lo que le permitió familiarizarse con los círculos de la Curia.

En el año 1107, el papa Pascual II vino a Francia para discutir la querella de las investiduras de los obispos entre los papas y los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico. Se dirigió a la abadía de Saint-Benoît-sur-Loire para consagrar la nueva basílica (9 de marzo de 1107), donde fue recibido por la familia real y el monje Suger, enviado allí por su abad. Después, en La Charité-sur-Loire, Suger participó en una gran reunión en la que tuvo que defender, contra el obispo de París, Galon, y en presencia del papa Pascual II, los privilegios de su abadía, mostrando (según las crónicas contemporáneas) sus talentos de orador y su poder de convicción.

Después de una breve estancia en Saint-Martin de Tours (24 de marzo – 3 de abril), Suger tuvo el honor de recibir en presencia del rey y su hijo, al papa Pascual II en Saint-Denis para celebrar los actos de la Pascua, donde el Papa se prosternó humildemente ante las reliquias de la abadía.

En mayo de ese mismo año, Suger fue designado por el rey para acompañar a su abad y ciertos prelados a Châlons-sur-Marne, donde el papa debía encontrarse con los embajadores del emperador Enrique V del Sacro Imperio Romano Germánico. Estos encuentros le permitieron descubrir las costumbres germánicas y familiarizarse aún más con los hábitos diplomáticos de la Santa Sede. En una reunión paralela, el rey fundó la abadía de San Víctor de París, y Suger fue encargado de redactar la carta de fundación.

En 1108, el Abad Adam confió a Suger el cargo de preboste de Berneval, cerca de Dieppe en Normandía. El nuevo intendente no tardó en estudiar el funcionamiento de la administración normanda del duque de Normandía, Enrique I Beauclerc, que era también el rey Enrique I de Inglaterra e hijo de Guillermo el Conquistador, y que aplicaba exacciones ilegales (saqueos, diezmos y empeños). Suger quedó profundamente impresionado por la administración sólida y ordenada del gobernante normando, que contrastaba con el caótico feudalismo francés.

Respecto al objetivo de realzar el prestigio de Saint-Denis, Suger sufrió dos decepciones profundas en 1108. El rey Felipe I murió en Melun el 29 de julio y había expresado el deseo de ser enterrado no en Saint-Denis, necrópolis de reyes, sino en la abadía de Fleury-sur-Loire, voluntad que fue respetada por su hijo Luis, y el nuevo rey no fue coronado en Reims, como sus antepasados, sino en Orleans. El sueño de Suger era que Saint-Denis se convirtiera no sólo en la sepultura oficial de los reyes y depósito de los atributos reales, sino también en el lugar de coronación real.

A los 28 años, en 1109, fue enviado por el abad como preboste de la posesión de Toury-en-Beauce, cerca de Chartres, que administró durante tres años. Se encontró con que no tenía casi arrendatarios y los peregrinos y mercaderes evitaban el lugar debido a las persecuciones desencadenadas por el castellano Hugo III de Puiset. Suger pidió la intervención del rey Luis VI en una reunión en Melun el 12 de marzo de 1111, en presencia del arzobispo de Sens, el obispo de Orleans, el capítulo de la catedral Notre-Dame de Chartres y varios abades, pero Hugo de Puiset no se presentó a la reunión. Luis VI pidió a Suger asegurar la defensa de Toury. En junio de 1111, en Compiègne, una reunión formada en corte judicial pronunció la confiscación de las propiedades de Hugo de Puiset, se decidió una guerra implacable y la hueste del rey tomó el castillo de Toury en otoño. Fue para Suger una experiencia de violencia y combate, un pecado que marcó su conciencia y del que mostrará sus remordimientos a lo largo de su obra.