El sepulcro del infante Felipe de Castilla, que forma pendant con el sepulcro de Inés de Guevara, se conserva en la iglesia de Santa María la Blanca de Villalcázar de Sirga, templo vinculado a la Orden del Temple y situado en la localidad palentina de Villalcázar de Sirga, que dista 10 kilómetros de Carrión de los Condes.
Según algunos autores, tanto el sepulcro del infante Felipe, que fue hijo del rey Fernando III de Castilla y falleció el día 28 de noviembre de 1274, como el de su esposa, Inés de Guevara, que se encuentra en el mismo emplazamiento, son obras «paradigmáticas», excepcionales y de las más ricas y destacadas de su época, ya que se trata de dos sepulcros «exentos ricamente ornamentados y policromados», sin contar con que ambos son semejantes en lo que a forma e iconografía se refiere, lo que corrobora plenamente su condición de pendant, a juicio de Olga Pérez Monzón, que también aseguró que el sepulcro de Inés posee una mayor «dimensión escatológica» que el de su esposo, ya que este destaca por el carácter más profano o «mundano» de sus pasajes. Y el historiador Ricardo del Arco y Garay no vaciló en afirmar que ambos sepulcros son «probablemente los mejores del primer gótico en España», debido a que:
Sánchez Ameijeiras señaló que este sepulcro contiene la «más antigua representación», en tierras castellanas, del cortejo fúnebre de un noble, a lo que hay que añadir que, al haber sido secuenciado el cortejo en los cuatro lados del sarcófago, constituye por ello también una novedosa aportación en cuanto a escultura funeraria castellana se refiere. Y la historiadora Olga Pérez Monzón subrayó que el sepulcro del infante destaca debido a su extraordinario «valor artístico intrínseco» y, sobre todo:
Según Pérez Monzón, lo que realmente manifiesta el sepulcro del «levantisco infante», como lo calificó María Ángela Franco Mata, es la oposición de este último hacia la política de Alfonso X de reforzamiento de la autoridad de la Corona en detrimento de la nobiliaria, por lo que la repetición del escudo del infante en el sepulcro, así como el epitafio grabado en él, pretenden resaltar su condición de «hijo de rey», al tiempo que minimiza su condición de «hermano de rey», narrando las exequias esculpidas en el sepulcro de modo idéntico a como lo hacían los reyes de la época, lo que a juicio de dicha historiadora no tiene nada de casual. Y según el catedrático Joaquín Yarza Luaces, la posición de la estatua yacente, en la que el difunto aparece con las piernas cruzadas y con la espada en alto, demuestra no poca «arrogancia y engreimiento».
Autoría y cronología 255px|thumb|Fachada sur de la iglesia de Santa María la Blanca de Villalcázar de Sirga. (Provincia de Palencia). Algunos eruditos indican que, al igual que el de Inés de Guevara, debió ser labrado en la primera mitad del , aunque otros han precisado que debió ser ejecutado hacia 1274, basándose en la fecha de defunción del infante.El sepulcro del infante Felipe ha sido fechado, en base a las «explicaciones estilísticas, históricas e iconográficas» aportadas, en un periodo que abarca desde la muerte del infante, acaecida en 1274, hasta finales del siglo XIII. Y ello no es casual, ya que pudo ser un encargo de la viuda del infante o de una hija ilegítima suya, aunque sin descartar en absoluto que comenzase a ser ejecutado por deseo del propio difunto. Cfr. Pérez Monzón (2009). Sin embargo, Sánchez Ameijeiras creyó erróneamente que ambos sepulcros debieron ser encargados, y ya durante el reinado de Sancho IV de Castilla, por Beatriz Fernández, hija ilegítima del infante y, según la autora, de una dama de las familias Guevara y Girón. Y esta autora considera también que Sancho IV, durante cuyo reinado se rehabilitaron varias figuras perseguidas por Alfonso X, como el infante Fadrique de Castilla, pudo intervenir tal vez en la creación de estos sepulcros a fin de dignificar la figura de su tío, el infante Felipe, y ya que a partir de 1288 mostró una especial devoción por la Virgen de Villasirga, a cuyo templo peregrinó en varias ocasiones durante su reinado. Y todo ello sin olvidar que la familia Girón era la dueña del señorío de Villasirga y que además estaban fuertemente vinculados tanto al templo y a la Virgen como a la localidad. Cfr. VV.AA. (2004), pp. 246-248. La profesora Clementina Julia Ara Gil considera que estos sepulcros son obra de un taller palentino y posteriores a 1260, mientras que Nuria Torres Ballesteros afirma, basándose en el sepulcro de Inés de Guevara y en algunos aspectos estéticos, que deben ser fechados hacia 1300, aunque admite que tal vez el del infante fuera realizado un poco antes. Y el heraldista Faustino Menéndez-Pidal de Navascués, por su parte, indicó que los sepulcros debieron ser realizados después de noviembre de 1275, ya que fue en esos momentos cuando se concedió permiso a la Orden templaria para edificar una iglesia y un hospital en Villalcázar de Sirga.
Tradicionalmente se ha señalado que fueron labrados por Antón Pérez de Carrión, del taller de Carrión de los Condes, y autor de otros sepulcros en el monasterio de Santa María la Real de Aguilar de Campoo, que es un municipio situado también en la provincia de Palencia, y de otros en el monasterio de San Zoilo, situado en Carrión de los Condes, aunque ya Elías Tormo indicó que esa autoría solamente es una probabilidad, como destacó Arco y Garay.
La semejanza de ambos sepulcros demuestra que ambos fueron realizados al mismo tiempo o con «poquísima diferencia», según Ricardo del Arco y Garay. Y cabe la posibilidad, como apuntó Sánchez Ameijeiras, de que el sepulcro hubiera sido labrado por entalladores, ya que estos profesionales se dedicaban tanto a la escultura como a la pintura en esa época.
Historia 315px|thumb|Sepulcros del infante Felipe y de Inés de Guevara. El infante dispuso ser enterrado en la iglesia de Santa María la Blanca de Villalcázar de Sirga, y, en opinión de Olga Pérez Monzón, ello fue debido a la ubicación del municipio en una de las principales vías del Camino de Santiago, a la fama devocional conseguida por la imagen de Santa María la Blanca gracias a las Cantigas de Santa María, de Alfonso X el Sabio, que dedicó al menos doce cantigas a esta imagen, y al hecho de que Villalcázar de Sirga fuera en esos momentos la única encomienda de los Caballeros templarios al norte del río Duero, lo que llevó a la historiadora Rocío Sánchez Ameijeiras a afirmar que en la época del infante «Villasirga era un escaparate político de primer orden».
Aunque en el pasado se supuso que en el sepulcro que forma pendant con el del infante había sido sepultada su tercera esposa, Leonor Rodríguez de Castro, o incluso una hija ilegítima del infante Felipe llamada Beatriz Fernández, en la actualidad ha quedado plenamente demostrado que la ocupante del sarcófago es la segunda esposa de Felipe de Castilla, Inés de Guevara, algo corroborado por los escudos y emblemas heráldicos esculpidos en el sepulcro, que no se corresponden con los de la Casa de Castro, sino con los de las familias Guevara y Girón, como demostró plenamente Menéndez Pidal de Navascués.
Los sepulcros del infante Felipe y de su segunda esposa estuvieron colocados en el pasado en el coro del templo, hasta que la Comisión de Monumentos de la provincia decidió trasladarlos a la capilla de Santiago del templo en 1926, donde permanecen en la actualidad, lo cual tuvo que ocurrir aproximadamente entre 1919 y 1932, como ha calculado Sánchez Ameijeiras basándose en los documentos de la época. Al lado del sepulcro donde yace el infante, se encuentra el sepulcro que cobija los restos de su segunda esposa, y en la misma capilla se encuentra actualmente un tercer sepulcro, realizado en el , en el que se encuentra sepultado un caballero de la Orden de Santiago.
A consecuencia del Terremoto de Lisboa de 1755, la iglesia de Santa María la Blanca sufrió gravísimos daños y también los sepulcros, quedando partida por la mitad en aquellos momentos la tapa del sepulcro del infante, sobre la que está su estatua yacente, ya que se desplomó sobre ella la bóveda del último tramo de la nave principal del templo.237px|thumb|Imagen sedente de la Virgen María, protagonista de las Cantigas, en la capilla de Santiago de la iglesia de Santa María la Blanca de Villalcázar de Sirga. Esta imagen es una copia, y unos veinte años posterior, de la imagen sedente de la Virgen que da nombre al templo y que está ubicada en el retablo mayor de la iglesia.
Algunos autores han planteado la hipótesis de que los sepulcros del infante Felipe y de su esposa, junto con una imagen sedente y entronizada de la Virgen María que es la protagonista de las Cantigas, estuvieran colocados al principio a los pies del templo y con una escenografía similar a la existente en la primitiva Capilla Real de la catedral de Sevilla, donde la Virgen de los Reyes, también sedente y entronizada, se hallaba junto a los sepulcros de Fernando III, Beatriz de Suabia y Alfonso X.
El sepulcro que contiene los restos del infante Felipe fue abierto en numerosas ocasiones, como por ejemplo por García Manrique en 1497; por los condes de Villasirga en 1702; por el coronel de Guardias Valonas Pedro Cano en 1711; por otros condes de Villasirga en 1736; por el doctor Balcázar, médico de los benedictinos de Frómista, en 1739; por unos frailes curiosos en 1742; por el cirujano Vicente Varela, cumpliendo órdenes del rey Fernando VII, en 1815; por el intendente provincial en 1840, y cuatro años más tarde, en 1844, por el mismo individuo, para llevar a la Corte el manto de Inés de Guevara por orden de la reina Isabel II; por M. Meifredes en 1857; por el conde de Alcolea y Villalcázar, en 1861; por el marqués de Vallejo en 1865 y por la Comisión de Monumentos de la provincia en 1897 y en 1927.
El prelado Andrés de Bustamante, que fue obispo de Palencia, ordenó, a mediados del , colocar una cerradura en el sepulcro, ya que hasta entonces era fácil destaparlo, dejando de ello testimonio el padre Enrique Flórez en su obra Memorias de las Reinas Católicas,El padre Enrique Flórez dejó constancia de que a mediados del siglo XVIII fue examinado el cadáver del infante Felipe en presencia de algunos eclesiásticos y de un médico y un cirujano, que declararon que el cuerpo se hallaba «perfectamente incorrupto y blando al tacto», según consignó dicho autor. Cfr. Flórez (1770), p. 517. y Antonio Ponz en el tomo XI de su Viage de España.
En 1901 el cadáver del infante Felipe fue estudiado detenidamente por el doctor Francisco Simón y Nieto, que pudo comprobar que los restos se correspondían con los de «un hombre corpulento, rubio y de elevada estatura»,Antolín Fernández señaló que al examinar la momia del infante en 1897 se comprobó que le faltaba el vientre, extraído probablemente cuando el cadáver fue embalsamado, y un colmillo. Cfr. Antolín Fernández (1971), p. 179. hallando además en el sepulcro doce «tarjetas de visita» correspondientes a otras tantas aperturas de la tumba por diversos visitantes y curiosos.
Descripción thumb|245px|Estatua yacente del infante Felipe de Castilla. El sepulcro del infante Felipe, realizado todo él en piedra, mide 245 centímetros de longitud, aunque otros autores precisan que mide casi 270 de largo por 0,85 metros de anchura en la cabecera y 0,70 en los pies, siendo más estrecho por tanto en el extremo donde reposan los pies del difunto. Tanto la cubierta o tapa como la caja sepulcral están adornados con relieves, esculpidos a finales del , en los que las escenas se van sucediendo, insertas en una serie de arquillos lobulados, entre los que aparecen torrecillas almenadas intercaladas, desde las que un grupo de personas aparecen contemplando las escenas que se desarrollan a sus pies: