Álvaro Núñez de Lara (c. 1170-Toro, 1218) fue un magnate castellano que desempeñó un papel clave, como otros miembros del linaje Lara, en los acontecimientos políticos y bélicos de los reinos de León y de Castilla al final del y principios del . Investido con la dignidad condal desde 1214, fue alférez del rey Alfonso VIII de Castilla, regente durante la minoría de edad del joven rey Enrique I, y después mayordomo de Alfonso IX de León. Se enfrentó a la reina Berenguela y a su hijo Fernando III y apoyó al rey de León durante la guerra castellano-leonesa de 1217-1218. Terminó sus días como freire de la Orden de Santiago en cuyo monasterio de Uclés recibió sepultura.

Entorno familiar Su padre, el conde Nuño Pérez de Lara, descendiente de los condes de Castilla, fue regente durante la minoría de edad de Alfonso VIII de Castilla mientras que su madre, Teresa Fernández de Traba, era miembro de la poderosa casa gallega de los Traba y descendiente, por línea bastarda, del rey Alfonso VI de León. Una vez fallecido el conde Nuño en 1177, Teresa contrajo matrimonio con el rey Fernando II que se convirtió así en el padrastro de sus hijos quienes se criaron en la corte con el futuro rey de León, Alfonso IX. Años más tarde, Álvaro recordaría el encumbrado matrimonio de su madre en una donación al monasterio de Sobrado llamándose ...filius comitis domni Nunonis et regine domne Tarasie.

Sus hermanos Fernando y Gonzalo también fueron condes y tuvieron una participación destacada en los acontecimientos políticos y militares de la época. Fernando fue alférez real del rey Alfonso VIII. Sin embargo, su desmedida ambición lo enfrentó al monarca y tuvo que abandonar Castilla y buscar refugio en Marrakech donde falleció en 1220. La vida de su otro hermano, Gonzalo, padre del conde Nuño González de Lara el Bueno transcurrió en el reino de León.

Primeros años antes de la derrota thumb|250px|Sepulcro del rey Enrique I de Castilla. Monasterio de las Huelgas de Burgos.

Al morir su padrastro, el rey Fernando II, Álvaro se estableció en la corte castellana donde ya se encontraban sus dos hermanos y a partir de enero de 1196, comenzó a confirmar diplomas regios. Fue durante esta época cuando hubo un acercamiento de los Lara con Diego López II de Haro y posiblemente fue en esas fechas cuando se concertó su matrimonio con Urraca, hija del señor de Vizcaya a quien sustituyó como alférez real en mayo de 1199, cargo que desempeñó hasta 1201, cuando lo cedió a su hermano Fernando que había vuelto a Castilla, y después entre 1208 y 1217. Se halló con sus hermanos Fernando y Gonzalo en la batalla de Las Navas de Tolosa el 16 de julio de 1212, portando el pendón real. La Crónica latina de los reyes de Castilla narra el desempeño del conde de Lara en dicha batalla:

En agradecimiento por el valor demostrado por el conde en la batalla que marcó un hito en la reconquista, el 31 de octubre de 1212 Alfonso VIII entregó la villa de Castroverde a Álvaro: «mi amado y leal vasallo (...) en recompensa por los muchos servicios voluntarios que me habéis prestado y fielmente cumplido, e igualmente esforzado por cumplir cada día hasta hoy mismo; y cuánto más en recompensa por el servicio, que debe ser particularmente encarecido, que me habéis hecho en el campo de batalla cuando portabais mi estandarte como un hombre valeroso». Años más tarde, el 18 de mayo de 1217, el magnate donó dicha villa a la Orden de Santiago.

El infante Fernando, hijo de Alfonso IX de su primer matrimonio con Teresa de Portugal y heredero del corona de León, falleció en agosto de 1214 con veintidós años de edad. Berenguela y su padre el rey Alfonso VIII albergaban la esperanza de que el infante Fernando, hijo del segundo matrimonio del rey Alfonso IX y Berenguela, sucediera a su padre, aunque antes era necesario llegar a un acuerdo con los leoneses y portugueses para anular los derechos al trono de las hermanas del recién fallecido infante, Sancha y Dulce.

Sin embargo unos meses después, el 6 de octubre de 1214, falleció el rey Alfonso VIII de Castilla y la corte decidió que fuese su hijo Enrique I de Castilla el que heredaría la corona. Antes de fallecer, el monarca había encargado a los obispos, a su amiga la condesa Mencía López de Haro,Mencía era hija de Lope Díaz I de Haro. Después de enviudar del conde Álvaro Pérez de Lara, fundó el monasterio de San Andrés de Arroyo donde llegó a ser abadesa. y a su mayordomo, Gonzalo Rodríguez Girón, albaceas de su testamento, que velaran por el cumplimiento de sus mandas y asegurasen su sucesión. La viuda del rey castellano Leonor de Plantagenet cedió la custodia del heredero a Berenguela. Semanas después, la reina Leonor falleció y dejó la tutoría del infante Enrique y la regencia a su hija Berenguela y a los prelados de Palencia y de Toledo.

Algunos nobles consideraron que la regencia de Berenguela se apoyó demasiado en el obispo de Palencia, Tello Téllez de Meneses, y en Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo, lo cual indignó a los magnates y, según la Crónica latina de los reyes de Castilla, «una mayoría de los barones acordó que Álvaro Núñez fuera regente en nombre del rey y tomara a su cargo el cuidado del reino». El conde de Lara, según De rebus Hispaniae sobornó a un caballero de Palencia, el custodio del joven rey, García Lorenzo, para que les entregara a Enrique, a lo cual accedió Berenguela de mala gana. Ante los hechos consumados y con el consenso de los ricoshombres y prelados del reino, el conde de Lara tuvo que jurar que ni él, ni sus hermanos u otros nobles «... quitarían ni darían tierras a nadie, ni guerrearían con los reyes vecinos, ni impondrían tributos...so pena de ser reos de alta traición». Según afirmaba el obispo de Toledo Jiménez de Rada, la ambición de los Lara era controlar el reino, tal como había hecho el padre de Álvaro, el conde Nuño Pérez de Lara, cuando había ejercido la regencia desde 1164 hasta 1169 durante la minoría de edad del rey Alfonso VIII. Fue en estas fechas cuando Álvaro recibió la dignidad condal.

De rebus Hispanie de Jiménez de Rada es la fuente principal para los acontecimientos ocurridos estos años recogidos en la Estoria de España. La objetividad del arzobispo en su relato de los hechos debería ser tomada con cautela debido a su simpatía por la realeza, su desprecio de los Lara y su empeño «en promover los intereses de Toledo sobre Santiago y Sevilla». Durante sus años como regente, el conde Álvaro se enemistó con los eclesiásticos y abusó de su posición, especialmente en 1215 cuando, aprovechando que varios obispos se encontraban fuera del reino en el IV Concilio Lateranense (1215-1216), atentó contra los privilegios y rentas y usurpó las tercias (parte de los diezmos eclesiásticos de las iglesias). No obstante, el 15 de febrero de 1216, el conde se disculpó públicamente y prometió que no volvería a cobrar dichas tercias o sugerir que se impusieran.«Sepan todos los que vieren esta carta, que yo, el Señor Conde Álvaro Núñez, con el consejo del Maestro de Uclés, del Prior del Hospital, de D. Gonzalo Núñez, de D. Gonzalo Rodríguez, de D. Rodrigo Rodríguez, de don Ordunio Martínez y de toda la corte, prometo a Dios, a la bienaventurada María, su madre, y a la santa Iglesia, que jamás tomaré en adelante las tercias de las Iglesias para los gastos del rey, ni aconsejaré que se tomen, y no haré fuerza ni injuria para tomarlas, ni para darlas a nadie, si no es donde la ley divina ordena dar; y en todo lo posible impediré que nadie les haga injuria, mientras tuviere en mi custodia al rey D. Enrique.» Véase, p. 175, Gorosterratzu, Javier Don Rodrigo Jiménez de Rada, gran estadista, escritor y prelado: estudio documentado de su vida

En abril de 1216, haciendo gala de su poder, el conde de Lara confirmó un documento en el monasterio de Sahagún, reinando Enrique en Toledo y en Castilla y Albaro Nunnez totam terram sub eo regente, y desestabilizó la situación política al excluir a otros magnates del centro de poder. Un caso notable fue el de Gonzalo Rodríguez Girón, removido en 1216 de su cargo como mayordomo real que había desempeñado durante dieciocho años. Otros ricoshombres, como Lope Díaz de Haro, Álvaro Díaz de Cameros, Alfonso Téllez, y el propio arzobispo de Toledo también fueron marginados.

En la primavera de 1216, el conde intentó convencer al rey Alfonso IX para que su anterior esposa, la reina Berenguela, devolviera sus castillos. Pudo ser por este motivo que Berenguela decidió enviar a su hijo con su padre para asegurar la sucesión del infante en León. En esas fechas, por insistencia de algunos nobles se convocaron unas cortes a las que no asistió Berenguela, o bien porque no fue avisada o por decisión propia. Los magnates Lope Díaz de Haro, Gonzalo Rodríguez Girón, Álvaro Díaz de los Cameros, Alfonso Téllez de Meneses, y el arzobispo de Toledo Jiménez de Rada acudieron a Berenguela, que se encontraba en el monasterio de Huelgas en Burgos para pedirle que interviniera y reaccionara ante los atropellos cometidos por el conde Álvaro.

Poco después, el conde Álvaro se trasladó a Medina del Campo con el rey Enrique y después a Ávila donde fue armado caballero. Escribió a Berenguela, advirtiéndole que no debería actuar en contra de la casa del rey, o sea, contra la corte que él regentaba. En esas fechas, el conde negoció el matrimonio del joven Enrique con Mafalda, hija del rey Sancho I de Portugal, enlace que fue anulado posteriormente a instancias de la reina Berenguela por los obispos de Burgos y Palencia obedeciendo las órdenes del Papa Inocencio III. Después, Álvaro negoció con el rey de León, Alfonso IX, el matrimonio de su hija Sancha con Enrique I. Si el matrimonio se hubiera llegado a celebrar — frustrado por la muerte del joven rey — Enrique se hubiera convertido en el heredero de la corona de León.

En el otoño de 1216, el conde Álvaro, alegando que actuaba en nombre de Enrique I, reclamó a Berenguela la entrega de varios castillos, entre ellos los de Burgos, San Esteban de Gormaz, Curiel, Valladolid, Hita, así como los puertos en el cantábrico, todos conformando las arras entregadas previamente por Alfonso IX a Berenguela con motivo de su matrimonio. Berenguela pidió explicaciones a su hermano Enrique, quien negó estar al corriente de tal solicitud por parte del regente y, alarmado por los desmanes cometidos por el conde, intentó reunirse con su hermana. Enterado el conde, ordenó matar al mensajero que la reina había enviado a la corte para saber cómo se encontraba su hermano y para cerciorarse de las actividades del conde. La crónica del arzobispo Jiménez de Rada cuenta que el conde de Lara falsificó una carta de Berenguela, supuestamente siguiendo los consejos de los magnates de Tierra de Campos, los Téllez de Meneses y Girón que la apoyaban abiertamente, instando a asesinar a Enrique. Debido a la parcialidad demostrada por Jiménez de Rada y su apoyo incondicional a Berenguela, puede ser que la carta fuese auténtica y no una falsificación de Álvaro Núñez de Lara como relató el arzobispo. Sea como fuere, la oposición al conde Álvaro aumentó después de estos sucesos. Rodrigo González de Valverde, un caballero fiel a Berenguela, intentó organizar una reunión entre Berenguela y su hermano Enrique, pero fue capturado y llevado preso al castillo de Alarcón por órdenes del conde de Lara.

Año de gran tensión en Castilla Según la Crónica latina de los reyes de Castilla, el año 1217 fue de gran tensión, quanta nunquam fui tantea in Castella. El mayordomo real, Gonzalo Rodríguez Girón, fue sustituido por Martín Muñoz de Hinojosa y se nota la ausencia en los diplomas de otros magnates afines a Berenguela como los Téllez de Meneses y la parentela de los Girón, los Haro y los Cameros. También el conde de Lara realizó cambios en la chancillería.