250px|thumb|La Hungría Otomana en su apogeo en 1683, incluidos los principados de la Alta Hungría y Transilvania, y los eyalatos de Kanije, Buda, Uyvar, Eger, Temesvar y Varat. La Hungría otomana () eran las partes del reino de Hungría a finales del período medieval que fueron conquistadas y gobernadas por el Imperio otomano. Partes de Hungría cayeron por primera vez bajo el dominio otomano después de la batalla de Mohács en 1526, y, tras el Tratado de Passarowitz en 1718, todas las áreas restantes fueron transferidas al dominio de los Habsburgo. La Hungría otomana alcanzó su apogeo de 1541 a 1699. Durante la mayor parte de su duración, la Hungría otomana cubrió el Transdanubio meridional y casi toda la región de la Gran llanura húngara.
El territorio había sido invadido y anexionado al Imperio otomano por el sultán Solimán el Magnífico entre 1521 y 1541. La parte noroeste del reino húngaro resistió la conquista y reconoció a los miembros de la Casa de Habsburgo como reyes de Hungría, pasando a ser conocida como «Hungría Real». El límite entre esa Hungría real y la Hungría otomana se convirtió entonces en la línea del frente en las guerras habsburgo-otomanas durante los siguientes 150 años. Tras la derrota de los otomanos en la Gran Guerra Turca, la mayor parte de la Hungría otomana fue cedida a los Habsburgo por el Tratado de Karlowitz de 1699.
Durante el dominio otomano, la Hungría otomana se dividió con fines administrativos en eyalatos (provincias), que se dividieron a su vez en sanjacados. La propiedad de gran parte de la tierra se distribuyó a los soldados y funcionarios otomanos y aproximadamente el 20% del territorio quedó retenido por el estado otomano. Como territorio fronterizo, gran parte de la Hungría otomana estaba fuertemente fortificada con guarniciones de tropas. Al estar económicamente subdesarrollada, se convirtió en un drenaje de los recursos otomanos. Aunque hubo algo de inmigración de otras partes del Imperio y algunas conversiones al Islam, el territorio siguió siendo en gran parte cristiano. Los otomanos eran relativamente tolerantes religiosamente y esa tolerancia permitió al protestantismo prosperar, a diferencia de la Hungría Real, donde los Habsburgo la reprimieron. A finales del , alrededor del 90% de la población era protestante, principalmente calvinista.
Historia
Hacia el siglo , el poder del Imperio otomano había ido creciendo de manera gradual, como también había aumentado el tamaño del territorio controlado por ellos en los Balcanes, mientras que el Reino de Hungría se había debilitado por las revueltas de los campesinos. Bajo el reinado de Luis II de Hungría (r. 1516-1526), las disensiones internas dividieron a la nobleza.
Provocado a entrar en guerra por un insulto diplomático, Solimán el Magnífico (r. 1520-1566) atacó al reino de Hungría y capturó Belgrado en 1521. Solimán no dudo en lanzar un ataque contra el reino debilitado, cuyo ejército pobremente dirigido y de menor tamaño —unos comparados con otomanos— fue vencido el 29 de agosto de 1526 en la batalla de Mohács.
Georgius Bartholomaeus escribió un libro sobre la cultura turca con información obtenida de las tropas cristianas liberadas por los otomanos después de la batalla.
De la derrota de Mohacs a la ocupación de Buda (1526-1541) thumb|Solimán I el Magnífico tras la victoria de Mohacs, que desde 1527 dominó la política húngara.
La victoria de Mohács no les dio a los otomanos la seguridad que querían. Buda quedó indefensa; sólo los embajadores francés y veneciano esperaron al sultán para felicitarle por su gran victoria. Aunque entraron en una Buda evacuada y sin vigilancia y saquearon el castillo y sus alrededores, se retiraron poco después. Al regresar a Constantinopla al final de la campaña, el sultán podía considerarse dueño del destino de Hungría, aunque optó por no imponer su dominio.
La muerte del rey Luis II sin heredero causó un grave conflicto y los últimos tres meses del año 1526 estuvieron marcados por un vacío de poder; la autoridad política estaba en un estado de colapso. El 10 de noviembre Juan I de Zápolya, voivoda húngaro de Transilvania —que por razones desconocidas no había llegado a tiempo de participado en Mohacs y que mantenía íntegro su ejército— se hizo elegir rey por los nobles menores (sin título) en la Dieta de Székesfehérvár tras haber nombrado al obispo de Eger, Pablo Várdai, como arzobispo de Esztergom (el jerarca Ladislao Szalkai también había muerto en Mohács). Así el nuevo arzobispo de Esztergom coronó al noble húngaro como «Juan I de Hungría» al día siguiente. Pronto el archiduque de Austria de los Habsburgo, Fernando I, que ya había reclamado el trono húngaro por sus derechos matrimoniales con Ana Jagellón, hermana del fallecido Luis II, también fue elegido rey por los magnates, barones y el clero católico en una Dieta de grupa en Pozsony el 17 de diciembre de ese mismo año. El título de rey de Hungría va a ser disputado entre Zápolya y Fernando hasta 1540.
Entretanto, el emperador Carlos I, hermano de Fernando I, había ocupado la ciudad de Roma en mayo de 1527. Libres tanto Carlos como Fernando de ese compromiso militar, el , Fernando declaró la guerra a Juan I de Hungría. Con la ayuda de tropas de mercenarios germanos de su hermano, entró en Buda el 20 de agosto sin haber sido asediada y obtuvo una victoria decisiva en Tokaj el 27 de septiembre. Zápolya debió refugiarse en Transilvania. A finales de 1527 Zápolya, que había perdido mucho poder y control sobre los territorios húngaros, se refugió con su antiguo cuñado el rey polaco Segismundo I Jagellón el Viejo, que una década antes había estado casado con Bárbara de Zápolya, su hermana mayor. En ese momento, en Hungría la asamblea de Marosvásárhely y de Brassó ya habían aceptado a Fernando como rey ante el temor de los ejércitos imperiales de Carlos I. Fernando controlaba gran parte del reino, así que fue coronado rey de Hungría el 3 de noviembre en Székesfehérvár, según las leyes húngaras, ya que había llegado a sus manos la Santa Corona Húngara luego de que su custodio, Pedro Perényi, abandonase a Zápolya.
Bohemia cayó en manos de los Habsburgo, que también dominaban el norte y el oeste de Hungría y los restos del reino de Croacia, mientras que los otomanos mantenían Hungría central y la soberanía sobre una semiindependiente Transilvania. Esto proporcionó a los húngaros el ímpetu suficiente para continuar resistiendo la ocupación otomana, lo que hicieron durante otros setenta años.
La rama austriaca de los monarcas de los Habsburgo necesitaba el poder económico de Hungría para sostener las guerras otomanas. Aunque el territorio del antiguo Reino de Hungría se había reducido en alrededor de un 70% con una grave pérdida demográfica, esa Hungría real, más pequeña y fuertemente devastada por la guerra, era la mayor fuente de ingresos de Fernando,Dr. István Kenyeres: The Financial Administrative Reforms and Revenues of Ferdinand I in Hungary, English summary at page 92 Link1: Link2: y siguió siendo económicamente más importante que Austria o el Reino de Bohemia incluso hasta finales del .
Zápolya envió embajadas pidiendo ayuda a Baviera, a Polonia, al rey Francisco I de Francia, al papa y a muchos otros Estados, pero ninguno accedió a asistirle, pues nadie se atrevía a enfrentar a Carlos I, salvo Francisco, que preparaba una expedición a Nápoles. En 1527 Zápolya envió una embajada dirigida por Jerónimo Laszky ante el sultán Solimán el Magnífico para pedirle asistencia. Ambos firmaron un tratado el 27 de enero de 1528.
El asedio de Viena (1529) thumb|Frenando la marea islámica en el asedio de Viena (1529)
Con Hungría bajo control, Solimán pudo dirigir su mirada a una de sus mayores ambiciones: Viena. Así, en mayo de 1529 abandonó Constantinopla. Las fuerzas del voivoda de Valaquia entraron en Transilvania bajo las órdenes del sultán. Soleimán regresó a Mohács, donde se reunió por voluntad suya con Zápolya, quien, en el transcurso de una solemne audiencia, debió arrodillarse y besarle la mano siendo reconocido como rey de Hungría y, en consecuencia, como vasallo del Imperio otomano. Abandonando el lugar de la que había sido una de sus victorias más importantes, Solimán llegó a Buda en sólo tres días, ocupada de nuevo por las tropas cristianas. Tras un breve asedio, la ciudad fue tomada y sus habitantes esclavizados, pero a diferencia de la vez anterior, los jenízaros tenían prohibido el pillaje. Pocos días después, Zápolya fue coronado oficialmente como rey; Solimán no asistió a la ceremonia, probablemente para no dar demasiada importancia a quien consideraba sólo un vasallo menor; además, se acercaba el otoño y era necesario llegar a Viena lo antes posible.
Soleimán comenzó el 27 de septiembre el sitio de Viena, un enfrentamiento entre su ejército —120 000 hombres, 28 000 camellos y 300 piezas de artillería—, y los defensores cristianos, que contaban con unos 20 000 combatientes y 72 cañones a las órdenes de Felipe del Palatinado-Neoburgo. Las operaciones resultaron más difíciles de lo esperado y la preocupación por la proximidad del invierno llevaron a abandonar y regresar a Constantinopla, no sin antes celebrar la campaña militar como un éxito y negar que el objetivo fuera conquistar Viena. En el viaje de vuelta, de dos meses, perdió muchos hombres por enfermedades y mal tiempo.
Conflictos hasta 1540 thumb|Los turcos abandonan las cercanías de Viena en 1532 (Museo del Prado) A pesar de sus aplastantes victorias en Hungría, Solimán aún no había establecido plenamente su autoridad en la región. Así, en abril de 1532, volvió a salir de la capital al frente de más de cien mil hombres cuyas filas incluían doce mil jenízaros, treinta mil soldados de Anatolia, dieciséis mil de Rumelia y veinte mil spahi a los que se añadía una fuerza de artillería de trescientos cañones. Al llegar a Belgrado y recibir nuevos refuerzos de los tártaros de Sahib I Giray, Solimán estaba dispuesto a enfrentarse definitivamente al emperador Carlos V. Sin embargo, su ambición no pudo cumplirse: los cristianos no se sentían en absoluto preparados para enfrentarse a un enemigo tan decidido y numeroso, por lo que Fernando de Habsburgo prefirió enviar dos embajadores al sultán para ofrecerle un tributo de cien mil ducados a cambio de la paz y su reconocimiento como rey de Hungría, oferta que el sultán rechazó.
Al fracasar los esfuerzos diplomáticos para frenar el avance otomano, los cristianos tuvieron que ponerse a la defensiva. El ejército de Solimán, tras numerosos éxitos, se paralizó durante el asedio de Güns, una ciudad situada a sólo cien kilómetros de Viena y defendida por sólo ochocientos hombres al mando de Nikola Jurišić, que se prolongó durante todo el mes de agosto, lo que hizo que los otomanos perdieran un tiempo valioso. Después de conquistar trabajosamente la ciudad, Solimán prefirió dirigirse hacia el oeste, hacia Estiria, en lugar de apuntar directamente a Viena, probablemente porque había contado con expulsar a Carlos V de la ciudad y así enfrentarse a él en campo abierto, pero el emperador de los Habsburgo prefirió evitar el contacto y permaneció dentro de las murallas.
En Estiria, Solimán conquistó varias ciudades, pero tuvo que renunciar a la toma de Graz y Maribor, que no cedieron a la fuerza otomana. El tiempo perdido en Güns no le permitió continuar con las operaciones y regresó a Constantinopla el 18 de noviembre de 1532. El resultado de la campaña también se celebró solemnemente, pero el sultán no pudo quedar plenamente satisfecho. Al término de los acontecimientos, se firmó una tregua entre los otomanos y los cristianos, que dio lugar al tratado de Constantinopla de 1533; con ello Zápolya conservaba el reino de Hungría, Carlos V salvaba sus fronteras y podía concentrar sus fuerzas para contrarrestar la Liga de Esmalcalda. Solimán por su parte se volvió hacia Persia, consciente de la oportunidad de romper la tregua con los cristianos cuando quisiera.