miniaturadeimagen|Boceto de Alexis de Tocqueville Los debates historiográficos que se han sucedido en torno a la Revolución francesa engloban una multiplicidad de posturas interpretativas que es posible rastrear hasta los propios contemporáneos de los hechos que la componen. La discusión sobre su comienzo, duración, etapas y hechos constituye el núcleo problemático del debate historiográfico.Luis E. Bosemberg, Historiografía y revolución: tres autores del siglo XIX y las causas de la evolución francesa, sitio digital 'Universidad de los Andes / Historia Crítica', diciembre de 1989. Hacia la última mitad del siglo XX el debate llegó incluso a poner en entredicho la propia denominación de "Revolución" con la aparición de autores revisionistas que minimizan o niegan las transformaciones ocurridas tras 1789.
La Revolución francesa ha sido siempre un asunto complicado de interpretar por la historiografía. Fue considerada como modelo de revolución política, en el que la burguesía desplazaba a la aristocracia en el poder. Sin embargo, a la par de la mencionada transferencia de poder lo que la Revolución puso en discusión fueron los propios fundamentos del poder político y las vías de legitimación del mismo. Este fenómeno que muchos autores señalan como la disolución del Antiguo Régimen y la fundamentación divina del poder monárquico fue hábilmente captada y teorizada en una época muy temprana por el pensador francés Alexis de Tocqueville. miniaturadeimagen|Retrato de Jules Michelet También se discute si hubo una revolución o varias, pues existen problemas políticos, económicos e institucionales que dificultan el análisis.Jacques Solé, Historia y mito de la Revolución francesa, Siglo Veintiuno Editores, México, 1 de enero de 1989, ISBN 968-28-1535-2 (consultar: Introducción).
Uno de los primeros autores que trató la Revolución francesa fue Adolphe Thiers,Biografía: Louis Adolphe Thiers, sitio digital 'Biografías y vidas'. que en 1827 destacaba el aspecto catastrófico de la revolución, apoyado por una enorme cantidad de datos, obtenidos de fuentes directas.
Pero la visión más extendida en el siglo XIX era la romántica, que sostenían Alphonse de Lamartine, Jules Michelet y otros, los cuales reivindicaban el papel del pueblo como protagonista de la historia.La Revolución Francesa. La visión romántica liberal. Lamartine, Michelet y Carlyle , sitio digital 'Eduardo Montagut', 5 de abril de 2012. Alexis Tocqueville fue uno de los más célebres, y en 1856 su interpretación se fundamentó en la recopilación de datos de archivo. Hippolyte Taine fue otro de los autores decimonónicos, quien mantiene que la revolución fue obra de una minoría contra la monarquía. Tiene una especial aversión al periodo jacobino, y lo que representa.
También en Estados Unidos e Inglaterra hubo autores que se preocuparon por analizar la Revolución francesa, como Charles Fox, Thomas Paine y Thomas Jefferson. Los autores norteamericanos tienen su propia revolución y su constitución, por lo que ven con simpatía los comienzos de la revolución, el período de la monarquía constitucional, la Declaración de los Derechos del Ciudadano, e incluso la etapa de la Convención, aunque rechazan el período del Terror.
En el siglo XX cambia, en buena medida, la interpretación de la Revolución francesa. Autores como Albert Mathiez se dedican al estudio de las fuerzas económicas que se encuentran en el proceso revolucionario, y Georges Lefebvre destaca la importante labor del campesinado en los acontecimientos. Por su parte, Ernest Labrousse proporciona datos históricos y estadísticos, principalmente económicos, y destaca la evolución, al alza, del precio del pan, como desencadenante de la revolución. Autores como Albert Soboul y Jacques Godechot hacen una integración de los aspectos políticos, económicos y sociales. Las últimas interpretaciones se han hecho con motivo del bicentenario de la revolución. Autores como François Furet defienden una interpretación política de la revolución, divulgada con este motivo.
Delimitación y fases de la Revolución francesa La revolución se produjo en la estructura de las relaciones políticas, sociales, económicas y culturales de Francia. La burguesía accede al poder, y a partir de ahora el dinero y el patrimonio será quien marque las diferencias de clase, quedando anticuada la estructura estamental.
Para Furet, la Revolución francesa comienza con las Reformas de Turgot en 1774, y no concluye hasta 1880, año en que se reafirma el sistema republicano. Se caracteriza por consolidar una legislación secularizada, en la que destacan cuestiones como la del divorcio, la escuela laica, la enseñanza obligatoria o la libertad de prensa.
Sin embargo, los contemporáneos de la revolución tomarán la fecha del 14 de julio de 1789 (fecha de la toma de la Bastilla) como comienzo de la Revolución. Este día, a instancias de Víctor Hugo en 1880, se convierte en la fiesta nacional francesa.
Cien años después se pretende olvidar los períodos trágicos de la revolución. La época del Terror es obviada en la historiografía, y en los libros de texto de las escuelas. Se considerará como comienzo de la revolución el 5 de mayo de 1789, fecha de la reunión de los Estados Generales.
En los años treinta del siglo XX, el Partido Comunista Francés hace una interpretación de la historia en la que funde la Revolución francesa con la Revolución rusa, como parte de un mismo proceso y una única matriz ideológica. Para defender esto, Jaurès escribe «Historia socialista de la Revolución francesa». Según esta interpretación, Robespierre y la época del Terror son los hechos culminantes de la revolución, y se comparan con el bolchevismo. Para autores como Mathiez el bolchevismo y el jacobinismo son dos dictaduras de clase.
Actualmente se consideran como antecedentes de la revolución la bancarrota en la que se encontraba el Estado en 1788 y la negativa a convocar a los Estados Generales por parte de Luis XVI, para reformar los impuestos. Se toma como comienzo de la revolución la convocatoria de los Estados Generales el 5 de mayo de 1789, que se erige más tarde en Asamblea Constituyente. Se considera que la Revolución francesa tuvo dos fases fundamentales: una, primera, de Monarquía Constitucional, entre 1789 y 1792; y otra, segunda, de Gobierno de la Convención, entre 1792 y 1794, en la cual se distingue el periodo del Terror, de 1793 a 1794, en la que se imponen las reivindicaciones sociales de los sans-culottes.
Algunos autores consideran que también pertenece al ciclo de la revolución la Restauración burguesa, de 1794 a 1799, en la que se incluye la época del Directorio, desde 1795 hasta el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte el 18 de brumario de 1799. También hay autores que consideran la época napoleónica, de 1799 a 1815, como parte de la Revolución francesa.
Rasgos fundamentales del debate El estudio de la Revolución francesa está marcado por las principales ideologías contemporáneas. En numerosas ocasiones se identifica, de una manera simplista, la revolución con el periodo del Terror. Muchas de las interpretaciones toman el período de la República como paradigma de la Revolución.
La interpretación de Adolphe Thiers, en 1823, durante la Restauración borbónica en Francia, hace una exposición coherente desde la visión de la gran burguesía liberal. Utiliza en sus estudios los testimonios de los testigos presenciales. Esta interpretación es completada por François-Auguste Mignet, en 1824, que se dedica al estudio del mundo ideológico que actúa en la revolución.
Thomas Carlyle, en 1837, inicia la visión romántica de la revolución, que ayuda a su mitificación. Los románticos mitificarán, sobre todo, la oposición a la monarquía y la experiencia republicana.
Alexis de Tocqueville afirmará, hacia 1850, que la mayor parte de los cambios que se produjeron durante la Revolución francesa se habían gestado durante el Antiguo Régimen, y que la auténtica revolución se dio en 1848. En realidad afirma que la revolución no sirvió para nada, ya que el Antiguo Régimen tenía flexibilidad suficiente como para asumir los cambios.
Hippolyte Taine también condenó, en 1876, la Revolución francesa, por estar en el origen de todos los conflictos presentes en las sociedades contemporáneas.
Alphonse Aulard mitificará el período republicano, sobre todo la figura de «el Buen Dantón» opositor de Robespierre y máximo representante de la fase laica de la revolución, pero con un sentido más democrático.
Ésta no es más que una referencia de los numerosos estudios que sobre la Revolución francesa se han hecho.
Interpretación conservadora La interpretación conservadora es la más antigua, ya que es la visión de los conservadores monárquicos. Durante mucho tiempo fue la más generalizada. Su juicio de la revolución se fundamenta en la crítica a los hechos concretos, apelando a los valores tradicionales, que se vulneraron durante la revolución.
Para los conservadores monárquicos, la revolución comenzó el 17 de junio de 1789 y fue expuesta por los portavoces conservadores de la Asamblea Nacional Constituyente: Jacques de Cazalés, Gérard de Lally-Tollendal y Jean-Sifrein Maury.
Esta interpretación fue iniciada por Edmund Burke, en Inglaterra, tres años antes del Gran Terror, y se prolonga hasta el rechazo de la revolución de Taine. Es curioso que se condenen los hechos, por violentos, mucho antes de que se produjesen los acontecimientos más sangrientos. miniaturadeimagen|Edmund Burke por James Northcote Según esta interpretación, la monarquía francesa poseía una constitución íntegra y un parlamento del que eran guardianes la nobleza y el clero: los estamentos virtuosos de la sociedad. La revolución es una cosa de hombres ambiciosos y sin escrúpulos que conspiran para arrebatar el poder a sus legítimos dueños. Burke, en 1791, no sabe nada del bloqueo del parlamento por parte de los estamentos privilegiados, ni de la bancarrota en la que se encuentra el Estado. Para él, la transformación que supone la revolución es arbitraria y ha sido promovida por círculos secretos y masónicos. El mayor teórico de la conspiración masónica en la revolución francesa fue el abad Augustin Barruel en su libro Memoria para servir a la historia del Jacobinismo en 1797.
Esta interpretación es la visión del pensamiento católico, del conservadurismo inglés, de la Alemania conservadora y de todos los conservadores monárquicos, en general.
Interpretación liberal Para los liberales, la Revolución francesa comienza con el mismo acto revolucionario: la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente el 17 de junio de 1789. Se trataba de liquidar de un golpe la representación particular de los intereses de los estamentos privilegiados.
Para la burguesía liberal el Juramento del Juego de Pelota el 20 de junio de 1789 y la Toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789 son los hechos centrales de la revolución, un tanto mitificados. Pero los puntos culminantes de la Revolución francesa, y los más decididamente enaltecidos, son: la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, del 26 de agosto de 1789, y la primera constitución escrita, el 3 de diciembre de 1791.
Esta interpretación mitifica el periodo de la Monarquía Constitucional y hace un repudio absoluto de la época de la Convención, no sólo del Terror. Pero este rechazo se debe no tanto a la violencia del momento, el Terror se considera como un mal necesario, sino por el socialismo incipiente que suponen las posturas más radicales.
Para los liberales, la Ilustración es un elemento condicionante de la revolución, el sustrato ideológico sin el cual no hubiera sido posible. Personajes como Montesquieu, Voltaire y Rousseau son los padres espirituales de la revolución.