miniaturadeimagen|Soldado y oficial, ambos del Regimiento Chacabuco, en Antofagasta en 1879. El soldado es Eleodoro Gálvez, lleva morral, cantimplora, fusil y un casco Pickelhaube, que llevó su regimiento al comienzo de la guerra. El oficial es Domingo de Toro Herrera, comandante del regimiento, ingeniero con perfeccionamiento en EE. UU. Tras la guerra tuvo una intensa carrera política. Normalmente oficiales y soldados no aparecen juntos en fotos. El Ejército de Chile durante la guerra del Pacífico (1879-1884) fue la fuerza armada terrestre del estado que realizó la política militar del Gobierno de Chile durante la guerra, con el fin de alcanzar los objetivos políticos de la guerra.
A lo largo de cuatro años el ejército movilizó unos 70 000 chilenos para combatir en el desierto de Tarapacá, Tacna y Arica, en los arenales de Lima y finalmente en la sierra de Perú, todos territorios hostiles y cada vez más alejados de los centros de abastecimiento chilenos. Al mismo tiempo debió vigilar y combatir en la frontera sur los levantamientos mapuches y mantener guarniciones en los territorios ocupados. El contingente de 2440 soldados en febrero de 1879 aumentó paulatinamente hasta 41 000 en enero de 1881 para quedar en 7500 en 1884, al finalizar la guerra.
Los inexistentes servicios de sanidad, abastecimiento y transporte debieron ser implementados durante la guerra, ya que hasta entonces sus fuerzas habían combatido siempre en Chile o en territorio parcialmente aliado. También debió reorganizar su estructura interna para desarrollar estrategias más acordes con los objetivos, organizándose en divisiones y creando un estado mayor para las divisiones y general.
Los resultados de la guerra sirvieron para cimentar la posición del ejército en la sociedad chilena como una fuerza confiable y profesional, pero también para reflexionar acerca de los errores y falencias militares que el conflicto bélico había sacado a la luz y que tuvieron como consecuencia una modernización del ejército.
Antecedentes
thumb|derecha|300px|Dibujos de una caramayola, un cinto para municiones y una medalla de honor, publicados por el oficial francés Eugène Marie Le Léon.
Según R. Pizarro, los elementos necesarios en un ejército para producir un rendimiento específico en la guerra son oficiales de comando, servicios de informaciones, tropas de combate y tropas de los servicios, estas últimas se subdividen en intendencia (subsistencias, vestuario, equipo y útiles de escritorio), sanidad (atención sanitaria, evacuación y recuperación de heridos y enfermos, higiene, abastecimiento sanitario y reemplazo de personal), veterinaria (atención veterinaria, evacuación y hospitalización de ganado, higiene, reemplazo de ganado y reemplazo de personal), material de guerra (reemplazo y recuperación de material de guerra, abastecimiento de municiones y material fungible de ingenieros, abastecimiento de combustibles y lubricantes y reemplazo de personal) y por último transporte (transporte por ferrocarril, medios auto o hipomóviles, marítimo, lacustre, fluvial, aéreo y especiales).
Tropas de comando
La oficialidad provenía de las aulas de la escuela Militar del Libertador Bernardo O'Higgins, que, de funcionamiento intermitente desde su creación, había logrado formar una mando profesional y no deliberante.
El 11 de julio de 1879, el gobierno chileno creó el cargo de comisario general del gobierno para el ejército del norte y la armada nacional con las atribuciones de inspección y dirección superior que corresponden al ejecutivo … el ejército y la armada … reconocerán … como si emanaran del presidente de la república. Las atribuciones del cargo provocaron resquemores entre los altos oficiales ya que en su opinión los civiles se estaban entrometiendo en tareas que no les correspondían. El historiador Ekdahl va más allá y lo considera directamente ilegal. El cargo es más conocido bajo el nombre de "ministro de guerra en campaña" y lo ejerció Rafael Sotomayor Baeza tras cuyo deceso en 1880 durante la Campaña de Tacna y Arica, fue sucedido por José Francisco Vergara.
Una de las consecuencias del control civil, era, en tiempos de paz, que el ejército no tenía un comandante en jefe sino sólo un inspector general sin mando de tropas. Tampoco estaba el ejército autorizado a planificar acciones de mayor envergadura sin la autorización del jefe de la plaza de armas regional (intendente). Es decir el ejército no estaba preparado para operaciones de mayor magnitud. En 1820 se había creado el Estado mayor, pero solo para casos de guerra (fue permanente desde 1891).
Tras la declaración de guerra Justo Arteaga, de 74 años de edad, fue nombrado Comandante en Jefe del Ejército del Norte. El 18 de julio de 1879, Arteaga renunció y fue reemplazado por Erasmo Escala. Ocho meses más tarde, en abril de 1880, Manuel Baquedano reemplazó a Escala en el cargo de comandante en jefe. Los tres comandantes salieron por desavenencias con el gobierno de Aníbal Pinto. Tras la ocupación de Lima el cargo pasó por corto tiempo a Cornelio Saavedra Rodríguez, quien lo ejerció hasta el 20 de marzo. Pedro Lagos ocupó el cargo hasta el 17 de mayo cuando Patricio Lynch asumió la jefatura hasta 1884.
Tropas de informaciones
Marcos Maturana, jefe del Estado Mayor del ejército del norte explica en su memoria al Congreso Nacional de 1882 que se disponía de excelentes cartas topográficas y descripciones del terreno entre Ancón y Lurín, hechas por conocedores del terreno. Se envió agentes a Perú para indagar noticias sobre sus defensas. La Oficina de Hidrografía de la Armada publicó mapas de la costa del Pacífico con informaciones sobre topografía, recursos y dificultades reunidos de libros y documentos. Estos mapas fueron repartidos a oficiales y sargentos de la armada y el ejército.
G. Bulnes comenta que se enviaron agentes secretos a Perú y Bolivia para recoger información sobre los preparativos bélicos en marcha.
Durante la ocupación se conectaron al cable submarino Lima-Valparaíso los puertos intermedios y se extendió el telégrafo desde Antofagasta hasta Salinas y Caracoles para anunciar oportunamente un posible ataque desde Bolivia. También se ordenó una actualización de los mapas de Antofagasta así como un censo de los forrajes, pastizales, y fuentes de agua en la región.
Tropas de combate
right|300px|thumb|¡Salve, César emperador! Los que van a morir te saludan. Con el (supuesto) saludo de los condenados a muerte, la revista El Padre Cobos del 12 de mayo de 1883 ponía en la discusión los sacrificios de sangre que representaba para el pueblo la continuación de la guerra y una posible desestabilización del gobierno si las pérdidas aumentaban demasiado. Los soldados avanzan hacia donde se encuentran tres cadavéricos espectros que anuncian: tercianas, dinamita y fiebre amarilla, tres de sus más fieros enemigos durante las penurias de la Campaña de la Sierra, con toda seguridad la más penosa de las que enfrentaron en el conflicto.
No existía un sistema de reclutamiento en masa, o conscripción obligatoria debido a un sentimiento de panamericanismo, razones de economía fiscal, y porque tampoco había llegado desde Europa el concepto de guerra total (no confundir con Guerra a Muerte (Chile)).
El enrolamiento se hizo a través de voluntarios y de leva (obligatorio), aunque no existen estadísticas que midan la magnitud con que se utilizaron. Según Valentina Verbal Stockmeyer, durante el alistamiento, los primeros contingentes provenían del ejército profesional, un segundo refuerzo se formó con los habitantes de Antofagasta que habían celebrado el desembarco del 14 de febrero y el tercer contingente lo aportaron los trabajadores chilenos deportados de Perú. Francisco Antonio Encina estima en 7000 el número de repatriados enlistados en los nuevos batallones.
La Guardia Nacional (Chile) aportó unidades que pasaban a integrar el ejército completamente o contingente para unidades militares ya formadas o en formación. El contingente de la guardia era de 6687 hombres.A. Clavel, El ejército de los chilenos, pag. 181 Otras instituciones que aportaron contingente fueron las Fuerzas de Orden y Seguridad de Chile que ya existían en algunas ciudades, los Bomberos de Chile, que aunque no participaron como tales en la guerra, aportaron voluntarios y en muchos casos se hicieron responsables del mantenimiento del orden en las ciudades tras la partida de las unidades militares, que eran, en aquel tiempo, parte de la policía. La Armada de Chile, cuya participación debe ser tratada aparte, aportó el Regimiento de Artillería de Marina (que era principalmente infantería). También algunos extranjeros se integraron al ejército, aunque en número menor. No se debe considerar extranjeros a los inmigrantes radicados en Chile.https://www.slideshare.net/academiahistoriamilitar/militares-de-ascendencia-germana-en-la-guerra-del-pacfico
Hasta enero de 1879, la ley permitía un contingente de 3116 soldados, pero debido a la falta de recursos solo se pudieron llenar 2440 plazas. Siguieron varios decretos que regulaban la entrada y entrenamiento de nuevos reclutas, además, el 5 de marzo se ampliaron las atribuciones del inspector general del ejército quien pasó a ser también inspector general de la guardia nacional, de manera de apresurar los cambios necesarios.
Durante la crisis y al comienzo de la guerra se aumentó el contingente mediante decretos que expandían el contingente de algunas unidades, convertían unidades en la categoría superior o creaban unidades nuevas. Con el fin de enrolar más personal, se creó el Depósito de Reclutas y Reemplazos que al parecer tuvo cierto éxito porque posteriormente se ordenó al ejército no enviar oficiales a enrolar gente en Santiago, Valparaíso ni otras ciudades porque eso ya estaba hecho por el depósito. En vísperas de la declaración de guerra el gobierno ordenó las siguientes ampliaciones: el 26 de febrero el batallón Zapadores fue convertido en regimiento el 6 de marzo se creó el batallón Santiago el 26 de marzo cada batallón de línea fue convertido en un regimiento de línea de dos batallones (600 hombres cada batallón) cada uno, los que a su vez tendrían cuatro compañías (150 hombres cada compañía.), es decir a 1200 hombres cada regimiento. el 26 de marzo se crea una brigada de artillería en Antofagasta sobre la base de una compañía del Regimiento de artillería n.º1, finalmente se convertiría en el Regimiento de artillería n.º2. el 29 de marzo se aumentó en un escuadrón al regimiento cazadores el 3 de abril se convirtió por decreto al batallón de artillería de marina en regimiento (A pesar de su nombre era un regimiento de infantería) el 6 y el 12 de abril se crearon el Batallón Bulnes y el Batallón Valparaíso a partir de los cuerpos de policía municipal de Santiago y Valparaíso el 9 de mayo se creó el primer escuadrón Carabineros de Yungay (5127) Tras su captura (23 de julio) fue creado un segundo escuadrón. el 5 de junio se creó una compañía de pontoneros y constructores
Es sorprendente la flexibilidad con que la administración respondió a las necesidades de tropas. Durante la ocupación de Antofagasta se disponía de 2440 plazas, para la campaña de Tarapacá se aumentaron a 18 000 plazas. Para la Campaña de Lima el número de soldados fue aumentado a cerca de 45 000. Durante la ocupación de Lima el número varió de acuerdo a las necesidades o supuestas necesidades: inmediatamente tras la ocupación fue reducido, pero para las campañas contra los montoneros fueron nuevamente aumentados.
Tropas de servicios
Intendencia
+ Raciones diarias de alimentoal comienzo de la guerra Alimento en cantón(gramos)en marcha(gramos) carne 460 charqui 460 papas 150 arroz o fangollo 120 grasa 50 ají 10 10 sal 9 galletas 200 460 harina tostada 200 200 cebollas 100 120 azúcar 25 café 10 Peso total 1334 1250