Extremadura es de las últimas zonas de la península cuyos elementos folclóricos de índole fantástica han sido estudiados. Existe poco material que trate el tema, bastante reciente y casi siempre referido a las sierras del norte de Extremadura, que han llamado más la atención de diversos autores, aunque ningún rincón de Extremadura ni de la península ibérica en general es ajeno a este tipo de elementos. Se muestran en la mitología extremeña paralelismos con otras zonas de la Península, tanto de la Cornisa Cantábrica como del resto de la meseta en general o del sur mediterráneo.

La aproximación a estos mitos extremeños ha sido llevada a cabo desde diversos enfoques, desde la visión centrada en lo paranormal de Iker Jiménez, hasta los de autores como Fernando Flores del Manzano o el historiador e investigador de campo Félix Barroso. Aunque ya Publio Hurtado mencionara a principios del de pasada pocos mitos, su estudio y divulgación se ha llevado a cabo en un momento en que todo este mundo entra en franca decadencia.

Personajes mitológicos

El Lagarto de las Peñas

También conocido como Dragón de las Vegas Bajas. El Lagarto de las Peñas es un gigantesco lagarto de varios metros de largo que habita en zonas rocosas de las dehesas entre Mérida y Badajoz. Son criaturas inteligentes que ejercen una justicia cruel sobre aquellos que lo merecen, se comen a los perros de los pastores que roban ovejas, rompen los arados de los agricultores que mueven las lindes y bajan a los pueblos de noche a comerse a las ancianas que hablan mal de sus vecinos.

La Serrana de la Vera

La Chancalaera

Este ser de la mitología hurdana parece estar relacionado con la Serrana de la Vera, a juzgar por el paralelismo de algún romance que la menciona, donde aparece también como acosadora de hombres, con ciertas versiones del romance de la Serrana. Se la describe como una hembra grande, hábil y atractiva, ducha en la caza y de una fuerza sobrehumana. Una gruta en pie del Pico de las Corujas es descrita como una morada suya. Puede transformarse en anciana de apariencia indefensa, o en animal, incluso en ave. Posee el don de poder dar zancadas de tal longitud que le permiten cruzar (“achancal” en altoextremeño, de ahí su nombre) ríos enteros de un solo paso, lo que dificulta el poder huir de ella, característica que también es adscrita a la Serrana de la Vera.

También se la utiliza como asustadora, afirmándose que entra a las casas donde oyen a los niños llorar para llevárselos y comérselos asados. Lo cual es una advertencia para los niños hurdanos llorones.

Teme al Entiznáu y trata de evitarlo.

La Genti de Muerti thumb|Genitu de Muerti imaginado por una inteligencia artificial. También llamada el Corteju de Genti de Muerti o Cortejo de Gente de Muerte. En las Hurdes, se trata de la aparición de dos jinetes, un hombre y una mujer ancianos, montados en un caballo, que acaban desapareciendo en medio del galope de la misma forma misteriosa como aparecieron. A la pregunta de quiénes son siempre responden con voz lúgubre “somos Genti de Muerti” ,acaban desvaneciéndose y simplemente quedando un olor a humedad de los sepulcros. Varía la descripción de los jinetes, pero una descripción típica cuenta que irían vestidos con un faldón que les tapa las piernas, que tienen cara muy pálida, ojos en blanco y manos huesudas sujetando las riendas. Van en busca del alma de alguien que va a fallecer la noche de la aparición.

La Procesión de Almas

En las Hurdes, como su nombre indica, se trata de una procesión de almas en pena similar a la Santa Compaña y otras visiones equivalentes del folclore peninsular. Entre otros lugares, por el valle del río Malvellido desfilan las almas vestidas de blanco portando una vela en la mano todos los jueves a la media noche, en doble sentido. Interceptarlas en medio camino equivaldría a una muerte inmediata.

Moras y encantadas

En lo que respecta a los seres feéricos, por toda Extremadura se suele hablar de las moras (como en Galicia, la Meseta en general, Murcia o Aragón, que no tienen mucho que ver con las moras históricas) o de encantás o encantadas (como en la Meseta o en Asturias occidental). No se diferencian mucho de las encontradas en otros puntos de la península, incluyendo las xanes de Asturias central, de manera que se les supone mujeres de singular belleza que, debido a algún hechizo o maldición, adquieren poderes y características sobrenaturales, y que habitan en castillos abandonados, orillas de fuentes, charcos o arroyos, pasando el día peinando sus largos cabellos esperando que acuda algún galán a desencantarlas. A menudo se las asocia a tesoros reservados para el que logre desencantarlas, como las mouras gallegas o las ayalgas asturianas. A veces solo se dejan ver por algún paraje en determinada fecha del año. No seguir las condiciones pertinentes para desencantarlas puede traer consecuencias fatales.

Respecto a las encantadas asociadas a fuentes, es recurrente en la Alta Extremadura el relato sobre el descubrimiento en una fuente de una cadena de oro a la que no se le ve el fin, seguida de la desaparición de dicha cadena al cortar un pedazo de ella para guardárselo y el posterior murmurar de una voz en la fuente lamentándose por haber perdido para siempre la posibilidad del desencantamiento.

Las encantadas no siempre aparecen como seres benévolos. También es común por las Hurdes la historia sobre una misteriosa tienda de baratijas atendida por una mora que aparece mágicamente en un lugar encantado durante la hora anterior a la medianoche. La mora solo es desencantada si a la pregunta de cuál es el mejor objeto de la tienda se responde que es la propia mora. Los que responden que son las tijeras de oro o los afilados cuchillos son muertos vengativamente con esos mismos instrumentos. A veces se sustituye a la mora dueña de la tienda en la leyenda por una jáncana. Historias parecidas, con tienda y tijeras amenazantes, existen también en Galicia.

El Machu Lanú thumb|El Machu Lanú imaginado por una inteligencia artificial. También llamado "el Lanú" a secas. Se trata de una misteriosa criatura mitológica hurdana con cuerpo de macho cabrío, voz humana cavernosa y rostro humano (aunque deforme), provisto de cuernos, de complexión corpulenta y que camina de forma bípeda. Antes de aparecer suele levantarse un ligero vendaval. Uno de los hurdanos que supuestamente tuvo encuentros con él fue el zajoril “Ti' Usebiu” pocos años antes de morir.

Aparte de esta visión siniestra del personaje, también está la festiva. El Machu lanú como disfraz, que figura como uno de los personajes del carnaval hurdano.

Duendes y demás seres menudos

Aunque a día de hoy es más fácil encontrar a gente que crea en extraterrestres u ovnis que en duendes, la creencia en los duendes en todas sus formas estuvo muy generalizada por toda la península ibérica hasta hace no mucho tiempo y Extremadura no podía ser ajena a ello. También se menciona allí a las “duendas” femeninas. Son descritos de mil formas, desde como enanillos de aspecto grotesco, hasta vestidos con ropas de Fraile (los “Frailecillos” iluminados con una luz verdosa o violácea que mencionara Publio Hurtado, con capacidad para colarse por las cerraduras). Los duendes enredadores domésticos suelen preferir los lugares más inhóspitos de la casa, como cuartos oscuros, cuadras, bodegas o desvanes, para revolver en ellos y hacer ruidos de todo tipo. Es difícil librarse de ellos, ni aun mudándose de casa.

Los duendes domésticos se diferenciarían de los familiares, muy diminutos, que se asocian a una persona a la que pueden ayudar con sus poderes, lo mismo que traerles problemas, más asimilables a los prakagorris vascos y otros seres del mismo estilo. Estos están a su vez relacionados en cierto modo con los “malinus” que provocan las posesiones demoníacas, también presentes en diversas formas en gran parte del folclore peninsular.

En las Hurdes, se habla por ejemplo del Duendi Jampón, que pese a ser diminuto necesita engullir siete arrobas de comida al día y se cuela por las casas devorando todo lo que encuentra. También de la pareja formada por la duenda y el duendi zunguluteru, que además de trastearlo todo como los típicos duendes enreadadores, se le achaca el provocar los retortijones y los gases soplando en el oído a la gente mientras duerme. O el malestar general matutino a que el duende ha estado “contando las costillas” al durmiente. Mientras el duendi zunguluteru hace sus fechorías, su mujer la duenda se queda sentada a la lumbre por las noches royendo castañas.

En las Hurdes se habla también de duendes guardianes de tesoros enterrados en el campo. Si alguien trata de apropiarse de ellos desoyendo las advertencias del duende, éste transforma en carbón no solo el propio tesoro, sino todos los ahorros y riquezas del descubridor de éste cuando llega a su casa.

En la Vera, y especialmente en Garganta la Olla, los duendes imponían juramentos que de no cumplirse acarreaban la infertilidad a las mujeres. Estos duendes han sido descrito por los que decían haberlos visto e incluso se cuenta que a principios del varios vecinos persiguieron a uno de ellos, cuando impuesto el juramento a una mujer, intentaron acabar con él para evitar la maldición. Estos duendes veratos se corresponden con un ser de unos 40 centímetros de altura, con cuerpo de forma humana, de un color verde especialmente brillante por la noche y que cuando es descubierto, huye muy rápidamente a cuatro patas, y esto es todavía más extraño, no en línea recta sino en zig-zag.

A veces se categoriza como "duendis" a seres que tendrían poco que ver con lo entendido típicamente por duendes, como el Entiznáu.

En el Valle del Jerte se habla de un ser diminuto femenino que entraría dentro de los típicos duendes enredadores domésticos llamado Pomporrilla. Como tal gusta de hacer trastadas por la casa, mover los cacharros o los muebles o producir ruidos. Su aspecto es grotesco, de estatura enana y cuerpo feo de tez negruzca y pelo greñoso. Su carácter femenino se percibe por su única distintiva teta, atrofiada y enflaquecida, que aparece en su busto. Su boca succionadora casi carece de dientes, poseyendo solo alguna muela para roer las castañas, su alimento favorito, que suele ir a buscar al sobrado o desván donde se colocan en las casas jerteñas.

Peculiar descripción hurdana de la vida de ultratumba

El informante Julián Sendín Martín, de la alquería hurdana de Vegas de Coria, desveló en 1991 algo antes de morir al hurdanófilo Félix Barroso la siguiente peculiar descripción del Más Allá:

Asustadores diversos

Muchos de los seres empleados para asustar a los niños en Extremadura tienen paralelismos en el resto de la península desde la Cornisa Cantábrica a Andalucía. Algunos de los seres mencionados se usan como asustadores (jáncanas, chancalaera...). Publio Hurtado menciona entre ellos el coco, el Bu (conocido en Castilla y Asturias), la marimanta (conocida en Castilla y Andalucía), la mano negra (mano viviente terrorífica conocida en casi toda la península) y el demonuelo pardillín, además de la Caragontía, sobre la que añade una copla en la que es mencionada similar a una existente en Andalucía sobre otro personaje denominado "Tragantía". Tampoco son desconocidos igualmente el tío del sebo, el tío Camuñas, el sacasangres, el lobo y el hombre del saco en sus diversas variantes. Igualmente los duendes eran empleados para asustar a los niños. En Azuaga se emplea a Juan Colorín, de la porra y el candil, y en las Vegas Bajas del Guadiana al pituso. La criatura utilizada para evitar que los niños se acerquen a los pozos y que supuestamente vive en ellos, recibe, entre otros, los nombres de maruña y moracantana.