El Municipio de Acultzingo es uno de los 212 municipios en lo que se encuentra dividido para su régimen interior el estado mexicano de Veracruz de Ignacio de la Llave, localizado en el centro-oeste del territorio y en la región de las Grandes Montañas, su cabecera municipal es el pueblo de Acultzingo.
Toponimia Acultzingo significa en lengua náhuatl "en la pequeña vuelta del agua".
Historia
Periodo prehispánico En la zona sur de la actual población existen vestigios arqueológicos que no han sido explorados. Su población es de origen totonaca, olmeda y después fueron conquistados por la Triple Alianza.
Diversos estudios históricos y lingüísticos señalan que en la región de Acultzingo se habló popoloca-pinomé hasta finales del siglo XVI, enlazándose con el corredor lingüístico del eje Cholula–Cotaxtla. Asimismo, se ha indicado que el mazateco, denominado “popoluca” por algunos hablantes del sur de Zongolica, podría representar un remanente de aquellas antiguas variantes popolocas presentes en la región central y montañosa de Veracruz. Posteriormente, la influencia del náhuatl se incrementó durante los periodos tolteca y mexica, llegando a producir cambios lingüísticos en diversas regiones del actual estado de Veracruz.
Virreinato Durante el periodo virreinal temprano, el valle de Orizaba y las tierras comprendidas entre el Ingenio y Acultzingo fueron objeto de reorganización territorial por parte de la administración colonial. Se documenta que el virrey Antonio de Mendoza habría tomado posesión de todas estas tierras, lo que implicó el desplazamiento de diversas poblaciones indígenas hacia zonas montañosas cercanas.
Hacia 1540, el área de Acultzingo aparece referida como “San Cristóbal Acazingo”, una pequeña aldea indígena situada a dos leguas del Ingenio (Ostoticpac), asentamiento que corresponde actualmente a la zona del municipio de Nogales. En este periodo, el territorio formaba parte del proceso de reorganización colonial del valle de Orizaba durante la etapa virreinal temprana, lo que implicó el desplazamiento y reubicación de poblaciones indígenas hacia otros asentamientos cercanos, como Orizaba. Este proceso contribuyó a la configuración inicial del corredor montañoso entre el valle de Orizaba y las Cumbres de Acultzingo.
Los pueblos originarios de la región fueron concentrados y trasladados al asentamiento que hoy corresponde a San Juan Bautista Acultzingo tras la conquista española. Acultzingo fue encomendado inicialmente al conquistador Francisco de Montalvo, quien ejerció la encomienda durante la primera mitad del siglo XVI. La encomienda fue una institución colonial mediante la cual la Corona española otorgaba a un encomendero el derecho a recibir tributos —en especie, trabajo o dinero— de una comunidad indígena, a cambio de su obligación formal de protegerla, garantizar su evangelización y velar por su organización política y económica. Hacia 1550, la encomienda fue sucedida por su hijo Diego de Montalvo; tras la muerte de este último, alrededor de 1570, los tributos pasaron a su viuda, Juana Ruiz de Bazbuena. Posteriormente, otro Diego de Montalvo aparece registrado como encomendero en 1597. La encomienda de Acultzingo permaneció vacante entre 1629 y 1664, lo que sugiere una administración directa o transitoria por parte de la Corona durante ese periodo, con implicaciones en la recaudación de tributos y en la organización económica local.
El 15 de junio de 1559, en presencia de autoridades de pueblos vecinos y del fraile franciscano Alonso de Santiago, el gobernador Don Melchor Cortés realizó la entrega de tierras a los naturales de San Juan Acultzingo. De acuerdo con la tradición documental local, la concesión comprendía dos leguas y media por cada viento, además de cinco manantiales de agua que, según la descripción histórica, brotaban de un árbol de moral.
La fecha más antigua del archivo parroquial data de 1625. En la portada de la iglesia se pueden observar los relieves de un conejo -tochtli-, trece flores, un acatl y una flor que el arqueólogo Alfonso Caso determinó como 1570 -13 tochtli- y 1571 -uno acatl-.
Durante el periodo colonial existieron diversos conflictos entre comunidades indígenas de la región de Orizaba y hacendados por la posesión de montes, tierras y derechos de agua. En 1737, los habitantes de Acultzingo litigaron la devolución de los títulos que amparaban los bienes de su comunidad. Asimismo, en 1722 los indígenas de San Juan Bautista de Acultzingo, junto con pobladores de Nogales, Huiloapan y Tenango, sostuvieron disputas legales contra Salvador de la Vega, arrendatario de la Hacienda de Santiago —propiedad del Conde del Valle de Orizaba— por los derechos al agua, conflicto que formaba parte de antiguas pugnas territoriales en la región.
Según José Antonio de Villaseñor y Sánchez, hacia mediados del siglo XVIII San Juan Acultzingo era una república de indios administrada por la doctrina de Nogales. La población contaba con 42 familias indígenas y 40 familias de mestizos y mulatos. Sus actividades económicas incluían el cultivo de diversas semillas, con excepción del trigo y el arroz, además de la producción de frutas regionales y la crianza de ganado porcino y caprino.
Durante el siglo XVIII, distintas fuentes coloniales mencionaban templos e iglesias parroquiales en poblaciones cercanas como Maltrata, Nogales y Orizaba; sin embargo, para 1746 todavía no se registraba en las fuentes consultadas la antigua iglesia de Acultzingo, existente desde el siglo XVI.
Guerra de Independencia Durante la Guerra de Independencia, la región de Acultzingo tuvo importancia estratégica debido a su ubicación en el paso montañoso entre Veracruz y el altiplano central. Las Cumbres de Acultzingo constituían uno de los pasos naturales más importantes entre el puerto de Veracruz y el centro de la Nueva España, por lo que el control de la región resultaba fundamental para el tránsito de tropas, mercancías, tabaco y correspondencia del gobierno virreinal. Asimismo, la geografía montañosa y accidentada del lugar favorecía las emboscadas y ataques sorpresa realizados por fuerzas insurgentes contra convoyes y destacamentos realistas.
Durante la Guerra de Independencia, en 1812 los sacerdotes insurgentes Manuel de las Fuentes Alarcón, cura de Maltrata, y Juan Moctezuma Cortés, de Zongolica, encabezaron levantamientos en la región de Orizaba junto con sus parroquianos. Manuel de las Fuentes Alarcón tomó Acultzingo, mientras que Juan Moctezuma Cortés, reforzado por Alarcón, Miguel Moreno, José María Sánchez de la Vega e Ignacio Luna, participó en el cerco y toma de Orizaba el 28 de mayo de 1812. Posteriormente, los insurgentes intentaron atacar Córdoba, aunque terminaron replegándose hacia Chocamán, Coscomatepec y Huatusco tras la contraofensiva realista.
En junio de 1812, las fuerzas realistas comandadas por el brigadier español, Ciriaco del Llano, fueron atacadas en las Cumbres de Acultzingo mientras se dirigían de Orizaba hacia la Ciudad de México, en el contexto de los enfrentamientos entre insurgentes y realistas por el control de la región.
Entre junio y octubre de 1812, la región de las Cumbres de Acultzingo fue escenario de constantes ataques insurgentes contra fuerzas y convoyes realistas que transitaban entre Veracruz y el altiplano central. En ese contexto, Juan Labaqui dirigió una fuerza de entre 400 y 500 hombres encargada de custodiar la correspondencia ultramarina del gobierno virreinal entre Veracruz y San Agustín, sufriendo repetidos ataques insurgentes, particularmente en las cumbres de Acultzingo.
La toma insurgente de Orizaba por las fuerzas de José María Morelos causó gran preocupación en Puebla y la Ciudad de México. Ante el avance insurgente, el teniente coronel Antonio de Águila reunió inicialmente mil doscientos cincuenta hombres y tres piezas de artillería, siendo posteriormente reforzado hasta alcanzar cerca de dos mil soldados y seis piezas de artillería. Según las crónicas de la época, estas disposiciones reflejaban el temor que las campañas militares de Morelos provocaban en el gobierno virreinal.
La tarde del 31 de octubre de 1812, mientras Morelos concluía su jornada en Acultzingo en dirección hacia Tehuacán, las fuerzas realistas de Águila avanzaban apresuradamente hacia la Cañada de Ixtapa con el propósito de interceptar al ejército insurgente. Ambos jefes militares desconocían la posición exacta de su adversario y esperaban encontrarlo en cualquier momento durante la marcha.
Al amanecer del 1 de noviembre de 1812, los dos ejércitos emprendieron sus movimientos sin sospechar la cercanía del enemigo. Las tropas realistas ascendieron la cuesta que comunicaba Ixtapa con la segunda cumbre de Acultzingo, mientras Morelos avanzaba por las primeras cumbres al frente de más de doce mil hombres, cifra incrementada tras el reclutamiento realizado en Orizaba. Hacia las ocho de la mañana, Águila hizo alto en la zona de Puente Colorado y descubrió sobre las alturas a las fuerzas insurgentes, que marchaban en considerable desorden mientras intentaban proteger el botín obtenido en Orizaba.
Al enterarse de que Águila había pasado la noche en Ixtapa, Morelos y Hermenegildo Galeana ocuparon apresuradamente las posiciones elevadas de las cumbres acompañados únicamente por sus escoltas. Morelos inició el combate con cerca de mil hombres y tres piezas de artillería, debido a que el resto de su ejército se encontraba disperso desde la hacienda de Tecamaluca hasta el pueblo de Acultzingo. El insurgente ordenó al capitán Larios ocupar el cerro izquierdo, mientras él y Galeana defendían la posición derecha. Los cañones fueron colocados en medio del camino con el objetivo de contener el avance de las columnas realistas.
Por su parte, Águila dividió sus tropas en dos columnas: una avanzó para atacar el flanco izquierdo insurgente y otra se dirigió frontalmente contra las posiciones de Morelos. Apoyada por una columna de granaderos, la caballería realista cargó sobre las defensas insurgentes al mismo tiempo que las tropas enviadas por el flanco rompían fuego sobre la primera línea de defensa. Durante este ataque, las fuerzas insurgentes perdieron la artillería tomada previamente en Orizaba y comenzaron a desorganizarse.
A pesar del desorden, Galeana sostuvo una intensa resistencia en la segunda línea defensiva y combatió directamente contra las tropas realistas. En uno de los momentos más intensos del combate, la caballería realista fue rechazada y el caballo del coronel Morán, quien la comandaba, murió durante el enfrentamiento. Posteriormente, la infantería realista atacó simultáneamente el frente y el flanco derecho defendido por Galeana y el capitán Larios, desencadenando una lucha cuerpo a cuerpo. Sin embargo, cuando los insurgentes creyeron que Galeana había muerto al caer de su caballo, las filas comenzaron a dispersarse rápidamente.
Considerando perdida la batalla, Morelos ordenó la retirada hacia Tehuacán protegido por su escolta. El resto del ejército insurgente, extendido desde el pueblo de Acultzingo hasta el lugar del combate, cayó rápidamente en el desorden al conocer la derrota sufrida en la cabeza de la columna. Aunque inicialmente Morelos creyó muerto a Galeana, éste logró sobrevivir ocultándose en el tronco de un árbol de alcornoque después de quedar aturdido por la caída de su caballo. En este enfrentamiento Morelos perdió cerca de 40 hombres (entre muertos y desertores) y tres cañones.