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Ebla (árabe: عبيل، إيبلا) es una ciudad antigua localizada en el norte de Siria, a unos 55 km al sureste de Alepo. Fue una importante ciudad-estado en dos periodos, primero en el 3000 a. C. y especialmente entre los años 2400 y 2250 a. C., cuando se conocen de ella diversos reyes, varias bibliotecas e importantes documentos epigráficos. Continúa su existencia entre el 1800 a. C. y el 1650 a. C., pero ya perdida su independencia y relieve.

Ebla mantuvo su prosperidad gracias a una vasta red comercial. En los palacios de la ciudad se recuperaron artefactos procedentes de Sumeria, Chipre, Egipto y de lugares tan lejanos como Afganistán. El reino tenía su propia lengua, el eblaíta, y la organización política de Ebla tenía características diferentes del modelo sumerio. Las mujeres gozaban de un estatus especial y la reina tenía gran influencia en los asuntos estatales y religiosos. El panteón de dioses era principalmente semita septentrional e incluía deidades exclusivas de Ebla. La ciudad fue excavada a partir de 1964 y se hizo famosa por las tablillas de Ebla, un archivo de unas 20.000  tablillas con escritura cuneiforme encontradas allí, datadas en torno al año 2350 AC. Escrito tanto en sumerio como en eblaita y utilizando el cuneiforme, el archivo ha permitido una mejor comprensión de la lengua sumeria y ha proporcionado importante información sobre la organización política y las costumbres sociales del Levante de mediados del III milenio AC.

El sitio es conocido hoy como Tell Mardikh, y es sobre todo famoso por los archivos con más de 20 000 tablillas cuneiformes, datadas alrededor de 2250 a. C., en sumerio y en eblaíta, una variante lingüística del idioma semítico oriental. Buena parte de los materiales epigráficos se encuentran en el vecino museo regional de Idlib (Siria).

Tablillas: Textos de Ebla En 1964, arqueólogos italianos de la Universidad de Roma La Sapienza, dirigidos por Paolo Matthiae comenzaron a excavar en Tell Mardikh. En 1968 recobraron una estatua dedicada a la diosa Ishtar portando el nombre de Ibbit-Lim, un rey de Ebla. Esto identificó la ciudad, largo tiempo conocida por las inscripciones egipcias y acadias.En la siguiente década el equipo descubrió un palacio de aproximadamente del 2500–2000 a. C. Unas 20.000 bien preservadas tablillas cuneiformes (denominadas “textos de Ebla”) fueron descubiertas en las ruinas. Las tablillas estaban escritas en la escritura sumeria del período dinástico arcaico IIIA, si bien inicialmente no parecía sencillo traducirlas. Tras meses de investigación pudo aclararse que estaban escritas en un dialecto semítico llamado desde entonces “eblaíta”, además del sumerio, manifestando las estrechas relaciones de Ebla con el sur de Mesopotamia, donde fue desarrollada la escritura. Una lista de vocabulario fue hallada con las tabillas, permitiendo traducirlo.

No era la biblioteca del palacio, la cual no ha sido descubierta, sino un archivo de provisiones y tributos, casos legales y diplomáticos y contactos comerciales, y un scriptorium con textos copiados por aprendices. Las tablillas fueron originalmente almacenadas en estantes, pero cayeron al suelo cuando el palacio fue destruido. La ubicación donde las tabillas fueron descubiertas permitieron a los excavadores reconstruir su posición original en los estantes: fueron colocadas en los estantes según el tema.

En el archivo se han encontrado los primeros tratados diplomáticos internacionales de la historia. Un ejemplo es el Tratado de Ebla - Abarsal. Este tratado se encontró en los archivos de las tablillas de Ebla, datados en el III milenio a. C., que sobrevivieron al incendio del palacio real. Pese a las dificultades que tuvo la restauración de las tablillas, se ha podido datar este tratado, en torno al año 2350 a.C. Seguramente se ha podido datar, siguiendo estudios prosopográficos y las maneras de escribir.Archi, Alfonso. Trabajando con las tablillas de Ebla. ISIMU I (1998) : 205 – 212.

Ebla en el tercer milenio a. C. El término ebla significa ‘roca blanca’, y se refiere al afloramiento de piedra caliza en que la ciudad estaba construida. Aunque el sitio muestra signos de una ocupación continuada desde el 3000 a. C., su poder creció y alcanzó su apogeo en la segunda mitad del siguiente milenio. Llegó a la cúspide su poder hacia 2350 a. C.-2250 a. C. La mayoría de las tabillas del palacio de Ebla, que datan de este periodo, son sobre materias económicas; ellas proporcionaron un buen aspecto a la vida diaria de los habitantes, además de muy importantes ideas sobre la vida cultural, económica, y política del norte de Siria y del Oriente Próximo hacia la mitad del tercer milenio a. C. Los textos son las cuentas de los ingresos del estado, pero también incluyen cartas reales, diccionarios sumerio-eblaíta, textos escolares y documentos diplomáticos, como tratados entre Ebla y otras ciudades de la región.

Ebla fue un reino de Siria centrado en la ciudad de Ebla, la cual ya existía al comienzo del tercer milenio, momento en el que llegó a ser un verdadero centro urbano amorreo, que se desarrolló por el comercio con Mari, ciudad de la que fue tributaria hacia 2500 a. C., pero dicho tributo fue desapareciendo hasta que hacia 2400 a. C. la situación se invirtió, y Mari pasó a pagar tributos a Ebla, cuyo rey designaba al jefe de Estado de Mari.

Se enfrentó a Sargón I de Acad, que aunque ocupó Mari no pudo hacerse con Ebla, que finalmente sería conquistada por su nieto Naram-Sin hacia 2250 a. C. y fue entonces cuando fue abandonada por sus habitantes durante algunos años, al final del siglo volvería a estar habitada y tendría un rey, aunque menos poderoso que antes. Pero dicho rey fue expulsado por el rey de Ur. Al final de esta segunda época, el dominio de la ciudad pasó a Yamkhad, que la convirtió en un principado vasallo.

Economía Ebla estaba ubicada en un paraje predominantemente árido en la actualidad pero más fértil milenios atrás. Su economía se basaba en una agricultura de secano y en una poderosa ganadería de ovejas y cabras, además de obviamente su extensa red comercial. La exigencia del medio ambiente propició la dispersión del poblamiento, estando los centros de población principales bastante separados y rodeados de aldeas aledañas. La ciudad de Ebla se extendía sobre 50 hectáreas, similar a las ciudades de Mari y Aššur. Su población habría oscilado entre 15 mil y 20 mil habitantes.

La actividad comercial desarrollada en Ebla se realiza ante todo hacia el exterior, porque la función redistributiva del "palacio" proporcionaba abastecimiento a un importante colectivo de hombres (gurus) y mujeres (dam), a cambio de sus periódicas prestaciones al Estado.

En aquella época, Ebla fue el principal centro comercial. Su principal rival comercial rival era Mari, y Ebla es sospechosa de tomar parte en la primera destrucción de Mari. Las tablillas revelan que los habitantes de la ciudad poseían unas 200.000 cabezas de ganado variado (ovejas, cabras y vacas) y habrían sido las necesidades de cereal las que habrían llevado a ampliar el reino. Los principales artículos comerciales de Ebla eran probablemente madera de las cercanas montañas (y quizás del Líbano), y textiles (mencionados en los textos sumerios de la ciudad-estado de Lagash). La mayoría de su comercio parece que iba dirigido hacia Mesopotamia (principalmente Kish), y contactos con el Antiguo Egipto están atestiguados por regalos de los faraones Kefrén (Jafra) y Pepy I, que organizó campañas a Ebla. La artesanía pudo haber sido también una exportación importante: exquisitos artefactos han sido recuperados de las ruinas, incluyendo muebles de madera incrustada con madreperlas y estatuas creadas con diferentes piedras de colores. El estilo artístico de Ebla pudo haber influenciado la calidad de los trabajos del siguiente imperio acadio (ca. 2350 – 2150 a. C.).

Bases agrícolas y ganaderas de la economía comercial Ebla se volvió históricamente conocida por su comercio, su economía — al igual que con la mayoría de economías del Próximo oriente antiguo — descansaba sobre las bases de lo agrícola y la ganadería. La monarquía en Ebla mantenía un enorme rebaño de ovejas, las cuales eran utilizadas por su lana, para alimentar la industria textil. Los registros del palacio, «la próspera industria textil asociada con la lana» era uno de los pilares de la riqueza eblaíta. A esto se sumaban los productos de la tríada mediterránea —vid, olivo y cereales— que permitían la producción de excedentes para el intercambio. La tierra, a diferencia de otras culturas del Próximo Oriente, se encontraba en manos del pueblo, que pagaba una cuota anual al palacio por su posesión, aunque los reyes también podían hacer donaciones de tierras a particulares que se convertían en propiedad privada Esta estructura híbrida permitió una construcción económica diversificada que no solo sostenia a la población local, sino también generaba excedentes para poder comerciar con el exterior.

La clave del éxito económico eblaíta residía en la capacidad administrativa del palacio para gestionar, transformar y redistribuir los productos ganaderos. Los archivos reales de Ebla muestran como la entrada de lana era registrada y controlada por el palacio. Los textos de Ebla demuestran que «el palacio se encargaba de la organización de la red [comercial], y dirigía ordenadamente a través de ella los bienes aportados por varios operadores, tanto públicos como privados»Esta capacidad de coordinación centralizada permitió que la industria textil no fuera una actividad dispersa, sino un sector económico estratégico.

A diferencia del modelo económico predominante en las ciudades-estado sumerias (donde los templos concentraban la propiedad de la tierra y la mano de obra) Ebla presentaba una estructura más descentralizada que confería un rol crucial a las comunidades aldeanas. Esta diferencia se refleja en los propios términos  administrativos. Un ejemplo es como los textos eblaitas se refieren a cuadrillas de trabajadores con el término "aldeas" (é-durukiki), indicando que eran «reclutadas para prestaciones obligadas en las aldeas del reino»El manejo productivo agrícola quedaba en las manos de las aldeas, con una necesidad de pagarles cuotas al palacio central.

Ebla mantenía una organización híbrida (manejo directo descentralizado por aldeas locales, supervisión y poder del palacio central). Esto contrastaba con la realidad del Bajo Mesopotamia ya que en estas partes la mayoría de la tierra estaba bajo la directa organización del templo o palacio. En cambio, el modelo más laico y la autonomía rural en Ebla, fue lo que generó los excedentes (agrícolas o textiles) para construir su potente red comercial.

Manufactura: textiles y metalurgia La manufactura metalúrgica también alcanzó un alto desarrollo en Ebla. Los artesanos trabajaban metales como el cobre y el estaño para producir armas, herramientas y objetos de lujo que luego se exportaban a otras regiones — nuevamente viéndose los excedentes —. Esta combinación de agricultura, ganadería y manufactura convirtió a Ebla en un centro productivo y redistribuidor de potencia en el antiguo oriente. Los registros del palacio indican la existencia de una industria textil muy desarrollada, con una producción masiva de tejidos de lana que eran altamente valorados en los mercados de Mesopotamia y otras regiones. Al igual que en otras ciudades del Próximo Oriente, el comercio estaba controlada en gran medida por el palacio, que centralizaba la producción y distribución de bienes manufacturados, siguiendo un patrón similar al documentado para Babilonia en períodos posteriores, donde los templos y palacios «ejercieron el dominio de la gran mayoría de las actividades económicas»

Productos comercializados: exportaciones e importaciones