El Ejército del Noroeste fue una de las múltiples fuerzas antibolcheviques de la guerra civil rusa. Operó entre Estonia y Petrogrado, que trató de tomar sin éxito en el otoño de 1919. Quedó disuelto a finales de año. Su comandante fue el general Nikolái Yudénich.
Formado con el beneplácito de los Imperios Centrales, la rendición de estos en el otoño de 1918 hizo que el Ejército fuese finalmente abastecido y respaldado por la Triple Entente. Con una inestable alianza con el Gobierno estonio y sin lograr el respaldo del finlandés por desavenencias políticas, Yudénich lanzó, sin embargo, una ofensiva que en un mes le llevó a las puertas de la antigua capital rusa. Incapaz de doblegar las defensas levantadas a toda prisa por los soviéticos, que enviaron al propio Trotski a coordinarlas, Yudénich hubo de retirarse nuevamente hacia Estonia. Esta se negó a admitir a los restos de las fuerzas de Yudénich, que solamente lograron cruzar la frontera tras aceptar ser desarmadas e internadas; el Ejército del Noroeste quedó disuelto a finales de 1919. Formación y comienzos Nikolái Yudénich, izquierda, comandante del Ejército de Noroeste.|thumb|right El origen del Ejército del Noroeste fueron los planes de cierto grupo de oficiales ultrarreaccionarios de Petrogrado que, en el verano de 1918, concibieron la creación de una fuerza en el territorio controlado por Alemania y con apoyo germano para enfrentarse a los bolcheviques. Los alemanes aprobaron el plan, que debía permitirles trasladar parte de sus tropas al frente occidental y contar con un nuevo régimen afín en la antigua capital rusa.
El Ejército se había formado el finalmente en la ciudad de Pskov, con el nombre de «Cuerpo Septentrional», poco antes de la retirada alemana y contaba con unos seis mil efectivos, un cuarto de ellos oficiales del ejército zarista. Lo formaban reclutas locales, oficiales fugados de Petrogrado y prisioneros de guerra liberados por los alemanes.
Los alemanes habían prometido numeroso equipamiento para la nueva fuerza, pero, al no llegar éste por el armisticio alemán, el Ejército se encontró en dificultades, mal provisto de armamento y abastos. Mal dirigido y escaso de suministros, hubo de retirarse precipitadamente a Estonia a finales de noviembre. El Gobierno estonio, en dificultades ante el avance bolchevique, aceptó acoger a la fuerza de Yudénich en su territorio y abastecerla a cambio de que pasase bajo su control, a pesar de la diferencia ideológica entre los independentistas de Tallin y los ultranacionalistas rusos que mandaban el Ejército.
El Ejército de Noroeste defendió, junto con el Ejército estonio y las fuerzas contrarrevolucionarias finlandesas de Carl Gustaf Emil Mannerheim, la nueva capital de Estonia, Tallin ante el avance de las fuerzas bolcheviques, que habían tomado gran parte de Letonia y Lituania a comienzos de 1919. Los estonios, con la ayuda de los rusos de Yudénich, lograron detener el avance soviético y tomar el control del norte de Letonia.
Al menos seis antiguos generales zaristas se disputaban el mando efectivo de las tropas, que recayó finalmente en Aleksandr Rodzianko, gran jinete, pero pobre estratega. Rodzianko logró, no obstante, mantener con dificultad la cohesión de la organización y mejorar las relaciones con las autoridades estonias y lanzar una ofensiva conjunta contra los bolcheviques a partir del , que llevó a la toma de Pskov y Iamburg el mismo mes de mayo de 1919.
El avance de Rodzianko puso a cerca de medio millón de habitantes bajo el gobierno de Yudénich, exiliado en Helsinki. La administración de este, sin embargo, fue nefasta, y los subordinados de Rodzianko desencadenaron una ola de terror contra los sospechosos de favorecer a los bolcheviques y contra la población judía en general. Yudénich, zarista y opuesto a los cambios producidos tras las revoluciones de 1917, mantuvo su oposición a tratar cuestiones políticas, común a otros movimientos blancos, tratando de centrarse únicamente en las campañas militares. Su gobierno, la «Junta Política», poco más que una fachada para contentar a la Triple Entente, no se había formado para gobernar el país, sino para facilitar la conquista militar del mismo, pues carecía de un programa de reformas que pudiese ganarse el apoyo de la población.
Preparativos del avance sobre Petrogrado Negociaciones con Finlandia Pskov, ciudad donde se formó el Ejército de Noroeste y que cambió de manos en varias ocasiones en los combates entre este y las fuerzas de Lenin.|thumb|right Convencido de la necesidad de la cooperación finlandesa para lograr la toma de Petrogrado a pesar de su desagrado hacia los nacionalistas finlandeses, Yudénich se comprometió a reconocer su independencia tras la guerra, pero Aleksandr Kolchak, al que Yudénich había reconocido como autoridad suprema en mayo, se negó a aceptar tal concesión. El gran ejército finlandés, con más de cien mil hombres en los alrededores del lago Ladoga, era la principal preocupación de las autoridades bolcheviques de Petrogrado, pero la intransigencia de los generales blancos les privó de su apoyo. Mannerheim, incapaz de lograr el reconocimiento de Yudénich y sus superiores de la independencia finlandesa y las concesiones territoriales que exigía, negó su apoyo a los mismos y prohibió que sus unidades operasen en su territorio. La Triple Entente, reunida en París el , decidió no respaldar la participación finlandesa y no conceder la ayuda en armamento y dinero que Mannerheim había exigido como parte de sus condiciones para participar en la ofensiva de Yudénich. Yudénich no tuvo otra opción que tratar de alcanzar Petrogrado desde el sur, una ruta mucho más larga.
Estado de las fuerzas de Yudénich A mediados de julio Yudénich contaba con unos veintiún mil hombres y setenta cañones, pero sus fuerzas tenían escasos pertrechos. El llegó, sin embargo, el primer envío de ayuda británica, que palió temporalmente el problema. Los británicos no se limitaron a abastecer a las fuerzas de Yudénich, sino que el 8 de agosto su representante en la zona, el teniente general Hubert Gough, se trasladó a Tallin y reunió en un buque británico a los representantes aliados locales y al Gobierno estonio, al que solicitó ayuda para Yudénich, a pesar de las sospechas de los estonios sobre ultranacionalismo de este y sus lugartenientes. A pesar de tener que enfrentarse a las fuerzas ligeramente superiores del 7.º Ejército soviético en caso de atacar Petrogrado y de que tal avance podía ofrecer un débil flanco derecho al Ejército algo más al sur, los británicos apoyaron la idea del ataque contra la antigua capital y prometieron amplia cooperación de su Armada, que finalmente no se produjo.
A finales de julio Yudénich se trasladó a Narva para dirigir en persona la preparación de las unidades que debían marchar sobre la antigua capital rusa. A pesar de tratar de aumentar el número de tropas mediante levas, estas fueron poco efectivas, contando el Ejército con poco más de dieciséis mil hombres a finales de agosto de 1919, en su mayoría antiguos prisioneros de guerra liberados por los alemanes y desertores de las fuerzas bolcheviques.
El , las fuerzas de Yudénich sufrieron un revés temporal con la pérdida de Iamburg, que fue capturada por los refuerzos bolcheviques enviados para defender Petrogrado a petición de Stalin.
Negociaciones con Estonia Tres días más tarde, los soviéticos declararon su disposición a reconocer la independencia estonia y no penetrar en su territorio a cambio de su evacuación de territorio ruso, lo que debilitó la posición de Yudénich, que no solamente fue incapaz de prometer claramente aceptar la independencia estonia, sino que pidió el mando del Ejército estonio. El 10 de agosto, los mandos militares británicos impusieron un acuerdo entre Yudénich y las autoridades estonias que, sin embargo, Kolchak se apresuró a rechazar y fue mal visto por el Foreign Office. Para lograr el acuerdo los representantes británicos habían forzado a los rusos a formar a toda prisa un nuevo Gobierno que aceptase las condiciones estonias. A mediados de agosto, las noticias sobre las acciones de los británicos en el Báltico comenzaron a llegar a París, para disgusto de su Gobierno, que rechazó las acciones de Gough y sus subordinados y hubo de enfrentarse a una petición formal de reconocimiento del Gobierno estonio para que este aceptase finalmente participar en el ataque a Petrogrado, desconfiando de las promesas rusas. El Gobierno de Londres rechazó reconocer al nuevo Gobierno de Yudénich o al estonio y relevó a sus representantes en el Báltico. El 20 de agosto, dada la imposibilidad de obtener el apoyo de Kolchak para la medida, la Triple Entente reunida en París declinó también reconocer la independencia estonia. El propio Yudénich acabó expresando su desagrado por la acción de los representantes británicos el 30 de agosto y renegando de las promesas de reconocimiento de la independencia estonia de su nuevo Gobierno. Al día siguiente, los soviéticos presentaron a los estonios una propuesta formal de paz, extendida al resto de Gobiernos de la región el 14 de septiembre. Al día siguiente, todos ellos acordaron comenzar las conversaciones con el Gobierno soviético. La Triple Entente trató de convencer a los bálticos de abandonar las negociaciones de paz, pero sin ofrecer más que consejo a cambio. Los Gobiernos bálticos respondieron exigiendo el reconocimiento Aliado y ruso de su independencia, ayuda financiera y militar. Ninguno aceptó estas condiciones. Ante la falta de ayuda Aliada y de reconocimiento, los Gobiernos de la región indicaron a Moscú su disposición a comenzar las conversaciones de paz el 25 de octubre en Dorpat. La decisión estonia hizo que los británicos comenzasen a considerar la ofensiva contra Petrogrado inútil y a recomendar el 3 de octubre el traslado de las fuerzas de Yudénich al sur para reforzar a Anton Denikin. Para entonces, sin embargo, Yudénich ya había comenzado su avance hacia Petrogrado.
El general británico Frank G. Marsh, que había sido el artífice del acuerdo forzoso entre estonios y rusos y había obligado a la formación del nuevo Gobierno de Yudénich, trató, nuevamente contra las directrices de su Gobierno y de la Triple Entente en general, de lograr la colaboración de Pavel Bermondt-Avalov y su Ejército de Rusia Occidental con las unidades de Yudénich, infructuosamente.
Escaramuzas del verano El 18 de agosto, unos torpederos británicos hundían dos grandes buques de guerra soviéticos, un destructor y un buque de abastecimiento de submarinos, impidiendo su uso para bombardear a las tropas de Yudénich que debían avanzar por la costa hacia Petrogrado, a pesar de no hallarse oficialmente en guerra contra el gobierno de Lenin. El mismo día, bombardeaban Kronstadt, uno de los varios ataques a unidades soviéticas del verano en el Báltico, donde el 18 de junio ya habían hundido un crucero soviético.
Por su parte, los bolcheviques tomaron Pskov el 8 de septiembre, lo que dejó a Yudénich sin bases en territorio ruso y a merced de los estonios.
Campaña contra Petrogrado Trotski, pasando revista a las tropas. Enviado con urgencia a Petrogrado, coordinó la defensa y logró evitar la toma de la ciudad por las unidades de Nikolái Yudénich.|thumb|right