La Guerra de Independencia de Grecia, o la Revolución griega (, Ellinikí Epanástasi; los griegos del la denominaron simplemente Αγώνας, Agonas, "Lucha"; en turco otomano: يونان عصياني Yunan İsyanı, "Insurrección griega") fue el conflicto armado causado por los revolucionarios griegos entre 1821 y 1830 contra el dominio del Imperio otomano. Los griegos fueron asistidos más tarde por varias potencias europeas, como el Imperio Ruso, el Reino de Francia y el Reino Unido, mientras que los otomanos recibieron la ayuda de sus vasallos del norte de África, particularmente el eyalato de Egipto. La guerra condujo a la formación de la Grecia moderna. Los griegos de todo el mundo celebran la revolución como el día de la independencia el 25 de marzo.
Grecia había estado bajo el dominio otomano desde el , en las décadas anteriores y posteriores a la caída de Constantinopla. Durante los siglos siguientes, ocurrieron insurrecciones griegas esporádicas pero infructuosas contra el dominio otomano.Woodhouse, A Story of Modern Greece, 'The Dark Age of Greece (1453–1800)', p. 113, Faber and Faber (1968) En 1814, se fundó una organización secreta llamada Filikí Etería (Sociedad de Amigos) con el objetivo de liberar Grecia, alentada por el fervor revolucionario que se apoderaba de Europa en ese período. La Filikí Etería planeaba lanzar revueltas en el Peloponeso, los principados del Danubio y la propia Constantinopla. La insurrección fue planeada para el 25 de marzo de 1821 (en el calendario juliano), el día de la Fiesta de la Anunciación para los cristianos ortodoxos. Sin embargo, los planes de la Filikí Etería fueron descubiertos por las autoridades otomanas, lo que obligó a que la revolución comenzara antes. La primera revuelta estalló el 6 de marzo/21 de febrero de 1821 en los principados del Danubio, pero fue sofocada rápidamente por los turcos. Los acontecimientos en el norte instaron a los griegos del Peloponeso (Morea) a actuar y el 17 de marzo de 1821, los maniotas fueron los primeros en declarar la guerra. En septiembre de 1821, los griegos al mando de Theodoros Kolokotronis capturaron Tripolitsa. Estallaron revueltas en Creta, Macedonia y Grecia central, pero fueron reprimidas finalmente. Mientras tanto, flotas griegas improvisadas lograron éxitos contra la armada otomana en el mar Egeo e impidieron que llegaran refuerzos otomanos por mar.
Pronto se desarrollaron tensiones entre las diferentes facciones griegas, lo que llevó a dos guerras civiles consecutivas. El sultán otomano llamó a su vasallo Mehmet Alí de Egipto, quien acordó enviar a su hijo Ibrahim Bajá a Grecia con un ejército para reprimir las revueltas a cambio de ganancias territoriales. Ibrahim desembarcó en el Peloponeso en febrero de 1825 y puso la mayor parte de la península bajo control egipcio a finales de ese año. La ciudad de Mesolongi cayó en abril de 1826 después de un año de asedio por parte de los turcos. A pesar de la fallida invasión a la región de Mani, Atenas también se rindió y la revolución parecía casi perdida.
En ese momento, las tres grandes potencias, Rusia, Gran Bretaña y Francia, decidieron intervenir, enviando sus escuadrones navales a Grecia en 1827. Tras la noticia de que la flota combinada turco-egipcia iba a atacar la isla de Hidra, las flotas europeas aliadas la interceptaron en Navarino. Después de un tenso enfrentamiento durante una semana, la batalla de Navarino terminó con la destrucción de la flota turco-egipcia y cambió el rumbo a favor de los revolucionarios. En 1828, el ejército egipcio se retiró bajo la presión de una fuerza expedicionaria francesa. Las guarniciones otomanas en el Peloponeso se rindieron y los revolucionarios griegos procedieron a retomar el centro de Grecia. Rusia invadió al Imperio otomano y lo obligó a aceptar la autonomía griega en el Tratado de Adrianópolis (1829). Después de nueve años de guerra, Grecia fue reconocida finalmente como un Estado independiente bajo el Protocolo de Londres de febrero de 1830. Nuevas negociaciones en 1832 llevaron a la Conferencia de Londres y el Tratado de Constantinopla, que fijaron las fronteras definitivas del nuevo Estado y establecieron al príncipe Otón de Baviera como el primer rey de Grecia.
Antecedentes Durante el , las guerras entre coaliciones de distintas polis debilitaban a la Nación Helénica y llevaron a la derrota definitiva de la ciudad de Esparta en 362a.C.. En este clima de debilidad y desunión surge la oportunidad para un reino en el norte de la península que había recibido durante siglos la influencia helénica. Así Macedonia, liderada por su rey Filipo II, derrota y somete a los griegos en el año 338a.C. en la batalla de Queronea. El hijo de Filipo, Alejandro Magno, se enfrentó a una rebelión en Tebas y Atenas. Sus sucesores lograron mantener el yugo sobre la mayoría de las ciudades griegas, pero la Liga Aquea y la Liga Etolia consiguieron liberar algunas, como Atenas.
El rey de Macedonia, Filipo V, estaba en guerra contra la emergente potencia itálica de Roma y con las Ligas Helénicas. La derrota de la Liga Etolia llevó a esta a unirse a los romanos con la esperanza de la independencia. Juntos vencieron a Filipo (197a.C.). El mismo año la Liga Aquea se aliaba con Roma y lograba el triunfo, pero sus victoriosos aliados se volvieron contra ellos y dominaron toda Grecia, creando la provincia romana de Acaya.
Ya en el Roma no era una ciudad emergente, sino un imperio que dominaba desde Portugal al oeste hasta Irak al este y desde Inglaterra al norte hasta Egipto al sur. Esto llevó a la división del Imperio en dos, y fue la parte oriental, sentando sus bases en la cultura helénica, usando la lengua de los griegos como propia, la que dio nacimiento al Imperio bizantino, dominador de Grecia desde 493 hasta 1453, años en que el pueblo sufrió los ataques de los sarracenos y los abusos de los Cruzados francos.
El avance musulmán por los dominios de Bizancio se hizo incontenible, y el Imperio bizantino vio sucumbir su capital, Constantinopla, en el año 1453 y con esto la entrada de los turcos otomanos y la creación de su Imperio sobre los cimientos de Grecia. Los siglos , y fueron testigos de algunas revueltas contra la dominación turca, pero solo la decadencia turca dio lugar a lo que sería el comienzo de la independencia.
Evolución de la administración otomana Tras la conquista otomana de la península, los territorios antiguamente griegos quedaron divididos en seis sanjacados, que luego aumentaron hasta diez con el sometimiento de Creta y de las islas del Egeo. Al comienzo del periodo otomano, la administración era en general simple, eficiente y tolerable para la mayoría campesina de la región. Las llanuras fueron distribuidas como recompensa por sus servicios a caballeros turcos destacados, en forma de feudo personal o ziamet. Estos se comprometían, a cambio, a servir en el ejército con hombres de su feudo. En general, el campesinado griego vivía en mejores condiciones que el que habitaba en los territorios venecianos: la Iglesia era autónoma, los impuestos livianos y los pueblos gozaban de amplia autonomía en un sistema administrativo descentralizado y diverso. La Iglesia ortodoxa, con notable autonomía del poder del sultán, respondía por esta ante el soberano por la población cristiana ortodoxa.
El debilitamiento del Gobierno central en los siglos y comportó el empeoramiento de la situación para el campesinado: creció la corrupción y la tributación, y los cipayos, que antes habían disfrutado de las tierras en usufructo, tendían a hacer de ellas feudos hereditarios (chiflik) y a acrecentar las cargas a sus arrendatarios. Con el deterioro de la situación en la llanura, las montañas, escasamente administradas por el Imperio, también sufrieron por la llegada de personas que huían de la explotación creciente. Los cambios de población podían empeorar asimismo la situación, ya que las cargas impositivas eran fijas para una región dada y, si disminuía el número de habitantes, estos debían pagar más para alcanzar la cuota asignada a su comarca. Las continuas guerras del Imperio con Venecia y los Habsburgo durante el siglo y comienzos del también perjudicaron gravemente a la región por la interrupción del comercio y los estragos de los combates. A principios del siglo , en el Peloponeso apenas quedaban noventa mil habitantes. La paz de Karlowitz de 1699 y las guerras entre franceses y británicos trajeron una recuperación para los griegos, que recuperaron parte del comercio con Centroeuropa. Los tratados de Küçük Kaynarca e Iasi impulsaron aún más el comercio griego, esta vez en el mar Negro. El empuje final al crecimiento de la flota mercante greco-turca fueron las guerras napoleónicas, en las que los mercaderes griegos del Imperio aprovecharon la destrucción de las flotas mercantes de los beligerantes para ocupar su puesto en el comercio mediterráneo. En 1813, los griegos del Imperio contaban con 615 barcos que desplazaban toneladas, portaban 5878 cañones y empleaban a marineros. El aumento del comercio impulsó además la producción agrícola de la zona, de la que se beneficiaron los terratenientes turcos y griegos y la de artesanía.
La recuperación económica de la península trajo consigo nuevas fuerzas políticas que tuvieron un papel crucial en el levantamiento de 1821. Con la revitalización económica apareció una clase media distribuida entre el propio Imperio y las colonias comerciales en distintos puntos de Europa. Gracias a las estrechas comunicaciones entre estas comunidades y el Imperio, llegaron ideas de reforma. Los comerciantes formaron el principal núcleo de la Filikí Etería y del levantamiento de 1821.
Situación de la población griega Aunque la mayoría de la población de cultura griega del Imperio era, como el resto de la población cristiana, mayoritariamente campesina, existía una minoría poderosa. Esta controlaba la mayoría del comercio de la península balcánica, dominaba la Iglesia ortodoxa a la que pertenecían la mayoría de los cristianos balcánicos y ostentaba el monopolio de las instituciones educativas y culturales de esta parte del Imperio. Además, ocupaba destacadísimos puestos en la administración pública y en la diplomacia. Era uno de los pilares del Imperio. En el siglo , era la más poderosa comunidad cristiana del Imperio. Los administradores fanariotas descollaron primero como secretarios e intérpretes en un momento de gran actividad diplomática en el Imperio. En el , obtuvieron el gobierno de los principados de Valaquia y Moldavia —puestos que conservaron hasta la rebelión griega de 1821— además de importantes cargos en Asuntos Exteriores y Marina.
Actitud ante la rebelión En el Peloponeso, principal teatro de la guerra, el motivo primordial del campesinado para sostener la rebelión fue el deseo de obtener tierras: los cuarenta mil turcos de la región poseían tres millones de stremma, mientras que los trescientos setenta mil griegos solo tenían un millón y medio. La propiedad de la tierra tampoco era igualitaria: algunos terratenientes acaparaban el grueso en manos griegas y la mayoría del campesinado era jornalera. Las motivaciones religiosas o nacionalistas eran desorden secundario.
Por su parte, los notables, que en la práctica formaban parte de la administración imperial, ostentaban notable poder y gozaban de autonomía, se mostraron cautos ante las propuestas de alzamiento. En general, deseaban garantías del apoyo ruso y ansiaban poder dominar el levantamiento.
La actitud de los fanariotas era similar: su participación en una rebelión contra el Imperio ponía en riesgo su privilegiada posición, y sus filas se dividieron entre los que se mantuvieron fieles al Imperio, los que trataron de obtener el socorro de las potencias para los rebeldes y los que se unieron a las filas de estos.