Ana de Gran Bretaña (Londres, -Londres, ) fue reina de Inglaterra, Escocia e Irlanda desde el 8 de marzo de 1702 hasta el 1 de mayo de 1707, y a partir de entonces, reina de Gran Bretaña e Irlanda hasta su muerte. Es por ello que se convirtió en la primera soberana de Gran Bretaña. Fue la última soberana británica de la casa de los Estuardo. La sucedió en el trono su primo segundo, Jorge I, de la casa de Hannover.

Su vida estuvo marcada por muchas crisis relacionadas con la sucesión de la corona. Su padre, el católico Jacobo II, había sido depuesto en 1688; su hermana y su cuñado se convirtieron entonces en los reyes María II y Guillermo III. Debido a que ni ella ni su hermana tuvieran hijos que llegaron a adultos provocó que, sin un heredero protestante, su otro hermano e hijo de Jacobo II, Jacobo Francisco Eduardo, tuviese posibilidad de reclamar la corona. Es por esa razón por lo que el Parlamento aprobó una ley que permitía que el trono pasase a la casa de Wittelsbach. Cuando el Parlamento de Escocia rechazó aceptar la opción del Parlamento inglés, fueron utilizadas varias tácticas coactivas (tales como dañar la economía escocesa poniendo restricciones al comercio), para así asegurarse la cooperación de Escocia. El Acta de Unión de 1707 (que unió Inglaterra y Escocia en Gran Bretaña) fue el resultado de negociaciones subsecuentes.

El reinado de Ana estuvo marcado también por el desarrollo del sistema bipartidista. La reina prefirió en lo personal el partido tory (conservador, tradicionalista y pro-monárquico), por lo que sufrió un intenso ataque y difamaciones de los whigs (liberales). Su amiga más cercana —y posiblemente su consejera más influyente— fue Sarah Jennings, cuyo esposo, John Churchill, duque de Marlborough, dirigió las tropas inglesas en la guerra de sucesión española.

Biografía Ana nació en el palacio de St. James, en Londres, el 6 de febrero de 1665, siendo la cuarta —pero segunda hija sobreviviente— de los ocho hijos de Jacobo, entonces duque de York, futuro rey Jacobo II de Inglaterra, y de Ana Hyde.

Con su hermana mayor, María, fueron las únicas descendientes de los duques de York que llegaron a la edad adulta.Green, p. 17; Gregg, p. 6; Waller, pp. 293–295 Ana sufrió de niña una infección ocular y para el tratamiento médico fue enviada a Francia, donde vivió con su abuela, Enriqueta María de Francia, y al morir ella pasó a residir con su tía, Enriqueta Ana, duquesa de Orleans.Curtis, pp. 19–21; Green, p. 20; Gregg, p. 6 En 1670, tras la repentina muerte de su tía, volvió a Inglaterra.Curtis, pp. 21–23; Gregg, p. 8; Somerset, pp. 11–13; Waller, p. 295 Como era tradicional en la familia real, Ana y su hermana María fueron educadas separadas de sus padres, en Richmond (Londres).Gregg, p. 5 En torno a 1673, conoció a Sarah Jennings, que se convirtió en su amiga más cercana y una de sus consejeras más intrigante e influyente. Jennings contrajo matrimonio más adelante con John Churchill (futuro duque de Marlborough), que terminó convertido en uno de los generales más destacados del ejército inglés.

En 1672, se hizo pública la conversión de su padre al catolicismo. Sin embargo, de acuerdo con las órdenes del rey Carlos II, Ana y su hermana María fueron educadas como estrictas protestantes. En 1678 Ana acompañó a su madrastra María de Módena a Holanda, y en 1679 se unió a su padre en el exterior y luego en Escocia.

Su matrimonio con Jorge de Dinamarca miniaturadeimagen|left|La princesa Ana con su único hijo sobreviviente, el duque de Gloucester. Pintura de Godfrey Kneller, c. 1694 miniaturadeimagen|left|El príncipe Jorge de Dinamarca, su consorte El 28 de julio de 1683, contrajo matrimonio, en el palacio de St. James de Londres, con el príncipe protestante Jorge de Dinamarca, hermano del rey Cristián V, una unión impopular debido a las inclinaciones francesas de Dinamarca, pero que fue de una gran felicidad doméstica, pues la pareja era de carácter similar y prefería el retiro y la tranquilidad a la vida mundana en la corte. De este matrimonio fueron concebidos 18 hijos, de los cuales solo uno sobrevivió más allá de los dos años:

Una hija (n. muerta, ). María (n. palacio de Whitehall, – m. castillo de Windsor, ). Ana Sofía (n. castillo de Windsor, – m. castillo de Windsor, ). Un hijo (n. muerto, ). Un hijo (n. muerto, ). Un aborto (). Un aborto (octubre de 1688). Guillermo Enrique (n. Hampton Court, – m. castillo de Windsor, ), duque de Gloucester. María (n. y m. palacio de St. James, ). Jorge (n. y m. Sion House, Brentford, Middlesex, ). Una hija (n. muerta, Berkely House, ). Una hija (n. muerta, ). Una hija (n. muerta, ). Un hijo (n. muerto, castillo de Windsor, ). Unos hijos gemelos (n. muertos, ). Un hijo (n. muerto, diciembre de 1697). Carlos (n. y m. castillo de Windsor, ). Un hijo (n. muerto, ).

Su hermana María también se había casado con un príncipe protestante: Guillermo III de Orange. Cuando el rey Carlos II murió en 1685 (convirtiéndose al catolicismo en su lecho de muerte), el padre de Ana ascendió el trono como Jacobo II. Jacobo, deseoso de un sucesor católico, dio a entender a la princesa Ana que intentaría hacerla su heredera (excluyendo a María) con la condición de que abrazara el catolicismo. El proyecto fue en vano por el fervor de Ana hacia la Iglesia de Inglaterra, y más allá de haberle enviado libros y panfletos católicos, Jacobo parece no haber hecho ninguna tentativa de forzar a su hija a un cambio de fe y siguió tratándola con amabilidad.

La tentativa de Jacobo de conceder la tolerancia religiosa a los católicos no fue bien recibida por los ingleses. La alarma pública aumentó cuando en 1688, la esposa de Jacobo II, María de Módena, dio a luz a un hijo, Jacobo Francisco Eduardo, con lo que llegó a ser evidente el inicio de una dinastía católica. Ana no estuvo presente en la ocasión, pues había ido a Bath, y esto dio lugar a la creencia de que el niño era un impostor. Según los rumores de la corte, un niño recién nacido de otra mujer había sido escondido bajo la cama minutos antes de comenzar el parto de María, haciendo parecer que la reina, en sus dolores de parto simulado (al igual que, según se dijo, su embarazo) había tenido un niño. Ana creyó muchos años este rumor, apoyado por los sectores protestantes de la corte, que consideraban que la intención de Jacobo era excluir a todos los protestantes de los asuntos de Estado. «Ahora nunca estaré satisfecha» —escribió Ana a María—, «lo del niño no sé si es verdadero o falso. Puede que en realidad sea nuestro hermano, pero solo Dios lo sabe... uno no puede dejar de tener mil miedos y pensamientos melancólicos, pero cualesquiera que sean los cambios que puedan suceder, siempre me encontrarás firme en mi religión. Sinceramente». En años posteriores, sin embargo, ella no tuvo ninguna duda de que el Viejo Pretendiente era su hermano.

En 1688 su hermana María y su cuñado Guillermo invadieron Inglaterra para destronar a Jacobo II, quien trató de huir el 11 de diciembre, pero fue capturado; doce días más tarde. Sin embargo, se le permitió exiliarse de forma a Francia, donde residió en uno de los palacios de su primo, el rey Luis XIV.

Durante los acontecimientos inmediatamente anteriores a la Revolución Gloriosa, Ana se mantuvo al margen de todos los acontecimientos, pero su conducta se vio influida probablemente por los Churchill. Jacobo le prohibió realizar una visita a su hermana en la primavera de 1687, aunque ambas mantuvieron correspondencia y, sin ninguna duda, parece que Ana estaba enterada de los planes de Guillermo de derrocar a Jacobo. Cuando Guillermo llegó a Inglaterra el 18 de noviembre de 1688, Ana rechazó alinearse con Jacobo, el rey depuesto, y por consejo de los Churchill escribió al príncipe de Orange, declarando su aprobación a la invasión. Churchill abandonó al rey el 24 de noviembre, el príncipe Jorge lo hizo el 25 y, cuando Jacobo volvió a Londres el 26, encontró que Ana y Sarah Churchill, habían seguido el ejemplo de sus maridos la noche anterior. Escapándose del palacio de Whitehall por una escalera trasera, se pusieron bajo el cuidado del obispo de Londres, pasaron una noche en su casa y llegaron posteriormente el 1 de diciembre a Nottingham, en donde la princesa primero se dio a conocer y designó un consejo. Después pasó por Leicester, Coventry y Warwick, y finalmente entró en Oxford, en donde se encontró con el príncipe Jorge, triunfante, escoltado por una gran compañía. Como María, la censuraron por no demostrar ninguna preocupación por las noticias de la huida del rey, pero su justificación era que «a ella nunca le gustó hacer nada que pudiese parecer una hipocresía». Volvió a Londres el 19 de diciembre, siendo visitada inmediatamente por Guillermo.

Los nuevos reyes, Guillermo y María En 1689, se reunió una Convención Parlamentaria y declaró que Jacobo había abdicado durante su huida de Inglaterra y que el trono estaba por lo tanto vacante. La corona fue ofrecida —y aceptada enseguida—, a Guillermo y María, que gobernaron como monarcas de forma conjunta. El Acta de Derechos (Bill of Rights) sancionó la sucesión al trono. La princesa Ana y sus descendientes estarían en la línea de la sucesión después de los posibles hijos de Guillermo y María. Después de ellos, tenía derecho cualquier descendiente de Guillermo en un posible segundo matrimonio.

Poco después de subir al trono, Guillermo y María recompensaron a Lord Churchill concediéndole el condado de Marlborough. El trato que se dio a los Marlborough más adelante no fue, sin embargo, nada amistoso. En 1692, María II lo despidió de todos sus cargos, sospechando que Lord Marlborough era jacobita (es decir, uno de los que creía que Jacobo II era el monarca legítimo). Posteriormente retiraron a Lady Marlborough del servicio a la casa real, lo que motivó que la princesa Ana dejase airadamente su residencia real para trasladarse a Sion House, el hogar de los Marlborough. Entonces privaron a la princesa Ana de su escolta de honor, y prohibieron a los guardias de los palacios reales saludar a su marido como correspondía a su rango.

Cuando María II murió de viruela en 1694, Guillermo III continuó reinando en solitario. Intentando mejorar su prestigio ante los ingleses (que había sido siempre mucho menor que el de su esposa), restauró a Ana en todos sus honores, permitiéndole que residiera en el palacio de St. James. Pero, al mismo tiempo, la mantuvo al margen de todo y evitó designarla regente del reino durante su ausencia. En 1695, Guillermo intentó ganar el favor de Ana restaurando a Lord Marlborough en todos sus cargos. Entonces, Ana concedió toda su ayuda y apoyo al gobierno de Guillermo, aunque en aquel tiempo, en 1696 —al parecer— ella escribió a su padre pidiéndole su consentimiento para tomar la corona a la muerte de Guillermo, y prometiéndole su restauración cuando fuera conveniente. El rumor infundado de que Guillermo contemplaba colocar en la sucesión después de su muerte al hijo de Jacobo, con tal que lo educaran como protestante en Inglaterra, pudo haberla alarmado.